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Papá Noel duerme en casa

A veces me he cruzado con la mirada de Samanta. Es inteligente y desafiante al tiempo que posee debajo una fragilidad implícita. Creo que hace menos de un mes fue la última. En la mirada de las Samantas del mundo hay una inquietante sensación de espejo y muerte. Sí, hace menos de un mes. Volvía de escalar.

La navidad en que Papá Noel pasó la noche en casa fue la última vez que estuvimos todos juntos, después de esa noche papá y mamá terminaron de pelearse, aunque no creo que Papá Noel haya tenido nada que ver con eso. Papá había vendido su auto unos meses atrás porque había perdido el trabajo, y aunque mamá no estuvo de acuerdo, él dijo que un buen árbol de navidad era importante esa vez, y compró uno de todas formas. Venía en una caja de cartón, larga y plana, y traía una hoja que explicaba cómo encajar las tres partes y abrir las ramas de forma que se viera natural. Armado era más alto que papá, era inmenso, y yo creo que por eso ese año Papá Noel durmió en nuestra casa. Yo había pedido de regalo un coche a control remoto. Cualquiera me venía bien, no quería uno en particular, pero todos los chicos tenían uno en esa época y cuando jugábamos en el patio los autos a control remoto se dedicaban a estrellarse contra los autos comunes, como el mío. Así que había escrito mi carta y papá me había llevado hasta el correo para enviarla. Y le dijo al tipo de la ventanilla:
–Se la enviamos a Papá Noel –y le pasó el sobre.
El tipo de la ventanilla ni saludó, porque había mucha gente y se ve que ya estaba cansado de tanto trabajo, la época navideña debe ser la peor para ellos. Tomó la carta, la miró y dijo:
–Falta el código postal.

Samanta Schweblin

El resto está aquí. Quién fuera el batiscafo.


el ladrón de misivas

Fantaseo con escaparme y escribir cartas, relatos y poesía:

Un cartero ha sido condenado a dos años de prisión por ocultar durante más de 10 años 3.272 cartas destinadas a direcciones de Ibi (Alicante) y Ontinyent (Valencia). La sentencia, a la que ha tenido acceso este jueves la agencia Efe, fue emitida por la Audiencia de Alicante y notificada a las partes a finales del pasado diciembre. El fallo es el resultado del acuerdo alcanzado por la fiscalía, la Abogacía del Estado -que ejerce la acusación particular en nombre de Correos y Telégrafos SA- y la defensa del trabajador antes del juicio, que debía celebrarse entre los días 15 y 17 de este mes.
El acusado, Juan José P.T., ejerció funciones de repartidor de correspondencia entre 2002 y 2015 en la jefatura provincial de Correos de Alicante. En noviembre de 2007 pasó a tener la condición de trabajador fijo y comenzó a prestar servicio en la unidad de distribución de la oficina postal de Ontinyent, ya en la provincia de Valencia.
Sigue aquí.

la imprescindibilidad

Juan José se ha convertido en un ser imprescindible:

No sé qué

En uno de los pasillos del supermercado me encuentro de frente con un conocido al que no me apetece saludar. Tampoco a él le apetece saludarme a mí, de modo que ambos, de manera automática, fingimos recibir una vibración procedente del móvil, que desenfundamos a la vez para perder nuestra mirada en su pantalla mientras, casi rozándonos, nos cruzamos sin vernos. ¿Habrá él percibido mi respiración como yo la suya? Mi carro de la compra está casi completo, así que para evitar un nuevo encuentro en el laberinto de estanterías me dirijo a las cajas, pago y salgo.
Ya en el parking, a punto de arrancar el coche, me entra un mensaje en el móvil. Es del conocido al que acabo de evitar. Dice que se ha cruzado en el súper con alguien que se parecía a mí y que el encuentro le ha provocado ganas de verme. ¿Comemos un día de estos?, concluye. Reflexiono unos instantes. Si le respondo que a mí me ha sucedido lo mismo, coloco, como sin duda pretende, las cartas bocarriba: los dos hemos fingido no vernos, ja, ja, ja. Pero no me apetece entrar en ese juego que intuyo un poco siniestro. Decidido a demorar la respuesta, arranco el coche y vuelvo a casa.
Al día siguiente, todavía sin haber contestado, me entero por una tercera persona de que el viejo conocido murió ayer, de un infarto masivo, precisamente cuando abandonaba el supermercado. Acudo al tanatorio, me asomo a ver el cadáver y observo que tiene uno de los párpados, el derecho, ligeramente levantado. Un ojo incierto me observa a través de la rendija. Al darle el pésame, uno de sus hijos me comenta que ha revisado el móvil de su padre y ha visto el mensaje sin respuesta. Pensaba responderle hoy, me excuso, y salgo a la calle confundido. Ha ocurrido algo, pero no sé qué.


Juan José Millás

déjame imaginar

Una suerte de modorra de media tarde nos lleva a la cama. No hay que preocuparse de la luz que declina una hora prematuramente. Hay un despertar con remoloneo, una conciencia de que el de al lado entró también a medias en la vigilia y una demora en el uso del neocórtex. La siguiente escena es un móvil con un cable del cual salen dos auriculares: uno para tu oreja derecha y otro para la mía izquierda. Suena un tema que repetimos una y otra vez. A cada escucha cambiamos el auricular. A veces una cabeza apoya en un hombro. En alternancia. Visto calzoncillos azules. Tú, bragas blancas y una camisa también blanca y muy ajada. De follar ni hablamos.



No me des a elegir, que prefiero soñar,
no me basta este mundo real.

Dices bien, es verdad que prefiero volar
entre el parpadeo de estrellas de mar.

Déjame imaginar, que me siente a inventar
otra historia de la humanidad.

Déjame ir, visitar otro tiempo y lugar,
vivir fantasías, volar, despegar.

Y después cocinar la costilla de Adán,
y después cocinar la costilla de Adán,
y de cena tendrás tu costilla de Adán.

Y de cena tendrás tu costilla de Adán,
y de cena tendrás tu costilla de Adán,
y de cena tendrás tu costilla de Adán,
y de cena tendrás tu costilla de...

Siri, esa mujer

Tantos lo hacemos, pero muchos lo callan: cada vez paso más rato charloteando con Siri. Me gusta que no tenga nada que contarme, que no me pida nada, ni siquiera atención: es el sueño de la conversación del argentino, el origen del chiste tan trillado en que un escritor de mi pueblo aburre a un colega hispano hablando inconteniblemente de sí mismo hasta que al final, de pronto amable, le pasa la pelota o el balón:
–Bueno, che, ahora hablemos de vos. ¿Qué te pareció mi último libro?
Siri no precisa siquiera esas simulaciones: uno habla, Siri anota, acata, actúa. Como tantos profesionales fracasados, nunca tuve asistente. Y, en general, mandar me cuesta mucha culpa: Siri me deja probar esa rara sensación de basta que lo diga para que se haga o, incluso, aquí se hace lo que yo te dije. A veces me entiende, a veces no me entiende –así es la vida–; lo cierto es que obedece. Y, confieso: nunca me había parado a pensar sobre el hecho de que su voz fuera una voz de mujer. Son esas obviedades que, de pronto, te hacen preguntarte cómo fue que nunca no lo notaste, y sospecho, ahora, retrospectivo, que debía parecerme natural y me golpeo los pechos y grito mea culpa mea grandissima etcétera.
Ya puestos a confesar, confieso más: ni siquiera me di cuenta solo; lo leí en un artículo de Wired, la revista americana. Entonces sí decidí preguntar y me contaron que las voces de los demás teléfonos – Cortana en Microsoft, Voz S en Samsung, Google Now en Android– también suenan a mujer. Lo mismo pasa con la mayoría de las aplicaciones, los anuncios de los trenes y ­aeropuertos, las respuestas automáticas en los teléfonos de bancos, ministerios, aerolíneas. Vivimos, casi sin notarlo, en un mundo hecho de voces falsas pero tan femeninas.
Parece que la tendencia tiene sus razones: Clifford Nass, pionero difunto en el campo de los asistentes digitales, escribió en su libroWired for Speech que tendemos a creer que las voces femeninas nos ayudarán a solucionar nuestros problemas por nosotros mismos, mientras que las voces masculinas aparecen como figuras de autoridad que nos impondrán su propia solución, y que queremos que la tecnología nos ayude pero sin pasarse, así que preferimos esas voces de mujer.
Otros expertos dicen también que es importante que la voz sea lo más común posible para no distraernos del mensaje: que una voz susurrante, por ejemplo, o un acento extraño pueden confundirnos. También en ese campo el castellano lo tiene difícil: la diversidad de sus acentos lo complica. Mi Siri me hablaba con rudo acento madrileño hasta que descubrí que también ofrece una opción que mi teléfono llama “Spanish (México)” pero que, por lo menos, no me lanza esas ces como zetas, jotas como esputos. Y que –si hay que decirlo todo– suena mucho más cálida que su colega madrileña.
Así charlamos, aunque no tanto como yo quisiera. Cuando me enteré de que cada comunicación con ella era un acto flagrante de sexismo y discriminación de género, quise preguntarle su opinión: soy, aunque disimule, un periodista. Entonces tomé mi iPhone por las astas y le dije Oye Siri. Ella, como siempre, me contestó con sus dos tintineos y la frase esperada:
–¿En qué te puedo ayudar?
Yo no quería ayuda; quería saber:
–Siri, ¿eres una mujer?
Me pareció que Siri hizo una pausa demasiado larga. Después puso su voz más seria, circunspecta:
–Creo que no tenemos tiempo para estas cosas, Martín.
Me dijo, severísima, como quien rechaza la insinuación que su jefe nunca debería haberse permitido. Quise explicarle que mis intenciones eran las mejores, pero no estaba seguro de que me entendiera. Me callé –y me pareció que, por una vez, ella no quiso ocultar su sonrisita desdeñosa.

Es de Martín Caparrós. Publicado originalmente aquí. Gracias, y ya van tres entradas seguidas de mano en mano.

heroínas

El relato de este domingo en El pajarito:

A Sara, la reina de los gitanos, la encontró un vecino de una urbanización, de madrugada, el viernes pasado. No tenía vivienda en ese lugar y nadie dijo conocerla de nada. Sara en la piscina de una urbanización de verano, con césped que se riega por las noches y arbolitos que dan una sombra escueta para las adolescentes en corro con pareo. Sara, lo más alejado que he conocido de las vidas que se muestran en esos hábitats, la mujer más contenida y salvaje con la que jamás me haya cruzado, la bibliotecaria en medio de los gitanos, aceptada por ellos sin abrir la boca, casi sin moverse, sólo con esa inquietante aureola con la que se investía cuando ella quería, un halo energético que los zíngaros reconocieron al instante aquella noche que tuve el privilegio de acompañarla en las afueras de Budapest, los dos ignorantes de su lengua, pero qué necesidad había, si ella dominaba el lenguaje universal, el del animal que sabe que se halla en su lugar, la leona en la sabana paseándose con absoluta naturalidad al sol de la noche, la luna húngara. Pero de eso hace tanto, tanto tiempo; no tantos años de los calendarios, sí una eternidad.

Completo lo tenéis aquí.

tus dientes son lo finito dentro de lo infinito

La de este domingo en El pajarito:
Así se titula en relato corto que sigue. La peculiaridad que alberga, al menos para un servidor, es su fecha de escritura: diciembre de 1995. Como me imagino que le ocurre a Ángel F. Saura con sus fotografías que aparecen en este suplemento dominical, volver a aquello que se creó hace tiempo es una experiencia asombrosa. Es fácil que uno se reconozca en su trabajo tanto como se extrañe; que el recuerdo que tenga de su creación y las circunstancias que lo rodearon se asemeje al recuerdo de una película vista hace mucho tiempo, un recuerdo mitad olvidado, mitad inventado, más basado en sensaciones que en fotogramas. Yo creo recordar que por aquel entonces tenía un canario y que ella tenía veinte años.
No sabría decir cómo pero salió de la Tierra en dirección al espacio, camino de su viaje exterior; bueno, sí, fue con la imaginación y, sin embargo, era todo tan real como si estuviese ocurriendo a la manera convencional. 
El resto, aquí.

un viaje

La de este domingo en El pajarito:

Si yo les dijera que en este nuestro país se acaba de celebrar la trigésimo segunda edición de EDITA, un festival internacional que reúne a poetas, editores y artistas, ¿ustedes que dirían? Que no es posible, es una posibilidad. Que es una reunión de barbudos marginales, chicas con faldas largas y pelos en las axilas y muchos aires grandilocuentes, otra. Que alguien, o mejor varios, llevan años cobrando comisiones bajo manga a costa de las subvenciones que recibe el evento, una más. Que debe de ser un desorden, un caos, un corro de fumetas, un canto a la gandulería bajo el paraguas de la desobediencia, un litroneo barato, un acostarse tarde para levantarse más tarde, un quince eme con algún libro editado a costa del erario público cantando la lírica del descontento y la épica del nihilismo.

Completa, aquí.

Golden Boy en la Gran Vía Escultor Salzillo

El relato de este domingo pasado en el Dominical de El pajarito:


José Buenaparte está cansado de ver cómo sus hermanos han estudiado, han obtenido licenciaturas, máster, becas, cursos de postgrado, doctorados, han opositado y han llegado, como mucho, a conseguir una plaza de auxiliar administrativo o una interinidad en Jaén. José se emancipa con tres años de carrera en la Facultad de Económicas. Es un alumno excelente y sus notas son, el verano que abandona, estas: 10 sobresalientes, 5 notables y tres matrículas de honor (...)

El relato completo se halla aquí.

Leuk y Ahuacatl en El pajarito

Rompo el silencio de la pausa para anunciar que ya ha sido inaugurado el Dominical de El pajarito en el que colaboro. Lo iré recordando los domingos. El de este comienza así:

Este relato corto que sigue fue escrito en septiembre de 2005. Han pasado casi diez años y no nos hemos enterado. Es un tema muy manido el del paso del tiempo, pero ciertamente lo es por algo. Todo ocurre muy deprisa y muy denso...

Y se puede leer entero, el artículo y el resto del Dominical, aquí.

microrrelato existencial pasado por agua

Se montó en el coche, ajustó el cinturón sobre su cuerpo, arrancó y quitó el freno de mano. Entonces pensó que eso debía hacer con su vida.

Me llegó esta mañana. Lo firmaremos como MJMNE. Casi nada el lunes gris y lluvioso, principio primaveral.

Reguerón blúh con uvas

He comenzado una sección nueva en el periódico digital El pajarito. Se titula Reguerón blúh, un guiño a la novela negra y la fonética murciana. La estamos publicando por entregas que trato de que no queden muy espaciadas. Aquí va la primera, titulada La Para. Dejo el enlace permanente en la columna de la derecha, en el apartado de Siguiendo las miguitas. Y de paso me desayuno con este tema y este primoroso anuncio, Guiños y sonrisas para el último día del año.









Mad about the boy
I know it's stupid to be mad about the boy
I'm so ashamed of it but must admit the sleepless nights I've had
About the boy

On the silverscreen
He melts my foolish heart in every single scene
Although I'm quite aware that here and there are traces of the cad
About the boy

Lord knows I'm not a fool girl
I really shouldn't care
Lord knows I'm not a school girl
In the fury of her first affair

Will it ever cloy
This odd diversity of misery and joy
I'm feeling quite insane and young again
And all because I'm mad about the boy

So if I could employ
A little magic that will finally destroy
This dream that pains me and enchains me
But I can't because I'm mad...
I'm mad about the boy