further

Dice Roberto Juarroz:

"El poeta es un cultivador de grietas: fractura la realidad aparente, o espera que se agriete, para captar lo que está más allá del simulacro."

O bien:

Si conociéramos el punto 
donde va a romperse algo, 
donde se cortará el hilo de los besos, 
donde una mirada dejará de encontrarse con otra mirada, 
donde el corazón saltará hacia otro sitio, 
podríamos poner otro punto sobre ese punto
o por lo menos acompañarlo al romperse. 

Si conociéramos el punto
donde algo va a fundirse con algo, 
donde el desierto se encontrará con la lluvia, 
donde el abrazo se tocará con la vida, 
donde mi muerte se aproximara a la tuya, 
podríamos desenvolver ese punto como una serpentina
o por lo menos cantarlo hasta morirnos. 

Si conociéramos el punto
donde algo será siempre ese algo, 
donde el hueso no olvidará a la carne, 
donde la fuente es madre de otra fuente, 
donde el pasado nunca será pasado, 
podríamos dejar sólo ese punto y borrar todos los otros
o guardarlo por lo menos en un lugar más seguro. 

ambivalencia

Tema del traidor y del héroe

Bajo el notorio influjo de Chesterton (discurridor y exornador de elegantes misterios) y del consejero áulico Leibniz (que inventó la armonía preestablecida), he imaginado este argumento, que escribiré tal vez y que ya de algún modo me justifica, en las tardes inútiles. Faltan pormenores, rectificaciones, ajustes; hay zonas de la historia que no me fueron reveladas aún; hoy, 3 de enero de 1944, la vislumbro así.
La acción transcurre en un país oprimido y tenaz: Polonia, Irlanda, La república de Venecia, algún estado sudamericano o balcánico... Ha transcurrido, mejor dicho, pues aunque el narrador es contemporáneo, la historia referida por él ocurrió al promediar o al empezar el siglo XIX. Digamos (para comodidad narrativa) Irlanda; digamos 1824. El narrador se llama Ryan; es bisnieto del joven, del heroico, del bello, del asesinado Fergus Kilpatrick, cuyo sepulcro fue misteriosamente violado, cuyo nombre ilustra los versos de Browning y de Hugo, cuya estatua preside un cerro gris entre ciénagas rojas.
Kilpatrick fue un conspirador, un secreto y glorioso capitán de conspiradores; a
semejanza de Moisés que, desde la tierra de Moab, divisó y no pudo pisar la tierra prometida, Kilpatrick pereció en la víspera de la rebelión victoriosa que había premeditado y soñado. Se aproxima la fecha del primer centenario de su muerte; las circunstancias del crimen son enigmáticas; Ryan, dedicado a la redacción de una biografía del héroe, descubre que el enigma rebasa lo puramente policial. Kilpatrick fue asesinado en un teatro; la policía británica no dio jamás con el matador; los historiadores declaran que ese fracaso no empaña su buen crédito, ya que tal vez lo hizo matar la misma policía. Otras facetas del enigma inquietan a Ryan. Son de carácter cíclico: parecen repetir o combinar hechos de remotas regiones, de remotas edades. Así, nadie ignora que los esbirros que examinaron el cadáver del héroe, hallaron una carta cerrada que le advertían el riesgo de concurrir al teatro, esa noche; también Julio César, al encaminarse al lugar donde lo aguardaban los puñales de sus amigos, recibió un memorial que no llegó a leer, en que iba declarada la traición, con los nombres de los traidores. La mujer de César, Calpurnia, vio en sueños abatir una torre que le había decretado el Senado; falsos y anónimos rumores, la víspera de la muerte de Kilpatrick, publicaron en todo el país el incendio de la torre circular de Kilgarvan, hecho que pudo parecer un presagio, pues aquél había nacido en Kilvargan. Esos paralelismos (y otros) de la historia de César y de la historia de un conspirador irlandés inducen a Ryan a suponer una secreta forma del tiempo, un dibujo de líneas que se repiten. Piensa en la historia decimal que ideó Condorcet; en las morfologías que propusieron Hegel, Spengler y Vico; en los hombres de Hesíodo, que degeneran desde el oro hasta el hierro. Piensa en la transmigración de las almas, doctrina que da horror a las letras célticas y que el propio César atribuyó a los druidas británicos; piensa que antes de ser Fergus Kilpatrick, Fergus Kilpatrick fue Julio César. De esos laberintos circulares lo salva una curiosa comprobación, una comprobación que luego lo abisma en otros laberintos más inextricables y heterogéneos: ciertas palabras de un mendigo que conversó con Fergus Kilpatrick en día de su muerte, fueron prefiguradas por Shakespeare, en la tragedia de Macbeth. Que la historia hubiera copiado a la historia ya era suficientemente pasmoso; que la historia copie a la literatura es inconcebible... Ryan indaga que en 1814, James Alexander Nolan, el más antiguo de los compañeros del héroe, había traducido al gaélico los principales dramas de Shakespeare; entre ellos, Julio César. También descubre en los archivos un artículo manuscrito de Nolan sobre los Festpiele de Suiza: vastas y errantes representaciones teatrales, que requieren miles de actores y que reiteran hechos históricos en las mismas ciudades y montañas donde ocurrieron. Otro documento inédito le revela que, pocos días antes del fin, Kilpatrick, presidiendo el último cónclave, había firmado la sentencia de muerte de un traidor, cuyo nombre ha sido borrado. Esta sentencia no coincide con los piadosos hábitos de Kilpatrick. Ryan investiga el asunto (esa investigación es uno de los hiatos del argumento) y logra descifrar el enigma.
Kilpatrick fue ultimado en un teatro, pero de teatro hizo también la entera ciudad, y los actores fueron legión, y el drama coronado por su muerte abarcó muchos días y muchas noches. He aquí lo acontecido:
El 2 de agosto de 1824 se reunieron los conspiradores. El país estaba maduro para la rebelión; algo, sin embargo, fallaba siempre: algún traidor había en el cónclave. Fergus Kilpatrick había encomendado a James Nolan el descubrimiento del traidor. Nolan ejecutó su tarea: anunció en pleno cónclave que el traidor era el mismo Kilpatrick. Demostró con pruebas irrefutables la verdad de la acusación; los conjurados condenaron a muerte a su presidente. Éste firmó su propia sentencia, pero imploró que su castigo no perjudicara a la
patria.
Entonces Nolan concibió un extraño proyecto. Irlanda Idolatraba a Kilpatrick; la más tenue sospecha de su vileza hubiera comprometido la rebelión; Nolan propuso un plan que hizo de la ejecución del traidor un instrumento para la emancipación de la patria. Sugirió que el condenado muriera a manos de un asesino desconocido, en circunstancias deliberadamente dramáticas, que se grabaran en la imaginación popular y que apresuraran la rebelión. Kilpatrick juró colaborar en ese proyecto, que le daba ocasión de redimirse y que rubricaría su muerte.
Nolan, urgido por el tiempo, no supo íntegramente inventar las circunstancias de la múltiple ejecución; tuvo que plagiar a otro dramaturgo, al enemigo inglés William Shakespeare. Repitió escenas de Macbeth, de Julio César. La pública y secreta representación comprendió varios días. El condenado entró en Dublin, discutió, obró, rezó, reprobó, pronunció palabras patéticas, y cada uno de esos actos que reflejaría la gloria, había sido prefigurado por Nolan. Centenares de actores colaboraron con el protagonista; el rol de algunos fue complejo; el de otros, momentáneo. Las cosas que dijeron e hicieron perduran en los libros históricos, en la memoria apasionada de Irlanda. Kilpatrick, arrebatado por ese minucioso destino que lo redimía y que lo perdía, más de una vez enriqueció con actos y con palabras improvisadas el texto de su juez. Así fue desplegándose en el tiempo el populoso drama, hasta que el 6 de agosto de 1824, en un palco de funerarias cortinas que prefiguraba el de Lincoln, un balazo anhelado entró en el pecho del traidor y del héroe, que apenas pudo articular, entre dos efusiones de brusca sangre, algunas palabras previstas.

En la obra de Nolan, los pasajes imitados de Shakespeare son los menos dramáticos; Ryan sospecha que el autor los intercaló para que una persona, en el porvenir, diera con la verdad. Comprende que él también forma parte de la trama de Nolan... Al cabo de tenaces cavilaciones, resuelve silenciar el descubrimiento. Publica un libro dedicado a la gloria del héroe; también eso, tal vez, estaba previsto.


Jorge Luis Borges

ardilla

"It's not just false memory structures," Phil Resch said. "I own an animal; not a false one but the real thing. A squirrel. I love the squirrel, Deckard; every goddamn morning I feed it and change its papers — you know, clean up its cage — and then in the evening when I get off work I let it loose in my apt and it runs all over the place. It has a wheel in its cage; ever seen a squirrel running inside a wheel? It runs and runs, the wheel spins, but the squirrel stays in the same spot. Buffy seems to like it, though."
"I guess squirrels aren't too bright," Rick said.

Do androids dream of electric sheep?

P. K. Dick

oniria



El chico de la farmacia hacía el amor
con aquella chica del colegio,
que hace un siglo que no veo.
En el acuario el pez negro se movía
con mas elegancia,
mientras desafinaba al cantar un blues.
 
Y la orquesta toca mientras mis sueños viajan
en un tren azul,
en un tren azul.
 
El marido de la chica se pega con el profesor
mientras el chico de la farmacia ríe sin parar
El blues del pez desafinado habla de un
viejo profesor de literatura,
que siempre soñó con casarse y ser un
padre de familia bien.
 
Y la orquesta toca mientras mis sueños
viajan
en un tren azul,
en un tren azul.
 
Y en mi ultimo sueño la chica y el pez
se fugan en un tren azul,
mientras el profesor y el farmacéutico
se declaran el amor
en un tren azul...

... de palabras, tabaco, teléfono y alcohol

absceso.
(Del lat. abscessus 'tumor').
1. m. Med. Acumulación de pus en los tejidos orgánicos internos o externos.

grisura.
1. f. Cualidad de gris.

2. f. Insignificancia, mediocridad.

dolores


El dolor de cabeza que me proteje cada noche, que nubla la vista y me quita las ganas de beber, de beber fantasías y recuerdos excitantes, y nada más excitante que trabajar en tus caricias. Por amor al comercio voy a cruzar ese puente, por amor al comercio voy a cuidar ese dolor. De palabras, tabaco, teléfono y alcohol, alcohol que me han prohibido mil veces en un mes, un mes en el que te has olvidado de que existo y más que existir lo que hago es campar por ahí. Por amor al comercio voy a cruzar ese puente, por amor al comercio voy a cuidar ese dolor.

mercurial

SILENCIO: ESPEJO TRABAJANDO

Soy ese intervalo de misterio entre el azogue y yo,
entre mi mano que afeita al espejo y la mano del espejo
que acuesta recortes de papel sobre mi cara cortada.
Como si, cubierto de sellos, mi rostro fuera a ser enviado
sin remite ni acuse de recibo a otro espejo extranjero:
al retrovisor de una moto que huye del verano de Roma,
o al estanque que copia un poema y un jardín en Kyoto,
o al cristal de una librería parisina en Rue de la Bûcherie
o, quizás, de unas gafas de sol de una mujer sombría
que espera el amor o los sortilegios del otoño,
sola en la terraza del café A Brasileira de Lisboa.
Como si mi piel, cosechadas ya sus penumbras,
fuera a viajar vacía al otro lado de las cosas
donde, dicen, siempre llueve en un idioma secreto
y conviven intactas todas las ausencias.

Jesús Jiménez Domínguez

frutas de temporada

jinjolero.
(De jínjol).
1. m. Azufaifo.

azufaifo.
1. m. Árbol de la familia de las Ramnáceas, de cinco a seis metros de altura, con tronco tortuoso, ramas ondeadas, inclinadas al suelo y llenas de aguijones rectos, que nacen de dos en dos, hojas alternas, festoneadas y lustrosas, de unos tres centímetros de largo, y flores pequeñas y amarillas. Su fruto es la azufaifa.

jínjol.
(Del lat. zizy̆phus, y este del gr. ζίζυφος).
1. m. Azufaifa.

azufaifa.
(Del ár. hisp. azzufáyzafa, este del arameo zūzfā, y este del gr. ζίζυφον).
1. f. Fruto del azufaifo. Es una drupa elipsoidal, de poco más de un centímetro de largo, encarnada por fuera y amarilla por dentro, dulce y comestible. Se usaba como medicamento pectoral.

saturnismo sin Pb

En mi anterior cuaderno ya colgué esta canción pero no abordé la letra. Ocurre muchas veces que cuando la música es tan potente y el idioma no es el propio es fácil no reparar en la letra. Con Stevie sucede esto mucho: su musicalidad es enorme y la letra queda relegada a un segundo plano, cuando no al ostracismo. Craso error.
He aquí Saturno, una canción coescrita entre el propio Stevie y Michael Sembello que apareció en un álbum titulado Songs in the key of life en 1976; un álbum increíble por la calidad que atesora. Con esta entrada retomo el cuaderno tras el paréntesis veraniego y su espacio de calor y bicicleta.
Y sí, este Saturno, la California de los Beach B., el ET o los encuentros en la tercera fase de Steven S., el Marte de David B.: variaciones de una misma idea. Bienvenido final del verano que ya llegaste y todos partiremos, dúo dinámico de nuestro verano azul en el que llueve un aguacero, epílogo de una época donde un barco varado es una nave espacial y una grutas en el mar los anillos de un planeta casi en el borde exterior de nuestro sistema solar. Planea Vangelis en un hovercar.

Saturn by Stevie Wonder on Grooveshark

Packing my bags-going away 
To a place where the air is clean 
On Saturn 
There's no sense to sit and watch the people die 
We don't fight our wars the way you do 
We put back all the things we use 
On Saturn 
There's no sense to keep on doing such crimes 

There's no principles in what you say 
No direction in the things you do 
For your world is soon to come to a close 
Through the ages all great men have taught 
Truth and happiness just can't be bought-or sold 
Tell me why are you people so cold 

I'm...... 
Going back to Saturn where the rings all glow 
Rainbow, moonbeams and orange snow 
On Saturn 
People live to be two hundred and five 
Going back to saturn where the people smile 
Don't need cars cause we've learn to fly 
On Saturn 
Just to live to us is our natural high 

We have come here many times before 
To find your strategy to peace is war 
Killing helpless men, women and children 
That don't even know what they are dying for 
We can't trust you when you take a stand 
With a cold expression on your face 
Saying give us what we want or we'll destroy 

I'm...... 
Going back to Saturn where the rings all glow 
Rainbow, moonbeams and orange snow 
On Saturn 
People live to be two hundred and five 
Going back to saturn where the people smile 
Don't need cars cause we've learn to fly 
On Saturn 
Just to live to us is our natural high

paréntesis canicular

Me voy a tomar unas vacaciones. Dejo un relato de postre o de aperitivo, según se entienda, como final de andadura antes del verano o como preludio antes de la vuelta en el otoño. Que los disfrutéis, el relato y el paréntesis.

Mil hojas, de Sławomir Mrożek.

Retiramos con cautela la capa de ceniza volcánica, debajo de la cual había algo. Asomó la forma de una cabeza humana con gafas. Gracias a las propiedades de la tierra volcánica, se había conservado perfectamente como si estuviera moldeada en yeso.
—Parece un japonés —afirmó el profesor, que era el arqueólogo más eminente del siglo XLVI.
Desnudamos al japonés hasta la cintura. Entre las manos petrificadas, sostenía una cámara petrificada.
—Todo cuadra —dijo el profesor—. Dinastía Nikon, un modelo automático con visor láser, finales del siglo XXXI.
Un metro y medio por debajo del japonés, encontramos el fósil de un hombre obeso con pantalones cortos y equipado también con una cámara.
— Una Asai, primera mitad del siglo XXVII.
— Es decir, otro japonés.
—No, la cámara es japonesa, pero el hombre no. Es un europeo de la zona de Baviera.
Tres metros mas abajo, una sorpresa. Un autobús entero de dos plantas, con un váter químico. Casi sesenta figuras sentadas, tomando instantáneas con cámaras japonesas a través de las ventanillas. El autobús y los pasajeros: todo petrificado. El profesor se frotó las manos.
—El hallazgo más importante del Demókratos tardío. La prueba irrefutable de que la hipótesis según la cual, bajo una capa de residuos industriales provenientes de la Europa del Este, existió en el Norte una civilización llamada escandinava, es verdadera.
— ¿Cómo lo sabe?
— Muy sencillo. El autobús lleva matrícula de Estocolmo.
Debajo de los excursionistas descubrimos a alguien de finales del siglo XX a quien el profesor identificó como un forastero oriundo de Detroit, Michigan. Llegó a esta conclusión utilizando el método deductivo. No era posible identificar el hallazgo como ninguna otra cosa, de modo que tenía que ser aquello. Además, podían apreciarse huellas de la deuda soberana en el surco frontal superior.
El americano sostenía con ambas manos una cámara japonesa.
— Aquí hay una mano adicional —observé.
— ¿Dónde?
— En el bolsillo de trasero.
Separamos las cenizas. La mano pertenecía a un joven de facciones mediterráneas, también petrificado.
— Una situación típica de la cultura meridional —constató el profesor—. La convexidad del bolsillo indica que este contenía una cartera. Todo parecía indicar que la catástrofe ocurrió muy inesperadamente. Y usted ¿qué opina?
— Creo que fueron sepultados.
— Sí, en los intervalos de tiempo que corresponden a las sucesivas erupciones del Vesubio. Primero, en las postrimerías del siglo XX, el americano. Luego, uno tras otro, los demás. La última catástrofe tuvo lugar hace mil años.
— Pero ¿que hay debajo del americano?
— Pompeya. La antigua ciudad romana del siglo V antes de Cristo destruida por una erupción del volcán en el siglo primero de la era cristiana. A finales del siglo XX un turista americano estaba fotografiando Pompeya, cuando el Vesubio volvió a entrar en erupción y lo enterró vivo. Pasados unos siglos lo desenterraron y se convirtió en una atracción turística. Hasta que los que lo fotografiaban también quedaron sepultados. Al cabo de un tiempo, fueron descubiertos, y otros turistas vinieron a fotografiarlos. Estos también quedaron enterrados. El japonés es uno de los sepultados por última erupción. Hace quince siglos que el Vesubio está inactivo. ¡¿ Pero qué hace usted?!
— Tomar unas instantáneas. Nadie ha fotografiado todavía esta ultima atracción turística. Yo seré el primero.
Antes de que el profesor tuviera tiempo de arrebatarme la cámara, el Vesubio echó la primera humareda.


el viaje

The trip no es una película, pero tiene el formato de película y se puede ver en cines. Yo la recomiendo encarecidamente y es imprescindible verla en versión original.
Estos son algunos de sus hilarantes y sublimes momentos con sus correspondientes ilaciones.