pesos

Un mundo sobre el cuerpo

Todo pesa
Pesa decir
Pesa la palabra peso
Pesa el cielo que nos ha tocado
Sobre nuestras cabezas herméticas
Pesan las hormigas y sus burgos
El Hades y las lagunas sucias

Dime a dónde voy
Y si amar no es una pérdida de tiempo
...
Pesa hablar
Pesa escuchar
Pesa herir
Pesa que te hieran
Pesa el niño sobrealimentado con leche artificial
Pesa pasar hambre
Pesa la obesa noche sin objetivo
El día sin intención de luz

Dime a dónde voy
Y si amar no es una pérdida de tiempo
...
Pesa amar a tu madre y a tu padre
A tus hijos y a tus congéneres
Pesan los sueños de los sueños
Pesan los simples sueños
Pesan las tiernas ilusiones
Pesa el piano sobre tu cuerpo desnudo
Pesa amar el bosque, el mar, la órbita insegura
Y la canción con la que follaste la primera vez

Dime a dónde voy
Y si amar no es una pérdida de tiempo
...
Pesa vivir en un planeta redondo
Pesa pertenecer a un  mundo con estrías
Pesa la peluca que disimula el cáncer
Pesa la belleza
Pesa el milagro, el aburrimiento
Lo sagrado y lo profano
De todas todas, pesa el ser

Dime a dónde voy
Y si amar no es una pérdida de tiempo
...
Maite Dono



Elizabeth a punto de cumplir los siete años



In the waiting room

In Worcester, Massachusetts,
I went with Aunt Consuelo
to keep her dentist's appointment
and sat and waited for her
in the dentist's waiting room.
It was winter. It got dark
early. The waiting room
was full of grown-up people,
arctics and overcoats,
lamps and magazines.
My aunt was inside
what seemed like a long time
and while I waited and read
the National Geographic
(I could read) and carefully
studied the photographs:
the inside of a volcano,
black, and full of ashes;
then it was spilling over
in rivulets of fire.
Osa and Martin Johnson
dressed in riding breeches,
laced boots, and pith helmets.
A dead man slung on a pole
"Long Pig," the caption said.
Babies with pointed heads
wound round and round with string;
black, naked women with necks
wound round and round with wire
like the necks of light bulbs.
Their breasts were horrifying.
I read it right straight through.
I was too shy to stop.
And then I looked at the cover:
the yellow margins, the date.

Suddenly, from inside,
came an oh! of pain --
Aunt Consuelo's voice--
not very loud or long.
I wasn't at all surprised;
even then I knew she was
a foolish, timid woman.
I might have been embarrassed,
but wasn't. What took me
completely by surprise
was that it was me:
my voice, in my mouth.
Without thinking at all
I was my foolish aunt,
I--we--were falling, falling,
our eyes glued to the cover
of the National Geographic,
February, 1918.

I said to myself: three days
and you'll be seven years old.
I was saying it to stop
the sensation of falling off
the round, turning world.
into cold, blue-black space.
But I felt: you are an I,
you are an Elizabeth,
you are one of them.
Why should you be one, too?
I scarcely dared to look
to see what it was I was.
I gave a sidelong glance --
I couldn't look any higher--
at shadowy gray knees,
trousers and skirts and boots
and different pairs of hands
lying under the lamps.
I knew that nothing stranger
had ever happened, that nothing
stranger could ever happen.
Why should I be my aunt,
or me, or anyone?
What similarities--
boots, hands, the family voice
I felt in my throat, or even
the National Geographic
and those awful hanging breasts
held us all together
or made us all just one?
How I didn't know any
word for it how "unlikely". . .
How had I come to be here,
like them, and overhear
a cry of pain that could have
got loud and worse but hadn't?

The waiting room was bright
and too hot. It was sliding
beneath a big black wave,
another, and another.

Then I was back in it.
The War was on. Outside,
in Worcester, Massachusetts,
were night and slush and cold,
and it was still the fifth
of February, 1918.

Elizabeth Bishop.

Otra lectura, no de Elizabeth, está al final de esta página. 
Y aquí, un análisis múltiple y exhaustivo.

Una versión en castellano de Roser Amills Bibiloni:

En la sala de espera 

En Worcester, Massachusetts,
acompañé a Tía Consuelo
a una cita con el dentista
y me senté a esperarla
en la sala de espera del dentista.
Era invierno. Anocheció
temprano. La sala de espera
estaba llena de personas mayores,
catiuscas y abrigos,
lámparas y revistas.
Mi tía estuvo dentro
lo que me pareció una eternidad
y mientras esperaba leí
el National Geographic
(ya sabía leer) y observé
las fotografías con atención:
el interior de un volcán,
negro y lleno de cenizas;
después aparecía vomitando
ríos de fuego.
Osa y Martin Johnson
vestidos con pantalones de montar,
botines y cascos de protección.
Un hombre muerto colgando de un poste
-“Gran Cerdo”, rezaba la inscripción-.
Bebés con las cabezas puntiagudas
enrolladas con vueltas y más vueltas de cuerda;
mujeres negras, desnudas, con los cuellos
enrollados con vueltas y más vueltas de alambre
como el cuello de las bombillas.
Sus senos eran horripilantes.
Leí todo esto sin pausa.
Demasiado turbada para parar.
Y después contemplé la portada:
los márgenes amarillos, la fecha.

De pronto, desde dentro,
surgió un ¡ay! de dolor
-la voz de Tía Consuelo-
ni excesivamente alto ni prolongado.
No me sorprendió en absoluto;
por entonces ya sabía que ella era
una mujer tímida, estúpida.

Tal vez debiera haberme sentido avergonzada,
pero no lo estaba. Lo que me tomó
completamente por sorpresa
fue que había sido yo:
mi voz, en mi boca.
Sin darme cuenta
yo era mi estúpida tía,
yo -nosotras- estábamos cayendo, cayendo,
con los ojos fijos en la portada
del National Geographic,
febrero, 1918.

Me dije: tres días
y tendrás siete años.
Estuve diciendo esto para detener
la sensación de estar cayéndome
del redondo, giratorio mundo
hacia un frío espacio azul marino.
Pero sentí: tú eres un yo,
eres una Elizabeth,
eres una de ellos.
¿Por qué tienes también tú que ser única?
Apenas me atrevía a mirar
para averiguar lo que yo era.
Eché un vistazo de reojo,
-era incapaz de mirar más arriba-
hacia las sombrías rodillas grises,
los pantalones y faldas y botas
y diferentes pares de manos
que yacían bajo las lámparas.
Sabía que nunca había sucedido
nada extraño, que nada
extraño podría suceder jamás.
¿Por qué debía yo ser mi tía,
o yo, o cualquier otra persona?
¿Qué afinidades
-botas, manos, la voz familiar
que había sentido en mi garganta, o incluso
el National Geographic
y esos terribles senos colgantes-
nos mantenían tan juntos
o nos hacían uno solo?
Cuán -no conocía ninguna
palabra para designarlo- cuán “improbable”…

¿Cómo había llegado yo hasta aquí,
igual que ellos, y había oído por casualidad
un grito de dolor que hubiera podido ser
peor y más estridente pero no lo fue?

La sala de espera era luminosa
y estaba demasiado caldeada. Se desvanecía
bajo una gigantesca ola negra,
otra, y otra más.

Entonces regresé.
La Guerra estaba en marcha. Fuera,
en Worcester, Massachussets,
había la noche y la nieve aguada y el frío,
y era aún cinco
de febrero, 1918.

de qué hablamos cuando hablamos de ballenas



Last great American whale

Album: New York (Lou Reed, 1989), written by Lou Reed

They say he didn't have an enemy
his was a greatness to behold
He was the last surviving progeny
the last one on this side of the world

He measured a half mile from tip to tail
silver and black with powerful fins
They say he could split a mountain in two
that's how we got the Grand Canyon

Last great American whale
last great American whale
Last great American whale
last great American whale

Some say they saw him at the Great Lakes
some say they saw him off of Florida
My mother said she saw him in Chinatown
but you can't always trust your mother

Off the Carolinas the sun shines brightly in the day
the lighthouse glows ghostly there at night
The chief of a local tribe had killed a racist mayor's son
and he'd been on death row since 1958

The mayor's kid was a rowdy pig
spit on Indians and lots worse
The old chief buried a hatchet in his head
life compared to death for him seemed worse

The tribal brothers gathered in the lighthouse to sing
and tried to conjure up a storm or rain
The harbor parted, the great whale sprang full up
and caused a hugh tidal wave

The wave crushed the jail and freed the chief
the tribe let out a roar
The whites were drowned, the browns and reds set free
but sadly one thing more

Some local yokel member of the NRA
kept a bazooka in his living room
And thinking he had the chief in his sight
blew the whale's brains out with a lead harpoon

Last great American whale
last great American whale
Last great American whale
last great American whale

Well Americans don't care for much of anything
land and water the least
And animal life is low on the totem pole
with human life not worth more than infected yeast

Americans don't care too much for beauty
they'll shit in a river, dump battery acid in a stream
They'll watch dead rats wash up on the beach
and complain if they can't swim

They say things are done for the majority
don't believe half of what you see and none of what you hear
It's like what my painter friend Donald said to me
"Stick a fork in their ass and turn them over, they're done"

de la extrañeza de vivir y añorar

The Kingdom of Ordinary Time. What the Living Do. The Good Thief. Son los tres títulos de sus libros de poemas, que traduzco como El reino del tiempo corriente, Lo que hacen los vivos y El buen ladrón, de más reciente a más antiguo. Su hermano John murió de SIDA y de ahí salió lo que salió. Pero su mirada, la de la hermana, debía tener una formación previa, por más que ella afirme que la vida y la muerte de él cambió su estética completamente.

What the living do
Johnny, the kitchen sink has been clogged for days, some utensil
     probably fell down there.
And the Drano won’t work but smells dangerous, and the crusty dishes
     have piled up
waiting for the plumber I still haven’t called. This is the everyday we
     spoke of.
It’s winter again: the sky’s a deep, headstrong blue, and the sunlight
     pours through
the open living-room windows because the heat’s on too high in here
     and I can’t turn it off.
For weeks now, driving, or dropping a bag of groceries in the street, the
     bag breaking,
I’ve been thinking: This is what the living do. And yesterday, hurrying
     along those
wobbly bricks in the Cambridge sidewalk, spilling my coffee down my
     wrist and sleeve,
I thought it again, and again later, when buying a hairbrush: This is it.
Parking. Slamming the car door shut in the cold. What you called that
     yearning.
What you finally gave up. We want the spring to come and the winter to
     pass. We want
whoever to call or not call, a letter, a kiss—we want more and more and
     then more of it.
But there are moments, walking, when I catch a glimpse of myself in the
     window glass,
say, the window of the corner video store, and I’m gripped by a
     cherishing so deep
for my own blowing hair, chapped face, and unbuttoned coat that I’m
     speechless:
I am living. I remember you.
Marie Howe

Aquí hay un análisis muy interesante, por si alguien quiere más.

otra visión del estrecho de Mesina, no más optimista

TERMINADO

En medio del temor y las sospechas,
con espíritu agitado y ojos de pavor,
nos consumimos y planeamos cómo hacer
para evitar el seguro
peligro que así terriblemente nos amenaza.
Y sin embargo estamos equivocados, ése no está en nuestro camino:
falsos eran los mensajes
(o no los escuchamos, o no los entendimos bien).
Otra catástrofe, que no la imaginábamos,
repentina, violenta cae sobre nosotros,
y no preparados -de dónde tiempo ya- nos arrebata.

C. Kavafis.
Traducción de Miguel Ángel Castillo

qué fea es la gente, Juan

Take the national express
When your life's in a mess
It'll make you smile
All human life is here
From the feeble old dear
To the screaming child
From the student who knows
That to have one of those
Would be suicide
To the family man
Manhandling the pram
With paternal pride
And everybody sings ba, ba, ba, da
We're going where the air is free
On the national express
There's a jolly hostess
Selling crisps and tea
She'll provide you with drinks
And theatrical winks
For a sky high fee
Mini-skirts were in style
When she danced down the aisle
Back in 63
(Yeah, yeah, yeah, yeah)
But its hard to get by
When your arse is the size
Of a small country
And everybody sings ba, ba, ba, da
We're going where the air is free
Tomorrow belongs to me
When you're sad and feeling blue
With nothing better to do
Don't just sit there feeling stressed
Take a trip on the national express

cosas del ámbar

Alien Vs Predator by Iván Ferreiro on Grooveshark

Quiero llegar a conocerte, conozco un sitio en la ciudad 
donde poder charlar y acercarme a ti y decirte; 
mira mis ojos cambian de color. 

Quiero llegar a conocerte, 
pero por hoy es suficiente 
con hablar de amor y poder bailar, dejarnos llevar, 
electricidad está en el aire y entre tú y yo eternidad, 
y está en el agua, entre los dos. 

Para llegar a conocerme debes buscarme entre la 
gente y sacarme a bailar por toda la ciudad, 
tendrás que hacerme tu baile especial, 
para llegar a conocerme 
debes mirarme suspirar y hacerme sentir diferente, 
mira electricidad. 

Electricidad, está en el aire, 
entre tú y yo eternidad, 
y está en el agua, entre los dos. 
Si me pongo a pensar en los 
dos se me eriza el cabello. 
Sólo una vez voy a decirlo, 
quiero estar aquí. 

Si consigues llevar el compás, pintaré por encima. 
De mí carta... hasta tu escuadra semicírculos 
camino al lugar, ya quiero que se acabe ya 
tan largo camino, camino al lugar, 
ya quiero que se acabe ya tan largo camino, 
mira mis ojos cambian de color. 
Camino al lugar ya quiero que se 
acabe ya tan largo camino, camino al lugar 
ya quiero que se acabe ya tan largo camino.

de lo efímero



Algo tendrían que contar las estaciones. Algo dirán las terminales de aeropuerto. Los bares donde nacieron cinco de nuestras canciones, las noches en que tu chica te decía nunca más. Quedó algo de nosotros en esos lugares, en el lavabo de señoras y en el puerto. En la butaca del cine, en una boca de metro y en todas esas esquinas que solíamos doblar. Es una historia que se escribe en los portales, la breve intensidad de las primeras luces, y los conserjes de noche cuidan de los hostales y todas las camareras que quisieron escuchar. Algo tendrían que contar los escalones, con pantalones arrastrados por el suelo. Algo el asiento trasero que me ofrecía tu coche y el humo del cenicero que acabó por rebosar. Es una historia que se escribe en los portales, la breve intensidad de las primeras luces, Y los conserjes de noche, cuidan de los hostales y todas las camareras que quisieron escuchar. Tú siempre estabas dispuesta, es domingo por la tarde, la suerte es una ramera de primera calidad. Y los conserjes de noche cuidan de los hostales y todas las camareras que quisieron escuchar. Es una historia que se escribe en las postales con la necesidad de madrugar los lunes. Tú siempre estabas dispuesta, es domingo por la tarde, la suerte es una ramera de primera calidad. Y los conserjes de noche cuidan de los hostales y todas las camareras que quisieron escuchar. Tú siempre estabas dispuesta, es domingo por la tarde, la suerte es una ramera de primera calidad. Y los conserjes de noche.


cachipolla.
1. f. Insecto de unos dos centímetros de largo, de color ceniciento, con manchas oscuras en las alas y tres cerdas en la parte posterior del cuerpo. Habita en las orillas del agua y apenas vive un día.
efímero, ra.
(Del gr. ἐφήμερος, de un día).
1. adj. Pasajero, de corta duración.
2. adj. Que tiene la duración de un solo día.
3. (Por la brevedad de vida de este insecto). f. cachipolla.

dearest Robert



Once upon a time you dressed so fine
You threw the bums a dime in your prime, didn't you?
People'd call, say, "Beware doll, you're bound to fall"
You thought they were all kidding you
You used to laugh about
Everybody that was hanging out
Now you don't talk so loud
Now you don't seem so proud
About having to be scrounging for your next meal

How does it feel
How does it feel
To be without a home
Like a complete unknown
Like a rolling stone?

You've gone to the finest school all right, Miss Lonely
But you know you only used to get juiced in it
And nobody has ever taught you how to live on the street
And now you find out you're going to have to get used to it
You said you'd never compromise
With the mystery tramp, but now you realize
He's not selling any alibis
As you stare into the vacuum of his eyes
And ask him, "Do you want to make a deal?"

How does it feel
How does it feel
To be on your own
With no direction home
Like a complete unknown
Like a rolling stone?

You never turned around to see the frowns on the jugglers and the clowns
When they all come down and did tricks for you
You never understood that it ain't no good
You shouldn't let other people get your kicks for you
You used to ride on the chrome horse with your diplomat
Who carried on his shoulder a Siamese cat
Ain't it hard when you discover that
He really wasn't where it's at
After he took from you everything he could steal

How does it feel
How does it feel
To be on your own
With no direction home
Like a complete unknown
Like a rolling stone?

Princess on the steeple and all the pretty people
They're drinking, thinking that they got it made
Exchanging all kinds of precious gifts and things
But you'd better lift your diamond ring, you'd better pawn it, babe
You used to be so amused
At Napoleon in rags and the language that he used
Go to him now, he calls you, you can't refuse
When you got nothing, you got nothing to lose
You're invisible now, you got no secrets to conceal

How does it feel
How does it feel
To be on your own
With no direction home
Like a complete unknown
Like a rolling stone?

further

Dice Roberto Juarroz:

"El poeta es un cultivador de grietas: fractura la realidad aparente, o espera que se agriete, para captar lo que está más allá del simulacro."

O bien:

Si conociéramos el punto 
donde va a romperse algo, 
donde se cortará el hilo de los besos, 
donde una mirada dejará de encontrarse con otra mirada, 
donde el corazón saltará hacia otro sitio, 
podríamos poner otro punto sobre ese punto
o por lo menos acompañarlo al romperse. 

Si conociéramos el punto
donde algo va a fundirse con algo, 
donde el desierto se encontrará con la lluvia, 
donde el abrazo se tocará con la vida, 
donde mi muerte se aproximara a la tuya, 
podríamos desenvolver ese punto como una serpentina
o por lo menos cantarlo hasta morirnos. 

Si conociéramos el punto
donde algo será siempre ese algo, 
donde el hueso no olvidará a la carne, 
donde la fuente es madre de otra fuente, 
donde el pasado nunca será pasado, 
podríamos dejar sólo ese punto y borrar todos los otros
o guardarlo por lo menos en un lugar más seguro. 

ambivalencia

Tema del traidor y del héroe

Bajo el notorio influjo de Chesterton (discurridor y exornador de elegantes misterios) y del consejero áulico Leibniz (que inventó la armonía preestablecida), he imaginado este argumento, que escribiré tal vez y que ya de algún modo me justifica, en las tardes inútiles. Faltan pormenores, rectificaciones, ajustes; hay zonas de la historia que no me fueron reveladas aún; hoy, 3 de enero de 1944, la vislumbro así.
La acción transcurre en un país oprimido y tenaz: Polonia, Irlanda, La república de Venecia, algún estado sudamericano o balcánico... Ha transcurrido, mejor dicho, pues aunque el narrador es contemporáneo, la historia referida por él ocurrió al promediar o al empezar el siglo XIX. Digamos (para comodidad narrativa) Irlanda; digamos 1824. El narrador se llama Ryan; es bisnieto del joven, del heroico, del bello, del asesinado Fergus Kilpatrick, cuyo sepulcro fue misteriosamente violado, cuyo nombre ilustra los versos de Browning y de Hugo, cuya estatua preside un cerro gris entre ciénagas rojas.
Kilpatrick fue un conspirador, un secreto y glorioso capitán de conspiradores; a
semejanza de Moisés que, desde la tierra de Moab, divisó y no pudo pisar la tierra prometida, Kilpatrick pereció en la víspera de la rebelión victoriosa que había premeditado y soñado. Se aproxima la fecha del primer centenario de su muerte; las circunstancias del crimen son enigmáticas; Ryan, dedicado a la redacción de una biografía del héroe, descubre que el enigma rebasa lo puramente policial. Kilpatrick fue asesinado en un teatro; la policía británica no dio jamás con el matador; los historiadores declaran que ese fracaso no empaña su buen crédito, ya que tal vez lo hizo matar la misma policía. Otras facetas del enigma inquietan a Ryan. Son de carácter cíclico: parecen repetir o combinar hechos de remotas regiones, de remotas edades. Así, nadie ignora que los esbirros que examinaron el cadáver del héroe, hallaron una carta cerrada que le advertían el riesgo de concurrir al teatro, esa noche; también Julio César, al encaminarse al lugar donde lo aguardaban los puñales de sus amigos, recibió un memorial que no llegó a leer, en que iba declarada la traición, con los nombres de los traidores. La mujer de César, Calpurnia, vio en sueños abatir una torre que le había decretado el Senado; falsos y anónimos rumores, la víspera de la muerte de Kilpatrick, publicaron en todo el país el incendio de la torre circular de Kilgarvan, hecho que pudo parecer un presagio, pues aquél había nacido en Kilvargan. Esos paralelismos (y otros) de la historia de César y de la historia de un conspirador irlandés inducen a Ryan a suponer una secreta forma del tiempo, un dibujo de líneas que se repiten. Piensa en la historia decimal que ideó Condorcet; en las morfologías que propusieron Hegel, Spengler y Vico; en los hombres de Hesíodo, que degeneran desde el oro hasta el hierro. Piensa en la transmigración de las almas, doctrina que da horror a las letras célticas y que el propio César atribuyó a los druidas británicos; piensa que antes de ser Fergus Kilpatrick, Fergus Kilpatrick fue Julio César. De esos laberintos circulares lo salva una curiosa comprobación, una comprobación que luego lo abisma en otros laberintos más inextricables y heterogéneos: ciertas palabras de un mendigo que conversó con Fergus Kilpatrick en día de su muerte, fueron prefiguradas por Shakespeare, en la tragedia de Macbeth. Que la historia hubiera copiado a la historia ya era suficientemente pasmoso; que la historia copie a la literatura es inconcebible... Ryan indaga que en 1814, James Alexander Nolan, el más antiguo de los compañeros del héroe, había traducido al gaélico los principales dramas de Shakespeare; entre ellos, Julio César. También descubre en los archivos un artículo manuscrito de Nolan sobre los Festpiele de Suiza: vastas y errantes representaciones teatrales, que requieren miles de actores y que reiteran hechos históricos en las mismas ciudades y montañas donde ocurrieron. Otro documento inédito le revela que, pocos días antes del fin, Kilpatrick, presidiendo el último cónclave, había firmado la sentencia de muerte de un traidor, cuyo nombre ha sido borrado. Esta sentencia no coincide con los piadosos hábitos de Kilpatrick. Ryan investiga el asunto (esa investigación es uno de los hiatos del argumento) y logra descifrar el enigma.
Kilpatrick fue ultimado en un teatro, pero de teatro hizo también la entera ciudad, y los actores fueron legión, y el drama coronado por su muerte abarcó muchos días y muchas noches. He aquí lo acontecido:
El 2 de agosto de 1824 se reunieron los conspiradores. El país estaba maduro para la rebelión; algo, sin embargo, fallaba siempre: algún traidor había en el cónclave. Fergus Kilpatrick había encomendado a James Nolan el descubrimiento del traidor. Nolan ejecutó su tarea: anunció en pleno cónclave que el traidor era el mismo Kilpatrick. Demostró con pruebas irrefutables la verdad de la acusación; los conjurados condenaron a muerte a su presidente. Éste firmó su propia sentencia, pero imploró que su castigo no perjudicara a la
patria.
Entonces Nolan concibió un extraño proyecto. Irlanda Idolatraba a Kilpatrick; la más tenue sospecha de su vileza hubiera comprometido la rebelión; Nolan propuso un plan que hizo de la ejecución del traidor un instrumento para la emancipación de la patria. Sugirió que el condenado muriera a manos de un asesino desconocido, en circunstancias deliberadamente dramáticas, que se grabaran en la imaginación popular y que apresuraran la rebelión. Kilpatrick juró colaborar en ese proyecto, que le daba ocasión de redimirse y que rubricaría su muerte.
Nolan, urgido por el tiempo, no supo íntegramente inventar las circunstancias de la múltiple ejecución; tuvo que plagiar a otro dramaturgo, al enemigo inglés William Shakespeare. Repitió escenas de Macbeth, de Julio César. La pública y secreta representación comprendió varios días. El condenado entró en Dublin, discutió, obró, rezó, reprobó, pronunció palabras patéticas, y cada uno de esos actos que reflejaría la gloria, había sido prefigurado por Nolan. Centenares de actores colaboraron con el protagonista; el rol de algunos fue complejo; el de otros, momentáneo. Las cosas que dijeron e hicieron perduran en los libros históricos, en la memoria apasionada de Irlanda. Kilpatrick, arrebatado por ese minucioso destino que lo redimía y que lo perdía, más de una vez enriqueció con actos y con palabras improvisadas el texto de su juez. Así fue desplegándose en el tiempo el populoso drama, hasta que el 6 de agosto de 1824, en un palco de funerarias cortinas que prefiguraba el de Lincoln, un balazo anhelado entró en el pecho del traidor y del héroe, que apenas pudo articular, entre dos efusiones de brusca sangre, algunas palabras previstas.

En la obra de Nolan, los pasajes imitados de Shakespeare son los menos dramáticos; Ryan sospecha que el autor los intercaló para que una persona, en el porvenir, diera con la verdad. Comprende que él también forma parte de la trama de Nolan... Al cabo de tenaces cavilaciones, resuelve silenciar el descubrimiento. Publica un libro dedicado a la gloria del héroe; también eso, tal vez, estaba previsto.


Jorge Luis Borges

ardilla

"It's not just false memory structures," Phil Resch said. "I own an animal; not a false one but the real thing. A squirrel. I love the squirrel, Deckard; every goddamn morning I feed it and change its papers — you know, clean up its cage — and then in the evening when I get off work I let it loose in my apt and it runs all over the place. It has a wheel in its cage; ever seen a squirrel running inside a wheel? It runs and runs, the wheel spins, but the squirrel stays in the same spot. Buffy seems to like it, though."
"I guess squirrels aren't too bright," Rick said.

Do androids dream of electric sheep?

P. K. Dick