¿rap?

En la entrevista, por llamarla de alguna manera, que J. J. Millás le hace a J. Sabina, paseando por el barrio se acercan a lo que fue La Mandrágora, ese local que con el paso de los años generó toda una mitología. Joaquín confiesa que no había vuelto desde entonces, y se le nota incómodo. Para mi sorpresa, cuán atrevida es la ignorancia, yo llevaba frecuentando los altos de la antigua Mandrágora desde hacía unos años. Los bajos, sólo para cuestiones mingitorias, pues abajo están los aseos y la sala, abandonada, medio almacén, medio dejadez. Me fijé la vez siguiente que fui. No me extraña que él no quisiera saber nada del lugar. Allí se grabó el Adivina adivinanza, entre otras joyas. Lo pongo junto al Canto del gallo por motivos varios, entre ellos juglares.
Algunos recuerdos conviene no contrastarlos con el presente a no ser que su busque qué sé yo.

A su entierro de paisano 
asistió Napoleón, Torquemada, 

y el caballo del Cid Campeador; 
Marcelino de cabeza
marcándole a Rusia un gol
el coño de la Bernarda, 
y un dentista de León; 

y Celia Gámez, Manolete, 

San Isidro Labrador, 

y el soldado desconocido 

a quien nadie conoció. 

Santa Teresa iba dando
 
su brazo incorrupto a Don 

Pelayo que no podía 

resistir el mal olor. 
El Marqués que ustedes saben
iba muy elegantón, 
con uniforme de gala 
de la Santa Inquisición. 
Bernabéu encendía puros
con billetes de millón, 
y el niño Jesús de Praga 

de primera comunión. 

Mil quinientas doce monjas 

pidiendo con devoción 

al Papa Santo de Roma 

pronta canonización. 

Y un pantano inaugurado
 
de los del plan Badajoz. 

Y el Ku-Klux-klan que no vino 

pero mandó una adhesión. 

Y Rita la Cantaora, 

y don Cristóbal Colón, 

y una teta disecada 

de Agustina de Aragón. 

La tuna compostelana 

cerraba la procesión 

cantando a diez voces clavelitos 

de mi corazón. 

San José María Pemán
 
unos versos recitó, 

servía Perico Chicote 

copas de vino español. 
Nunca enterrador alguno
conoció tan alto honor,
Dar sepultura a quien era
sepulturero mayor
Ese día en el infierno 
hubo gran agitación, 

muertos de asco y fusilados 

bailaban de sol a sol. 

Siete días con siete noches 

duró la celebración, 

en leguas a la redonda 

el champán se terminó. 

Combatientes de Brunete, 

braceros de Castellón, 

los del exilio de fuera 

y los del exilio interior 

celebraban la victoria 

que la historia les robó. 

Más que alegría, la suya 

era desesperación. 


Como ya habrá adivinado, 

la señora y el señor, 

los apellidos del muerto 

a quien me refiero yo, 

pues colorín colorado, 

igualito que empezó, 

adivina, adivinanza, 

se termina mi canción, 
se termina mi canción.

Aclaraciones respecto al tema, aquí.



El jaleo de los días de feria 
ya se oía a un kilómetro del pueblo
 
y un extraño acento en el hablar
 
de los que halló por el camino.
Un coro de muchachas y una vieja 
levantándose las faldas al bailar
 
y un jovencito de broma peligrosa
 
haciendo gala del orgullo local.
De los que dan dinero por la noche 
para que nunca termine su canción
 
para que sude el músico ambulante
 
su condición de vagabundo.
Es ya la hora del aperitivo 
y todavía no funciona el tiovivo
 
el músico buscó la acera en sombra
 
y la ventana donde olía a flor.
Tenga esta rosa blanca, señorita 
a cambio de su negro pensamiento
 
por qué motivo temblaron sus labios
 
vio en sus ojos el fondo de un volcán.
Y mientras tanto corría la sangre 
en la plaza, como un vino común
 
y las plumas de los gallos
 
por el aire volaban aun.
Quítese usted de en medio forastero 
que ya no quedan señoritas en el bar
 
ya cantó como el gallo de pasión
 
pero esta es mi canción
 
y el baile va a empezar.
El músico ambulante se agarró del vaso 
y sintió que flotaba en la luz artificial
 
apuró el trago de madrugada
 
un borracho imitaba el canto del gallo.
Se deslizó por una callejuela 
antes de que empezase a clarear
 
y al pasar por la ventana enrejada
 
suavecito empezó a silbar.
Pero nadie conocía la tonada 
que era inventada para la ocasión
 
y se fue por el camino a contemplar
 
los desvelos de las ultimas sombras.
Y caminando iba pensando que ganar 
siempre es tentar a la otra cara de la suerte
 
y que por eso te hacen daño los huesos
 
cuando golpeas fuerte.
Y así se fue chasqueando los dientes 
en memoria de algún actor
 
cuyo nombre se ha perdido
 
y que hacía de bandido
 
y sintió la alegría del olvido
 
y al andar descubrió la maravilla
 
del sonido de sus propios pasos
 
en la gravilla.

El canto del gallo by Radio Futura on Grooveshark

ablandando ladrillos

Al hilo de la anterior entrada, me vino esto. No creo necesario explicar el porqué.

MANUAL DE INSTRUCCIONES

La tarea de ablandar el ladrillo todos los días, la tarea de abrirse paso en la masa pegajosa que se proclama mundo, cada mañana topar con el paralelepípedo de nombre repugnante, con la satisfacción perruna de que todo esté en su sitio, la misma mujer al lado, los mismos zapatos, el mismo sabor de la misma pasta dentífrica, la misma tristeza de las casas de enfrente, del sucio tablero de ventanas de tiempo con su letrero "Hotel de Belgique".

Meter la cabeza como un toro desganado contra la masa transparente en cuyo centro tomamos café con leche y abrimos el diario para saber lo que ocurrió en cualquiera de los rincones del ladrillo de cristal. Negarse a que el acto delicado de girar el picaporte, ese acto por el cual todo podría transformarse, se cumpla con la fría eficacia de un reflejo cotidiano. Hasta luego, querida. Que te vaya bien.

Apretar una cucharita entre los dedos y sentir su latido de metal, su advertencia sospechosa. Cómo duele negar una cucharita, negar una puerta, negar todo lo que el hábito lame hasta darle suavidad satisfactoria. Tanto más simple aceptar la fácil solicitud de la cuchara, emplearla para revolver el café.

Y no que esté mal si las cosas nos encuentran otra vez cada día y son las mismas. Que a nuestro lado haya la misma mujer, el mismo reloj, y que la novela abierta sobre la mesa eche a andar otra vez en la bicicleta de nuestros anteojos, ¿por qué estaría mal? Pero como un toro triste hay que agachar la cabeza, del centro del ladrillo de cristal empujar hacia fuera, hacia lo otro tan cerca de nosotros, inasible como el picador tan cerca del toro. Castigarse los ojos mirando eso que anda por el cielo y acepta taimadamente su nombre de nube, su réplica catalogada en la memoria. No creas que el teléfono va a darte los números que buscas. ¿Por qué te los daría? Solamente vendrá lo que tienes preparado y resuelto, el triste reflejo de tu esperanza, ese mono que se rasca sobre una mesa y tiembla de frío. Rómpele la cabeza a ese mono, corre desde el centro hacia la pared y ábrete paso. ¡Oh cómo cantan en el piso de arriba! Hay un piso de arriba en esta casa, con otras gentes. Hay un piso de arriba donde vive gente que no sospecha su piso de abajo, y estamos todos en el ladrillo de cristal. Y si de pronto una polilla se para al borde un lápiz y late como un fuego ceniciento, mírala, yo la estoy mirando, estoy palpando su corazón pequeñísimo, y la oigo, esa polilla resuena en la pasta de cristal congelado, no todo está perdido. Cuando abra la puerta y me asome a la escalera, sabré que abajo empieza la calle; no el molde ya aceptado, no las casas ya sabidas, no el hotel de enfrente; la calle, la viva floresta donde cada instante puede arrojarse sobre mí como una magnolia, donde las caras van a nacer cuando las mire, cuando avance un poco más, cuando con los codos y las pestañas y las uñas me rompa minuciosamente contra la pasta del ladrillo de cristal, y juegue mi vida mientras avanzo paso a paso para ir a comprar el diario a la esquina.

Julio Cortázar

de razas extinguidas

Por aquí han pasado ya varios de ellos, de los que se preguntan si lo cotidiano podría ser de otra forma o significar otra cosa; también han pasado los frustrados, los desesperados porque las miradas, los gestos, el lenguaje, no dé más de sí o no sepamos volverlos del revés. No diré nombres. Han pasado y seguirán haciéndolo. Es este uno de los temas que más me interesan, de modo que.
Por otro lado, Claudio no había pisado este cuaderno ni el anterior; esperaba en mi ordenador desde hace muchos años -2004, apunta la inclemente informática-; de mano certera había llegado a él. Leo su biografía y se me aparece una de esas figuras extrañas y extraordinarias surgidas en los años de la España franquista, una figura que sólo se entiende en su rareza insertada en aquellos años, en aquella lúgubre sociedad, en aquel, paradójicamente, maravilloso caldo de cultivo, estupenda placa de Petri.

GESTOS

Una mirada, un gesto,
cambiarán nuestra raza. Cuando actúa mi mano,
tan sin entendimiento y sin gobierno,
pero con errabunda resonancia,
y sondea, buscando
calor y compañía en este espacio
en donde tantas otras
han vibrado, ¿qué quiere decir?
Cuántos y cuántos gestos como
un sueño mañanero, pasaron.
Como esa casera mueca de las figurillas
de la baraja: aunque dejando herida o beso, sólo azar entrañable.
Más luminoso aún que la palabra,
nuestro ademán, como ella
roído por el tiempo, viejo como la orilla del río, ¿qué significa?
¿Por qué desplaza el mismo aire el gesto de la entrega o del robo,
el que cierra una puerta o el que la abre,
el que da luz o apaga?
¿Por qué es el mismo el giro del brazo cuando siembra
que cuando siega,
el de amor que el de asesinato?
Nosotros, tan gesteros pero tan poco alegres,
raza que sólo supo tejer banderas, raza de desfiles,
de fantasías y de dinastías,
hagamos otras señas.
No he de leer en cada palma,
en cada movimiento, como antes.
No puedo ahora frenar
la rotación inmensa del abrazo
para medir su órbita
y recorrer su emocionada curva.
No, no son tiempos de mirar con nostalgia
esa estela infinita del paso de los hombres.
Hay mucho que olvidar
y más aún que esperar.
Tan silencioso como el vuelo del búho, un gesto claro,
de sencillo bautizo, dirá,
en un aire nuevo,
su nueva significación, su nuevo uso.
Yo sólo, si es posible,
pido, cuando me llegue la hora mala,
la hora de echar de menos tantos gestos queridos,
tener fuerza, encontrarlos
como quien halla un fósil
(acaso una quijada aún con el beso trémulo)
de una raza extinguida.

Claudio Rodríguez

la dignidad de José María

No tengo claro de dónde saqué este texto que sigue, ni sé quién es el autor. Me da la impresión de que es la introducción de alguno de los libros de J. M. Fonollosa publicados, pero lo desconozco, la verdad. José María es uno de mis autores predilectos, ya lo he expresado anteriormente tanto en este cuaderno como en el anterior (la fecha de publicación es la misma, seis años después...); en el texto que sigue, su autor explica sucinta y claramente por qué también lo es para él (o ella!).

José María Fonollosa (1922-1991)

Nace en Barcelona. Representa un caso singular en nuestra literatura al tratarse de un poeta secreto, resultando difícil establecer un esbozo biográfico. Su obra, dispersa en el tiempo, es tan singular como fascinante.

De 1945 es su primer poemario titulado "La sombra de tu luz" que bebe de las fuentes marcadas por la generación del 27. Dos años después firma "Umbral del silencio", demasiado influido por la poesía de posguerra imperante, con un profundo acento religioso que erradicará en sus obras posteriores. Tras estos primeros ejercicios poéticos, aún poco personales, el poeta marcha en marzo de 1951 a Cuba. Allí escribe el "Romancero de Martí" en 1955.

Para entonces ya había iniciado el que será el proyecto fundamental de su poética bajo el título de "Ciudad del hombre". Será en los poemas que vayan conformando este proyecto en donde aparezca la verdadera personalidad poética de Fonollosa, una personalidad que no encuentra excesivos parangones en su tiempo y que lo convierte en un creador enormemente original, al margen de modas y corrientes imperantes. En "Ciudad del hombre" hay un deseo de unicidad que impulsa al poeta a través de un estilo conciso en el que se predomina un tono narrativo, prosístico, coloquial, que puede emparentarse con Manuel Machado o con lo que también predominará en el universo poético de Jaime Gil de Biedma. Fonollosa, como dice Pere Gimferrer, es un poeta coral, que asume muchas voces, que se desdobla y multiplica, para dejarnos de vez en cuando rastros de su propia y misteriosa biografía.

El verso de Fonollosa busca siempre la simetría a través del uso del endecasílabo blanco. El objetivo central es desnudar la expresión y establecer un lenguaje directo, sin ambages, de fácil comunicación con el lector.

Nueva York y Barcelona serán las dos ciudades que el poeta reflejará en su obra. "Ciudad del hombre: Nueva York" y "Ciudad del hombre: Barcelona" parten de un mismo propósito. El poeta utiliza el callejero de ambas ciudades para titular los poemas. Pero en la poética de Fonollosa las ciudades son un pretexto para engarzar retratos humanos, pensamientos e ideas y aparecen despersonalizadas. El agnosticismo, el escepticismo, la resignación y el fracaso artístico o amoroso son constantes en la temática de los versos de Fonollosa. En todos late un pesimismo y un desgarramiento vital que el poeta trata de presentar con ironía.

No olvida Fonollosa la vertiente amorosa, la disección de los roles sexuales, siempre con planteamientos arriesgados, mucho más patentes en "Ciudad del hombre: Nueva York" que en "Ciudad del hombre: Barcelona". Hay que tener en cuenta que en "Ciudad del hombre: Nueva York" el poeta trata abiertamente el crimen, la sexualidad o las drogas, desdoblándose en diversos personajes, mientras que "Ciudad del hombre: Barcelona" es un libro temáticamente más reiterativo y autobiográfico.

Es en el poemario titulado "Ciudad del hombre Nueva York" donde figura el poema "Subway I" que Serrat convertiría en la canción "Por dignidad", incluida en el álbum "Nadie es perfecto" (1994). El poema de Fonollosa sufrirá muy pocos cambios en la adaptación musical de Serrat:

Piensan que debo hacerlo. Esperan todos
que la saque de casa con violencia.
No merece, lo creen, otro trato.

Con conmiseración me miran unos.
Con burlona expresión o desprecio otros.
Sospechan que sé cuánto saben ellos.

Y lo sé. Ella se acuesta con cualquiera.
Y eso no puede permitírselo un hombre
que se precie de tal. Es lo que piensan.

Pero es normal y simple. La mujer
quiere a distintos hombres y a distintas
mujeres quiere el hombre. Es lo corriente.

No importa que en un cuarto hallen cobijo
diferentes personas, siempre y cuando
yo lo precise esté desocupado.

No puedo renunciar a la delicia
de tenerla en mi casa cada noche,
por complejos morales de otra gente.

Familiares, amigos, conocidos...
Presionan insistentes, en silencio.
Lo mejor es mudarme hacia otro barrio.

Un año después de que Serrat pusiera música a la palabra de Fonollosa, el cantautor Albert Pla le dedicaría un disco monográfico titulado "Supone Fonollosa". A partir de aquí comenzaba el rescate de un poeta olvidado, maldito, que algunos creían que no existía realmente y que era un pseudónimo o heterónimo de un poeta famoso. Se empezaron a editar sus obras y a rescatar sus poemas. Era un modo de hacer justicia a una voz libre y cercana, a un poeta de admirables calidades, que decía lo que pensaba y que ofrece en sus versos un retrato acerado y profundamente valioso de las fobias, ilusiones y fracasos del hombre contemporáneo.

Fonollosa, autor del libro de poesías Ciudad del Hombre Nueva York, es un escritor que evoca toda su mente en cada poema: lo que siente en ese momento, por insignificante que sea.

La mente humana es muy compleja y todos en un momento dado podemos tener sentimientos tan dispares como el querer amar, violar, asesinar, destruir, utilizar, cuidar a una persona...si, algunos de ellos, los escondemos en nuestro interior porque son consecuencia de estados de ánimo en que nos encontramos o personas ajenas nos hacen estar así en determinados momentos y por diversas circumstancias y que cuando alguien habla de ellos en público, nos escandalizamos y decimos, este tio está loco.. Fonollosa es humano y como humano que es también se ve asaltado por esos deseos, con la diferencia de que él los plasma en cada uno de sus poemas. Así, nos encontramos con todos los Fonollosas que hay dentro de Fonollosa: el amoroso y cariñoso, el obseso sexual, el brutal asesino sin escrúpulos, el onanista, el misógino... Todos en uno y uno siendo todos a la vez. Espeluznante. Sobre todo cuando nos damos cuenta que en realidad, todos somos Fonollosa pues lo que él hace es, simplemente, dar rienda suelta a sus más bajos instintos, a los instintos que tenemos todos y plasmarlos en papel.

Sí... la mente a veces se escapa de la razón, y cuando ella vuelve, somos incapaces de matar a una hormiga. Nuestra vida está llena de emociones que a lo largo del día varian radicalmente, de forma, que pasamos de un estado de ánimo a otro en una fracción de segundo. Creo, que en este libro, uno puede conocer la verdadera personalidad de Fonollosa, sus inquietudes, sus estados de ánimo, sus frustraciones y sus ilusiones en la vida. Creo que muchos os sentiríais identificados en él pero muy pocas personas podrían llegar a conseguir lo que este monstruo es capaz de transmitir con cada palabra, de forma directa y sin ningún tapujo. Él evoca lo que siente dentro, sus paranoias y sus pensamientos más profundos. En un instante.

*******

Esta es la adaptación que hizo Serrat del poema:

Por dignidad

(José María Fonollosa - Joan Manuel Serrat)

La familia, los amigos,
aguardan con impaciencia
que por dignidad, la saque
de la casa con violencia.

Apenados me contemplan
o sonríen con desprecio.
Se les nota que sospechan
que sé cuanto saben ellos.

Y lo sé, lo supe siempre
que se acuesta con cualquiera
y ellos piensan que, eso, un hombre
como tal, no lo tolera.

Pero es simple, toda hembra
quiere a hombres diferentes
y a diferentes mujeres
quiere el hombre, es lo corriente.

Qué me importa que en un cuarto
otros encuentren amparo
siempre y cuando lo precise
lo halle desocupado.

No renuncio a la delicia
de tenerla sugerente
en mi cama cada noche
por prejuicios de otra gente.

La familia, los amigos,
me presionan a diario.
No me queda otro remedio
que mudarme de este barrio.



Aquí hay otro artículo muy interesante y también breve, donde aparece este poema:


East 52nd Street 

Para hablar no te quiero. Tengo amigos 
para tratar de cosas que me inquietan 
y ahondar en las ideas que me importan. 

Y no nos condiciona nunca el sexo. 
Nos lo pasamos bien. Y «Adiós». Y «Hasta otra». 
Contigo es diferente. Lo que cuentas 
no me interesa nada en absoluto. 

Y he de escuchar, no obstante, atentamente 
y ocultar mi fastidio a tus palabras. 
Porque si no te niegas a mi amor. 

Y cuando a mí se ciñe tu figura 
grácil y delicada voy perdido. 

Pues al sentir tu cuerpo a mí abrazado 
nada tiene interés que tú no seas. 
Y yo ya no soy mío, sino tuyo. 

Y así debo evitar en nuestra charla 
lo trascendente; reír tus tontas gracias, 
acusarme de estar equivocado... 
Entonces sí que accedes a mi amor. 

De no mediar el sexo y ser tan bella 
te hallara aborrecible y despreciable. 
O serías perfecta si no hablaras.


Portugal

El poema de Pablo y algunas conversaciones de estos últimos días me han llevado de nuevo a esos discos antiguos de Manolo y Quimi, discos con algunos temas que adoro. Uno de ellos es este Portugal quimérico al que nunca llegó:

Explotan las calles y yo estoy aquí, 
mirando a la gente, soñando en volver. 

Las tardes de cine ya no puedo más. 

Ginebra y pastillas de dormir. 

Carreras en coche de acá para allá, 

límite de zona ya te encontraré. 

Volviendo de día siempre hasta el final 

aunque pierda el tiempo me da igual. 

De las montañas hasta el mar 

vagando por el frente. Terror a la inseguridad. 

Tormenta en las vanguardias... 

...nunca llegaste a Portugal. 

Amenaza guerra y yo estoy aquí, 

ladrando a los perros pensando en huir. 

Las tardes de sueño ya no aguanto más, 

me rompo en pedazos al hablar. 

Nos dieron las ocho, me quise morir. 

Adiós... no me busques, yo te encontraré. 

Si quieres llamarme el 303... 

la gente te arrastra hacia el andén. 

De un lado a otro del canal 

vagando por la noche. Terror a la inseguridad. 

Tormenta en las vanguardias... 

...nunca llegaste a Portugal...

carta a mi madre I

Domingo por la tarde de nuevo. Hoy paseaba por la ciudad y un aire extraño la recorría. No se sabía a qué se jugaba, previo a la noche de Reyes.
Retomo un hábito que me encanta: el de publicar la tarde del domingo. Hoy comienzo con una serie de entradas que cubrirán la Carta a mi madre, de Juan Gelman, un texto duro y único, denso, inhóspito, descarnado, imprescindible.

CARTA A MI MADRE

(GINEBRA, PARÍS, JULIO 1984 PARÍS, NOVIEMBRE 1987)

a Teodora

recibí tu carta 20 días después de tu muerte y cinco minutos después de saber que habías muerto / una carta que el cansancio, decías, te interrumpió / te habían visto bien por entonces /aguda como siempre / activa a los 85 años de edad pese a las tres operaciones contra el cáncer que finalmente te llevó/

¿te llevó el cáncer? / ¿no mi última carta? / la leíste, respondiste, moriste / ¿adivinaste que me preparaba a volver? / yo entraría a tu cuarto y no lo ibas a admitir / y nos besábamos / nos abrazamos y lloramos / y nos volvemos a besar / a nombrar / y estamos juntos / no en estos fierros duros /

vos / que contuviste tu muerte tanto tiempo / ¿por qué no me esperaste un poco más? / ¿temías por mi vida? / ¿me habrás cuidado de ese modo? / ¿jamás crecí para tu ser? / ¿alguna parte de tu cuerpo siguió vivida de mi infancia? / ¿por eso me expulsaste de tu morir? / ¿como antes de vos? / ¿por mi carta? / ¿intuiste? /

nos escribimos poco en estos años de exilio / también es cierto que antes nos hablamos poco / desde muy chico, el creado por vos se rebeló de vos / de tu amor tan estricto / así comí rabia y tristeza / nunca me pusiste la mano encima para pegar / pegabas con tu alma / extrañamente éramos juntos /

no sé cómo es que mueras / me sos / estás desordenada en mi memoria / de cuando yo fui niño y de pronto muy grande / y no alcanzo a fijar tus rostros en un rostro / tus rostros es un aire / una calor / un aguas / tengo gestos de vos que son en vos / ¿o no es así? / ¿imagino? / ¿o quiero imaginar? / ¿recuerdo? / ¿qué sangres te repito? / ¿en qué mirada mía vos miras? / nos separamos muchas veces /

otrora

Me acompañó, me guio y, probablemente, me equivocó no hace tanto pero hace una  eternidad. Hoy me lo volví a cruzar. No diré que me deje impasible, pero ya no saja como antes. Uno de los mejores poemas que un servidor haya leído sobre el asunto, nada menor por cierto.

Habitaciones separadas

Está solo. Para seguir camino
se muestra despegado de las cosas.
No lleva provisiones.
Cuando pasan los días
y al final de la tarde piensa en lo sucedido,
tan sólo le conmueve
ese acierto imprevisto
del que pudo vivir la propia vida
en el seguro azar de su conciencia,
así, naturalmente, sin deudas ni banderas.
Una vez dijo amor.
Se poblaron sus labios de ceniza.
Dijo también mañana
con los ojos negados al presente
y sólo tuvo sombras que apretar en la mano,
fantasmas como saldo,
un camino de nubes.
Soledad, libertad,
dos palabras que suelen apoyarse
en los hombros heridos del viajero.
De todo se hace cargo, de nada se convence.
Sus huellas tienen hoy la quemadura
de los sueños vacíos.
No quiere renunciar. Para seguir camino
acepta que la vida se refugie
en una habitación que no es la suya.
La luz se queda siempre detrás de una ventana.
Al otro lado de la puerta
suele escuchar los pasos de la noche.
Sabe que le resulta necesario
aprender a vivir en otra edad,
en otro amor,
en otro tiempo.
Tiempo de habitaciones separadas.

Luis García Montero

precontratos para ir a Disneylandia

PRECONTRATO

se dijo si sólo quieres follar vale pero prohibido
hablar de sexo o poesía ella pidió café él que subiera
mi piso está vacío colacao galletas no follaron

pasaron toda la noche en la cocina escuchando
los primeros discos de los burros la vida parecía
dar una vuelta de tuerca la costumbre de dormir solo

tenía los días contados

Pablo García Casado en Las afueras.





Sí, siempre decías: "quédate",
y al final, tú volviste a la calle.
Cuero negro y ganas de beber
sin saber en qué barrio quedarte.
Disneylandia, no existe ya para ti.
No hay dinero, no, no saliste nunca de aquí.
Siempre igual, siempre estás igual.
Siempre igual, siempre estás igual.
Vueltas en la cama sin parar,
no está mal, sólo duermo más ancho.
Nadie viene nunca, ¿dónde están?
No han llamado más, no me echarán de menos.
Siempre quise largarme no estar aquí,
tú decías, sí: "Por mí vete, déjame en paz!
¡déjame!
¡Vete de una vez!
¡déjame!"
Yo rompía el tiempo sin saber
ni qué hacer, ni a qué carta quedarme.
¡Dios! La de problemas que me da
pero no está mal, si tú te vas me muero.
Me decías, por la noche a dónde iré...
cuando vuelvas, sí, cuando vuelvas te mataré.
¿Dónde estás, dónde puede estar?
¿Dónde estás, dónde puede estar?

pre uvas

Voy a retomar, aunque sea muy ocasionalmente, una vieja costumbre que abandoné al cerrar el anterior cuaderno. Se trata de transcribir mensajes. Y voy a empezar por uno mío. Es de este pasado día 31, unos veinte minutos antes de las uvas. Decía así:

"Último pensamiento elaborado antes de las uvas.
Un bar es un museo, una biblioteca y un teatro. Pero para verlo así hay que haber ido mucho previamente a ellos. No a los bares."

son nostálgico

Colgué el poema que sigue en junio de 2013. Revisando la entrada aquella, me doy cuenta de que no lo puse en su lengua original -gallego- y que el audio está inactivo. Así que borro y comienzo de nuevo. Ahí va, en las dos lenguas y con el audio de la voz de su autor.

Teño algo importante que dicir
agora que vimos de despedirnos
para sempre.
Quérote.
Crávame as unllas,
pero has de saber que tamén fun sincero
as outras mil veces.

Ela acúsame de non ter sentimentos
porque falo e falo
ou non falo.
Vai comer todas as unllas,
as súas altivas unllas escarlata.
Pero ireime.
Díxenllo e riu indiferente,
pero ireime
ou non me irei.
Chegarei a unha desas cidades,
non tan grandes como unha cidade,
onde se para o tren e xa non hai máis tren,
con monxas que se sentan nun barril de cervexa na estación,
e miles de corvos que esperan con sorna a El-Rei
ou unha cámara de cine.
Desa cidade sae un autobús
tan vello
que ten un conductor que fuma
e que fala cos viaxeiros,
xusto en cada curva,
cando chove,
e faino cada día desde sempre,
limpa o cristal coa man,
coma se estiveramos caendo,
chove tamén dentro.
E non pasa nada,
pois chegamos cando escampa,
e só pinga no autobús,
todos mollados menos os paisanos
que rin
ou non rin.
Esta xa non é cidade nin nada,
pero hai un barco panza arriba
e unha praia de area negra.
E hai tamén unha cabina de teléfono.

¿Escoitas? Estou nunha cabina.
Sí, ben.
Non, nada.
Chovía no autobús.
Só hai un bar.
Sí, teño moedas.
¿De verdade? Tamén eu.
Non, aínda non se corta.

Si sigo aquí.
Non, non estaba pensando.
Escoitaba, iso é todo.
Non sei o que dicías.
Escoitaba.
Non, non é un libro.
Son as follas da guía.
¿Sabes cal é o prefixo de Ras-Al-Khaimah?
Marcas o 07, máis 971 e logo o 77
e xa podes falar con alguén en Ras-Al-Khaimah.
Non, non é que non te escoite.
Escoito, só quero escoitarte.
Pero non me preguntes o que dis.
Non podo facer dúas cousas o mesmo tempo,
entender e pensar en ti.
Qué fácil é falar con calquera lado.
Non, non cortes por favor.
Se colgas,
chamarei a Ras-Al_Khaimah
ou a calquera lado.
Mentras ti falas, non teño frío.

El era forte e feble
como un marine ianqui.
Ela, fráxil e invencible,
como unha guerilleira do Vietcong.

Tengo algo importante que decir
ahora que venimos de despedirnos
para siempre.
Te quiero.
Clávame las uñas,
pero has de saber que también fui sincero
las otras mil veces.

Ella me acusa de no tener sentimientos
porque hablo y hablo
o no hablo.
Va a comerse todas las uñas,
sus altivas uñas escarlata.
Pero me iré.
Se lo dije y rió indiferente,
pero me iré
o no me iré.
Llegaré a una de esas ciudades,
no tan grandes como una ciudad,
donde se para el tren y ya no hay más tren,
con monjas que se sientan en un barril de cerveza en la estación,
y miles de cuervos que esperan con sorna al Rey
o una cámara de cine.
De esa ciudad sale un autobús
tan viejo
que tiene un conductor que fuma
y que habla con los viajeros,
justo en cada curva,
cuando llueve,
y lo hace cada día desde siempre,
limpia el cristal con la mano,
como si estuviéramos cayendo,
llueve también dentro.
Y no pasa nada,
pues llegamos cuando escampa,
y sólo gotea en el autobús,
todos mojados menos los paisanos
que se ríen
o no se ríen.
Esta ya no es ciudad ni nada,
pero hay un barco panza arriba
y una playa de arena negra.
Y hay también una cabina de teléfono.

¿Me escuchas? Estoy en una cabina.
Sí, bien.
No, nada.
Llovía en el autobús.
Sólo hay un bar.
Sí, tengo monedas.
¿De verdad? También yo. No, aún no se corta.
Sí sigo aquí.
No, no estaba pensando.
Escuchaba, eso es todo.
No sé qué decías. Escuchaba.
No, no es un libro.
Son las hojas de la guía.
¿Sabes cuál es el prefijo de Ras-Al-Khaimah?
Marcas el 07, más 971 y luego el 77
y ya puedes hablar con alguien en Ras-Al-Khaimah.
No, no es que no te escuche.
Escucho, sólo quiero escucharte.
Pero no me preguntes qué dices.
No puedo hacer dos cosas al mismo tiempo,
entender y pensar en ti.
Qué fácil es hablar con cualquier parte.
No, no cortes por favor.
Si cuelgas,
llamaré a Ras-Al_Khaimah
o a cualquier parte.
Mientras tu hablas, no tengo frío.

Él era fuerte y débil
como un marine yanqui. 
Ella, frágil e invencible,
 
como una guerillera del Vietcong.



Manuel Rivas