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Aplastar y laminar

Elena habla alto y claro, con honestidad y conocimiento de causa, sin tapujos fáciles y manidos. Admirable.

Supongo que fue hace ya demasiados años, porque recuerdo que aún éramos unos jóvenes políticamente inexpertos que militábamos en las Juventudes Socialistas, cuando tras mostrar algunas discrepancias políticas con el entonces senador Ángel Franco, éste nos espetó una frase que, con el paso del tiempo, ha resumido al menos una parte de su actividad política: «Os voy a aplastar y a laminar».

El resto, aquí.

menos tú

Es maravilloso este artículo que comienza así y que repasa cómo una idea con su imagen asociada en primera instancia se va reproduciendo a lo largo de la historia del arte. No parece de extrañar. Vicente Domínguez, que es el autor, es este señor. Una auténtica pieza de artillería. 

En el NO-DO 53 B, de 3 de enero de 1944, se incluye un reportaje sobre el avión de transporte militar Messerschmitt 323 de la fuerza aérea de la Alemania nazi. La noticia sobre esta aeronave seguramente procede del Noticiario Ufa alemán que, bajo acuerdo, entregaba semanalmente noticias sobre la actualidad alemana al noticiario cinematográfico español, tal como explican Rafael R. Tranche y Vicente Sánchez Biosca en NO-DO. El tiempo y la memoria. Pues bien, durante los casi dos minutos que dura la noticia del Messerschmitt 323 en vuelo, aterrizando, etc., suena continuamente el inicio del tercer acto de la segunda ópera de Richard Wagner perteneciente al ciclo de El anillo del NibelungoLa Valquiria(estrenada en 1870), comienzo conocido como La cabalgata de las Valquirias. Resulta complicado aventurar el motivo de la elección del fondo musical wagneriano para esta noticia cinematográfica sobre un tipo de aeronave militar; o quizá sea tan prosaico como la identificación de esos aviones de transporte, lo mismo de soldados que de vehículos, con las mitológicas valquirias wagnerianas, en tanto que transportadoras al Walhalla, la morada de los dioses, de héroes humanos muertos en el campo de batalla. Sin embargo, al ver esta noticia cinematográfica es difícil no evocar instantáneamente Apocalypse Now (1979), sobre todo por la semejanza, seguramente casual, quién sabe, de algún plano.

Completo, está aquí.
Hablando de cine. ayer fui a ver esto de abajo de nuevo. Encantadora, claro. Sobre todo cuando intervienen en su vertiente más gamberra. Las historias de amor son, digamos, colaterales.
El comienzo es excelso: de ti todo me recuerda a ti menos tú. Qué más se puede pedir.



La familia de Pernambuco

Andan por una longitud similar -qué son 20º-, si bien sus latitudes son francamente distintas. Una roza la polaridad; la otra, el desierto. La que es región, área, zona, abarca territorios de varios países, límites convulsos a lo largo de la historia, escasa insolación, débil luminosidad, auroras boreales en noches gélidas, un páramo de nieve y población, un frío donde perder la fe definitivamente para encontrar la convicción o, simplemente, un lugar para intimar con los líquenes y las agujas de hielo.

El resto, donde Jon.

Navaja de magnesio

Que no doy abasto lo prueba que yo mismo me acabo de sorprender al ir a colgar mi última colaboración con Jon y darme cuenta de que el anterior entrada también era sobre Rumiando sables. En fin, así están las cosas.

Navaja de magnesio

Sospechabas del magnesio mientras recorrías tu ciudad en los meses fríos, por fin un invierno coherente. Cada esquina, una contracción en el estómago: qué te depararía el giro. El magnesio hacía su papel, su filo lacerante en el gris de la tarde, tus obligaciones cumplidas, el cruce con algunos ojos extraviados, otra esquina, otro temblor.

El resto, aquí.

rumiando sables uno

He empezado a colaborar con Jon y su Alicante live music. Cada martes alterno. Aquí va la primera:

Quizás no ingerirlos sería mejor. Al fin y al cabo no están forjados para ser ingeridos. Sólo deglutir aquello que no sea potencialmente lesivo; nada de asuntos puntiagudos, cortantes, abrasivos. Casi ceñirse a una dieta blanda y frugal, a una ingesta suave, a digestiones placenteras. Dejar pasar los alimentos hirientes como el agua que cae por la rambla, de manera natural, cuando llueve, abriéndose paso. No tener que hacer consideraciones de primer y segundo orden, no verte obligado a la inseguridad de la reflexión, al inquietante proceso de maduración.

El resto está aquí.

precios

Hace cerca de un año hablé aquí de una serie adorable en su cinismo donde coincidían tres piezas maravillosas: ella, él y su madre, la de él. Hoy, leyendo The Guardian, cosa que he empezado a hacer desde hace poco y que debería haber hecho hace mucho, me he encontrado con un artículo donde ella, Sharon Horgan, habla de la recién finada madre de él, Carrie Fisher. El artículo es de un estilo acorde con.
Sharon explicita algo que si se le sigue mínimamente a nivel profesional se sabe implícitamente.
Pues eso, todo maravilloso, salvo que Carrie se fue y no hay relevos porque hace tiempo que nadamos en piscinas sin agua.
El artículo completo está aquí. Lo que sigue es un trocito.

But who would want to do anything but listen to a lady like her with a life like that? It was, as she described it, something of a soap opera. She was no ordinary celebrity. She was, she said, Mickey Mouse. Everybody owned a piece, or felt they had the right to a piece. But the beautiful truth about Carrie is that she was genuine. She knew her talents, she knew her cultural importance, but she was humble, too. She didn’t have to feign her modesty. Her modesty and insecurity were part of her makeup. She was so real that it was almost dangerous. Actually, it was dangerous. Because she didn’t play the game. She said what she thought and, in an industry where that’s not always welcome, it sometimes came back to bite her. But she couldn’t help herself. She had very little filter.

Pablo y el decoro

Superlativo, primoroso, con un in crescendo arrebatador y un final wagneriano. Placer.

Un grupo de trajeados caballeros —y un disidente en chándal— se reunía alrededor de la mesa de una cafetería para hablar de pollas grandes y su relación con la tonadilla pop. El señor Marrón afirmaba ante sus contertulios que el «Like a Virgin» de Madonna era una oda a los penes descomunales, o el relato de como una chica se topaba con un amante que compartía herencia genética con los caballos y acababa evocando una juventud donde tenía los interiores más estrechos. Aquel señor Marrón y el recuento de pitos («Dick, dick, dick, dick, dick, dick. How many dicks is that? A lot») que arrastraba su verborrea era la presentación en sociedad de un desconocido Quentin Tarantino con una Reservoir Dogs donde ejercía de actor, guionista y director. Y aquel diálogo inicial atrapaba firmemente al público con el truco de reinventar de manera divertida el significado de un elemento pop universalmente famoso. La del señor Marrón era una lectura simpática pero fantasiosa, porque Billy Steinberg y Tom Kelly, letristas originales de «Like a Virgin», lo que pretendían era hablar sobre una relación amorosa tan emocionalmente profunda como para hacer sentir al implicado que era algo novedoso. Madonna agarró a Tarantino en una fiesta y le regaló el álbum Erotica con un mensaje escrito a mano en su portada: «Quentin, trata sobre el amor, no sobre pollas».

Sigue aquí.

hipertrofia nacional

incoar

Del lat. incohāre.
1. tr. Comenzar algollevar a cabo los primeros trámites de un
proceso,pleitoexpediente o alguna otra actuación oficial.

Leo:

España tiene más leyes y normas jurídicas de todo rango que casi cualquier otro país: pero esa sobreabundancia, que en sí misma es desastrosa, se corresponde con el incumplimiento generalizado y el descrédito de las leyes por parte no solo de empresas y de ciudadanos, sino a veces de las mismas Administraciones que las han promulgado.

El señor Muñoz Molina en todo lo suyo. Más alto quizás; más claro, no.

irse

Una de las cosas que me gusta de la revista Jot Down es la extensión de sus artículos. No sufren del rigor brevis de la prensa dominante. Y sin embargo, este del que aquí dejo el comienzo se me antoja corto...

Cuando ya pensaba que lo había escuchado todo sobre los cursos de escritura, me entero de que en 2013 se impartió una especie de taller literario para escribir cartas de suicidio en una universidad de Nueva York.

Completo, aquí. Y un documental digno y español, aquí.
Nuestro país, que no presenta casi ningún caso de suicidio, posee uno de los mejores planes de prevención del asunto a nivel nacional, pionero en Europa y guía y fuente de inspiración para otros muchos países. Al revés lo enuncio por no insultar.
 

Antonio en carroza: laudatorio

(...) derraman lágrimas recordando juegos de niños protagonizados por la pólvora...

Jon lo clavó. Con un solo día le bastó para verlo, no con lo ojos. Yo dispuse de dos días: el del 8.5 y el del 11. También, como él, lo vi desde el primer día: aquello era una comunión, un ritual oficiado por una sacerdotisa mayor. Hoy ya todo acabó y comienzan los fuegos artificiales por la noche. La resaca de esta última semana va a ser de aúpa. De la entrada de lo ocurrido hace siete días a la de ahora han pasado años, siglos. 
A Antonio, a todo esto el artífice del milagro, habría que sacarlo en carroza. Los demás estaríamos encantados de formar parte de su séquito.

desmaquillaje

Llamar a las cosas por su nombre. Hacerlo con clase y con conocimiento de causa. Sin aspavientos y sin medias tintas; con honestidad y con arrojo.
Estos últimos días he leído con asombro y alegría este artículo de un investigador español exiliado -imagino que no por ánimo viajero-, Juan Francisco Abenza, y este otro de Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza desde hace diez años. Los publico en la misma entrada porque se me antoja que están cosidos con el mismo hilo y, casi diría, la misma aguja.
Ustedes mismos.

Crecer o no crecer

Creo que nunca antes había escrito sobre política. Esta vez me arranqué. Los motivos parecen evidentes. Ahí va:

Hasta hace no mucho, me contaba un amigo versado en la materia, cuando los seminaristas salían a pasear, a airear sus cuerpos y sus mentes fuera del seminario, el número siempre era el mismo: tres. En pos de evitar los placeres de la carne y el pecado nefando, con la terna nos encontrábamos en una situación ideal, pues dos dispuestos nunca sabrían si el tercero lo estaba también, corriendo el riesgo de la delación ante sus superiores terrenales, que los otros, los no terrenales, era evidente que todo lo veían. Cabía otra posibilidad paradójica, y es que se iniciaran los tres en el proceloso, a la par que hedonista, mundo del sexo grupal, al menos trino. 

El resto está aquí.

las instrucciones de Elena

INSTRUCCIONES PARA EMITIR UN BUEN VOTO

Comencemos por lo básico: se necesita una buena cita electoral. Una cita electoral importante o incluso varias a un tiempo. Puestos a emitir un buen voto incluso se pueden emitir dos y acertar en ambos. O no.
La cita  -o citas- electorales deben de tener enjundia, es decir deben de ser capaces por si solas de cambiar una situación, de remover de su sillón a una persona importante, a varias o incluso a muchas personas molestas  y, si me apuran, de poder cambiar las condiciones de vida de la mayoría de la población. Si no es este el caso no merece la pena ni continuar leyendo esta instrucción. Ejerciendo su libre albedrío quédese en casa o salga, siempre eso si ajeno al alboroto electoral, y dedique su tiempo a la familia o a los amigos.

El resto sigue aquíUn placer y un honor, Elena.

la caída del imperio austro húngaro

Sin duda, el arte nos envía al más allá de la realidad, al universo de los sueños; es un territorio, como el de las hadas, que debe asaltarse sin miedo a ser temerario. Esta visión, que personaliza en buena medida el clasicismo en el arte, llegó hasta bien entrado el siglo XX, cuando ya se expresaban otras formas de entender el arte muy diferentes y los escritores denunciaban el fin de una época, porque el arte ya no se situaba en el hombre con sentido de la posibilidad, sino en el hombre con un nuevo sentido, el de la realidad inmediata. Desde principios del siglo XX, la mentalidad derivada de la casi antigua idea de progreso cobra la fuerza de los hechos, expresándose de una forma casi ideológica en el discurso científico. La gente cree que con el fin del arte se está en condiciones de poder conquistar por fin la realidad; pero, con la pérdida del sueño, el hombre deja de tener futuro y la percepción de la realidad se le aleja más y más. Ya lo escribió Musil casi al final de la Segunda Guerra Mundial:

El cuerno del cartero de Münchausen –nos decía– era más bonito que una bocina electrónica con el sonido en conserva; las botas de siete leguas, más bonitas que un automóvil; el imperio del rey Laurin, más bonito que un túnel ferroviario; las raíces curativas de la mandrágora, más bonitas que un telegrama ilustrado; comer el corazón de la propia madre y entender el lenguaje de las aves, más bonito que un estudio zoopsicológico sobre la expresión rítmica del gorjeo de los pájaros. Hemos conquistado la realidad y perdido el sueño. Ya nadie se tiende bajo un árbol a contemplar el cielo a través de los dedos del pie, sino que todo el mundo trabaja; tampoco debe engañar nadie al estómago con idealizaciones, si quiere ser de provecho, más bien tiene que comer chuletas y moverse. Es exactamente como si la vieja e inepta humanidad se hubiera dormido sobre un hormiguero, y la nueva se encontrara al despertarse con las hormigas en la sangre; desde entonces se ve, por eso, obligada a realizar las extorsiones más violentas sin conseguir aplacar la frenética comezón de la laboriosidad animal.

Salvando algunos matices, Musil acierta con el diagnóstico y me acerca a pensar sobre el arte como ese sueño que ha olvidado el hombre al despertarse; un sueño que le permitía ver las cosas ocultas a nuestro derredor. Porque la gran ventaja del sueño es que ayuda a ver, ayuda a escuchar, a diferencia de la vida cotidiana en cuyo discurrir sólo somos capaces de oír o de mirar con los ojos embotados como los micos que siempre están saltando de rama en rama como si estuvieran huyendo de algo. Y, al mismo tiempo de esta reflexión o poco antes, los artistas impresionistas difuminan la realidad, y Picasso se decide a quebrar la armonía del cuerpo con Las Señoritas de Avignon y después otros como Grosz –que por cierto era ilustrador– distorsiona la vida cotidiana del Berlín de los años treinta para poder definirla mejor, y, por último, otros como Hopper –que por cierto era diseñador– convierten la representación de la realidad en un objeto cotidiano. Escuelas y nuevas tradiciones que han convertido el arte en algo cercano y propio, inmediato y personal, donde cabe todo, desde lo imperceptible –más que elevado–, hasta lo más sucio y podrido.

Robert Musil, como siempre en estos casos, aunque nació en el sur de Austria, en realidad vino de Marte. Leo que acabó su vida exiliado y con problemas económicos. ¡Hombre, no...! Si te parece se le reconoce y se le pone una cátedra en vida.

El extracto completo es de: Juan Benavides Delgado Introducción: Arte, Publicidad y Vida Cotidiana…
Pensar la Publicidad

doble jota en los altares

Os decía el otro día día que empezaba a escribir en un periódico digital. Aún no sabía cómo archivarían los artículos. Ahora ya está claro. Están dentro de la categoría Ad líbitum. Lo dejo ya en la columna de la derecha del blog, enlazado.
Aquí tenéis el segundo. 

comienzo de andadura

He empezado a colaborar con un periódico digital murciano, El pajarito, escribiendo artículos de opinión. Hasta que tenga claro cómo me van a archivar los artículos, los enlazaré directamente desde aquí. Este es el primero.