a man's got to do...

Creo que el regalo que me hicieron hace unos días fue una invitación a la regresión; o a no perder determinadas capacidades simplemente, entre ellas, claramente, la lúdica. He aquí el que apareció conforme abrí Cuentos para jugar. Gracias por el subtexto.

Voces nocturnas

Si os acordáis de la antigua fábula de la princesa que no conseguía dormir porque había un guisante debajo del último colchón de la montaña de colchones sobre la que se había acostado, os parecerá más comprensible la historia de este viejo señor. Un viejo señor muy bueno, más bueno que cualquier otro señor viejo.
Una noche, cuando ya está en la cama y va a apagar la luz, oye algo, oye una voz que llora...
—Qué raro —dice—, me parece oír... ¿Habrá alguien en casa?
El viejo señor se levanta, se pone una bata, recorre el pequeño apartamento en el que vive completamente solo, enciende las luces, mira por todas partes...
—No, no hay nadie. Será donde los vecinos.
El viejo señor vuelve a la cama, pero al cabo de un rato oye otra vez aquella voz, una voz que llora.
—Me parece —dice— que viene de la calle. Seguramente que ahí abajo hay alguien llorando... Tendré que ir a ver.
El viejo señor vuelve a levantarse, se tapa lo mejor posible, pues la noche es fría, y baja a la calle.
—Vaya, parecía que era aquí, pero no hay nadie. Será en la calle de al lado.
Guiado por la voz que llora el viejo señor sigue y sigue, de una calle a otra, de una a otra plaza, recorre toda la ciudad y junto a la última casa de la última calle encuentra a un viejecito en un portal que se lamenta débilmente.
—¿Qué hace aquí? ¿Se siente mal?
El viejecito está tumbado sobre unos cuantos andrajos. Al oír que le llaman se asusta:
—¿Eh? ¿Quién es?... Ya entiendo. El dueño de la casa... Me marcho en seguida.
—¿Y dónde va a ir?
—¿Dónde? No sé dónde. No tengo casa, no tengo a nadie. Me había resguardado aquí... Esta noche hace frío. Tendría que ver lo que es dormir sobre un banco, en los parques, tapado con un par de periódicos. Es como para no volverse a despertar. Pero bueno, ¿y a usted qué le importa? Me voy, me voy...
—No, oiga, espere... No soy el dueño de la casa.
—Entonces, ¿qué quiere? ¿Un poco de sitio? Acomódese. Mantas no hay, pero sitio hay para los dos...
—Quería decir... En mi casa, si le parece, hace un poco más de calor. Tengo un diván...
—¿Un diván? ¿Al calor?
—Ea, venga, venga. ¿Y sabe lo que haremos? Antes de dormir nos haremos una buena taza de leche...
Van a casa juntos, el viejo señor y el viejecito sin casa. Al día siguiente el viejo señor acompaña al viejecito al hospital porque ha pescado una fea bronquitis de dormir en los parques y en los portales. Después regresa, ya de noche. El viejo señor está a punto de acostarse, pero vuelve a sentir una voz que llora...
—Vaya, otra vez —dice—. Es inútil que mire en casa, sé muy bien que no hay nadie. También es inútil que intente dormir: seguro que no lo conseguiré oyendo esas voces. ¡Animo! vamos a ver qué pasa.
Como la noche anterior, el viejo señor sale y camina, y camina, guiado por la voz que llora que, esta vez, parece venir de muy lejos. Anda y anda y atraviesa toda la ciudad. Sigue y sigue y le sucede algo muy extraño porque se encuentra andando por una ciudad que no es la suya, y después en otra. Continúa y continúa, cada vez más lejos. Atraviesa toda la región. Llega a un pueblecito en lo alto de una montaña. Allí hay una pobre mujer que llora porque tiene un niño enfermo y a nadie que vaya a buscarle un médico.
—No puedo dejar al niño solo, no puedo sacarle con esta nieve...
Hay nieve por todas partes. La noche parece un desierto blanco.
—Animo, ánimo —dice el viejo señor—, explíqueme dónde vive el médico, iré a buscarlo, lo traeré yo mismo. Mientras tanto, lávele la frente al niño con un paño húmedo, lo refrescará, a lo mejor podrá descansar.
El viejo señor hace todo lo que tiene que hacer. Y hele de nuevo en su habitación. Ya es la noche siguiente. Como de costumbre, cuando está a punto de dormirse, una voz se introduce en su sueño, una voz que llora y parece estar allí junto a la almohada. Ni oír hablar de dejarla llorar. Con un suspiro, el viejo señor vuelve a vestirse, sale de casa y anda y anda. Y le sucede la acostumbrada cosa extraña, muy extraña. Porque esta vez atraviesa toda Italia, cruza también el mar, y se encuentra en un país donde hay guerra, y hay una familia que se desespera porque una bomba le ha destruido la casa.
—Valor, valor —dice el viejo señor. Y los ayuda como puede. No puede solucionarlo todo, como es natural. Pero al fin dejan de llorar y él puede volver a casa. Ya se ha hecho de día, no es cosa de meterse en la cama.
—Esta noche —dice el viejo señor— me iré a descansar un poco antes.
Pero siempre hay una voz que llora. Siempre hay alguien que llora, en Europa, o en África, en Asia o en América. Siempre hay una voz que llega por la noche a la casa del viejo señor, junto a su almohada, y no lo deja dormir. Siempre así, noche tras noche. Siempre siguiendo a una voz lejana. Puede venir del otro lado del mundo, pero él la oye. La oye y no consigue dormir...

Primer Final:

Aquel viejo señor era bueno, muy bueno. Pero de no dormir nunca, empezó a ponerse nervioso, muy nervioso.
—Si al menos pudiera —suspiraba— dormir una noche sí y otra no. A fin de cuentas yo no soy el único en el mundo. No es posible que nadie sienta nunca esas voces, que a nadie se le ocurra levantarse para ir a ver.
Algunas noches, en cuanto sentía las voces, intentaba resistir:
—Esta vez no me levanto, estoy acatarrado y me duele la espalda, nadie podrá echarme en cara que soy un egoísta.
Pero la voz insistía, insistía tanto que el viejo señor no tenía más remedio que levantarse.
Cada vez estaba más cansado. Cada vez más nervioso.
Por último se acostumbró a meterse dos tapones en los oídos antes de acostarse. Así no sentía las voces y se dormía.
—Lo haré sólo durante un tiempo —decía—, sólo para descansar un poco. Será como tomarse unas pequeñas vacaciones...
Se puso los tapones un mes seguido.
Una noche no se los colocó. Tendió la oreja. Ya no oía nada. Se quedó despierto la mitad de la noche escuchando: ni voces, ni llantos, únicamente algún perro que ladraba a lo lejos.
—O nadie llora —concluyó— o me he quedado sordo. Paciencia, mejor es así.

Segundo Final:

El viejo señor siguió de aquella manera durante noches y noches, durante años y años, levantándose siempre, hiciera el tiempo que hiciera, y corriendo de un extremo a otro de la Tierra para ayudar a alguien. Apenas dormía algunas horas, después de comer, sin ni siquiera desnudarse, en una poltrona más vieja que él.
Los vecinos empezaron a desconfiar.
—¿Dónde va todas las noches?
—Va a corretear. Es un vagabundo, ¿todavía no os habéis dado cuenta?
—A lo mejor es un ladrón...
—¿Un ladrón, eh? ¡Es verdad! ¡Eso explica el misterio!
—Habrá que vigilarlo.
Una noche hubo un robo en aquel edificio. Los vecinos le echaron la culpa al viejo señor. Registraron su casa y tiraron todo por los aires. El viejo señor protestaba con todas sus fuerzas:
—¡Soy inocente! ¡Soy inocente!
—¿Ah, sí? Entonces, díganos, ¿dónde estaba la noche pasada?
—Estaba... ah, ya... estaba en Argentina, un campesino no conseguía encontrar su vaca y...
—¡Escuchad qué descarado! ¡En Argentina! ¡Cazando vacas!
En fin, el viejo señor terminó en la cárcel. Y estaba desesperado porque todas las noches oía una voz que lloraba y no podía salir de su celda para ir en busca de quien lo necesitaba.

Tercer Final:

Por ahora no hay tercer final.
Podría ser éste: que una noche, en toda la Tierra no haya ni siquiera un hombre que llore, ni tampoco un niño... y a la noche siguiente lo mismo... y así todas las noches. Nadie llora, nadie es infeliz.

Quizá esto sea posible algún día. El viejo señor es demasiado viejo para vivir hasta aquel día. Pero continúa levantándose, porque lo que se hace debe hacerse siempre, sin perder la esperanza nunca.

sinestesias por un céntimo

La edición de Elegía de la entrada anterior está publicada por Visor. Cuando yo la compré, en la portada venía con una reproducción muy pequeña de un cuadro: la Sinfonía en blanco nº 1: la chica de blanco. A mí de ese autor me gusta mucho este que sigue. Por la difamación de la serie que exhibió en la cual estaba este nocturno, el pintor ganó un juicio y una indemnización. Ingente: un céntimo. Cosas del arte y de las leyes.
El cuadro se titula, por cierto Nocturne: Blue and Gold - Old Battersea Bridge y es de James Whistler.
Dejo debajo sonando al señor de los nocturnos.


la belleza de la elegía

A los diez años, en uno de los bombardeos de la aviación fascista su madre, Julia Gay, se fue de cuajo. Quedaron él, dos varones menores y una hermana mayor. El padre era químico. Había perdido un hijo previamente. Un tipo al que la muerte le había sacudido ya una buena hostia. Luego se fue la mujer. A la asistenta, que se llamaba como su mujer, le cambió el nombre por el de Eulalia. Prohibió a los hijos decir mamá o Julia. El dolor.
José Agustín nació a un día del 14 de abril del 28. Se precipitó por la ventana de su domicilio el día del padre del 99, con 61 años. Si fue caída accidental o no, con todos los respetos para los dolientes, me parece una estupidez. Mucho duró.
Hoy volvió a caer en mis manos las Elegías para Julia Gay. Lo tengo fechado en 2003 en Murcia. Pero lo primero que este escribidor leyó de este señor fue esto que sigue en un metro de Barcelona allá por los principios de este siglo.

Como los trenes de la noche

Si alguna vez estás pensando:
no sé qué pasa tengo frío
desearía irme de aquí
es que el pájaro negro vuela
sobre tus horas y tu casa.
Podrás notar un aire alto
un alear de escalofrío
pero no debes asustarte
ni te ampares en otros brazos.
Atraviesa la soledad
como los trenes de la noche:
la luz que huye es más hermosa
cuando el ave la sobrevuela.
El viaje termina pronto
y después ya no ocurre nada.

A mí me ocurre con él, y supongo que no sólo a mí, que su manera de expresarse me parece tan bella, tan delicada, tan certera, que a veces la tristeza que le acompaña se ve acentuada y otras diluida. Creo que en realidad lo que me produce es un trance, un trance espiritual.
Los dos que siguen son los que han aparecido ante mis ojos al abrir hoy el libro. Los dejo con la numeración que en él aparecen.

XI. Un sitio entre las rosas

Arrebatada por el odio
disuelta en el dolor absoluto de las cosas
me dejaste una herencia de suspiros.

Como tú sufro por los días
que han de venir por los males que acechan
por los niños que claman su turno
en nuestra sangre.

Desde este lado se puede aún pensar
en lo que nos aguarda
en lo que por las noches se fragua
al margen de los sueños.

Es hermoso soñar como en un puente
de la vida a la sombra: sonreír
ser objeto de luchas enconadas...

Si amanecemos viejos comenzamos
el mundo una vez más. Con el jabón del alba
la máscara aparece.

Pero tú ya acabaste. Desde aquí mis deseos
te procuran un sitio entre las rosas.

No sé lo que será de mis deseos

XII. A ella y a ti os pregunto

Llora conmigo, hermano.
Era mujer y bella. No tenía
nieve sobre los años.

De ella de mí de todo
te separaron. Pero el tiempo
te ha devuelto a su abrazo.

A ella y a ti os pregunto
si es posible que todo lo que amé
sea sólo un engaño.

¿Sabéis que espero a veces
vuestra voz y que tengo
los oídos tapados?
¿Sabéis
que niego el pie de vuestros pasos?

Pero no importa. Vivo
sobre las ruinas. Amo.

Decidme sí decidme,
-aunque no pueda oírlo
aunque nunca lo crea -
que nada ha terminado.


José Agustín Goytisolo

clásicas tareas

Bicicletas: Inflar ruedas, limpiarlas, engrasarlas. Ajustar el freno trasero de la Zeus
Temarios para cursos: prepararlos y enviarlos.
Ordenador: limpiar, traspasar archivos, vaciar.
Camisas: lavar a mano, escurrir, tender cuidadosamente.
Llamadas pendientes, mensajes pendientes.

La vida trascurre en tardes de primavera. Hoy ha vuelto a hacer calor. La luz aguanta bastante. El azahar el viernes pasado ya olía en Murcia.

Paro y sigo.

Territorio para la clásica que andaba pendiente.





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Aquí hay un artículo muy bueno sobre Wagner de Peter Sellers: Perfecto y repugnante, lo titula. Más claro, agua.

déjame llorar

Un ejemplo superlativo de lo que el otro día colgué. Tan superlativo como aberrante.
Resulta curioso cómo lograron la voz del castrato.
Qué cosas ha hecho -y sigue- el ser humano para salir de su condición finita.

microrrelato existencial pasado por agua

Se montó en el coche, ajustó el cinturón sobre su cuerpo, arrancó y quitó el freno de mano. Entonces pensó que eso debía hacer con su vida.

Me llegó esta mañana. Lo firmaremos como MJMNE. Casi nada el lunes gris y lluvioso, principio primaveral.

cisnes que se mueren

Nunca había abordado, creo recordar, el mundo de la danza en este cuaderno ni en el anterior. Hoy va a ser el primer día. De momento nos vamos a estrenar con varias versiones de La muerte del cisne sobre la pieza musical de Camille Saint-Saëns, una más antigua y otra más reciente. Más adelante irán cayendo otras.
Parece ser que el parisino no publicó su Carnaval de los animales completo en vida y sólo dejaba representar Le Cygne. Accedió en 1905 a que Michel Fokine hiciera una coreografía sobre esa pieza para la Pávlova. Tuvieron que pasar diecisiete años hasta que la obra completa vio la luz. Me da que a Camille el Carnaval le parecía un divertimento menor. Así son los prodigios.

Siempre me ha llamado la atención la recurrencia al cisne en las artes, por otra parte.





la falta de inocencia de algunos martes

Mi felatriz idolatrada

Sí, es una depravación que te lama tu falo.
Sí, es un horror que mis principios quebrante.
Sí, es una guarrería que te chupe el meato.
Sí, es una incongruencia que por amor lo haga.
Sí, es una insalubridad que me trague tu esperma.
Sí, es una aberración que a tu sexo me incline.
Sí, es una debilidad que libre me someta.
Sí, es un sacrificio de saliva y de alma.
Sí, es una contradicción sofocarme de amor.
Sí, es un desatino que a tu vientre me pliegue.
Sí, es una inmoralidad que me coma tu sable.
Sí, es un disparate que mi boca sea coño.
Sí, es un gran pecado que incluso Dios condena
…por los siglos de los siglos.

Me gusta ser eterna para tu tiempo y tu celo.
Me gusta ser estrecha en mi nicho de senos.
Me gusta irrumpir con un dedo en tu ano.
Me gusta preceder tus ganas más perversas.
Me gusta babearte mientras tus bolos sobo.
Me gusta succionar inmóvil “à pleine bouche”.
Me gusta ser tu droga del mundo más inmundo.
Me gusta que mi culo sea cacho de tu cielo.
Me gusta que a mi cuerpo le dictes tu capricho.
Me gusta que mi lengua se cubra de pimienta.
Me gusta que en mi boca te cune mi adentro.
Me gusta que me plantes tu cuchillo en mi velo.
Me gusta provocar la explosión de tu zumo
… por los siglos de los siglos.

Me siento realzada cuando a tu sexo bajo.
Me veo deseada cuando tu daga enardezco.
Me juzgo disoluta por mi ritmo lascivo.
Me place que dirijas mi nuca con tus manos.
Me hago mariposa con tu músculo en fiebre.
Me encanta la impudicia de besarlo sin fin.
Me llena corromperme para atizar tu vicio.
Me priva encanallarme con tu flor en mi glotis.
Me chifla rebañar lo negro de tu pozo.
Me excita regularme por regla de tu éxtasis.
Me enloquece fumar con tu filtro de amor
…por los siglos de los siglos.

Tu mazo rezumando… ya tocas campanilla.
Mis labios le menean… ya vives en la gloria.
Envuelto por mi frote… ya visionas edenes.
Trenzado de caricias… ya sueñas imposibles.
Palpitando animal… ya vuelas al nirvana.
Por el cielo de boca… ya corres al misterio.
A mi cara penetras… ya cautivas la imagen.
En espera del éxtasis…ya lo pospones siempre.
Tu cola es lo primero… ya tiembla el universo.
Las lágrimas de gozo… ya llegan gota a gota.
Tu rocío de néctar… ya riega mi garganta.
Comulgamos unidos… a dos y para siempre
… por los siglos de los siglos.
Dice Fernando Arrabal en su blog al presentar este poema algo que me gusta mucho:
"El poeta se diría que sabe expresar la falta de inocencia. Esa gigantesca y monstruosa carencia (universal) que sentimos y de la que yo soy incapaz de dar cuenta".

Y la banda sonora de este martes ventoso, fresco de nuevo, limpio y abrumador.



De vez en cuando la vida
nos besa en la boca
y a colores se despliega
como un atlas,
nos pasea por las calles
en volandas,
y nos sentimos en buenas manos;
se hace de nuestra medida,
toma nuestro paso
y saca un conejo de la vieja chistera
y uno es feliz como un niño
cuando sale de la escuela.

De vez en cuando la vida
toma conmigo café
y está tan bonita que
da gusto verla.
Se suelta el pelo y me invita
a salir con ella a escena.

De vez en cuando la vida
se nos brinda en cueros
y nos regala un sueño
tan escurridizo
que hay que andarlo de puntillas
por no romper el hechizo.

De vez en cuando la vida
afina con el pincel:
se nos eriza la piel
y faltan palabras
para nombrar lo que ofrece
a los que saben usarla.

De vez en cuando la vida
nos gasta una broma
y nos despertamos
sin saber qué pasa,
chupando un palo sentados
sobre una calabaza.



tesoros y diablos

No me gustan las canciones que pretenden desentrañar los misterios filosóficos del mundo, sino aquellas que sirven para que dos personas sencillas se abracen y bailen y sueñen y celebren la vida... Porque la vida es un tesoro y el mundo, un diablo, que lo manipulan y lo envenenan. Por eso somos tan felices cuando alejamos nuestras vidas del mundo, y nos encerramos en la soledad, en el amor, en la poesía, en la música... 

Mauricio suelta por su boca una enciclopedia de perlas, una tras otra. La entrevista completa está aquí, y una biografía de este personaje sin par, aquí.
Y, una última cosa, la palabra que desconocía hasta ahora, es esta:

sinecura.


(Del lat. sine cura, sin cuidado).


1. f. Empleo o cargo retribuido que ocasiona poco o ningún trabajo.

Eudoxia y la cuestión de la representación

Hace casi cinco años de la última vez que publiqué algo de Las ciudades... El martes el libro se vino hacia mí. Me lo regaló en febrero de 2008. Nunca conseguí que me hiciera una visita en Alicante. Mi querida y añorada más.

Las ciudades y el cielo. 1

En Eudoxia, que se extiende hacia arriba y hacia abajo, con callejas tortuosas, escaleras, callejones sin salida, chabolas, se conserva un tapiz en el que puedes contemplar la verdadera forma de la ciudad. A primera vista nada parece semejar menos a Eudoxia que el dibujo del tapiz, ordenado en figuras simétricas que repiten sus motivos a lo largo de líneas rectas y circulares, entretejido de hebras de colores esplendorosos, cuyas tramas alternadas puedes seguir a lo largo de toda la urdimbre. Pero si te detienes a observarlo con atención, te convences de que a cada lugar del tapiz corresponde un lugar en la ciudad y que todas las cosas contenidas en la ciudad están comprendidas en el dibujo, dispuestas según sus verdaderas relaciones que escapan a tu ojo distraído por el trajín, la pululación, el gentío. Toda la confusión de Eudoxia, los rebuznos de los mulos, las manchas del negro humo, el olor del pescado, es lo que aparece en la perspectiva parcial que tú percibes; pero el tapiz prueba que hay un punto desde el cual la ciudad muestra sus verdaderas proporciones, el esquema geométrico implícito en cada uno de sus más mínimos detalles.
Perderse en Eudoxia es fácil, pero cuando te concentras en mirar el tapiz, reconoces la calle que buscabas en un hilo carmesí o índigo o amaranto que dando una larga vuelta te hace entrar en un recinto de color púrpura que es tu verdadero punto de llegada. Todo habitante de Eudoxia compara con el orden inmóvil del tapiz una imagen de la ciudad, una angustia que son suyas y cada uno puede encontrar escondida entre los arabescos una respuesta, el relato de su vida, las vueltas del destino.
Sobre la relación misteriosa de dos objetos tan diferentes como el tapiz y la ciudad se interrogó a un oráculo. Uno de los dos objetos –fue la respuesta- tiene la forma que los dioses dieron al cielo estrellado y a las órbitas en que giran los mundos; el otro no es más que su reflejo aproximado, como toda obra humana.
Los augures estaban seguros desde hacía tiempo de que el armónico diseño del tapiz era de factura divina; en este sentido se interpretó el oráculo, sin suscitar controversias. Pero tú puedes del mismo modo extraer la conclusión opuesta: que el verdadero mapa del universo es la ciudad de Eudoxia tal como es, una mancha que se extiende sin forma, con calles todas en zigzag, casas que se derrumban una sobre otra en una nube de polvo, incendios, gritos en la oscuridad.

Las ciudades invisibles . Italo Calvino. Traducción de Aurora Bernárdez.


A Eudossia, che si estende in alto e in basso, con vicoli tortuosi, scale, angiporti, catapecchie, si conserva un tappeto in cui puoi contemplare la vera forma della città. A prima vista nulla sembra assomigliare meno a Eudossia che il disegno del tappeto , ordinato in figure simmetriche che ripetono i loro motivi lungo linee rette e circolari, intessuto di gugliate dai colori splendenti, l'alternarsi delle cui trame puoi seguire lungo tutto l'ordito. Ma se ti fermi a osservarlo con attenzione, ti persuadi che a ogni luogo del tappeto corrisponde un luogo della città e che tutte le cose contenute nella città sono comprese nel disegno, disposte secondo i loro veri rapporti, quali sfuggono al tuo occhio distratto dall'andirivieni dal brulichio dal pigia-pigia. Tutta la confusione di Eudossia, i ragli dei muli, le macchie di nerofumo, l'odore di pesce, è quanto appare nella prospettiva parziale che tu cogli; ma il tappeto prova che c'è un punto dal quale la città mostra le sue vere proporzioni, lo schema geometrico implicito in ogni suo minimo dettaglio.
Perdersi ad Eudossia è facile: ma quando ti concentri a fissare il tappeto riconosci la strada che cercavi in un filo cremisi o indaco o amaranto che attraverso un lungo giro ti fa entrare in un recinto color porpora che è il tuo vero punto d'arrivo. Ogni abitante di Eudossia confronta all'ordine immobile del tappeto una sua immagine della città , una sua angoscia, e ognuno può trovare nascosta tra gli arabeschi una risposta, il racconto della sua vita, le svolte del destino.
Sul rapporto misterioso di due oggetti così diversi come il tappeto e la città fu interrogato un oracolo. Uno dei due oggetti,- fu il responso -, ha la forma che gli dei diedero al cielo stellato e alle orbite su cui ruotano i mondi; l'altro ne è un approssimativo riflesso, come ogni opera umana.
Gli àuguri già da tempo erano certi che l'armonico disegno del tappeto fosse di fattura divina; in questo senso fu interpretato l'oracolo, senza dar luogo a controversie. Ma allo stesso modo tu puoi trarne la conclusione opposta : che la vera mappa dell'universo sia la città d 'Eudossia così com'è, una macchia che dilaga senza forma, con vie tutte a zig-zag, case che franano una sull'altra nel polverone, incendi, urla nel buio.


Le città e il cielo. 1. Le città invisibili. Italo Calvino

Jerry feeling lonely in N.Y.

Tom, get your plane right on time.
I know your part'll go fine.
Fly down to Mexico.
Da-n-da-da-n-da-n-da-da and here I am,
The only living boy in New York.

I get the news I need on the weather report.
I can gather all the news I need on the weather report.
Hey, I've got nothing to do today but smile.
Da-n-do-da-n-do-da-n-do here I am,
The only living boy in New York.
Half of the time we're gone but we don't know where,
And we don't know where.

Tom, get your plane right on time.
I know that you've been eager to fly now.
Hey let your honesty shine, shine, shine
Da-n-da-da-n-da-n-da-da
Like it shines on me.
The only living boy in New York,
The only living boy in New York.

Acerca de la historia de la canción y su significado, aquí queda bastante claro. También sobre los ecos y las reverberaciones. Que EBTG la versionen no hace sino confirmar de qué fuentes beben.




desiertos y lagartos en el cielo

El otro día escribía donde las bicis que la memoria es terrible. Llevo varios días con America y sus dos temas emblemáticos en la cabeza, y sin recordar con certeza si los había colgado ya en el cuaderno. hice la búsqueda a través del todo poderoso google y el resultado fue nulo, pero no quedé satisfecho. Hoy, noche toledana de por medio, me ha venido a la cabeza que sí, que los lizards estaban ya puestos. Y efectivamente, en junio de 2012. He suprimido aquella entrada y la he ampliado.

Chewing on a piece of grass
Walking down the road
Tell me, how long you gonna stay here Joe?
Some people say this town don't look
Good in snow
You don't care, I know

Ventura Highway in the sunshine
Where the days are longer
The nights are stronger
Than moonshine
You're gonna go I know

'Cause the free wind is blowin' through
Your hair
And the days surround your daylight
There
Seasons crying no despair
Alligator lizards in the air

Wishin' on a falling star
Waitin' for the early train
Sorry boy, but I've been hit by
Purple rain
Aw, come on Joe, you can always
Change your name
Thanks a lot son, just the same

Ventura Highway in the sunshine
Where the days are longer
The nights are stronger
Than moonshine
You're gonna go I know

'Cause the free wind is blowin' through
Your hair
And the days surround you daylight
There
Seasons crying no despair
Alligator lizards in the air
 






Para la letra de este tema y su significado, mejor echarle un vistazo a esto y a esto otro.

Brian´s second miracle after that one with 23

Ver sonreír a Brian es creer en la bondad o en la belleza o en los milagros o en la esperanza o en todo junto. Por encima de sus pequeños ojos tristes y su ceño fruncido asoma el niño divirtiéndose con su mejor juguete: la música.
Lleva una banda magnífica y joven, que es lo que él es. Y de la corista ni hablamos.
He was twenty three...