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miedo de perder su claridad

Se me había pasado el comienzo del Ars Amandi. Estos bellos cuatro  primeros versos del Canto XLVIII de Ausiàs March. La traducción, de Jorge de Montemayor en la Cervantes virtual.


Lo jorn ha pór de perdre sa claror 
com vé la nit qu' espandeix ses tenebres 
pochs animals no clouhen les palpebres 
é los malalts creixen de llur dolor, 


Teme su claridad perder el día,
quando la noche su tiniebla estiende;
los animales duermen a porfía
y a los enfermos el dolor s'enciende

el olvido de los ritos

Ardieron las hogueras en una noche húmeda y viscosa. La ciudad era un campo de batalla hediondo y zafio y el fuego se extendió hasta casi el alba. En el día después, imperfecto silencio y la misma humedad. Sin ahogarnos.
Olvidé quemar algo, ritualizar. Error.

XI

Rodajas de limón

zumos de sol, cálido
verano, se digieren
algas
lentas como ahogados, ya
aprendimos el lenguaje
del jukebox, del amor
fox y sobre todo trot, lento
vivo
adagio corazón
caballo
loco, triste se desploma el cuerpo
como en un poema sentimental
o de los otros

¿qué importa ya
el lento rodar de las naranjas,
los senos, los obuses, la bomba,
las cabezas
si canta Paul Anka
la antigua historia de Young Alone?

también lo fuimos
y tal vez por eso
Madre Coraje lleve bikini, cante
espuma sobre el ski acuático
frente a la amenazadora verga
de fabriles chimeneas y cañones
bajo el útero atómico de un B-27
preferible que nos despierten
las sirenas
preferiblemente que húmedamente nos ahoguemos.

Manuel V. Montalbán

la indisolubilidad de las anclas

X

Se vive solamente una vez,
hay que aprender a querer y a vivir
cuando no es tarde aún para creer
propicio el día venidero
                        menos duro
el adoquín, menos oscura la noche,
incierta la tristeza
                     a veces bastan
dos páginas de un libro para creer
eterna la eternidad, eternos
tus besos
siempre entre el recuerdo y la esperanza

nunca morirás, nunca moriré despacio
como aquellos días de verano, lejano
parecía eternizarse el balandro
                               tu cuello
nunca cerrará el día con un no blanco
en el agua
          nunca te ahogarás, nunca me dirán
que algún mar haya disuelto un áncora.

Manuel Vázquez Montalbán


áncora.

Del lat. ancŏra, y este del gr. ἄγκυρα ánkyra.
1. f. ancla (‖ de la embarcación).
2. f. Aquello que sirve o puede servir de amparo en un peligro o
infortunio.
3. f. Arq. ancla (‖ pieza de metal que asegura la función de un
tirante).

lejana y sola

IX

Nunca desayunaré en Tiffany
ese licor fresa en ese vaso
Modigliani como tu garganta
                            nunca
aunque sepa los caminos
                        llegaré
a ese lugar del que nunca quiera
regresar
          una fotografía, quizás
una sonrisa enorme como una ciudad
atardecida, malva el asfalto, aire
que viene del mar
                   y el barman
nos sirve un ángel blanco, aunque
sepa los caminos nunca encontraré
esa barra infinita de Tiffany
                              el jukebox
donde late el último Modugno ad
un attimo d'amore che mai piu ritornera...


y quizá todo sea mejor así, esperado

porque al llegar no puedes volver
a Ítaca, lejana y sola, ya no tan sola,
ya paisaje que habitas y usurpas
                                 nunca,
nunca quiero desayunar en Tiffany, nunca
quiero llegar a Ítaca aunque sepa los caminos

lejana y sola.

Manuel Vázquez Montalbán


el salto del seis

Me equivoqué y me salté el VI. Menos mal que las casualidades tienen eso de no serlo, casualidades, y me di cuenta. Así que con dos de retraso, ahí va:

VI

Difícil el amor sin trastienda
sin despensa ni llave en el ropero,
una tarde, un puerto, una estela,
un libro, un ritmo, una muerte
desacreditada como un truco de naipes

y al resucitar
duras aristas de fachadas,
latidos de reloj y corazón prohibido, volver
a ponernos la camisa a media asta,
agradecer la soledad que me has quitado
que te he quitado
una tarde, una estela

desacreditado el siempre, el mito
del acaso
de la sabiduría convencional
amado y amante, turba el amor
sólo el miedo
un seguro de entierro y naufragio, respeta
las páginas y no sabremos antes de tiempo
en qué muerto termina esta aventura

quién
se quedará de sal en la ciudad perdida.

Manuel Vázquez Montalbán

Y claro, cómo no irnos de la mano a la mujer de Lot.

Gracias, cara.

Laboratorios DuPont

VIII

No hay hechizos, ni tiempos
de silencio, ni aceras,
ni lluvias, ni inviernos,
ni sábanas blancas, ni actos
hay
una universal campaña
de desinfección, patógeno el aire
y los recuerdos, la fidelidad,
las creencias, el roce,
la conciencia

y si alguien ha muerto canta
el jukebox universal un regüeldo
universal
no, no, no hay hechizos
ni sonrisas, ni mármol, sólo
semanas
sin domingos y cantos, despedidas
a la orilla de aluminio
Caronte
viste escafandra de nilón y conecta
el delicado corazón de un batiscafo
nuclear.

Manuel Vázquez Montalbán

la indefensión de los mitos


VII

En nuestro fin empiezan 
los dietarios, de pronto las aceras 
sin portales, tranvías que no van 
a alguna parte, semáforos
que urgen 
noches sin adjetivar 

gentes de siempre, otra vez 
la sonrisa social que no necesitamos 
ahora, el buenos días sin piedad 

a la orilla del teléfono
partirán
balandros con regreso, besos quizá
bajo pérgolas, lento jazz, petirrojos
que cantan en diciembre
o amor
en habitaciones con lirios apagados, 

de vez en cuando el corazón 
falseará un latido 
donde habita el olvido temblarán los jaramagos, ruinas
de esta habitación, no quedará piedra
sobre lirio 
ni siquiera miedo a perder
algo 
porque en nuestro fin empieza todo 
lo que de gris ayer vestimos, los días
ordenados, dispuestos como un ejército 
pequeño siempre derrotado 
de siempre
el esperado día sin retorno, éste tal vez

éste si tú quieres, 
indefenso como un mito.


Manuel Vázquez Montalbán

Hortensia

V

Hace frío en las aceras, creemos
en el amor primero de esquina
varada, pequeño planeta de hojas muertas
y retratos de adolescentes gordas
con sostenes caedizos y cancán almidonado

pero el mundo no crece con nosotros
y las medidas quedan pequeñas
para las manos, sólo el frío
permanece en una esquina
ya sin almena
ya sin laúdes ni trova enredadera
mientras
haya crepúsculos te amaré, mientras haya
poesía te amaré, mientras haya hortensias
te amaré, Hortensia, mientras haya esperanza

ahora demasiado sabios para llorar, cerramos
los ojos para matar dulcemente: te amaré
te amaré
mientras haya frío en mi acera
y me reciban
inciertamente alegres
las mujeres los hombres y las cosas.

Manuel Vázquez Montalbán

fantasmagoría en barco

IV

Podrían ser azules las baldosas del lavabo,
algo corinto la alfombra, chimenea roja
y libros encuadernados, una foto
enorme de la Rambla
pero primero
habríamos hecho la revolución, del pueblo
las risas que partimos entre tú y yo

y en el verano
veríamos hundirse en Port Lligat aquel balandro
fantasma
de un viejo terrateniente exiliado.


Manuel Vázquez Montalbán

creer haber sido elegidos


III

Tápate,
tápate las metáforas, hace
un pequeño frío de pequeño invierno,
con un pequeño radiador, pequeño
tiempo para sentirnos juntos
menos solos
que solos habitualmente, menos sabios
para decir amor mío sin remordimientos
para creer haber sido elegidos
hace tiempo
en un Mercado Persa anunciado por profetas

sí, cubro también mis imágenes impacientes.


Manuel Vázquez Montalbán

nocturnas aves ciegas

II

Nocturnas aves ciegas, muere
algún jarrón con rosas de crespón,
subes por el grito y desciendo
al cementerio de tus ojos cerrados,
marfiles diluidos, nenúfares
borrachos de río antiguo, subes
por el grito y desciendo muerto,
en una burbuja de viento destilado,
abiertas torres y un ánfora romana,
oleajes de aceite contra el acantilado,
prohibido mundo, prohibida noche,
subes por el grito y desciendo
al cementerio de tus ojos cerrados
los abres, cuelgas la risa del aire
y quedas como un Watteau perdido
mitad souvenir hectacrom
mitad pecado.

Manuel Vázquez Montalbán

Aquí tenemos el más famoso de los Watteau, no perdido, pues. Y aquí, el mundo hectacrom.

o la escuchas o no la escuchas

He decidido no sólo traerme el Ars amandi de MVV sino hacerme el completo de Roberto, el que comienza con el poema que da título: Los perros románticos. Así que aquí van por orden, sin prisa, sin pausa.
Sea lo que haya de ser.

AUTORRETRATO A LOS VEINTE AÑOS

Me dejé ir, lo tomé en marcha y no supe nunca
hacia dónde hubiera podido llevarme. Iba lleno de miedo,
se me aflojó el estómago y me zumbaba la cabeza:
yo creo que era el aire frío de los muertos.
No sé. Me dejé ir, pensé que era una pena
acabar tan pronto, pero por otra parte
escuché aquella llamada misteriosa y convincente.
O la escuchas o no la escuchas, y yo la escuché
y casi me eché a llorar: un sonido terrible,
nacido en el aire y en el mar.
Un escudo y una espada. Entonces,
pese al miedo, me dejé ir, puse mi mejilla
junto a la mejilla de la muerte.
Y me fue imposible cerrar los ojos y no ver
aquel espectáculo extraño, lento y extraño,
aunque empotrado en una realidad velocísima:
miles de muchachos como yo, lampiños
o barbudos, pero latinoamericanos todos,
juntando sus mejillas con la muerte. 

bien nacida

Tiene en mí el efecto de revolverme, de coger mis entrañas y exponerlas al sol, de hacerme entrar en duda, en contradicción, en cuestionamiento. Y no lo sabe, o eso me creo yo.
Derivado de lo anterior, le hablé del Ars Amandi de Manolo. No conocía ni lo uno ni al otro, lo cual me pareció magnífico. Lo apuntó en un papelito, aplicadamente, mientras el pelo lacio le caía en cortinaje a ambos lados. Me llevo los fotogramas, las escenas, y las proyecto en la soledad y la tranquilidad de casa muchos días después. De fondo se oye un campanario y una radio. Hay mucha luz y una temperatura idónea.
Voy a hacer algo que no había hecho antes y es traerme el citado Ars aquí, que allí lo encuentro muy desvencijado.  Con los años, la práctica y el prurito, este cuaderno ha cogido una prestancia del que carece el primero.
La biografía de Publio Ovidio Nasón es fantástica, claro.  Y su perdóname, padre, sencillamente insuperable. Su Ars amandi, traducido, se halla aquí.
Quizás, entre otras muchas cosas, el arte de amar sea el arte de mirar. Yo la amo en silencio mientras la miro a hurtadillas.


I

Queda crepúsculo, rodajas
de cielo añil anaranjado, brisa
de otoño, destejo las persianas,
no hay vecinos en los balcones,
y nos protege el patio con gatos
y cacharros, pieles de plátanos
deshabitados, mondas de naranja
brutalmente desnudas
en la esquina
mujeres solas, olor a pan dormido,
chocolate a la francesa, niñas
con faldas plisadas, medias
de algodón y blusas blancas
                           los lirios
agonizaban ya seis días hace
en ese jarrón con cigüeñas y nubes
fragancia embalsamada en analgésico
                                   han encendido
los primeros faroles, huele a invierno
el eczema de luz sobre el asfalto,
salen ahora de las puertas de los Bancos
pañuelitos de seda en el bolsillo, huelo
a masaje facial y a sudor de abdominales
en el Club Náutico

he dejado el dinero
sobre la consola, bajo el retrato colectivo
de una esforzada promoción de profesores
mercantiles
no, no te han visto el rostro
anochecido, anochece y una voz infantil grita lejana
no vale ¿por qué parecen ateridos esos lirios
que veíamos arder en el verano? lentos
crepúsculos
y algo menos sabios cerrábamos
la puerta a doble llave
mira, ya la tarde
se arrima a las esquinas inciertas
las luces
intentarán hábilmente describirnos
tienes
la piel naranja por el sol poniente, sombra
de pelo sobre el rostro encendido, tacto
de ceniza

 y has de volver a casa antes de las doce.

Manuel Vázquez Montalbán