midiendo

 escandir

Del lat. scandĕre.

1. tr. Métr. Medir el versocontar el número de pies o de sílabas de

que consta.

qué fue de Ernesto

los mejores amigos

tengo amigos
a los que nunca he preguntado nada,
de los que me gustaría
conocer cada minuto de su infancia
a qué jugaban
si les dolía perder
si se arrancaban las costras de las heridas
si sentían miedo
si ya lo perdieron

pero yo no pregunto

me gustaría haber estado allí
en cada infancia de cada amigo,
haber sudado con ellos

eso ya no es posible
como no lo será sudar sus muertes

mis amigos morirán lejos
y yo no sabré a quién preguntar

Isabel Bono

that's the dumbest thing I ever heard

Plagada de talento, lo de guion es otro negocio, con abundantes homenajes y parodias, hasta en el final. Perfecta en lo suyo.
Barbra aquí, como allí, es de otro planeta. Y como allí, hay mundo judío por doquier. Cómo no.
Aquí hay unas cuantas anécdotas y datos interesantes.

Se ha vuelto a poner feo el tiempo.


amanuense para ilustres jubilados

Magnífica vida la de este señor; aquí y aquí, por ejemplo.

Ayer Día del trabajador, hoy de la madre; ambos, cubiertos, fríos y lluviosos. Domingo. Oraciones.

ORACIÓN DE LA HUMILDAD

Al fin lo he comprendido: ya me tengo
como Tú me querías: casi nada
o casi todo; apenas barro
bien amasado en lágrimas.

Te doy gracias, Señor, porque me hiciste
de tan pequeñas cosas y a tan altas
rabias de corazón llegué entre dientes
de deslumbrantes dentelladas.

Me diste soledad, hambre y tristeza,
los dones de Tu gracia,
y me obligaste a conocer cómo nos nacen
las raíces del alma.

Gracias, Señor, porque me echaste al confuso montón de la pobreza,
y me diste sabor de pulpa amarga,
densa como los sueños, retenida
de los huesos en la doliente caña.

Nada puedo pedir que no me dieras
sobradamente; nada
que no estuviera escrito; destinado
para completar en mí Tu semejanza.

Si el hombre es el tributo a Tu paciencia,
el soplo de Tu aliento, la esperanza
de Tu trabajo creador, cumplida
quedó en mi carne Tu palabra.

Hierros nacieron donde brotaron sangres
–dolor del hierro negro, del rabioso hierro que rompe y que desgarra
como un viejo perro golpeado–,
y, sobre las heridas, fue la brasa
y la sal en los labios.
¡Y estoy vivo!
¡Y nadie de esta carga me descarga!…

Con todo ello me hiciste, poco a poco
–que el hombre es una tarea larga–,
y te sonrío
desde esta mi humildad recuperada…

Porque es así, Señor, como querías
que fuera: casi nada
o casi todo; apenas barro
bien amasado en lágrimas.

Victoriano Crémer

get tricked

 “The problem with a person having a lack of love is that they don’t know what it looks like. So it’s easy for them to get tricked, to see things that aren’t there. But I guess we all lie to ourselves all the time.”

cacumen

 latirismo

Del lat. cient. Lathyrus [sativus] 'almorta', y este del gr. λάθυρος láthyros 'especie de algarroba', e -ismo.

1. m. Med. Intoxicación producida por la ingestión frecuente de harina de almortaque se manifiesta principalmente por parálisis crónica de

las piernas.

pesquisidor, ra

1. adj. Que pesquisaU. t. c. s.

juez pesquisidor

juez pesquisidor

1. m. juez que se destinaba o enviaba para hacer jurídicamente la pesquisa de un delito o reo.

pesquisa

De pesquerir.

1. f. Información o indagación que se hace de algo para averiguar la realidad de ello o sus circunstancias.

FXXXING good

Destila cómic independiente estadounidense. Es inglesa. Y posee una adecuación con su banda sonora superlativa. Jodidamente buena.

con una vaga prudencia

Autobiografía

Como el náufrago metódico que contase las olas
que faltan para morir,
y las contase, y las volviese a contar, para evitar
errores, hasta la última
hasta aquella que tiene la estatura de un niño
y le besa y le cubre la frente,
así he vivido yo con una vaga prudencia de
caballo de cartón en el baño,
sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que más quería.

Luis Rosales 

that was never a comedy for me

Si no fuera  porque data de los ahora en la distancia vistos alucinógenos ochenta, podría haber tenido uno de los finales más tristes de las películas de amor. Hasta que ella esboza un atisbo de sonrisa sigo pensando que va a acabar mal.
Yo diría que perfecta, esta obra. Eso sí, si alguien no sabe qué fueron los ochenta, que se tome algo psicoloquesea antes de verla.
[Lo del animal de Jessica con Paco Grande, el hijo de, es hacerle honor al apellido].


De la versión en Broadway, pues bueno, qué decir: que es una pena que coja tan a trasmano ahora mismo.


Y mi amado Dustin, idolatrado en mi adolescencia sin yo saberlo, aquí rompe a llorar y con él todos. Epifánico.

el dragón de Missouri

Recuerda por momentos a Breaking bad. También a House of cards, a la primera de True detective... Pero nunca es ninguna, ni plagio. Es otra cosa. Y es excelente.
La acabé ayer con asombro y admiración. Estuvo todo el día entre gris y lluvia. Hoy quiere asomar la luz.

Segundo López Sánchez

Me desayuno con Ángela en plenitud de asombro y admiración. Leyéndola con ojos incrédulos se me olvida sorber el café. En esta página hay una buena muestra de su material; la biografía de la wiki tiene pasajes impagables y, por último, traca fallera de estos días lamentablemente mudos por mor de lo obvio, su expediente personal. La página 6 de este último es de liturgia.

Nadie sabe
 
Abre tus ojos anchos al asombro
cada mañana nueva y acompasa
en místico silencio tu latido
porque un día comienza su voluta
y nadie sabe nada de los días
que se nos van y luego se deshacen
en polvo y sombra. Nadie sabe nada.
Pisa la tierra, vierte la simiente,
coge la flor y el fruto: sin palabras,
pues nadie sabe nada de la tierra
muda y fecunda que, en silencio, brota,
y nadie sabe nada de las flores
ni de los frutos ebrios de dulzura.
Mira la llamarada de los árboles,
bebiéndose lo azul: contempla, toca
la piedra inmóvil de alma intraducible
y el agua sin contornos que camina
por sus trazados cauces, ignorándolos.
Sueña sobre ellos. Sueña. Sin decirlo.
Pues nadie sabe nada de los árboles
ni de la piedra ni del agua en fuga.
Mira las aves altas, desprendidas,
limando el sol al golpe de sus alas;
toma del aire el trino y el gorjeo,
pero no quieras traducir su ritmo,
pues nadie sabe nada de los pájaros.
Mira la estrella, vuela hacia su altura,
toma su luz y enciéndete la frente,
pero no inquieras su remoto arcano
pues nadie sabe nada de la estrella.
Besa los labios y los ojos; goza
la carne del amante sazonada
secretamente para ti; acomete
con decisión humilde la tarea
del imperioso instinto: crece en ramas
mas nada digas del tremendo rito
pues nadie sabe nada de los besos,
ni del amor ni del placer, ni entiende
la ruda sacudida que nos pone
al hijo concluido entre los brazos.
Clama sin grito, llora sin estruendo
pues nadie sabe nada de las lágrimas.
Vete a hurtadillas. Con discreto paso.
Traspasa quedamente la frontera.
Pues nadie sabe nada de la muerte.

Carta abierta.

Jesús de Nazaret
(Dios Hijo.)
Cielo.

Perdona que te escriba. De seguro
no harás cuenta de mí. Soy poca cosa.
Segundo López Sánchez, carpintero,
casado, con mujer y cinco hijos.
Trabajo en un taller. (Y las chapuzas.)
Soy uno de tus pobres. Pero ocurre
que ya no tengo fuerzas ni paciencia.
Señor, que es mucha brega y poco trago.
Señor, mejor que bajes y lo veas.
Yo soy de pocas letras, mas decían
que fuiste del oficio cuando mozo.
No sé cómo andaría en aquel tiempo
lo de vivir del tajo y ser un pobre,
pero lo que es ahora es un milagro
mayor que el de los panes y los peces
poner algo en la mesa y repartirlo
para que llegue a todos. Haz la prueba.
Ven a carpintear entre nosotros
y vive del jornal. Sudarás sangre
como en el huerto. Y sal por los caminos
y ponte a predicar como solías
contra los fariseos, y repite
aquello de los ricos y la aguja,
y echa a los mercaderes de la Iglesia,
y a ver qué pasa. Y resucita un muerto
de los prohibidos, y habla del reparto
y di que den lo suyo a quien lo gana.
Si no te crucifican como entonces
es porque ahora, apenas se abre el pico
te hacen callar. Bonita está la cosa.
Señor, ven a ayudarnos, por tu Madre.
Que no digan ni Cristo lo remedia.
Que no somos tan malos como dicen.
Pero es ya mucho machacar el hierro.
Luego se pone al rojo y se arma una,
y, en fin, no canso más, tú te harás cargo.
De obrero a obrero te lo pido y firmo:
Tu humilde servidor,
Segundo López.

Ángela Aymerich Figuera

Maite

Este animal de bellota de aquí abajo ha gestado y parido lo de más abajo.
Alucinante todo.



María Elvira

Leyendo sus poemas y las escuetas biografías que encuentro acá y allá, mucho vivió María Elvira. Todo parece a contra mano en ella.
Aquí hay una bio más digna.

Vida prestada

Señor,
esta vida prestada
que sostengo
a fuerza de dolor
hecho ya aliento,
aliento que me pesa
estancado remanso
que no fluye
ni se renueva con cada latido-
es como las demás. También prestada.
Pero a mí
me dejaste pendiendo
la etiqueta,
el marchamo que dice a todas horas
-porque un viento en el alma lo remueve-:
                                 "Que no me pertenece."
Y se posan
mis tan oscuros y tristones ojos
sobre toda planta que en la tierra crece
y sobre todo ser humano
que a la vida
se entrega totalmente. Apasionado.
Con asombro los miro,
porque a ellos
les arrancaste un día la etiqueta.
La etiqueta que a mí,
angustiosamente,
me baila sin cesar. Frente a los ojos.

El traje nuevo

Voy a vestirme el traje de etiqueta.
Cuidaré mis maneras.
Perfumaré mi aliento -respirando el estiércol tanto tiempo...-
No. No es correcto. Lo sé,
el presentarme así todos los días.
A mi modo. Rebelde.
Llevando de la mano -igual que las gitanas a la puerta del "Metro"-,
palabras mal peinadas. Andrajosas. Desnudas.
Intentaré acordarlas.
Arcangélica música debe llevar el viento
cuando gira:
"Los oros del otoño", "Las cascadas", "Los trinos".
Pero no. No podré; ¡estos modales...!
Cuando me sienta estrecha aquí en el alma.
Cuando me pise sin clemencia el Tiempo,
vocearé de nuevo.
Escupiré a la rima -la rima es de burgueses
de la dicha-, y mis zapatos
llevaré ya en la mano. Iré saltando
libre
de su opresión.
Y de verdad lo siento. Debe ser tan hermoso,
con paternal orgullo,
pasear entre gentes -satisfechas
del todo- almidonadas frases
con puntillas
y lazos
de colores vistosos...

María Elvira Lacaci