dos abordamientos

Volví a él. Encantado.



El caso de Miles es antitético con el anterior. Viéndolo soplar me pregunto si es águila o tiburón blanco. Parte más alta de la pirámide alimentaria no hay, eso sí.




hiperestesia

De hiper- y un der. del gr. αἴσθησις aísthēsis 'sensibilidad'.
1. f. Med. Sensibilidad excesiva y dolorosa.

una añoranza de frío y dos caras

No había vencido la luz a la noche y ya estaba en mí. Habían bajado las temperaturas y me despertó el frío. Añoré el frío de otros lugares, más seco, más despoblados o multitudinarios, más agujas en la tez. 



Hoy no quiero estar lejos de la casa y el árbol
Hoy quisiera estrechar mi ciudad sumergida
Boca de los corales, alma de las esponjas
Dureza de las piedras que se encuentran a veces
Ojos de las estrellas de mar y los peces
Hoy te quiero cantar más allá
Más allá de donde ha de llegar la canción
¿Cómo voy a cambiarle el color a una ola?
¿Qué se puede querer, si todo es horizonte?
¿Qué le voy a enseñar a la suma del viento?
¿Qué le puedo objetar a una noche estrellada
Con mi vela amarilla y mi proa emparchada?
Hoy te quiero cantar más allá
Más allá de donde ha de llegar la canción
Hoy no quiero estar lejos de la casa y el árbol
Cada rizo del suelo es un sueño contado
Algo como un recuerdo, una imagen, un beso
Y en la espalda del día se queda ese algo
Hoy no quiero estar lejos de la casa y el árbol
Hoy te quiero cantar más allá
Más allá de donde ha de llegar la canción.



Añadí una manta y repasé la facciones que me había llevado a la cama antes del sueño. Uno de mis personajes favoritos en mucho tiempo:



Y la belleza rara, la sensualidad porosa  y elegante, el barniz melancólico:




A quien uno admira, los errores, las faltas que no llegan a delitos es fácil considerárselos como agravios. La admiración es lo que tiene, que es hiperbólica. A mí me sucede en esta película con él, director y guionista. La música que acompaña, como siempre, licuefactora:

mientras por fin algo llueve

arcángel.

(Del lat. archangĕlus, y este del gr. ἀρχάγγελος).

1. m. Rel. Espíritu bienaventurado, de orden medio entre los ángeles y los principados.

cartas de paz y de guerra

cartapacio

De or. inc., quizá del b. lat. chartapacium 'carta de paz'.
1. m. Cuaderno para escribir o tomar apuntes.
2. m. Funda de badana, hule, cartón u otra materia adecuada, en
que los muchachos que van a la escuela meten sus libros y
papeles.
3. m. Conjunto de papeles contenidos en una carpeta.
razón de cartapacio
1. f. coloq. razón que se da estudiada y de memoria sin venir al
caso.

libelo
Del lat. libellus 'librillo', 'escrito breve'.
1. m. Escrito en que se denigra o infama a alguien o algo.
2. m. desus. Libro pequeño.
libelo de repudio
1. m. Escritura con que el marido antiguamente repudiaba a la
mujer y disolvía el matrimonio.
libelo infamatorio
1. m. libelo (‖ escrito en que se denigra).
dar libelo de repudio a algo
1. loc. verb. desechar (‖ no admitir).

Roy Batty al alba

Mi infancia es un recuerdo de alboradas. Ayer me llegó la Albada de Jaime. Hacía mucho que no caía en ella. Como casi siempre en él, lo que es no es sólo lo que se ve. Jaime mamó siempre del clasicismo para dejar una obra moderna, actual, con una longevidad en su contemporaneidad insólita. Si alguien quiere más fondo además del que presenta en una primera lectura, aquí tiene para bucear.

albada1
Del lat. albāta, de albāre 'blanquear'.
1. f. alborada (‖ composición poética o musical).
2. f. Hues. alborada (‖ música al amanecer y al aire libre).

alborada

De albor 'luz del alba'.
1. f. Tiempo de amanecer o rayar el día.
2. f. Música al amanecer y al aire libre para festejar a alguien.
3. f. Composición poética o musical destinada a cantar la mañana.
4. f. Acción de guerra al amanecer.
5. f. Toque o música militar al romper el alba, para avisar la
venida del día.

Albada

Despiértate. La cama está más fría
y las sábanas sucias en el suelo.
Por los montantes de la galería
              llega el amanecer,
con su color de abrigo de entretiempo
              y liga de mujer.

Despiértate pensando vagamente
que el portero de noche os ha llamado.
Y escucha en el silencio: sucediéndose
hacia lo lejos, se oyen enronquecer
los tranvías que llevan al trabajo.
               Es el amanecer.

Irán amontonándose las flores
cortadas, en los puestos de las Ramblas,
y silbarán los pájaros -cabrones-
desde los plátanos, mientras que ven volver
la negra humanidad que va a la cama
               después de amanecer.

Acuérdate del cuarto en que has dormido.
Entierra la cabeza en las almohadas,
sintiendo aún la irritación y el frío
               que da el amanecer
junto al cuerpo que tanto nos gustaba
               en la noche de ayer,

y piensa en que debieses levantarte.
Piensa en la casa todavía oscura
donde entrarás para cambiar de traje,
y en la oficina, con sueño que vencer,
y en muchas otras cosas que se anuncian
                desde el amanecer.

Aunque a tu lado escuches el susurro
de otra respiración. Aunque tú busques
el poco de calor entre sus muslos
medio dormido, que empieza a estremecer.
Aunque el amor no deje de ser dulce
                 hecho al amanecer.

-Junto al cuerpo que anoche me gustaba
tanto desnudo, déjame que encienda
la luz para besarte cara a cara,
                 en el amanecer.
Porque conozco el día que me espera,
                 y no por el placer.

Jaime Gil de Biedma

Otras pista. De aquí, esto que sigue:
En el poema Albada el poeta nos dibuja un despertar asediado por la cotidianeidad. Los sentimientos del sujeto amoroso oscilan entre todo aquello que le produce el alba: despertar triste, alegre, despertar lleno de ternura, deseo y de resignación. Nos canta una mañana que está llena de deleite y dulzura al tener la compañía del cuerpo deseado, pero que también puede ser insoportable por los agoreros olores a cotidianeidad.
(...)
Para el poeta, el día significa encontrarse, al despertar, asediado por las inquietudes de su pasión. Sus desdichas se presentan ante su pensamiento. El día lo conduce inminentemente al espacio de la realidad, como el primer animal visible de lo invisible, mientras que la noche lo devuelve al espacio del deseo en el que se instala apaciblemente; creando un estado de afectividad en el que el poeta se refugia. El azar se siente de noche quebrantando todas las leyes, entre ellas, las del deseo. Sin embargo, el día es demasiado previsible para el poeta; es el monótono mundo de los tranvías que llevan al trabajo. El día es amenazante para el poeta porque implica el desvelo amoroso, el desprendimiento del cuerpo amado. En Albada, el amor ha sido un paréntesis en la cotidianeidad. He aquí el supuesto del tedio baudelaireano: ante un hambre sin satisfacción y un deseo boquiabierto el amor se nos presenta como lo necesario para luchar contra el tedio de la vida.