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sentina de escombros, feroz cueva de náufragos

A. Persi Flacci choliambi

Hipocrene, Parnaso, luces tibias
ayer, hoy fría sombra que se apaga.
No os conozco, reposo cotidiano,
sueño, sed, desatino de los débiles.
La blancura de un lirio, la fragancia
de un perfume, su voz o sus tobillos.
Todo me está negado. Soy el viento
sin colegiar, la muerte de las aves.
Atardecí. La magia de los números,
el profético naipe o la tristeza
de las viejas plegarias a los dioses.
Mi palacio se hundía, mi sonrisa
palidecía, mueca del silencio.
Desbócame, tiniebla trepadora,
hiende con tu locura mi locura,
decapita mi pérfida inocencia.
La huella de sus fustas. Era tarde…
Todo es recuerdo ya: la piel, los ojos.
La noche está conmigo, sus corceles,
la terrible pureza de la nada.

Luis Alberto de Cuenca

¿abundancia?

Unidad

Esta hoja son todas las hojas,
esta flor son todos los pétalos
y una mentira la abundancia.
Porque todo fruto es el mismo,
los árboles son uno solo
y es una sola flor la tierra.

Pablo Neruda

El sueño de Los versos del capitán

Andando en las arenas
yo decidí dejarte.
Pisaba un barro oscuro
que temblaba,
y hundiéndome y saliendo
decidí que salieras
de mí, que me pesabas
como piedra cortante,
y elaboré tu pérdida
paso a paso:
cortarte las raíces,
soltarte sola al viento.
Ay en ese minuto,
corazón mío, un sueño
con sus alas terribles
te cubría.
Te sentías tragada por el barro,
y me llamabas y yo no acudía,
te ibas, inmóvil,
sin defenderte
hasta ahogarte en la boca de arena.
Después
mi decisión se encontró con tu sueño,
y desde la ruptura
que nos quebraba el alma,
surgimos limpios otra vez, desnudos,
amándonos
sin sueño, sin arena,
completos y radiantes,
sellados por el fuego.

Pablo Neruda