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that was never a comedy for me

Si no fuera  porque data de los ahora en la distancia vistos alucinógenos ochenta, podría haber tenido uno de los finales más tristes de las películas de amor. Hasta que ella esboza un atisbo de sonrisa sigo pensando que va a acabar mal.
Yo diría que perfecta, esta obra. Eso sí, si alguien no sabe qué fueron los ochenta, que se tome algo psicoloquesea antes de verla.
[Lo del animal de Jessica con Paco Grande, el hijo de, es hacerle honor al apellido].


De la versión en Broadway, pues bueno, qué decir: que es una pena que coja tan a trasmano ahora mismo.


Y mi amado Dustin, idolatrado en mi adolescencia sin yo saberlo, aquí rompe a llorar y con él todos. Epifánico.

la mala buena vida







A mí la que más me gusta es la primera de esta serie, precisamente la última en llegar, cronológicamente hablando. La descubrí en la película, una obra donde aparece un zoológico de animales. Neil ya ha aparecido por aquí en alguna ocasión anterior.

Oh, the good life, full of fun seems to be the ideal
Mm, the good life lets you hide all the sadness you feel
You won't really fall in love for you can't take the chance
So please be honest with yourself, don't try to fake romance

It's the good life to be free and explore the unknown
Like the heartaches when you learn you must face them alone
Please remember I still want you, and in case you wonder why
Well, just wake up, kiss the good life goodbye

la precuela de Alien

Volví a ver, esta vez en casa, Prometheus. Visualmente imponente, tiene dos temas de clásica maravillosos. De lo demás, pues eso. Fassbender me gusta mucho, sobre todo tratando de parecerse a Peter O´Toole con un toque de parafilia cibernética.







el bar de Álex

Hay artistas a los que sigo aunque su obra no me convenza, pero me produce placer identificar una y otra vez las claves del creador, una suerte de reconocimiento de alguien al que uno conoce hace tiempo. Su primer largometraje lo vi en su día con absoluto asombro e incomprensión. Desde entonces, más bien desde el segundo, la enorme El día de la bestia, he visto casi todo su cine. Nunca una película suya me parece redonda, pero en todas encuentro algo salvable; a veces, algo excelso. Cierto es que Álex, en los últimos años, ha tenido una deriva excedentaria, una correlación entre su volumen y el histrionismo de su cine. Una pena para quien escribe, porque no dejo de imaginarme esta película de la que vengo a escribir con su forma de rodar, con su conocimiento del medio del que habla, con su deriva esperpéntica, pero con mucha mayor contención, con una mesura que genere una tensión de calado, no de fanzine universitario de los ochenta, que es a veces donde uno cree que él se ha quedado anclado.
El caso es que ayer fui a ver El bar, solo y a una sala en el centro de la ciudad, sábado a las 20.30 horas -esto merecería una entrada aparte; igual un día de estos-. Mis expectativas eran ajustadas, de modo que no hubo desilusión; más bien diría que se vieron ligeramente superadas. El bar destila alexdelaiglesiasismo por todos los poros -de Javier no hablo porque entiendo que buena parte de lo que le atribuimos a uno procede del otro-; su arranque ya lo hemos visto en alguna otra película suya pero da igual, está tan logrado que se perdona, y al poco se desata la bulimia, una bulimia que irá en un in crecendo hasta alcanzar unas cotas insalubres, como todo lo que sucede en escena.  Hay muchos ecos en el metraje, desde Diez negritos hasta, sobre todo para mí, Cube. Pero lo que en Cube es tensión dramática verdadera, tiralíneas, mesura, Rotring, aquí es brocha y Pepe Gotera.
Sigo preguntándome por qué Mario Casas. ¿No habrá buenos atores a los que ponerles unas gafas de pasta y una barba de hipster esperando su oportunidad? Blanca responde a la querencia de nuestro hombre: querencia a la jamona, a la buenorra de toda la vida, a la lencería clásica. Bien, nada que objetar, cada uno tiene las suyas. Blanca me parece correcta en su interpretación. Donde encuentro mayor placer es en los, digamos, secundarios, ese vendedor de lencería -¿usada?-, ese expolicía, ese mendigo trastornado, esa ludópata y, la dupla fantástica con Terele al frente. Pero todas la actuaciones tienen un lastre para mi gusto: el del exceso. Quizás por ello, el expolicía y el vendedor sean los que mejor parados salen porque sus personajes son los menos disparatados.
La película destila amor hacia los bares que están a punto de constituirse en especie extinta y si no, miren aquí y aquí. Comparto ese amor y, diría, anticipo de nostalgia.

Hace sol y buena temperatura.



balas extraordinarias

Al amparo de la comedia se puede hablar de cosas muy serias. Volvimos a verla hoy. Excelsa y una ristra de adjetivos más que no hacen sino injusticia. Algo más de hora y media de no salir de mi asombro.

siente un poeta a su mesa

Pues ya estamos en capilla: una semana falta. Ahí va el adelanto:

DisTinto gastrobar dentro del festival La poesía es noticia presenta el espectáculo de Juan Bay , Siente un poeta a su mesa, basado en Plácido de L. G. Berlanga y Rafael Azcona, y su cáustico Siente un pobre a su mesa. En esta ocasión será un poeta el que se siente a la mesa de los comensales mientras estos degustan sus manjares. Y el poeta hará lo que suelen hacer los poetas, es decir, hablar de su libro.
El próximo sábado 16, a partir de las 13:00h, en DisTinto

Aquí está el añorado Luis hablando de su obra. Trataremos de honrar su memoria y su humor.

la bolsa verde y los perros de Quentin



Lookin' back on the track for a little green bag
Got to find just that kind or losin' my mind
Outta sight in the night, outta sight in the day
Lookin' back on the track, gonna do it my way

Outta sight in the night, outta sight in the day
Lookin' back on the track, gonna do it my way
Lookin' back

Lookin' for some happiness but there is only loneliness to find
Jump to the left, turn to the right
Lookin' up stairs, lookin' behind

Lookin' for some happiness but there is only loneliness to find
Jump to the left, turn to the right
Lookin' upstairs, lookin' behind

Yeah
Lookin' back on the track for a little green bag
Got to find just that kind or losin' my mind
Outta sight in the night, outta sight in the day
Lookin' back on the track, gonna do it my way
Lookin' back on the track for a little, little green bag
Got to find just that kind or losin' my mind

All right

Lookin' for some happiness but there is only loneliness to find
Jump to the left, turn to the right
Lookin' upstairs, lookin' behind

el insomnio del enano

Insomnio
De fierro,
de encorvados tirantes de enorme fierro, tiene que ser la noche,
para que no la revienten y la desfonden
las muchas cosas que mis abarrotados ojos han visto,
las duras cosas que insoportablemente la pueblan.
Mi cuerpo ha fatigado los niveles, las temperaturas, las luces:
en vagones de largo ferrocarril,
en un banquete de hombres que se aborrecen,
en el filo mellado de los suburbios,
en una quinta calurosa de estatuas húmedas,
en la noche repleta donde abundan el caballo y el hombre.
El universo de esta noche tiene la vastedad
del olvido y la precisión de la fiebre.
En vano quiero distraerme del cuerpo
y del desvelo de un espejo incesante
que lo prodiga y que lo acecha
y de la casa que repite sus patios
y del mundo que sigue hasta un despedazado arrabal
de callejones donde el viento se cansa y de barro torpe.
En vano espero
las desintegraciones y los símbolos que preceden al sueño.
Sigue la historia universal:
los rumbos minuciosos de la muerte en las caries dentales,
la circulación de mi sangre y de los planetas.
(He odiado el agua crapulosa de un charco,
he aborrecido en el atardecer el canto del pájaro.)
Las fatigadas leguas incesantes del suburbio del Sur,
leguas de pampa basurera y obscena, leguas de execración,
no se quieren ir del recuerdo.
Lotes anegadizos, ranchos en montón como perros, charcos de plata
fétida:
soy el aborrecible centinela de esas colocaciones inmóviles.
Alambre, terraplenes, papeles muertos, sobras de Buenos Aires.
Creo esta noche en la terrible inmortalidad:
ningún hombre ha muerto en el tiempo, ninguna mujer, ningún muerto,
porque esta inevitable realidad de fierro y de barro
tiene que atravesar la indiferencia de cuantos estén dormidos o muertos
-aunque se oculten en la corrupción y en los siglos-
y condenarlos a vigilia espantosa.
Toscas nubes color borra de vino inflamarán el cielo;
amanecerá en mis párpados apretados.

Jorge Luis sufría insomnio, cosa lógica leyendo su biografía. A muchos les ocurre, pero a pocos les da para describirlo con tal exactitud y belleza en las metáforas y en las imágenes. Es el precio a pagar por semejante sumatorio de talento, precocidad y biografía. A menudo, al menos a los que nos gusta escribir, nos ocurre que cuando leemos algún texto de gran calidad envidiamos -sanamente o no- haberlo escrito nosotros; no solemos pensar en el precio que paga quien lo escribió. Estos días, leyendo los avatares de la vida de Borges, me parecía que el pequeño Jorge fue una monstruosidad, un bicho raro, en ese sentido que Tod Browning describió tan maravillosa, certera y líricamente en su antológica película Freaks. En ocasiones me parecía que estaba leyendo un cuento del propio autor conforme iba desgranando su vida temporalmente, hasta llegar a su culmen, la trapecista de Hans, Cleopatra, su María Kodama. Ay Jorge, tus insomnios, tus noches viendo monstruos que tanto te atemorizarían como familiares te resultarían, tus angustias mortales, todas ellas acogidas en los pechos de la bella trapecista. Lo demás, como tú bien sabías, no era sino silencio.

cansancio entendible

Cansado.
¡Sí!
Cansado
de usar un solo brazo,
dos labios,
veinte dedos,
no sé cuántas palabras,
no sé cuantos recuerdos,
grisáceos,
fragmentarios.
Cansado,
muy cansado
de este frío esqueleto,
tan púdico,
tan casto,
que cuando se desnude
no sabrá si es el mismo
que usé mientras vivía.
Cansado.
¡Sí!
Cansado
por carecer de antenas,
de un ojo en cada omóplato
y de una cola autentica,
alegre
desatada,
y no este rabo hipócrita,
degenerado,
enano.
Cansado,
sobre todo,
de estar siempre conmigo,
de hallarme cada día,
cuando termina el sueño,
allí, donde me encuentre,
con las mismas narices
y con las mismas piernas;
como si no deseara
esperar la rompiente con un cutis de playa,
ofrecer, al rocío, dos senos de magnolia,
acariciar la tierra con un vientre de oruga,
y vivir, unos meses, adentro de una piedra.


Oliverio Girondo sabía de lo que hablaba. Lo hizo acorde a su tiempo, quizás no mucho a su geografía de origen. Pero, qué es eso, el origen, sino el punto de partida, más aún en su caso, que cruzó hacia la guerrera, vieja y vanguardista Europa -si todo ello junto no constituye un disparate- tantas veces. Su biografía parece ajustarse a su poesía; ¿o es al revés? En Oliverio uno encuentra una suerte de adecuación fondo forma -de la que ya hablé en otra entrada- tranquilizadora. Además, me gusta pensar que él y Norah se amaron, porque también me gusta pensar que los dos sabían volar.

ciento setenta y dos en el mío




somewhere i have never travelled,gladly beyond
any experience,your eyes have their silence:
in your most frail gesture are things which enclose me,
or which i cannot touch because they are too near
 
your slightest look easily will unclose me
though i have closed myself as fingers,
you open always petal by petal myself as Spring opens
(touching skillfully,mysteriously)her first rose
 
or if your wish be to close me,i and
my life will shut very beautifully,suddenly,
as when the heart of this flower imagines
the snow carefully everywhere descending;
 
nothing which we are to perceive in this world equals
the power of your intense fragility:whose texture
compels me with the colour of its countries,
rendering death and forever with each breathing
 
(i do not know what it is about you that closes
and opens;only something in me understands
the voice of your eyes is deeper than all roses)
nobody,not even the rain,has such small hands
 
e. e. cummings, 1931
 
Y la traducción de José Casas:
 
en algún lugar adonde nunca he ido,gozosamente más allá
de toda experiencia,tus ojos tienen su silencio:
en tu gesto más delicado hay cosas que me rodean,
o que no puedo tocar porque están demasiado cerca
 
tu mirada más leve me abrirá sin esfuerzo
aunque me haya cerrado como unos dedos,
tú siempre me abres pétalo a pétalo como abre la Primavera
(tocando hábil,misteriosamente)su primera rosa
 
o si tu deseo fuera cerrarme,yo y mi vida
nos cerraremos muy delicadamente,de repente,
como cuando el corazón de esta flor imagina
la nieve cayendo cuidadosamente por todas partes;
 
nada de lo que podamos percibir en este mundo iguala
el poder de tu intensa fragilidad:su textura
me domina con el color de sus países,
produciendo muerte y eternidad a cada latido
 
(no sé qué hay en ti que se cierra
y se abre;pero algo en mí comprende
que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas)
nadie,ni siquiera la lluvia,tiene unas manos tan pequeñas

como si fuera la primera vez

We shall not cease from exploration 
And the end of all our exploring 
Will be to arrive where we started 
And know the place for the first time. 


T.S. Eliot en su "Little Gidding", cuarto y final de sus "Four Quartets".
Hoy lo escuché en Philomena.

animatronic robin

Buscando algún ensayo sobre Blue velvet que contuviese elementos coincidentes con mi visión de la película, me encontré con este que sigue. Conforme lo leía me venían a la cabeza Breaking bad y El show de Truman. No es de extrañar, pues las tres comparten la querencia por el barniz y la trampa, aunque la de Lynch es la más bizarra y grotesca, como bien apunta el ensayista. Algunos extractos del asunto:

Martin Rickman
Pabst Blue Ribbon, Frank Booth, and Fake Robins:

An exploration into David Lynch’s Blue Velvet

Nowhere is this more evident than in Blue Velvet, where Lynch transforms a picturesque 50s-like town into a seething caricature filled with freaks and evil.
[...] the world becomes absurd and dream-like, where the line between reality and dream blurs. Lynch has said, “I like the idea that everything has a surface which hides much more underneath. Someone can look very well and have a whole bunch of diseases cooking: there are all sorts of dark twisted things lurking down there. I go down in that darkness and see what’s there,”.
He is primarily concerned with recognizing traditional cinematic structure and using parody and his own carnival mirrors to morph and stretch his characters.
Much like the cities in Invisible Cities (Calvino), Lumberton is all at once different cities and the same city, as Lynch compiles a composite picture of images and memories, nostalgic and kitsch, to create one singular, yet confusing image.
Like a good film-noir though, Jeffery gets lost in the underbelly and has trouble finding his way out. He begins to accept the evil that has always existed inside him and is frightened by his apparent transformation.
[…] But Lynch’s film presents a world that is not good or bad but rather is good and bad.
No events are safe in Lynch’s films and the boundary between dream and reality is constantly in question. 

nothing beside

 Ozymandias

I met a traveller from an antique land,

Who said—“Two vast and trunkless legs of stone

Stand in the desert. . . . Near them, on the sand,


Half sunk a shattered visage lies, whose frown,

And wrinkled lip, and sneer of cold command,

Tell that its sculptor well those passions read

Which yet survive, stamped on these lifeless things,


The hand that mocked them, and the heart that fed;

And on the pedestal, these words appear:

My name is Ozymandias, King of Kings;

Look on my Works, ye Mighty, and despair!"


Nothing beside remains. Round the decay

Of that colossal Wreck, boundless and bare

The lone and level sands stretch far away.


El soneto es de Percy Bysshe Shelley, criatura inglesa que, de puro romántica, vivió 30 años (1792-1822) porque un naufragio en un velero se lo llevó por delante. Eso es ser consecuente y lo demás son pamplinas. Su biografía, fácilmente encontrable, es de traca.

El poema se publicó en enero de 1818, cuando contaba con 25 primaveras. El entrecomillado corresponde a la inscripción que Diodorus Siculus dice en su Biblioteca histórica que había en la base de la estatua de Ramsés II allá por Egipto. El tal Diodorus era historiador de los de la época -siglo I a. de C.-, es decir, mitad escritor de ficción, mitad testigo imparcial. Ozymandias proviene de una transliteración al griego hecha malamente, por cierto, del nombre del trono del tal Ramsés

Pero la idea está clara, tanto como la de 1968, que aunque de mala calidad, de sobra es conocida.

La lectura -magnífica- corresponde a Bryan Cranston haciendo de W. W. En Breaking bad. La de Richard, por cotejar, no es asunto menor.

transliterar. (De trans- y el lat. littĕra, letra).

1. tr. Representar los signos de un sistema de escritura mediante los signos de otro.




El soneto, de una inigualable perfección y rareza, está estudiado del derecho y del revés y carece de traducción posible. Pero, para que sea entendible al menos, me he dado el regalo del atrevimiento. Versiones hay en la red para quien quiera más, así como explicaciones y sesudos análisis acerca de la construcción del mismo.

OZYMANDIAS

Conocí a un viajero de una tierra antigua
Que dijo: Dos piernas de piedra enormes y sin tronco
Siguen de pie en el desierto. Cerca de ellas, sobre la arena,
Medio hundido, yace un rostro hecho pedazos, cuyo ceño,

Y labio arrugado, y mueca de frío dominio
Cuentan que su escultor bien sabía de esas pasiones
Las cuales aún sobreviven, estampadas en esas cosas inertes,
a la mano que las remedó y el corazón que las alimentó.

Y en el pedestal aparecen estas palabras:
"Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes:
¡Mirad mis obras, vosotros poderosos, y desesperad!"

Nada queda al lado. Alrededor de la decadencia
De esa ruina colosal, ilimitadas y desnudas
Las arenas solitarias y llanas se extienden a lo lejos.

Versión de Juan Bay

remedar.
(Del lat. re -imitāri).
1. tr. Imitar o contrahacer algo, hacerlo semejante a otra cosa.
2. tr. Dicho de una persona: Seguir las mismas huellas y ejemplos de otra, o llevar el mismo método, orden o disciplina que ella.
3. tr. Dicho de una persona: Hacer las mismas acciones, visajes y ademanes que hace otra, generalmente con intención de burla.

remedo.
1. m. Imitación de algo, especialmente cuando no es perfecta la semejanza.

en los sueños de David






La película es del 86, o sea, de hace 27 años; David tenía 40 años; Isabella, 34; Kyle, 27; Laura, 19; Dennis, 50; Dean, 50 y Roy, qué cosas, 50 también, aunque su In dreams era del 63, es decir, de hacía 23 años, cuando él tenía 27. La letra era suya también, por cierto.

A candy-colored clown they call the Sandman
Tiptoes to my room every night
Just to sprinkle stardust and to whisper
"Go to sleep, everything is all right"
I close my eyes, then I drift away
Into the magic night, I softly say
A silent prayer like dreamers do
Then I fall asleep to dream my dreams of you
In dreams I walk with you
In dreams I talk to you
In dreams you're mine all of the time
We're together in dreams, in dreams
But just before the dawn
I awake and find you gone
I can't help it, I can't help it, if I cry
I remember that you said goodbye

It's too bad that all these things
Can only happen in my dreams
Only in dreams
In beautiful dreams

IT'S A STRANGE WORLD, ISN'T IT

Richard Corliss, Time, September 22, 1986

''Things got a little out of hand,'' nice young Jeffrey (KyleMacLachlan) tells his nice young friend Sandy (Laura Dern). Well, yes. Walking through the woods of peaceful Lumberton, Jeffrey found a severed human ear crawling with ants. The ear belonged to a man who, with his son, had been kidnaped by Frank (Dennis Hopper), a sicko on a helium high. Frank was blackmailing the man's wife Dorothy (Isabella Rossellini), and hiding in Dorothy's closet, Jeffrey watched Frank work his awful sexual will on her. When Dorothy discovered Jeffrey, she took him to bed. ''Hurt me,'' she said. ''No, I want to help you'' -- but he soon enough acceded to her masochistic desires. Then Frank taught Jeffrey a lesson. He smeared lipstick on his own face, kissed Jeffrey hard on the mouth and beat him senseless. Sandy responds to such revelations like a child at the end of a nightmare fairy tale: ''It's a strange world, isn't it.''Strange and repellent and seductive -- a world of power plays in which everybody's somebody's victim. Sandy is attracted to Jeffrey's quiet intensity. Jeffrey is beguiled by Dorothy's mystery, her dangerous demands. To keep her family alive, Dorothy must surrender to Frank's depraved games. But even Frank is in the thrall of Ben (Dean Stockwell), an epicene drug dealer, who in turn is subject to the political power of a heavyset enigma in a yellow jacket. On that stroll in the woods, Jeffrey fell down the rabbit hole and found an inverted pyramid of moral monstrosity. ''I am seeing something that was always hidden,'' he says. Now he can't take his eyes off it.The plot alone would be enough to earn Blue Velvet this year's Authentic Weirdie prize. But wait, there's more. Writer-Director Lynch (Eraserhead, The Elephant Man, Dune) has stocked his movie with artifacts from every decade of postwar America; it could be taking place now, then or never. Emotionally, the picture comes from outer space. Instead of seducing the audience, the characters are picture-book flat. Only the images are deep and dense. The friendly loggers of Lumberton wave at the camera; Frank screams an obscenity and poof! disappears; a corpse is bound and bowed like a Kienholz sculpture; the climactic gun battle takes just a few shorthand strokes. The acting styles collide fiercely too. MacLachlan and Dern have an innocents-in-hell sweetness; Stockwell does a preening Percy Dovetonsils number; Rossellini is a madwoman with all stops out; Hopper tops her, with maybe the vilest sadistic creep in movie history.All of which is to say that Blue Velvet is in no sense a realistic film. It is not modernist camp either. Lynch believes every bit as much in the redemptive power of teen love -- with families miraculously restored and two kids kissing to the crooning of a wedding-chapel organ -- as he does in the force of evil. He and his film will surely be reviled, but as an experiment in expanding cinema's dramatic and technical vocabulary, Blue Velvet demands respect.

British author J. G. Ballard on David Lynch's Blue Velvet (originally published in Time Out in 1993):

Blue Velvet is, for me, the best film of the 1980s - surreal, voyeuristic, subversive and even a little corrupt in its manipulation of the audience. In short, the perfect dish for the jaded palates of the 1990s. But a thicket of puzzles remains. First, why do the sensible young couple, played by Kyle MacLachlan and Laura Dern, scheme to break into the apartment of the brutalized nightclub singer (Isabella Rossellini) and risk involving themselves with the psychopathic gangster - Dennis Hopper in his most terrifying screen performance?
[...]
The second puzzle is the role of the severed ear found by the young man after he visits his father in hospital, and which sets off the entire drama. Why an ear rather than a hand or a set of fingerprints? I take it that the ear is really his own, tuned to the inner voice that informs him of his imminent quest for his true mother and father. Like the ear, the white picket fence and the mechanical bird that heralds a return to morality, Blue Velvet is a sustained and brutal tease, The Wizard of Oz re-shot with a script by Kafka and decor by Francis Bacon.

J. G. Ballard, 'Blue Velvet' in J. G. Ballard, A User's Guide to the Millenium: Essays and Reviews

el viaje

The trip no es una película, pero tiene el formato de película y se puede ver en cines. Yo la recomiendo encarecidamente y es imprescindible verla en versión original.
Estos son algunos de sus hilarantes y sublimes momentos con sus correspondientes ilaciones.

humbling, poet o actor

In many ways, the work of a critic is easy. We risk very little, yet enjoy a position over those who offer up their work and their selves to our judgment. We thrive on negative criticism, which is fun to write and to read. But the bitter truth we critics must face, is that in the grand scheme of things, the average piece of junk is probably more meaningful than our criticism designating it so. But there are times when a critic truly risks something, and that is in the discovery and defense of the new. The world is often unkind to new talent, new creations. The new needs friends. Last night, I experienced something new: an extraordinary meal from a singularly unexpected source. To say that both the meal and its maker have challenged my preconceptions about fine cooking is a gross understatement. They have rocked me to my core. In the past, I have made no secret of my disdain for Chef Gusteau's famous motto, "Anyone can cook." But I realize, only now do I truly understand what he meant. Not everyone can become a great artist; but a great artist can come from anywhere. It is difficult to imagine more humble origins than those of the genius now cooking at Gusteau's, who is, in this critic's opinion, nothing less than the finest chef in France. I will be returning to Gusteau's soon, hungry for more. 

Peter O'Toole da voz -y qué voz- a Anton Ego en Ratatouille, de Brad Bird. Quizás ayudó al inglés o irlandés, depende de las fuentes, saber de qué se habla cuando dice eso de humble origins: always wanted to try being either a poet or an actor.

ucronizando


Come gather ’round people
Wherever you roam
And admit that the waters
Around you have grown
And accept it that soon
You’ll be drenched to the bone
If your time to you is worth savin’
Then you better start swimmin’ or you’ll sink like a stone
For the times they are a-changin’
Come writers and critics
Who prophesize with your pen
And keep your eyes wide
The chance won’t come again
And don’t speak too soon
For the wheel’s still in spin
And there’s no tellin’ who that it’s namin’
For the loser now will be later to win
For the times they are a-changin’
Come senators, congressmen
Please heed the call
Don’t stand in the doorway
Don’t block up the hall
For he that gets hurt
Will be he who has stalled
There’s a battle outside and it is ragin’
It’ll soon shake your windows and rattle your walls
For the times they are a-changin’
Come mothers and fathers
Throughout the land
And don’t criticize
What you can’t understand
Your sons and your daughters
Are beyond your command
Your old road is rapidly agin’
Please get out of the new one if you can’t lend your hand
For the times they are a-changin’
The line it is drawn
The curse it is cast
The slow one now
Will later be fast
As the present now
Will later be past
The order is rapidly fadin’
And the first one now will later be last
For the times they are a-changin’