Daba ya por cerrado el domingo pero no quiero hacerlo sin dejar un homenaje a Sergio Blanco. Viendo los vídeos de la época me parece claro que nuestra bisoñez democrática tendría un precio. Eso no lo sabíamos, claro, y quien sí lo sabía sólo tuvo que dejar pasar el tiempo y mantener silencio.
Estamos rodeados de tanta inmundicia, tanta mugre, tanto hollín y tan poca frescura que ver la virginidad de aquellos años apabulla. Como su apellido.
Un ejemplo difícilmente superable para ilustrar la delgada línea que puede llegar a separar un poema de la letra de una canción.
Out beyond the window My window looks out over the park, And every year I move another story up. So now I'm almost close enough To the roof of the sky to touch it. I could even move the clouds aside, But no clouds come, if they did, I'd welcome them. 'Cause I have very few visitors here any more. There must be a highway somewhere, roads I've missed, Something more than sky out beyond the window. Rod McKuen
Como la escribieron para ella, pues con ella voy. La historia del tema y Juanita es preciosa, y sólo la cantó una vez muerto su padre. Tela marinera.
En lo comentarios del segundo vídeo me encuentro esto:
Hola jaimecitolos. Soy Federico Casado Reina, hijo de Juanita Reina. Respetando tu opinión sobre quién canta mejor o peor la canción, te diré que el resto de lo que dices es falso: mi madre quitó de su repertorio "Cinco Farolas" porque era la historia de amor entre mi madre y mi padre, y mi abuelo Miguel, su padre, no quería ese noviazgo. Ese fue el motivo de quitarla de sus espectáculos. Un saludo.
Una vez más la necrológica se me aparece como un género
superlativo. El final de esta que sigue es escalofriante. A René lo descubrí
anoche leyendo a Itu. No sabía de su existencia, la verdad, y hoy me ha faltado
tiempo para irme a indagar. Pongo el mismo vídeo que Itu porque en su vejez me
parece que se acrecienta la figura: le consigo ver el truco; yerra con la cronología de Li Po de manera
crasa; su mano está retorcida como sarmiento; sus ojos, ya nublados.
Pero todo ello no hace sino aumentar la grandeza.
René Lavand, príncipe de la baraja
LEILA GUERRIERO 13 FEB 2015 - El País
Para ser quien fue —uno de los mejores ilusionistas del
mundo en el arte delclose up, como se llama a
la magia de cerca hecha con naipes y objetos pequeños—, René Lavand —nacido
Héctor René Lavandera en septiembre de 1928, en Buenos Aires, y fallecido el 7
de febrero de 2015 en la ciudad de Tandil— tuvo que perder mucho. En febrero de
1937 tenía 9 años, y vivía con su familia en un pueblo llamado Coronel Suárez,
cuando aceptó el desafío de unos amigos: cruzar la calle. Él, hijo único y
sobreprotegido, jamás había cruzado solo, pero esa vez lo hizo y el destino le
saltó al cuello con la furia de un diablo: un auto lo atropelló, le aplastó el
antebrazo derecho contra el cordón de la vereda, y tuvieron que amputarlo por
debajo del codo. La rehabilitación —era diestro, perdió la mano derecha— fue
dura pero él, traccionado por una voluntad olímpica, no se conformó con
aprender a usar la que quedaba —inhábil, izquierda— para lavarse los dientes o
atarse los cordones, sino que le impuso una tarea titánica: la de mutar, de
torpe, a extremidad dotada de destreza exquisita. Así, empezó a practicar juegos
de cartas que ya lo habían deslumbrado a los 7 años, después de ver, en un
teatro, a un mago llamado Chang.
Al principio, los naipes resbalaban y se le caían, pero a
los 17 ya los dominaba razonablemente bien. La vida, sin embargo, se puso
difícil. Su padre murió y él, con 18, tuvo que empezar a trabajar. Entró en el
Banco de la Nación, donde permaneció una década, pero en 1960 ganó una
competencia de ilusionismo y dos teatros importantes de Buenos Aires le
ofrecieron formar parte de un espectáculo. Se bautizó con nombre francés —René
Lavand—, empezó a vestir frac y moñito —y a desarrollar ese aire de fullero del
Oeste americano o dandi de película de James Bond— y, mientras su mano
implacable manejaba las cartas sobre el paño, él, con voz profunda, enhebraba
relatos en los que citaba a Borges, a Shakespeare, a García Márquez. Aunque no
los había leído nunca —“yo leo poquísimo”—, dejaba caer las frases con la
autoridad de quien conoce las obras completas.
En 1961 lo invitaron a presentarse en elEd Sullivan Showy
en el programa de Johnny Carson, en Estados Unidos. Desde entonces, devino un
ilusionista ante el que se prosternaron colegas de todas partes. “Yo no me creo
talentoso”, decía. “Creo que soy un hombre que transpira mucho. Uno tiene que
trabajar para mecanizar la cosa, y asegurarla de tal manera que no pueda fallar
(...) Todas las técnicas que uso son técnicas de tahúr. Mezclas falsas,
enfiles, dadas de segunda, de tercera, de cuarta. (...) Yo jugué, por plata,
entre mis 18 y mis 21, 22 años (...) Pero (...) dejé. Porque una cosa es
burlarse de la gente y otra la bella y sutil mentira del arte”.
En el escenario —y en la vida— mantenía la mano derecha en
el bolsillo, lo que le daba un aire reservado, distante. Jamás quiso una
prótesis moderna (usaba una de madera, que cierta vez le partió en la cabeza a
un hombre que maltrataba a una mujer mayor), y nadie lo escuchó lamentarse por
lo que le faltaba. “Es muy puteador”, decía años atrás José Fosco, uno de los
dos discípulos a los que Lavand reconocía como tales, “pero jamás lo escuché
putear porque le faltaba la mano”.
Si se le preguntaba por qué no había tenido más discípulos,
Lavand decía: “Porque estoy harto de los discípulos que no quieren admitir que
no saben nada. El discípulo llega acá con un desconocimiento inconsciente: no
sabe nada, y ni siquiera sabe que no sabe nada. Trabaja, se esmera, transpira,
y llega a tener un desconocimiento consciente: no sabe nada, pero sabe que no
sabe nada. Después trabaja, se esmera, transpira: ahora sabe, y sabe que sabe.
Pero debe trabajar todavía mucho más, esmerarse y transpirar hasta lograr un
conocimiento inconsciente: hasta haber olvidado que sabe. Entonces, y sólo
entonces, el conocimiento habrá llegado al músculo. Y hasta que no llega al
músculo, el conocimiento es sólo un rumor. Pero hay poca gente dispuesta a
hacer ese camino: lleva décadas”.
No era un entretenedor, sino un artista que se arrojaba al
vacío buscando el gesto perfecto capaz de aniquilar la incredulidad de los
hombres. En busca de ese gesto modificó un clásico juego declose upllamadoAgua y aceite: tres cartas
rojas y tres cartas negras que, dispuestas en forma alternada, terminan siempre
juntas, las rojas por un lado, las negras por el otro. Si se dice que la magia
es posible porque la mano es más rápida que la vista, Lavand dinamitó esa
creencia al hacer su versión deAgua y aceite, que llamóNo se puede hacer más lento.
Con movimientos de lentitud exasperante, las tres cartas negras y las tres
cartas rojas terminaban unidas bajo el embrujo de su mano inverosímil.
Vivía con Nora, que estuvo con él durante más de tres
décadas, en las afueras de Tandil, a 400 kilómetros de Buenos Aires, en una
cabaña de troncos llamada La Strega. En esa cabaña decorada con sombreros,
candelabros y bastones, pasaba horas repasando sus juegos en “el laboratorio”,
una mesa redonda cubierta por un paño verde. Tenía cuatro hijos de dos
matrimonios anteriores y, en su cabaña, un cartel que decía: “Niños ajenos,
sólo disecados”.
Conducía con habilidad un Audi último modelo, con caja
automática y sin adaptación especial. Era obsesivo, educado, dueño de la
discreción de quien guarda secretos, valiente, blasfemo gozoso —“yo no digo que
no exista Dios. Digo que, si existe, es un jodido”— y cascarrabias de manual:
“Soy un hombre de reacciones, soy un paranoide. Yo soy un hombre que ha tenido
un accidente duro y reacciono en consecuencia”.
No había sitio de América Latina donde no fuera conocido, y
recordaba con afecto a los magos Juan Tamariz y Arturo de Ascanio, que lo
habían ayudado mucho en España, país que había visitado por primera vez en 1982
y donde, se jactaba, la gente era capaz de recorrer 500 kilómetros para ver su
actuación. “Yo podría vivir en cualquier lugar, pero todo hombre debe tener un
lugar al que volver. Y Tandil es mi vértice”.
Viajaba por el mundo con una maleta en la que llevaba todo
lo necesario para hacer su arte: un mazo de cartas de cinco dólares. Había
practicado esgrima, y era un talento, pero dejó por miedo a lastimarse la mano:
la portentosa mano que quedaba. José Fosco, su discípulo, decía: “Es el mejor
con un mazo de cartas. Un esgrimista. Puede dudar, pero cuando da una estocada,
mata. Es un escorpión. Infalible”.
René Lavand murió el 7 de febrero de 2015 cerrando un
círculo extraño: fue otro día de febrero, 78 atrás, cuando aquel accidente le
quitó la mano y le dio, al mismo tiempo, en un gesto cruel y perfecto, todo.
Lo vimos ayer actuar. Casi al final algo dijo respecto al en ciernes inefable día de los enamorados, y abordó este tema:
Nos conocimos ayer, tú me invitaste a beber, yo te invité no sé qué, tú dijiste: ¡qué bien!. Y te hablé de poesía por ver qué decías, que si es tontería, que sí, que no, habrá que hacer el amor.
Llegó la luz al salón y vi tu sujetador y en cada pezón una llamada a la acción. Me callaste la boca, dijiste: te toca, míster don de lenguas, demuéstralo. Habrá que hacer el amor, por un mundo mejor, habrá que hacer el amor.
Entiéndeme extranjera, ven a mi vera, que te alabe el gusto. Será que es primavera y tú aún soltera, ¡qué error de bulto! ¡Qué patán!, me he explicado fatal. Así rimaba el profeta torpemente con bragueta. En un mundo mejor, habrá que hacer el amor... amor...
Y venga a darle al alpiste, la vida es muchas veces triste, es repetición. Habrá que hacer el amor porque nunca está hecho, dije cuando tú miraste al techo. En un mundo mejor habrá que hacer el amor... amor...
Otro de los de pasarse siete pueblos, con el consabido precio:
After 1925, and taking
the name 'Witkacy', the artist ironically re-branded the paintings which
provided his economic sustenance asThe S.I. Witkiewicz Portrait Painting Firm, with the motto: "The customer must always
be satisfied". Several grades of portrait were offered, from the merely
representational to the moreexpressionisticand the narcotics assisted.Many of his paintings were
annotated with mnemonics listing the drugs taken while painting a particular
painting, even if this happened to be only a cup of coffee.
The latter major work
encompasses geopolitics, psychoactive drugs, and philosophy.
During the 1930s,
Witkiewicz published a text on his experiences of narcotics, includingpeyote,
and pursued his interests in philosophy. He also promoted emerging writers such
asBruno Schulz. Shortly afterPolandwasinvadedby Germany in September 1939, he escaped with his young
lover Czesława to the ruralfrontiertown ofJeziory, in what was theneastern
Poland. After hearing the news of theSoviet invasion of
Polandon 17 September 1939, Witkacy committed suicide on 18
September by taking a drug overdose and trying to slit his wrists.He convinced Czesława to attempt
suicide with him by consumingLuminal,
but she survived.
En esta y esta página hay muy buen material. Sólo dejo una fotografía y un retrato. Como botón de los siete pueblos.
Neil y compañía vuelven a clavar el asunto. La letra es tan fina como dura. Exacta, diría yo.
Levantarse de buena mañana con ellos tiene su aquel.
Were you tired of the laughter Were you bored of the pain Is the bond now broken Does nothing remain Shoulder to shoulder Like two stones in a bag Did you rub one another Until there was nothing yeah Nothing but dust
And still you talk soft So desperate and kind So pure and so pointless So helpless and blind And is there no anger Just pills for the pain My friend you've been wasted And you will be again
And you wait for a whirlwind To unwind your soul And you cry like a baby You feel so alone Cos she broke you so softly You can't see the blame Like a dog with a bone You refuse to let go
Ans still you talk soft So desperate and kind So pure and so pointless So helpless and blind And still there's no anger Just pills for the pain My friend you've been wasted And you will be again
El pasado domingo asistí a un espectáculo donde primó la copla, el cuplé, el cabaré y aledaños -básicamente el género ínfimo-. Son estos géneros que no he frecuentado y respecto a los cuales, ese mismo día, decidí que iba a enmendar mi ignorancia. Así que allá voy.
La letra del tema que hoy me ocupa viene de un personaje a la altura del Ritz: el señorito Álvaro Retana, una pieza fantástica y avanzada en aquel país nuestro. Inconmensurable biografía. La de Lilián tampoco es menor, aunque menos elevada, la verdad. La música, de Genaro Monreal.