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príncipes de piedra y viento

No en balde, Luis Antonio. A mí me pasa lo mismo desde pequeño, que quería ser portero en las pachangas. La belleza, como siempre.

no es excesivamente gruesa

El búlgaro es, sin duda, uno de los mayores talentos que ha producido el tenis en la última década. Los tiene todo: muñeca, físico, inteligencia. Desde un punto de vista estético, seguramente haya pocos placeres tan embriagadores como el de verle tirar una derecha o pegar el revés. Su juego es impecable, hasta cierto punto aristocrático, como si hubiese sido diseñado únicamente para satisfacer a gradas tan distinguidas y hedonísticas como la de Montecarlo. Sin embargo, existe una serie de intangibles que al número cinco todavía se le escapan y pueden emborronar una carrera que hace cuatro o cinco años apuntaba a ser extraordinaria, y de momento es más bien discreta: cerca de los 27 años, Dimitrov solo posee un título de alto valor, ningún Grand Slam.
En el tenis, la línea que diferencia a los buenos jugadores de los fenómenos no es excesivamente gruesa. Y él sigue ahí, persiguiendo eternamente el salto, soñando con el enclave que ocupan los fueras de serie como Nadal. Este infunde un respeto tan reverencial que cuando alguien tiene la posibilidad de sobrepasarle siente como si diera un paso hacia el vacío más profundo. A Dimitrov le ha ocurrido varias veces durante el último año y medio. Pudo conseguirlo en Melbourne, Pekín y Shanghái, e incluso este sábado en el Principado, pero todas esas veces la resolución fue la misma: al búlgaro le entró el vértigo de acceder a la nueva dimensión, y Nadal, el plenipotenciario Nadal, terminó en todos los casos llevándoselo por delante.

Lo firma Alejandro Ciriza aquí. Resume en este extracto buena parte de lo que me interesa en el deporte y la literatura deportiva.
He encontrado este vídeo sobre el búlgaro y Gasquet, otro monumento a la elegancia. Lo del revés de ambos es de Praxíteles.

marchito azar

Uno de los regalos navideños llegó de forma anónima. La belleza en ocasiones exige secreto. Quien fuera, fue fino, fina -cuatro efes consecutivas no siempre se encuentran-.
Antonio Luque, también conocido como Sr. Chinarro, escribe sobre fútbol, sobre el Betis en concreto. Pero como suele ocurrir en estos casos, el aparente objeto de escritura es el vehículo, una autovía hacia la infancia, la inocencia perdida, la figura del padre, el romanticismo del perdedor de barrio obrero. Antonio escribe del Betis como podríamos hacerlo -y de hecho algunos lo hacen- unos cuantos sobre el Estudiantes o el Joventut de finales de los 80 y principios de los 90, pongamos por caso. 
Escribir sobre lo perdido, sobre lo idealizado, sobre lo que es imposible que se vuelva a dar, sobre sentirnos en el extrarradio, dejados, marginados, raros, menospreciados, infravalorados, demasiado frágiles. Digamos Betis, qué más da.
Respecto a la editorial, a veces los milagros existen.
Tremendo regalo.


Gabe y la probabilidad

A veces un suceso no ocurre porque hace falta un universo muestral enorme de forma que la probabilidad del suceso sea algo significativa. Por ejemplo: para hablar de todo lo que habla Gabe en Red Army es necesario que sus padres sean de donde son, que él tenga la edad que tiene, que le guste y practique el deporte que le gusta y practica y que viva donde vive. Ah, se me olvidaba: y que tenga el talento, la curiosidad, la finura, la delicadeza que tiene. Para que surja un Gabe hace falta mucho tiempo y muchos millones de personas, de modo que al final, por pura estadística, una de ellas atesore todas esas características.
A lo largo de la casi hora y media de metraje, hay momentos en los que uno no da más crédito emocional a lo que está desfilando ante sus ojos, pues la carga es de tal calado y de tal profundidad desde el principio que se corre el riesgo de saturación. Al final, llanto y gratitud. Y un eco que me acompaña y no se irá nunca, el eco de un hombre que probablemente sea la guía de todo el documental, la guía creativa, ética, honesta, ejemplar, única: Tarasov. La guía de lo que se perdió por el camino, desde que la URSS era la URSS hasta ahora.

Absoluta obra maestra del género documental: el más tramposo de los géneros; el, probablemente, más fino.

Si quieren a Gabe contando de qué habla su obra, aquí lo tienen. El chico habla bien claro. Lo dicho: el niño salió fino.



catedral con marciano

Si el deporte es lo que es más una metáfora catedralicia, esto que sigue sería la madre de las metáforas.
Me leí esta crónica cuyo final me pareció soberbio:
Grande Nadal, elegante en la derrota; gigante Federer, un marciano disfrazado de tenista.

la maldad

Que la maldad existe no lo voy yo a descubrir ahora. Escalofriante escuchar el relato de Antonio Peñalver. El deporte de élite, ese lugar tan minado, es un campo de cultivo idóneo para los indeseables.
Frío.

—Mi historia es la misma que podría contar cualquiera de mis compañeros. Cuando eres víctima no tienes escapatoria posible. El proceso anterior está perfectamente planificado, y es muy cuidadoso. Antes de atacar, él te deja absolutamente aislado. Tus compañeros son enemigos. Como yo iba a ser bueno, como yo prometía y era especial... Eso es lo que todos los elegidos se creían. A mí me hizo sentir así, lo mío se podía aplicar a cualquiera, pero, claro, lo que pasa es que yo seguí después y, mira tú, llegué a ser subcampeón olímpico. Te desarraiga de tu familia, lo que en mi caso fue fácil porque este, Miguel Ángel Millán, sabe perfectamente lo que hace. Yo soy hijo de campesinos y, claro, las inquietudes que yo podía tener a los 13 o 14 años estaban como a una galaxia de distancia de lo que podían entender mi padre y mi madre. ‘Pobrecitos’, me decía, ‘es que ellos no entienden’. Era una forma de hacerse mi padre, mi consejero, mi amigo, todo. Todo. Y los otros compañeros eran solo gente que quería llevarme de fiesta porque, claro, yo era la envidia. Mi única solución era dedicarme solo al entrenamiento. Y el tiempo libre era estar en su casa, compartir la media vida, películas, todo eso, como si fuera yo uno más de la familia. Hasta que llega el momento en el que, de repente, una noche te está tocando.

Aquí está la entrevista completa.

turinabol oral

C20H27ClOo el turinabol. Jenapharm. 1961. El muro. El telón de acero. La cromatografía. El tiempo de vida media. El Plan 14.25. Todas las mañanas con el desayuno, una.
Adoro el mundo del dopaje. Proporciona historias tan maravillosas. A Carlos le ocurre igual; no en vano el encargado de narrarlos en el periódico es él.
Aquí está el artículo de ayer donde el turinabol -eso es una nomenclatura y lo demás apodos- vuelve a aparecer. Qué absoluto deleite.




last chance, Andrea

No vi el partido de este sábado pasado. Al día siguiente leí mucho sobre él y vi resúmenes. Me quedo con esta foto que apareció en El país. Me recuerda a "last chance, Marie..."
La vida también está compuesta de últimas oportunidades que se pierden.




Pensaba, viendo los vídeos de este hombre sobre el campo, que me recordaba a Magic, a Larry Bird, a los pasadores elegantes, a los héroes románticos reclamando una forma de vivir el fútbol distinta -¿sólo el fútbol?-. Dos horas después de colgar esta entrada he encontrado estas declaraciones suyas:

“Soy un gitano errante sobre el campo. Un centrocampista buscando continuamente un espacio libre donde me pueda mover a mis anchas […] Lo único que quiero son un par de metros cuadrados para ser yo mismo. Un espacio para profesar mi credo: coger la pelota, dársela a un compañero y que el compañero marque. Se llama asistencia de gol y es mi manera de propagar la felicidad”.

Sugerencia: vean sus vídeos. Verán a un base de baloncesto sobre un campo de fútbol. Un base de los de antes.