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el Madrid de Javier

¡Qué difícil,
volcar mi corazón ahora,
en plena España,
en el corazón
sangrante de Madrid,
cuando las palomas
de la paz y del otoño
vuelan hacia los altos
edificios del futuro
y aquí la primavera
muere sin nacer,
vase sin venir!
¡Qué difícil decir:
vengo de Moscú,
del Asia,
he visto surgir a Samarkanda
con sus altas ermitas
que los años construyeron,
qué difícil
repito, repetirle
a los océanos sus
símbolos marchitos,
y decir luego:
He estado en España
y allí mi corazón sangró
inmediatamente
como si trabara contacto
con el viento que
corta las rosas en invierno!
Pero es cierto.
Esta es Madrid,
este es mi corazón
sangrando,
este es nuestro camino,
y seguiré gritando la
verdad de los
bosques apagados,
la verdad de las rosas
caídas,
la verdad de España
y sus historias.

Javier escribió esto en Madrid, octubre de 1961. Dos años después lo acribillaron... 

el hambre como medida preventiva

Hambre

Me comía los árboles de la avenida,

que los ojos con los hombres ciegos querían devorar.

Me comía los balcones, las tablas, 
los patios, las rejas, los jardines, 
que los arquitectos querían devorar.

Me comía las emociones del mundo,
los sentimientos de los libros, 
que los "prácticos" querían devorar.

Me comía los niños, pues ya sabían
que aprendían cosas huecas. Y a 
quienes los maestros querían devorar...

Me comía a los hombres buenos
pues yo sabía que eran pocos
y a quienes los lobos querían devorar.

Me comía a mí mismo. Sí. A mí mismo.
Pues intuía que me querían devorar.

Javier Heraud me llegó de la mano de un regalo anónimo. Gracias, quienquiera que seas: en el centro de la diana.