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en el borde

Al hilo de Al borde, de Gloria Fuertes, que me llegó como regalo.
En el borde, en la frontera, en el lugar donde impera el límite y reina la miscelánea histórica, donde la barrera fue mordida una y otra vez. Esta piedra fue del otro lado en algún tiempo pasado y alberga una memoria de territorio fronterizo, cambiante, de multipropiedad. En el borde del sueño o la vigilia, como escribía el otro día; en el borde del desamor y sus ruinas para luego volver a brotar; en el borde del abismo al que se llega tras flirtear con el borde de la vida y sus derelictos; en el borde de la ceguera, de tanta noche de luz tenue leyendo hasta el dolor, de tantas cosas que vemos que preferiríamos no ver. 
El resto, donde Jon.

al borde regalado


Soy alta,
en la guerra
llegué a pesar cuarenta kilos.
He estado al borde de la tuberculosis,
al borde de la cárcel,
al borde de la amistad,
al borde del arte,
al borde del suicidio,
al borde de la misericordia,
al borde de la envidia,
al borde de la fama,
al borde del amor,
al borde de la playa,
y poco a poco me fue dando sueño,
y aquí estoy durmiendo al borde,
al borde de despertar.

Gloria Fuertes

gloriosa clarividencia

Estos días parece que Gloria vino a mí por vía interna y externa. Quién sabe qué mecanismos mueven qué hilos.
Lo primero me llegó de forma amorosa, quiero pensar. Lo segundo enlaza con la última entrada con ella y la conversación con Nch.

-¿Para qué sirve un poeta?
-El poeta tiene que ver con el verbo ver,
con el verbo sentir y con el verbo escribir.
El poeta sirve... como unas gafas,
para que veas, hijo mío, para que veas.

Sale caro ser poeta

Sale caro, señores, ser poeta.
La gente va y se acuesta tan tranquila
-que después del trabajo da buen sueño-.
Trabajo como esclavo llego a casa,
me siento ante la mesa sin cocina,
me pongo a meditar lo que sucede.
La duda me acribilla todo espanta ;
comienzo a ser comida por las sombras
las horas se me pasan sin bostezo
el dormir se me asusta se me huye
-escribiendo me da la madrugada-.
Y luego los amigos me organizan recitales,
a los que acudo y leo como tonta,
y la gente no sabe de esto nada.
Que me dejo la linfa en lo que escribo,
me caigo de la rama de la rima
asalto las trincheras de la angustia
me nombran su héroe los fantasmas,
me cuesta respirar cuando termino.
Sale caro señores ser poeta.

Gloria Fuertes

mariposas muertas

Dos perlas de Gloria, una de ellas de mano amiga.
Punzada en boca de estómago.

Interior con mariposa muerta en el sofá.

Oxidadas tengo las bisagras de mis ojos
de tanto llanto llano;
se me van empequeñeciendo estas niñas,
que ayer me miraban alegres
desde el fondo del espejo;


desde el fondo de la botella
me miran taciturnas
las pasadas horas felices.

¡No me basta el pasado!

¡No quiero que se pase!

Y el pasado me pisa y me posa
y al final me posee, como una amante religiosa.

También había un ángel inocente
saltando a la comba con una culebra.

Todo esto acabo de verlo
en el fondo del fondo
de la botella.

Y la de mano amiga:

Se bebe para olvidar una cosa
y se olvida todo menos esa cosa.

Gloria Fuertes

microrregalos

Me regalaron anoche esta colección.
El cielo está raso, hay mucha luz y calor.

Más siento yo que vosotros
que mis versos hayan salido a su puta madre.

Gloria Fuertes

Destino de las explicaciones

En algún lugar debe haber un basural donde están amontonadas las explicaciones. Una sola cosa inquieta en este justo panorama: lo que pueda ocurrir el día en que alguien consiga explicar también el basural.

Julio Cortázar

De lo de Julio al segundo de Gödel hay un paso.

Sentido de su ausencia

si yo me atrevo 
a mirar y a decir
es por su sombra
unida tan suave
a mi nombre
allá lejos
en la lluvia
en mi memoria
por su rostro
que ardiendo en mi poema
dispersa hermosamente
un perfume
a amado rostro desaparecido

Alejandra Pizarnik

Y de Julio a Alejandra también hay otro paso:



gloria bendita



Que nació en Madrid un día como hoy hace mucho, cien menos uno.

Autobiografía

Gloria Fuertes nació en Madrid
a los dos días de edad,
pues fue muy laborioso el parto de mi madre
que si se descuida muere por vivirme.
A los tres años ya sabía leer
y a los seis ya sabía mis labores.
Yo era buena y delgada,
alta y algo enferma.
A los nueve años me pilló un carro
y a los catorce me pilló la guerra;
A los quince se murió mi madre, se fue cuando más falta me hacía.
Aprendí a regatear en las tiendas
y a ir a los pueblos por zanahorias.
Por entonces empecé con los amores,
-no digo nombres-,
gracias a eso, pude sobrellevar
mi juventud de barrio.
Quise ir a la guerra, para pararla,
pero me detuvieron a mitad del camino.
Luego me salió una oficina,
donde trabajo como si fuera tonta,
-pero Dios y el botones saben que no lo soy-.
Escribo por las noches
y voy al campo mucho.
Todos los míos han muerto hace años
y estoy más sola que yo misma.
He publicado versos en todos los calendarios,
escribo en un periódico de niños,
y quiero comprarme a plazos una flor natural
como las que le dan a Pemán algunas veces.

Gloria Fuertes