definición por negación

No sobreviviré en la facilidad.
ni en el agua viciada de las bodas,
esa que de reposar y del humo
está seca, está vencida.
No sobreviviré y es objetivo el punto,
cada cual que maneje sus variables y probables
fallas de ser o de vida.
Yo no duraré-no hagáis drama
de lo que ya sabíamos.


arquitecturas uno

no nací en Madrid. Madrid, cintura dentro
de circunvalación, Madrid capital de madres,
lugar a donde van a morir las provincias, los domingos
y las visitas.

Madrid es mi oteaje cada vez,
desde el cruce de fuencarral yo voy llegando y ardiendo,
a la urbe vamos a arder, decían.

madrid es mi ciudad perseguida sin un mapa, con el salmo
de la niña, la chica, la resabiada:
hostilidad, excitación, excitación, excitación.

Todo por si pensabas que yo (era de la capital)
Yo no soy más que mi deseo.

María Salgado

mantón de manila

De Madrid al cielo
 
De pronto, 
las felicidades sensoriales pueden ser absolutas, 
habrá brisa -seguro-, 
no seremos por siempre condenados, 
descubrirán la droga contra el cáncer 
y de Madrid al cielo, 
con vestido chinés.


Juan Gacia Hortelano.


la languidez

La languidez de la juventud, única y quintaesenciada... ¡Qué pronto se pierde para siempre! Todos los demás atributos tra­dicionales de la juventud: el entusiasmo, los afectos generosos, las ilusiones, la desesperación -todos menos ése-, aparecen y desaparecen a lo largo de la vida. Forman parte de la vida misma. Pero la languidez, la relajación de los músculos todavía no agotados, la mente que busca la soledad y se entrega a la introspección, sólo pertenecen a la juventud y con ella mueren. Es posible que en las mansiones del Limbo los héroes disfruten compensaciones semejantes por haber perdido la Visión Beatí­fica; también es posible que dicha Visión tenga cierta afinidad remota con esa experiencia terrenal. Yo, por mi parte, creí estar muy cerca del Paraíso durante aquellos lánguidos días que pasé en Brideshead.

-¿Por qué le llaman «castillo» a esta casa?
-Es lo que era hasta que lo trasladaron.
-¿Qué estás diciendo?
-Pues eso. Teníamos un castillo a una milla de aquí, allí abajo, cerca del pueblo. Después nos encaprichamos con el valle, desmontaron el castillo, trajeron las piedras hasta aquí arriba y edificaron una casa nueva. Me alegro de que lo hicieran, ¿y tú?
-Si fuera mía nunca viviría en otra parte.
-Eso es lo malo, Charles, que no es mía. Ahora mismo sí lo es, pero normalmente está llena de bestias rapaces. ¡Ojalá fuera siempre como ahora...! Siempre verano, siempre sin gente, la fruta siempre madura, y Aloysius de buen humor...
Es así como me gusta recordar a Sebastian, tal como era aquel verano, cuando vagábamos a solas por aquel palacio encantado: Sebastian bajando a toda velocidad en su silla de ruedas por los senderos del huerto, bordeados de boj, a la búsqueda de fresas alpinas e higos calientes, o impulsándose a través de los invernaderos, de un perfume a otro, de un clima a otro, para cortar un racimo de uvas moscatel o elegir una orquí­dea para nuestro ojal. Sebastian exagerando cómicamente las dificultades, mientras iba cojeando hasta las antiguas habitaciones de los niños, donde nos sentábamos uno al lado del otro sobre la raída alfombra floreada, con el contenido del armario de juguetes desparramado a nuestro alrededor y Nanny Hawkins bordando plácidamente en un rincón diciendo: «Sois tal para cual; un par de niños. ¿Es eso lo que os enseñan en la universidad?».
Sebastian tendido al sol, de espaldas sobre un banco del patio de columnas mientras que yo, acomodado en una silla dura, me esforzaba por dibujar la fuente.
-¿La cúpula también es de Iñigo Jones? Parece posterior.
-¡Oh, Charles, no seas tan turista! ¿Qué importa cuándo se hizo, si es bonita?
-A mí me interesan esas cosas.
-Pues es una lástima; pensaba que ya te habías curado de todo eso... Ese señor Collins... la culpa es suya.
Vivir entre aquellas paredes constituía una excelente educa­ción estética: vagar de una habitación a otra, de la biblioteca de estilo Soane al salón chino, deslumbrante con sus pagodas do­radas y sus afables mandarines, su papel pintado y sus adornos Chippendale en relieve; ir desde el saloncito pompeyano a la inmensa sala de paredes cubiertas de tapices que se conservaba en el mismo estado que doscientos cincuenta años atrás; sentar­nos hora tras hora a la sombra, contemplando la terraza.

The languor of Youth - how unique and quintessential it is! How quickly, how irrecoverably, lost! The zest, the generous affections, the illusions, the despair, all the traditional attributes of Youth - all save this - come and go with us through life. These things are a part of life itself; but languor - the relaxation of yet unwearied sinews, the mind sequestered and self-regarding that belongs to Youth alone and dies with it.  Perhaps in the mansions of Limbo the heroes enjoy some such compensation for their loss of the Beatific Vision; perhaps the Beatific Vision itself has some remote kinship with this lowly experience; I, at any rate, believed myself very near heaven, during those languid days at Brideshead.

‘Why is this house called a “Castle”?’

‘It used to be one until they moved it.’

‘What can you mean?’

‘Just that. We had a castle a mile away, down by the village. Then we took a fancy to the valley and. pulled the castle down, carted the stones up here, and built a new house.  I’m glad they did, aren’t you?’

‘If it was mine I’d never live anywhere else.’

‘But you sec. Charles, it isn’t mine. Just at the moment it is, but usually it’s full of ravening beasts. If it could only be like this always - always summer, always alone, the fruit always ripe, and Aloysius in a good temper...’

It is thus I like to remember Sebastian, as he was that summer, when we wandered alone together through that enchanted palace; Sebastian in his wheel chair spinning down the box-edged walks of the kitchen gardens in search of alpine strawberries and warm figs, propelling himself through the succession of hothouses, from scent to scent and climate to climate, to cut the muscat grapes and choose orchids for our button-holes; Sebastian hobbling with a pantomime of difficulty to the old nurseries, sitting beside me on the threadbare, flowered carpet with the toy-cupboard empty about us and Nanny Hawkins stitching complacently in the comer, saying, ‘You’re one as bad as the other; a pair of children the two of you. Is that what they teach you at College?’ Sebastian supine on the sunny seat in the colonnade, as he was now, and I in a hard chair beside him, trying to draw the fountain.

‘Is the dome by Inigo Jones, too? It looks later.’

‘Oh, Charles, don’t be such a tourist. What does it matter when it was built if it’s pretty?’

‘It’s the sort of thing I like to know.’

‘Oh dear, I thought I’d cured you of all that - the terrible Mr Collins.’ It was an aesthetic education to live within those walls, to wander from room to room, from the Soanesque library to the Chinese drawing, adazzle with gilt pagodas and nodding mandarins, painted paper and Chippendale fretwork, from the Pompeian parlour to the great tapestry-hung hall which stood unchanged, as it had been designed two hundred and fifty years before; to sit, hour after hour, in the shade looking out on the terrace.

Brideshead revisited, Chapter 4.
Evelyn Waugh. Traducción de Caroline Phipps.

los papás de Kiko

Tiene dos entradas
para el estreno esta noche
en el Teatro Nacional.
Ponen una obra,
una que a Federico
no le dejaron estrenar.
Vé tú que puedes,
no te pierdas la oportunidad,
yo tengo guardia esta noche,

deja a los niños con tu mamá.
Y ella vuelve pronto y sola,
no sabe qué hacer sin él,
él no sabe qué hacer con el cuerpo,
viven en la casa cuartel.
Y sólo quiere
irse muy lejos,
cogerla de la mano
y salir corriendo.

Cerca de Rosas,
donde primero alumbra el sol,
el faro se mueve frío,
Dalí le daba conversación.

Hoy he visto...
hoy he visto en la playa
la espina de un pez rosado.
Y una cuerda rota,
ay, si pudieras ver
sus hilos dorados.

Y sólo quiere...

el vino, el sueño y la muerte

Nocturne

Veillerons-nous ce soir ?
La lune est haute ;
Toutes les palmes de la nuit calme,
Voluptueuses, flottent,
Pour un épithalame...
Et l'air prie bas entre les feuilles noires ;
Une eau sanglote ;
On pourrait voir,
A travers le ciel résillé d'étoiles fines,
L'ombre de Dieu et Dieu qui se devine.

Serait-ce un sacrilège ?
La nuit est-elle à nous, spectres du jour,
Avec la honte au coeur des haines et des amours
Et tout ce poids d'humilié que rien n'allège ?
—Oh! dormons— clos les yeux : nos coeurs sont sourds,
Nos yeux aveugles et las ;

Et l'oeuvre de nos bras
Est telle qu'au jour suffit sa peine, à peine;
Et l'oeuvre de la veille
Ne nous vaut pas un lendemain où prendre haleine :
À chaque soir le vieux sommeil
Voici la longue nuit des songes
Dont le jour, trois fois bas, s'affuble et se prolonge
—Le rêve veille et peine
Près de nos corps inertes qui s'allongent
Mimant le beau jour las qui dort le front au coude—
Puis c'est l'aube, encore d'angoisse ! et telle
Qu'il semble que toute l'âme saigne, goutte à goutte,
Au néant, s'y dissoudre, l'immortelle !...

Dors— bonne nuit ! pourtant : ris, rêve et doute...
Ce baiser de ta bouche
Fut comme un peu de vin ;
Ta main fraîche à mon front est comme une pluie fine
—Ton doux bras que je touche
Est tiède comme la nuit de juin...

La lune au ras des peupliers se couche
...On mourrait bien...

Francis Vielé-Griffin


Nocturno

¿Permaneceremos esta noche en vela?
La luna está en lo alto:
Todas las palmas de la noche calma, 
Voluptuosas, flotan,
Para un epitalamio...
Y en voz baja reza el aire entre las hojas negras;
Solloza el agua;
Podríamos ver,
A través del cielo tachonado de estrellas finas,
La sombra de Dios y Dios que se adivina.

¿Será acaso un sacrilegio?
A nosotros, espectros del día, ¿nos pertenece la luna
Con la vergüenza en el pecho de odios y de amores
Y ese peso entero de humillación que nada calma?
—Oh, durmamos —con los ojos cerrados: tenemos sordo el pecho,
Los ojos ciegos y cansados;

Y es tal la obra de nuestros brazos
Que a cada día le basta con su pena, apenas;
Y la obra de la víspera
No nos brinda siquiera un día futuro para tomar aliento:
En cada noche el viejo sueño
He aquí la noche larga de los sueños
Con la que el día, tres veces bajo, se disfraza y prolonga
—El sueño vela y pena
Cerca de nuestros cuerpos inertes que se estiran
Imitando al bello día cansado que duerme con la frente en el codo-
Luego de nuevo el alba, de angustia nuevamente, y tanta
Que pareciese que toda el alma sangra, gota a gota,
Para perderse, inmortal, en la nada!...

Duerme— buenas noches, sin embargo: sonríe, sueña y duda...
Fue el beso de tu boca
Como un poco de vino;
Tu mano, fresca sobre mi frente, es como lluvia fina
—Tu brazo, que yo toco, suave
Es tibio como la noche de junio...

La luna a la altura de los álamos se acuesta
...Morir sería tan fácil... 

Traducción de Miguel Frontán Alfonso.

canciones de ayer (y III)


Uno se cree
Que los mató
El tiempo y la ausencia.
Pero su tren
Vendió boleto
De ida y vuelta.
Son aquellas pequeñas cosas,
Que nos dejó un tiempo de rosas
En un rincón,
En un papel
O en un cajón.
Como un ladrón
Te acechan detrás
De la puerta.
Te tienen tan
A su merced
Como a hojas muertas
Que el viento arrastra allá o aquí,
Que te sonríen tristes y
Nos hacen que
Lloremos cuando
Nadie nos ve.


canciones de ayer (II)

Como un guerrero tengo el viento a favor 
tengo una espada bruñida de sangre y sudor
tengo dos tibias cruzadas sobre un trapo negro. 
Ataque o me repliegue siempre tiro de hierro. 
Pero tú llegas como un alud, como tromba 
que amenaza con anularme por siempre jamás. 

De caballero mi código es el honor 
y mi palabra vale lo que valgo yo. 
Mi escudo de armas dibuja perro sin raza, 
olivo moro y arreos de caza. 
Pero tú llegas como un fogonazo y proclamas 
ser el trueno que mata y ante el que hay que sucumbir.

Lejos, lejos, no se ve el final
algo me arrastra, me dejo arrastrar. 
Lejos, lejos, me dejo arrastrar. 
Rosa de los vientos me quieres tragar. 
Lejos, lejos, no se ve el final 
algo me arrastra, me dejo arrastrar. 
Y he pensado en volver a campo abierto, 
en solitario, a pecho descubierto 
y evadir la emboscada 
que significa tu mirada
el alma en las pupilas 
y que todo me dé risa. 

Lejos, lejos, no se ve el final
algo me arrastra, me dejo arrastrar. 
Lejos, lejos, me dejo arrastrar. 
Rosa de los vientos me quieres tragar. 
Lejos, lejos, no se ve el final
algo me arrastra, me dejo arrastrar. 
Lejos, lejos, me dejo arrastrar. 
Rosa de los vientos me quieres tragar.


canciones de ayer

Las hojas, esta mañana temprano...
Las hojas, esta mañana temprano,
están como satinadas,
y la lluvia es tibia;
las canciones de ayer vuelven como estribillos,
esta alegre mañana,
y si me olvido, viene tu voz en mi ayuda;
mas si tu memoria falla,
recupero la melodía que lleva, cual sin valor,
las palabras que así al azar se persiguen;
¿qué cantamos
con palabras tan dulces
que incluso, sin orden, nos hechizan?

Francis Vielé-Griffin

con la entonación adecuada

patulea.
(De patullar).

1. f. coloq. Soldadesca desordenada.
2. f. coloq. Gente desbandada y maleante.
3. f. coloq. Muchedumbre de chiquillos.

el árbol

Vivo en una casa no lejos de la carretera. Junto a esa carretera, a la entrada de la curva, crece un árbol. 
Cuando yo era niño, la carretera era aún un camino de tierra. Es decir, polvorienta en verano, fangosa en primavera y en otoño, y en invierno cubierta de nieve igual que los campos. Ahora es de asfalto en todas las estaciones del año.
Cuando yo era joven, por el camino pasaban carros de campesinos arrastrados por bueyes, y sólo entre la salida y la puesta de sol. Los conocía todos, porque eran de por aquí. Eran más raros los carros de caballos. Ahora los coches corren por la carretera de día y de noche. No conozco ninguno, aparecen de no se sabe dónde y desaparecen hacia no se sabe dónde.
Sólo el árbol ha quedado igual, verde desde la primavera hasta el otoño. Crece en mi parcela.
Recibí un escrito de la Autoridad. "Existe el peligro --decía el escrito-- de que un coche pueda chocar contra el árbol, ya que el árbol crece en la curva. Por lo tanto, hay que talarlo".
Me quedé preocupado. Llevaban razón. Efectivamente, el árbol está junto a la curva, y cada vez hay más coches que cada vez corren más rápido y sin prudencia. En cualquier momento puede chocar alguno contra el árbol. Así que tomé una escopeta de dos cañones, me senté bajo el árbol y, al ver acercarse al primero, disparé. Pero no acerté. Por eso me arrestaron y me llevaron a juicio.
Traté de explicar al tribunal que había fallado únicamente porque mi vista ya no es buena, pero que si me dieran unas gafas seguro que acertaba. No sirvió de nada.
No hay justicia. Es verdad que un coche puede chocar contra el árbol y dañarlo. Pero sólo con que me dieran unas gafas y algo de munición, me quedaría sentado vigilando. ¿A qué tanta prisa por talar un árbol si hay otros métodos que pueden protegerlo de un accidente?
Y no les costaría nada, aparte de la munición. ¿Acaso es un gasto excesivo? 

Sławomir Mrożek, traducido por Bozena Zaboklicka y Francesc Miravitlles.

tremendo corifeo



If a search has been long and futile and brutal
And if you squint trying to recollect the bosom of your grown love
You reach out and into the absence and gasping
The vastness grasps you like an alien embrace
Your face to its face
No end and neither beginning you're spinning
You're breathless but o'er in a dark and hateful star an evil world
Where would I ever be without you?
How could I hope to seize the tablet of values and redact it?
Foolish, I know but I'm about to die
about to die
about to die
about to die
about to die
Your life must surely be ending and trembling
You realize you never lived a day at all (wait) and it's all your fault (wow)
It all seems unspeakably vile and while you wretch the memory of all you understood
The vandal laughs into his hood (ha ha ha)
Where would I ever be without you?
How could I hope to seize the tablet of values and redact 'em?
Foolish, I know but I'm about to die
about to die
about to die
about to die
Look there the goblin's dressed up like a wound
Mutants all vagrant and hateful
Look there the mirror lies distant staring vacant and glaring pronouncing your name
'bout to die
'bout to die
about to die
about to die
about to die
Where would I ever be without you?
How could I hope to seize the tablet of values and redact it?
Foolish, I know but I'm about to die
about to die
about to die
about to die
You're already dead
You're already dead
but you're about to die

de cuando los membrillos en flor

membrillo.
(Del lat. melimēlum, manzana dulce, y este del gr. μελίμηλον).
1. m. Arbusto de la familia de las Rosáceas, de tres a cuatro metros de altura, muy ramoso, con hojas pecioladas, enteras, aovadas o casi redondas, verdes por el haz y lanuginosas por el envés, flores róseas, solitarias, casi sentadas y de cáliz persistente, y fruto en pomo, de diez a doce centímetros de diámetro, amarillo, muy aromático, de carne áspera y granujienta, que contiene varias pepitas mucilaginosas. Es originario de Asia Menor; el fruto se come asado o en conserva, y las semillas sirven para hacer bandolina.

bandolina1.
(Del fr. bandoline).
1. f. Mucilago que servía para mantener asentado el cabello después de atusado.


la caída del imperio austro húngaro

Sin duda, el arte nos envía al más allá de la realidad, al universo de los sueños; es un territorio, como el de las hadas, que debe asaltarse sin miedo a ser temerario. Esta visión, que personaliza en buena medida el clasicismo en el arte, llegó hasta bien entrado el siglo XX, cuando ya se expresaban otras formas de entender el arte muy diferentes y los escritores denunciaban el fin de una época, porque el arte ya no se situaba en el hombre con sentido de la posibilidad, sino en el hombre con un nuevo sentido, el de la realidad inmediata. Desde principios del siglo XX, la mentalidad derivada de la casi antigua idea de progreso cobra la fuerza de los hechos, expresándose de una forma casi ideológica en el discurso científico. La gente cree que con el fin del arte se está en condiciones de poder conquistar por fin la realidad; pero, con la pérdida del sueño, el hombre deja de tener futuro y la percepción de la realidad se le aleja más y más. Ya lo escribió Musil casi al final de la Segunda Guerra Mundial:

El cuerno del cartero de Münchausen –nos decía– era más bonito que una bocina electrónica con el sonido en conserva; las botas de siete leguas, más bonitas que un automóvil; el imperio del rey Laurin, más bonito que un túnel ferroviario; las raíces curativas de la mandrágora, más bonitas que un telegrama ilustrado; comer el corazón de la propia madre y entender el lenguaje de las aves, más bonito que un estudio zoopsicológico sobre la expresión rítmica del gorjeo de los pájaros. Hemos conquistado la realidad y perdido el sueño. Ya nadie se tiende bajo un árbol a contemplar el cielo a través de los dedos del pie, sino que todo el mundo trabaja; tampoco debe engañar nadie al estómago con idealizaciones, si quiere ser de provecho, más bien tiene que comer chuletas y moverse. Es exactamente como si la vieja e inepta humanidad se hubiera dormido sobre un hormiguero, y la nueva se encontrara al despertarse con las hormigas en la sangre; desde entonces se ve, por eso, obligada a realizar las extorsiones más violentas sin conseguir aplacar la frenética comezón de la laboriosidad animal.

Salvando algunos matices, Musil acierta con el diagnóstico y me acerca a pensar sobre el arte como ese sueño que ha olvidado el hombre al despertarse; un sueño que le permitía ver las cosas ocultas a nuestro derredor. Porque la gran ventaja del sueño es que ayuda a ver, ayuda a escuchar, a diferencia de la vida cotidiana en cuyo discurrir sólo somos capaces de oír o de mirar con los ojos embotados como los micos que siempre están saltando de rama en rama como si estuvieran huyendo de algo. Y, al mismo tiempo de esta reflexión o poco antes, los artistas impresionistas difuminan la realidad, y Picasso se decide a quebrar la armonía del cuerpo con Las Señoritas de Avignon y después otros como Grosz –que por cierto era ilustrador– distorsiona la vida cotidiana del Berlín de los años treinta para poder definirla mejor, y, por último, otros como Hopper –que por cierto era diseñador– convierten la representación de la realidad en un objeto cotidiano. Escuelas y nuevas tradiciones que han convertido el arte en algo cercano y propio, inmediato y personal, donde cabe todo, desde lo imperceptible –más que elevado–, hasta lo más sucio y podrido.

Robert Musil, como siempre en estos casos, aunque nació en el sur de Austria, en realidad vino de Marte. Leo que acabó su vida exiliado y con problemas económicos. ¡Hombre, no...! Si te parece se le reconoce y se le pone una cátedra en vida.

El extracto completo es de: Juan Benavides Delgado Introducción: Arte, Publicidad y Vida Cotidiana…
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