con la belleza no se come: manual de contradicciones

Así parece

Acusado por los críticos literarios de realista,
mis parientes en cambio me atribuyen
el defecto contrario;
                      afirman que no tengo
sentido alguno de la realidad.
Soy para ellos, sin duda, un funesto espectáculo:
analistas de textos, parientes de provincias,
he defraudado a todos, por lo visto;
¡qué le vamos a hacer!

Citaré algunos casos:

Ciertas tías devotas no pueden contenerse,
y lloran al mirarme.
Otras mucho más tímidas me hacen arroz con leche,
como cuando era niño,
y sonríen contritas, y me dicen:
                                 qué alto,
si te viese tu padre...,
y se quedan suspensas, sin saber qué añadir.

Sin embargo, no ignoro
que sus ambiguos gestos
disimulan
una sincera compasión irremediable
que brilla húmedamente en sus miradas
y en sus piadosos dientes postizos de conejo.

Y no sólo son ellas.

En las noches,
mi anciana tía Clotilde regresa de la tumba
para agitar ante mi rostro sus manos sarmentosas
y repetir con tono admonitorio:
¡Con la belleza no se come! ¿Qué piensas que es la vida?
Por su parte,
mi madre ya difunta, con voz delgada y triste,
augura un lamentable final de mi existencia:
manicomios, asilos, calvicie, blenorragia.

Yo no sé qué decirles, y ellas
vuelven a su silencio.
Lo mismo, igual que entonces.
Como cuando era niño.
                      Parece
que no ha pasado la muerte por nosotros.

Ángel González

blenorragia.
(Del gr. βλννος 'mucosidad' y -rragia).
1. f. Med. Flujo mucoso ocasionado por la inflamación de una membrana, principalmente de la uretra. Se usa casi exclusivamente refiriéndose a la uretritis gonocócica.

la tres y la ocho

Esta entrada se irá completando por partes; así que de momento, esto, que no es poco:

la pregunta es adónde

La viruta

De unos años a esta parte veo una viruta de luz
a la altura de la fosa izquierda entre la aleta
de la nariz y el ojo, de repente
parece obsesión pero no es obsesión, le hablo
y vuela, por el fulgor
es como un cuchillo. No, no es mariposa, tiene algo
de mariposa pero no es mariposa.

Se instala ahí y duerme, por horas
vibra como cítara, entonces
es cuando recurro al espejo. -A ver, espejo,
le digo, discutamos
esto de la mancha fosfórica. Se ríe el espejo,
me hace un guiño y se ríe el espejo.

Son las privaciones, todo tiene que ver con las privaciones.
Al año de nacer, ya uno quiere irse, la pregunta es adónde
y ahí mismo empieza el juego
de la traslación. Quiero que este ojo sea mano,
patalea uno, pero que no sólo sea mano, que sea aire, eso es
lo que quiero, ser de aire. ¿Cómo el agua
que está en las nubes es de aire?

Así es como se explica la viruta, es que no hay vejez, no
puede haber vejez, venimos llegando.
Donde llegamos, a la hora que sea, venimos llegando.
Cuando lo apostamos todo y lo perdemos venimos llegando.
Al amar, al engendrar venimos llegando, al morir
escalera abajo venimos llegando.

Todo eso sin insistir en la persona, ¿qué es la persona?
¿Quién ha visto a la persona? Claro, hay una cama
y alguien durmió ahí, un poco
de sangre en la ventana, un hoyo
en los vidrios y a un metro, en su letargo, el espejo: el gran espejo
que no tiene reflejo.


Gonzalo Rojas

los ojos de Alejandra

Alejandra aborda un tema parcialmente similar en fondo y forma al de Juan Ramón de ayer. Y aquí no me gustaría quitar tres, ni dos ni uno:

Y sin ira
y sin hora
sin ahora
sin orar
sin arar en la memoria
sin errar en el pasaje de la noche del amor
y del amor a su espera

y nos iremos en un corazón abandonado
y nos iremos en el espacio abierto de tu mirada.

y nos iremos en un corazón que espera
amarrado al borde de un precipicio
no dibujar el itinerario
no usar la pluma
sino cuando hablen los pájaros
nada prever
para que nada no venga
y nos iremos como se va la oscuridad
en la madrugada de las plegarias infantiles.

felicidad de nuestros ojos
ávidos de peligros naturales
será como quien silba junto a un lago
silba el hecho de silbar
o canta el hecho de cantar
(una embarcación de papel atraviesa mi garganta
adentro vogan dos niños mendigos
andrajos audaces para despistar al viento
a la brújula al designio de la noche).



Alejandra Pizarnik

Me gustan sus ojos aunque me duelan. Sus dos puntos negros abismados hacia dentro y hacia fuera. Sus ojos como una Santa Faz del interior de su frontal; ¿o no es ahí donde se ubica el asunto? Pero de las fotos que voy viendo suyas, hoy elegiré una donde el abismo no esté tan presente, donde primen otros elementos, la línea del cuello, la patilla pegada del pelo corto, el arco superciliar, la línea de la nariz, el mentón, la boca sosteniendo el equilibrio imposible. De Julio no diré nada; tampoco de su mano izquierda.


Yo hubiera  deseado conocer a Alejandra; no estar donde Julio, porque ese lugar no habría podido desempeñarlo. Conocerla, aunque ocurriera como con sus ojos ahora.

Por cierto:

abismar.
1. tr. Hundir en un abismo. U. t. c. prnl.
2. tr. Confundir, abatir. U. t. c. prnl.
3. prnl. Entregarse del todo a la contemplación, al dolor,etc.
4. prnl. Am. sorprenderse (‖ conmoverse con algo imprevisto o raro).

vaciando

ALFA-2

¿Y si todos fuera nadie?
¿Y si empeñarse en nombrar
sólo fuera complicar la claridad de marcharse?

¿Y para qué señalar
si no hay nada señalable?
¿Y si la luz sólo fuera simplemente un vaciar?

¿Y por qué tanto besarnos?
¿Y por qué tanto mordernos
si ni tú ni yo existimos en esta nada adorable ?

¿Por qué explicar si no hay tiempo?
¿Por qué nombrar? No existimos.
Solo existe hoy este aire de un veintisiete de Junio.

Pero podemos contar:
Trece, doce, once, diez.
Porque es siempre apasionante la cuenta atrás.

No somos uno en otro.
Somos nadie, nada más,
y una anónima luz, y un amor mortal.

Gabriel Celaya

El poema aparece en este libro, maravillosa antología. Aquí está la editorial. Y viene precedido de este apunte:

La nueva Física nos ha enseñado que cuando dos partículas simples se unen, no es para formar una compleja sino para fundirse en una nueva partícula que es también simple y radicalmente distinta de cuanto antes existía. Atengámonos a ello. Evitemos las posibles resonancias humanístico-biológicas. Lo que existe es un colectivo, no una reproducción, ni una suma de partículas aisladas: El amor a todos los niveles: Un conjunto en perpetua interacción.






osadía

El viaje definitivo

... Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.
Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando, 
las campanas del campanario.
Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado, 
mi espíritu errará nostáljico...
Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco, 
sin cielo azul y plácido...
Y se quedarán los pájaros cantando.

Juan Ramón Jiménez

En el colmo del atrevimiento, he de decir que de este poema, que me encanta, quitaría gustosamente casi tres versos enteros, porque para mí estropean lo que había construido previamente. De hecho, y creo que esto empieza a cobrar tintes de anatema, voy a hacer la prueba -que Zenobia me disculpe...-:

... Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.
Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando, 
las campanas del campanario.
Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado, 
mi espíritu errará nostáljico...
Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando.

otra vejez

Estábamos en la jam de los jueves y quisimos abordar un tema de Celtas cortos. Todos sabíamos de cuál hablábamos, pero nadie se sabía la letra y los músicos escasamente los acordes. Quedó en vano intento. Pensé que quería ponerlo en este cuaderno. Me ha venido a la cabeza hace un momento y creo que va a tener función doble, porque además de su valía por sí mismo, también se me antoja que sirve de banda sonora para la anterior entrada.

Por otro lado la voz del Cifu siempre me ha parecido maravillosa para asuntos melancólicos, cuando no desesperados -otro día me lo traigo abordando a Enrique Urquijo en una antológica versión-. Así que, ahí va la música que sonaba en aquellos autopullmans...

La senda del tiempo by Celtas Cortos on Grooveshark

la antigua Checoslovaquia

Iván y Arancha en Praga

Si en la cena se hablaba de la noche
me apuntaba a los planes en que estuvieran ellos:
saberlos entre el grupo
era la vida en orden de una forma inconsciente.
Sus besos adornaban el verano.

Juro que los amé sin yo quererlo,
que no escogí el dolor ni la codicia
ni preguntarme cómo se querrían a solas
o qué significaba yo en sus vidas.

Hay una habitación en un lugar de Praga,
allí se oye un tranvía
y música que llega de los albergues próximos.
Yo pasé tantas horas fumando en ese cuarto,
luego, ¿a quién le interesan las vidas de los otros?

Pero a veces,
cuando el grupo importaba y el alcohol era bueno,
se podía querer sin ser culpables
pues tras cada cerveza sonreía
un confidente.
¡Inmensas,
fugaces amistades en los viajes de jóvenes!:
el amor es la copa que va de mano en mano.

Y ella, te acariciaban
sus ojos indefensos; junto al lago
tuve la quemadura de su brazo en los hombros
y un susurro de arbustos. En él todo
era la adolescencia, y esa voz
salvaje como un fruto o sudar o una isla.

¿Me entendéis? Los amaba
en el deseo inútil
de haber querido ser cualquiera de los dos
en vez de ser yo mismo: ese que mira
como un tonto los rostros, las ventanas,
ese extraño en el reino de su secreto mundo.

Vivir es cruzar ciegos ante puertas cerradas:
cansados de nosotros, muy cansados,
nos describe mejor todo lo que no somos,
y amar es rebelarse, ¡qué intento más idiota!

Adiós, adiós, Praga y los autopullmans,
adiós, besos, adiós, Puente de Carlos,
adiós, islas y ríos y cervezas de Pilsen,
adiós a cualquier brindis
y a todos los amantes del mundo, adiós, adiós.

Que yo me voy al sueño
de los libros que no conoceréis.

A la vuelta, dormidos con las cabezas juntas,
parecían las víctimas de un sangriento holocausto
de risas y jadeos.
Si algún día
me olvidase de todo, de eso no.

José Luis Piquero

Yo también estuve en Praga. También crucé el puente, caminé hacia el castillo, callejeé en la noche solitaria. Yo también volví desde allí en autobús cruzando Europa. También fui joven. Y tampoco olvido. Pese el precio de.

Единственные дни

Que el mundo está lleno de paradojas, no vengo yo a descubrirlo ahora. Hace unos días le decía a un amigo que en la observación de esas paradojas está la apreciación de las claves que rigen este disparate en el que vivimos. Una afirmación un tanto grandilocuente, pero valga la idea. Hoy me ocupa una relacionada con la poesía; luego, cada uno que haga sus analogías. Hace unas semanas compré Días únicos, una antología de Boris Pasternak editada por  Visor. Mi experiencia a la hora de encontrar ediciones bilingües -que son las que por norma busco, principalmente si el original está en francés, inglés, italiano o alguna lengua "afín"- es frustrante. El poema que hoy traigo es este que sigue:

Días Únicos

De los inviernos pasados, los días
primeros de sol, los recuerdo:
eran irrepetibles y de nuevo
y sin final se repetían.

Poco a poco, en el curso de los años
fue completándose la serie
de esos días únicos, cuando
nos parece que el tiempo se detiene.

Yo los recuerdo todos: el invierno
llega a la mitad, y se empapan
los caminos, chorrean las terrazas,
y el sol se calienta en un témpano.

Como si fuera un sueño, los amantes
van más aprisa el uno al otro,
y del calor en lo alto de los árboles
sudan los nidos de los tordos.

Y las saetas se aquietan, sin ánimo,
adormiladas sobre el disco,
y el día dura tanto como el siglo,
y no se acaba el abrazo.

(1959) Traducción de José Mateo y Xenia Dyakonova.

En la página derecha aparece el poema traducido; en la izquierda, el original:

Единственные дни

На протяженье многих зим
Я помню дни солнцеворота,
И каждый был неповторим
И повторялся вновь без счета.

И целая их череда
Составилась мало-помалу -
Тех дней единственных, когда
Нам кажется, что время стало.

Я помню их наперечет:
Зима подходит к середине,
Дороги мокнут, с крыш течет
И солнце греется на льдине.

И любящие, как во сне,
Друг к другу тянутся поспешней,
И на деревьях в вышине
Потеют от тепла скворешни.

И полусонным стрелкам лень
Ворочаться на циферблате,
И дольше века длится день,
И не кончается объятье.

Es bello el alfabeto, eso sí. Desconozco cuánta gente domina el ruso en los países de habla hispana, pero me da que mucha no. Paradojas, como apuntaba antes.

La vida de Boris parece sacada de una película de las que los estadounidenses facturaban durante la guerra fría, sólo que su biografía es real, no intencionada ni capciosa. El poema que hoy pongo está  escrito un año antes de su muerte, de la cual muy probablemente él era consciente por el tono del escrito. Y la viñeta que sigue corresponde al momento en el que le conceden el premio Nobel, con el consiguiente dislate que sucedió.
Ya digo que su biografía fue de aúpa, llena de esas paradojas de las que al principio hablaba. En la red se puede encontrar fácilmente; a mí me gusta imaginar su amor manuscrito y sublimado con Marina, su dacha entre la nieve, sus pómulos sobresalientes sobre sus mejillas hundidas, sus labios salvajes, su mirada profunda, fría y caliente a la vez, sus manos robustas, a su padre pintándolo en hermosos cuadros, su Doctor Z. viajando de acá para allá sorteando trabas... Y salvarlo en mi memoria en un hornacina rodeada de nieve y hielo de toda la cohorte comunista e imbécil que le tocó vivir, por enésima vez, a alguien lúcido como él.

Algunos apuntes biográficos, enlazados con otro grande, esta vez del mundo cartoon del otro lado del telón: Bill Mauldin.


Pasternak, through his life, generally managed to keep on the right side of the Communist regime in the Soviet Union, but even this was tested a bit when he received the Novel Prize for Literature in 1958.

At first, he was happy. On October 25, 1958 he sent the following telegram to the Academy:
"Immensely thankful, touched, proud, astonished, abashed."

However, on Ocotber 29, he sent a follow-up telegram:
"Considering the meaning this award has been given in the society to which I belong, I must refuse it. Please do not take offense at my voluntary rejection."


Meanwhile, Bill Mauldin produced a political cartoon - October 30, 1958- which won the 1959 Pulitzer Prize for Editorial Cartooning. The cartoon depicts Pasternak and another GULAG inmate, splitting trees in the snow. The caption reads, "I won the Nobel Prize for literature. What was your crime?"




reivindicación de la cabra y su figura

Ole papá by Josele Santiago on Grooveshark

He pintado mi chabola
con música de jazz,
con pastillas juanolas
rechupeteás.

He sellado las ventanas
con artistas disecás,
con fines de semana
y compresas usás.

Y he desarmao el tejado
para hacerme un xilofón.
La lluvia me lo ha afinado
para que él despeje el sol.

Y, mira, yo al mundo de arriba
y al mundo alrededor
los he mandao de gira
con un grupo de rock.

Y están ya muy lejos,
olé papa,
guarda el catalejo y,
y tira el mapa.

Y están ya muy lejos,
olé papa,
guarda el catalejo y,
y tira el mapa ...

Olé papa,
olé, olé, olé,
olé papa.

He metio dentro a la cabra,
la he enseñao a bailar.
Viene un sapo de la charca
a marcarnos el compás.

He sembrado gominolas,
yo las riego con anís,
y las guardo en caracolas
que me saco de la nariz.

Y, mira, yo al mundo de arriba
y al mundo alrededor
los he mandao de gira
con un grupo de rock.

Y están ya muy lejos,
olé papa,
guarda el catalejo y,
y tira el mapa.

Y están ya muy lejos,
olé papa,
guarda el catalejo y,
y tira el mapa ...

Olé papa,
olé, olé, olé,
olé papa,
olé, olé, olé,
olé papa,
olé, olé, olé,
olé papa.

Olé, olé, olé,
olé papa,
olé, olé, olé,
olé, olé, olé,
olé, olé, olé,
olé papa.
  

¿rap?

En la entrevista, por llamarla de alguna manera, que J. J. Millás le hace a J. Sabina, paseando por el barrio se acercan a lo que fue La Mandrágora, ese local que con el paso de los años generó toda una mitología. Joaquín confiesa que no había vuelto desde entonces, y se le nota incómodo. Para mi sorpresa, cuán atrevida es la ignorancia, yo llevaba frecuentando los altos de la antigua Mandrágora desde hacía unos años. Los bajos, sólo para cuestiones mingitorias, pues abajo están los aseos y la sala, abandonada, medio almacén, medio dejadez. Me fijé la vez siguiente que fui. No me extraña que él no quisiera saber nada del lugar. Allí se grabó el Adivina adivinanza, entre otras joyas. Lo pongo junto al Canto del gallo por motivos varios, entre ellos juglares.
Algunos recuerdos conviene no contrastarlos con el presente a no ser que su busque qué sé yo.

A su entierro de paisano 
asistió Napoleón, Torquemada, 

y el caballo del Cid Campeador; 
Marcelino de cabeza
marcándole a Rusia un gol
el coño de la Bernarda, 
y un dentista de León; 

y Celia Gámez, Manolete, 

San Isidro Labrador, 

y el soldado desconocido 

a quien nadie conoció. 

Santa Teresa iba dando
 
su brazo incorrupto a Don 

Pelayo que no podía 

resistir el mal olor. 
El Marqués que ustedes saben
iba muy elegantón, 
con uniforme de gala 
de la Santa Inquisición. 
Bernabéu encendía puros
con billetes de millón, 
y el niño Jesús de Praga 

de primera comunión. 

Mil quinientas doce monjas 

pidiendo con devoción 

al Papa Santo de Roma 

pronta canonización. 

Y un pantano inaugurado
 
de los del plan Badajoz. 

Y el Ku-Klux-klan que no vino 

pero mandó una adhesión. 

Y Rita la Cantaora, 

y don Cristóbal Colón, 

y una teta disecada 

de Agustina de Aragón. 

La tuna compostelana 

cerraba la procesión 

cantando a diez voces clavelitos 

de mi corazón. 

San José María Pemán
 
unos versos recitó, 

servía Perico Chicote 

copas de vino español. 
Nunca enterrador alguno
conoció tan alto honor,
Dar sepultura a quien era
sepulturero mayor
Ese día en el infierno 
hubo gran agitación, 

muertos de asco y fusilados 

bailaban de sol a sol. 

Siete días con siete noches 

duró la celebración, 

en leguas a la redonda 

el champán se terminó. 

Combatientes de Brunete, 

braceros de Castellón, 

los del exilio de fuera 

y los del exilio interior 

celebraban la victoria 

que la historia les robó. 

Más que alegría, la suya 

era desesperación. 


Como ya habrá adivinado, 

la señora y el señor, 

los apellidos del muerto 

a quien me refiero yo, 

pues colorín colorado, 

igualito que empezó, 

adivina, adivinanza, 

se termina mi canción, 
se termina mi canción.

Aclaraciones respecto al tema, aquí.



El jaleo de los días de feria 
ya se oía a un kilómetro del pueblo
 
y un extraño acento en el hablar
 
de los que halló por el camino.
Un coro de muchachas y una vieja 
levantándose las faldas al bailar
 
y un jovencito de broma peligrosa
 
haciendo gala del orgullo local.
De los que dan dinero por la noche 
para que nunca termine su canción
 
para que sude el músico ambulante
 
su condición de vagabundo.
Es ya la hora del aperitivo 
y todavía no funciona el tiovivo
 
el músico buscó la acera en sombra
 
y la ventana donde olía a flor.
Tenga esta rosa blanca, señorita 
a cambio de su negro pensamiento
 
por qué motivo temblaron sus labios
 
vio en sus ojos el fondo de un volcán.
Y mientras tanto corría la sangre 
en la plaza, como un vino común
 
y las plumas de los gallos
 
por el aire volaban aun.
Quítese usted de en medio forastero 
que ya no quedan señoritas en el bar
 
ya cantó como el gallo de pasión
 
pero esta es mi canción
 
y el baile va a empezar.
El músico ambulante se agarró del vaso 
y sintió que flotaba en la luz artificial
 
apuró el trago de madrugada
 
un borracho imitaba el canto del gallo.
Se deslizó por una callejuela 
antes de que empezase a clarear
 
y al pasar por la ventana enrejada
 
suavecito empezó a silbar.
Pero nadie conocía la tonada 
que era inventada para la ocasión
 
y se fue por el camino a contemplar
 
los desvelos de las ultimas sombras.
Y caminando iba pensando que ganar 
siempre es tentar a la otra cara de la suerte
 
y que por eso te hacen daño los huesos
 
cuando golpeas fuerte.
Y así se fue chasqueando los dientes 
en memoria de algún actor
 
cuyo nombre se ha perdido
 
y que hacía de bandido
 
y sintió la alegría del olvido
 
y al andar descubrió la maravilla
 
del sonido de sus propios pasos
 
en la gravilla.

El canto del gallo by Radio Futura on Grooveshark

ablandando ladrillos

Al hilo de la anterior entrada, me vino esto. No creo necesario explicar el porqué.

MANUAL DE INSTRUCCIONES

La tarea de ablandar el ladrillo todos los días, la tarea de abrirse paso en la masa pegajosa que se proclama mundo, cada mañana topar con el paralelepípedo de nombre repugnante, con la satisfacción perruna de que todo esté en su sitio, la misma mujer al lado, los mismos zapatos, el mismo sabor de la misma pasta dentífrica, la misma tristeza de las casas de enfrente, del sucio tablero de ventanas de tiempo con su letrero "Hotel de Belgique".

Meter la cabeza como un toro desganado contra la masa transparente en cuyo centro tomamos café con leche y abrimos el diario para saber lo que ocurrió en cualquiera de los rincones del ladrillo de cristal. Negarse a que el acto delicado de girar el picaporte, ese acto por el cual todo podría transformarse, se cumpla con la fría eficacia de un reflejo cotidiano. Hasta luego, querida. Que te vaya bien.

Apretar una cucharita entre los dedos y sentir su latido de metal, su advertencia sospechosa. Cómo duele negar una cucharita, negar una puerta, negar todo lo que el hábito lame hasta darle suavidad satisfactoria. Tanto más simple aceptar la fácil solicitud de la cuchara, emplearla para revolver el café.

Y no que esté mal si las cosas nos encuentran otra vez cada día y son las mismas. Que a nuestro lado haya la misma mujer, el mismo reloj, y que la novela abierta sobre la mesa eche a andar otra vez en la bicicleta de nuestros anteojos, ¿por qué estaría mal? Pero como un toro triste hay que agachar la cabeza, del centro del ladrillo de cristal empujar hacia fuera, hacia lo otro tan cerca de nosotros, inasible como el picador tan cerca del toro. Castigarse los ojos mirando eso que anda por el cielo y acepta taimadamente su nombre de nube, su réplica catalogada en la memoria. No creas que el teléfono va a darte los números que buscas. ¿Por qué te los daría? Solamente vendrá lo que tienes preparado y resuelto, el triste reflejo de tu esperanza, ese mono que se rasca sobre una mesa y tiembla de frío. Rómpele la cabeza a ese mono, corre desde el centro hacia la pared y ábrete paso. ¡Oh cómo cantan en el piso de arriba! Hay un piso de arriba en esta casa, con otras gentes. Hay un piso de arriba donde vive gente que no sospecha su piso de abajo, y estamos todos en el ladrillo de cristal. Y si de pronto una polilla se para al borde un lápiz y late como un fuego ceniciento, mírala, yo la estoy mirando, estoy palpando su corazón pequeñísimo, y la oigo, esa polilla resuena en la pasta de cristal congelado, no todo está perdido. Cuando abra la puerta y me asome a la escalera, sabré que abajo empieza la calle; no el molde ya aceptado, no las casas ya sabidas, no el hotel de enfrente; la calle, la viva floresta donde cada instante puede arrojarse sobre mí como una magnolia, donde las caras van a nacer cuando las mire, cuando avance un poco más, cuando con los codos y las pestañas y las uñas me rompa minuciosamente contra la pasta del ladrillo de cristal, y juegue mi vida mientras avanzo paso a paso para ir a comprar el diario a la esquina.

Julio Cortázar

de razas extinguidas

Por aquí han pasado ya varios de ellos, de los que se preguntan si lo cotidiano podría ser de otra forma o significar otra cosa; también han pasado los frustrados, los desesperados porque las miradas, los gestos, el lenguaje, no dé más de sí o no sepamos volverlos del revés. No diré nombres. Han pasado y seguirán haciéndolo. Es este uno de los temas que más me interesan, de modo que.
Por otro lado, Claudio no había pisado este cuaderno ni el anterior; esperaba en mi ordenador desde hace muchos años -2004, apunta la inclemente informática-; de mano certera había llegado a él. Leo su biografía y se me aparece una de esas figuras extrañas y extraordinarias surgidas en los años de la España franquista, una figura que sólo se entiende en su rareza insertada en aquellos años, en aquella lúgubre sociedad, en aquel, paradójicamente, maravilloso caldo de cultivo, estupenda placa de Petri.

GESTOS

Una mirada, un gesto,
cambiarán nuestra raza. Cuando actúa mi mano,
tan sin entendimiento y sin gobierno,
pero con errabunda resonancia,
y sondea, buscando
calor y compañía en este espacio
en donde tantas otras
han vibrado, ¿qué quiere decir?
Cuántos y cuántos gestos como
un sueño mañanero, pasaron.
Como esa casera mueca de las figurillas
de la baraja: aunque dejando herida o beso, sólo azar entrañable.
Más luminoso aún que la palabra,
nuestro ademán, como ella
roído por el tiempo, viejo como la orilla del río, ¿qué significa?
¿Por qué desplaza el mismo aire el gesto de la entrega o del robo,
el que cierra una puerta o el que la abre,
el que da luz o apaga?
¿Por qué es el mismo el giro del brazo cuando siembra
que cuando siega,
el de amor que el de asesinato?
Nosotros, tan gesteros pero tan poco alegres,
raza que sólo supo tejer banderas, raza de desfiles,
de fantasías y de dinastías,
hagamos otras señas.
No he de leer en cada palma,
en cada movimiento, como antes.
No puedo ahora frenar
la rotación inmensa del abrazo
para medir su órbita
y recorrer su emocionada curva.
No, no son tiempos de mirar con nostalgia
esa estela infinita del paso de los hombres.
Hay mucho que olvidar
y más aún que esperar.
Tan silencioso como el vuelo del búho, un gesto claro,
de sencillo bautizo, dirá,
en un aire nuevo,
su nueva significación, su nuevo uso.
Yo sólo, si es posible,
pido, cuando me llegue la hora mala,
la hora de echar de menos tantos gestos queridos,
tener fuerza, encontrarlos
como quien halla un fósil
(acaso una quijada aún con el beso trémulo)
de una raza extinguida.

Claudio Rodríguez