Este viernes pasado, 19 de junio. Comenzaban las Hogueras en Alicante y nosotros nos metimos en un pub en pleno casco antiguo, el Tapoa,frente a un concierto de rap, a presentar un libro de poesía y pintura. Algo insólito, la verdad. Como lo que allí ocurrió.
el lector que quedó en el limbo entre el eros y el tánatos
Era 2008 cuando se estrenó y en la producción andaban Anthony y Sidney, que no la llegaron a ver en las salas.
Ralph tendría unos 45 y Kate unos 32. Son dos de mis actores preferidos, aunque me gusta más cómo ha evolucionado y se ha mantenido él que ella. De él me gustan mucho sus movimientos, su tempo, su silencio, su voz, su inexpresividad expresiva, su circunspección. Con Kate tengo la sensación de meter en un continente inglés a un contenido italiano del sur.
En The reader no todo funciona bien; de hecho, la apuesta es tan ambiciosa que se descose por varias costuras. Pero eso no me impide disfrutarla, embelesarme con las actuaciones -no sólo las de los arriba citados-, detenerme en la belleza de la recreación del Berlín postbélico o en la turbación de una relación desigual entre un adolescente y una mujer bella y enigmática.
Me gusta haber llegado a ese punto en el que no le exijo a una película que me apabulle y, no por ello, dejo de percibir sus fallas. Sus fallas no me impiden disfrutar de sus aciertos, diría.
Hablaba de la ambición de la película y de cómo acaba volviéndose en su contra. Hoy pasé todo el día con sus dilemas morales flotando sobre mi cabeza. El profesor de Derecho, el adolescente, la mujer, el tribunal, la hija del protagonista, el padre y la madre, la niña judía superviviente, la responsable de la cárcel de mujeres... todos tienen sobre sus cabezas una buena colección de balanzas y conflictos. También me gusta que no haya moralina ni enjuiciamiento, que se muestre al ser humano en su abyección y en su esplendor.
The reader también tiene bicicletas y, aunque me gustaría abordarlas con tranquilidad otro día en su lugar adecuado, de momento dejo aquí un botón de muestra:

Hace mucho que no escribía sobre cine. Hay tantas cosas sobre las que escribir y tan poco tiempo. Hoy lo hago mientras, de nuevo, vuelvo a ver desaparecer la luz en torno a las 22 horas. Quedan los focos sobre el césped artificial y los gritos del entrenador de lejos.
el gas y el caos
Aseando
el cuaderno, el otro día me di cuenta que sobre la definición de gases no había
nada. Y vale que sena comprensibles, pero algo más tendrán. La de la RAE es
exigua, y nada viene a decir acerca de su compresibilidad, ni de su capacidad
de adaptación al recipiente que los contiene. Sin embargo, he de reconocer mi
desconocimiento hasta hoy sobre la etimología del asunto, que me ha parecido
interesantísima.
El tal J. B., o sea, Jan Baptist, está considerado el fundador de la química neumática, antigua pneumática -se cayo la pe con el tiempo-. Su biografía es preciosa, como suele ocurrir. También flirteó con la iatroquímica, ese farmacología embrionaría.
Domingo. Acabando lo poco que de luz queda. Hoy no ha habido crónica en el dominical de El pajarito. La mata, que dicen en algunos lugares, no daba pá más.
(Palabra inventada por el científico flamenco J. B.
van Helmont en el siglo XVII, sobre el lat. chaos).
1. m. Fluido que tiende a expandirse
indefinidamente y que se caracteriza por su pequeña densidad, como el aire
neumático, ca.
neumática.
(De neumático).
caos.
3. m. Fís. y Mat. Comportamiento aparentemente errático e impredecible de algunos sistemas dinámicos, aunque su formulación matemática sea en principio determinista.
aquel club de jazz
Con veinticinco años entró con los santones de la vanguardia, los que acompañaban al totémico Miles en sus discos más experimentales. Parece feliz en lo vídeos cantando preciosamente. Me gusta recordarlo así, anteponer su imagen de niño que disfruta con su juguete antes de que sus neuronas se lo llevaran por delante.
Segundo lustro de los setenta. No dejo de preguntarme qué legado estamos produciendo desde hace ya un tiempo a esta parte. O estoy ciego, que es posible, or the waste land.
en modo alguno empece al derecho de la perjudicada
empecer.
(Del lat. *impediscĕre, de impedīre, impedir).
1. tr. desus. Dañar, ofender,
causar perjuicio.
obstar.
(Del lat. obstāre).
1. intr. Impedir, estorbar,
hacer contradicción y repugnancia.
2. intr. Dicho de una cosa:
Oponerse o ser contraria a otra.
last chance, Andrea
No vi el partido de este sábado pasado. Al día siguiente leí mucho sobre él y vi resúmenes. Me quedo con esta foto que apareció en El país. Me recuerda a "last chance, Marie..."
La vida también está compuesta de últimas oportunidades que se pierden.
La vida también está compuesta de últimas oportunidades que se pierden.
Pensaba, viendo los vídeos de este hombre sobre el campo, que me recordaba a Magic, a Larry Bird, a los pasadores elegantes, a los héroes románticos reclamando una forma de vivir el fútbol distinta -¿sólo el fútbol?-. Dos horas después de colgar esta entrada he encontrado estas declaraciones suyas:
“Soy un gitano errante sobre el campo. Un centrocampista buscando continuamente un espacio libre donde me pueda mover a mis anchas […] Lo único que quiero son un par de metros cuadrados para ser yo mismo. Un espacio para profesar mi credo: coger la pelota, dársela a un compañero y que el compañero marque. Se llama asistencia de gol y es mi manera de propagar la felicidad”.
Sugerencia: vean sus vídeos. Verán a un base de baloncesto sobre un campo de fútbol. Un base de los de antes.
gritando
Edvard pintó El grito cuatro veces. También hizo varias litografías con el mismo asunto; una de ellas es la que hoy aporto. Eduardito tenía el sistema nervioso más pallá que pacá y una sensibilidad y una capacidad de lectura de los subtextos existenciales fuera de lo común. Total, que se bebía el agua de los floreros. Lo de siempre, vamos.
Hoy me he ido a él de la mano del tema de Santi Balmes, uno de los temas que en los últimos tiempos más me ha llegado. Tristeza y nostalgia, belleza y complicidad son algunas de las cosas que me produce. No sólo a mí, me da. Escuchen a la gente cantar.
¿A que no sabes donde he vuelto hoy?
Donde solíamos gritar
diez años antes de este ahora sin edad,
aún vive el monstruo y aún no hay paz.
Y en los bancos que escribimos
medio a oscuras, sin pensar,
todos los versos de "Heroes"
con las faltas de un chaval, aún están.
Y aún hoy,
se escapa a mi control,
problema y solución,
y es que el grito siempre acecha,
es la respuesta.
Y aún hoy,
sólo el grito y la ficción
consiguen apagar
las luces de mi negra alerta.
Tengo un cuchillo y es de plástico
donde solía haber metal,
y el libro extraño que te echó de párvulos,
sus hojas tuve que incendiar.
Y en los hierros que separan
la caída más brutal
siguen las dos iniciales
que escribimos con compás,
ahí están.
Vertical y transversal,
soy grito y soy cristal,
justo el punto medio,
el que tanto odiabas
cuando tú me repetías que
té hundirá y me hundirá,
y solamente el grito nos servirá,
decías "es fácil" y solías empezar.
Y es que el grito siempre vuelve
y con nosotros morirá,
frío y breve como un verso,
escrito en lengua animal.
¡Y siempre está!
Te hundirá y me hundirá
y solamente el grito nos servirá
y ahora no es fácil,
tú solías empezar.
Vertical y transversal,
soy grito y soy cristal,
justo el punto medio,
el que tanto odiabas
cuando tú me provocabas aullar.
Y ya está, ya hay paz,
oh, ya hay paz.
Y ya está, ya hay paz,
oh, ya hay paz.
¿Por qué gritaba?
Lo sé y tú no,
no preguntabas,
tú nunca, no.
in other words, Bart
La canadiense, aunque venida de Marte, da una vuelta de tuerca más:
Y el excedentario Joey hace lo suyo, es decir, exceder hasta casi los seis minutos, que bien podrían haber sido veintinueve, porque cuando él entra en acción uno tiene la sensación de que las cosas se van a llevar hasta donde su intestino le diga:
Hoy no pongo la letra, que ya la puse en el anterior cuaderno.
Hay mucha luz y cerca de 30ºC atenuados por el ligero viento.
Hay mucha luz y cerca de 30ºC atenuados por el ligero viento.
desmaquillaje bis
Llamar a las cosas por su nombre. Hacerlo con clase y con conocimiento
de causa. Sin aspavientos y sin medias tintas; con honestidad y con arrojo.
Podría empezar exactamente como lo hice en la anterior entrada porque,
misteriosamente, ¡ja!, llevo días recibiendo señales del hiperespacio que
indican lo mismo en distintos códigos. Lo mismo.
Estrené correo para este cuaderno hace unos días: losgasessoncomprensiblesarrobagemailpuntocom; lo puse en el perfil del escribiente. Por si alguien no entiende lo que digo o discrepa o lo que sea
y quiere comunicar.
Gases. Hiperespacio. Cronos.
Pregunta, en negrita, el maravilloso y privilegiado Íñigo Domínguez. Responde su excelentísima señoría, don Dino Meneghin:
A ti se te revuelven las tripas cuando ves ahora a los jugadores llegar cada uno con sus auriculares oyendo música.
Es insoportable. Porque no hay relación entre ellos. Antes había un núcleo fuerte de italianos, diez jugadores, y dos extranjeros que entraban en el grupo y en nuestra cultura. Y se quedaban dos, tres, cuatro años. Ahora hay gente de todos los países y a veces están solo un año, o seis meses. Son profesionales, pero cada uno que llega intenta llevar el agua a su molino, tirar más, ir a lo suyo, y no hay tiempo de instaurar relaciones. Hay respeto o estima, pero no amistad. En los vestuarios solo se habla en inglés, mientras en el fútbol se sigue hablando italiano y el que llega intenta aprenderlo, también para integrarse en la ciudad. Entonces ahí los tienes: llegan al campo cada uno en su mundo, con los cascos, y no hablan entre ellos. Cuando estaba en la directiva de la selección me cabreaba como una hiena cuando los jugadores bajaban a desayunar con los cascos y ni saludaban. Entonces los paraba a todos un momento y les explicaba un mínimo de reglas, de educación si quieres. No ves a nadie leer un libro, todos con el móvil, la música, hablando con la novia…
Si amas el deporte, en parte, es porque te recuerda tu infancia, cuando era un juego con los amigos. Pero a un cierto nivel parece que el deporte ya no es divertirse con los amigos.
Porque ya es un trabajo, y cada vez lo es más: si tú juegas diez minutos y yo cinco mi agente se cabrea, porque en la próxima negociación, si has jugado poco, ya no vales diez, sino cuatro. El agente se cabrea con el entrenador, nacen los celos entre jugadores… Antes solo tenían agente los americanos. Yo siempre he tratado personalmente mis contratos. El mundo ha cambiado mucho.
La entrevista completa, larga, profunda, divertida, a calzón quitao, como debe ser, está aquí.
desmaquillaje
Llamar
a las cosas por su nombre. Hacerlo con clase y con conocimiento de causa. Sin
aspavientos y sin medias tintas; con honestidad y con arrojo.
Estos
últimos días he leído con asombro y alegría este artículo de un investigador
español exiliado -imagino que no por ánimo viajero-, Juan Francisco Abenza, y este otro de Guillermo Solana, director
artístico del Museo Thyssen-Bornemisza desde hace diez años. Los publico en la
misma entrada porque se me antoja que están cosidos con el mismo hilo y, casi
diría, la misma aguja.
Ustedes mismos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

