No deja de ser paradójico, o un guiño, o algo, que la protagonista, que se declara atea, se enamore de un atípico sacerdote y por ahí halle la redención. La redención: ese concepto.
La segunda entrega es más inglesa si cabe que la primera, que ya es decir.
Apareció por aquí en su primer asomo a la pantalla, antes del multitudinario reconocimiento.
La televisión por cable me está salvando del tedio nihilista, por no hablar de la vitamina D o el brócoli.
En fechas de Semana Santa -a esta hora aún es Jueves Santo-,
rodeado de jóvenes celebrando ese rito, preparándoles la cena hoy enlacé este
pensamiento que me traje anotado a casa:
¿Pensaría
Jesucristo
en esos días que
se conmemoran
en estos
algo similar?:
Amor se llama
el juego en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño. Y cada vez peor y cada vez más rotos; y cada vez más tú, y cada vez más yo, sin rastro de nosotros.