Dos años después de publicar esta canción, perteneciente al mismo disco que la anterior, a Joaquín le dio un perrenque que no se lo llevó por delante o, lo que es peor, no lo dejó gagá de milagro. La letra parece un vaticinio inverso.
Contaba Jimena en un documental de Millás maravilloso lo enajenado que estaba el creador cuando compuso ese disco. Alcohol, insomnio y farlopa a cascoporro. Y salió lo que salió: un monumento. Que el monumento estuviera a punto de atropellar al artista es, quién sabe, probablemente inevitable. Dejo al final una entrevista entre dos grandes actores.
Que cuento con buenos asesores en materia musical no es algo que no haya dicho previamente. Uve me pasó el disco del grupo hace algo más de un año y esta vez me avisó de la obra en solitario del individuo de los teclados. Menudo zángano. Parece saber rodearse...
Esta fuela pelide ayer domingo en un centro comercial de Alicante,
versión doblada. Cine de terror. Una vuelta de tuerca cogiendo las bases
clásicas de la brujería, la religión, el eros y el tánatos. Un ejercicio de
estilo superlativo donde Vermeer y los pintores del barroco en los Países Bajos
sobrevuelan todo. El porqué de elegir esta línea estética es asunto que dejo
a los lectores si tienen curiosidad. Por aquí y por aquí hay pistas. Y sí, a
mí se me pasó algún desastre de Goya, por más que me resonó.
También me
recordó por momentos a El bosque, del indio
impronunciable. Abajo hay foto de los actores y el director. Es la
opera prima del director. Veremos si no lo fagocita el sistema.
Respecto a los
centros comerciales en el levante español, cada día les tengo más aprecio, ya lo he contado aquí antes. Lástima que
algunos ya estén cerrados y otros en vías de. Los domingos por la tarde
alcanzan un esplendor majestuoso. Qué puta maravilla. Perdón, pura.
El tema es, sencillamente, un absoluto disparate. Lo había olvidado y sonó ayer en casa ajena, en soledad. Estoque.
El error del 1:57 es una preciosidad.
El insolente sol lo tengo a buen recaudo tras la persiana dominical.
Junio ha entrado como un maremoto.
Cuando se despertó, no recordaba nada de la noche anterior; demasiadas cervezas, dijo al ver mi cabeza, al lado de la suya, en la almohada... Y la besé otra vez, pero ya no era ayer, sino mañana. Y un insolente sol como un ladrón entró por la ventana. El día que llegó tenía ojeras malvas y barro en el tacón, desnudos, pero extraños, nos vio, roto el engaño de la noche, la cruda luz del alba. Era la hora de huir. Y se fue sin decir llámame un día. Desde el balcón, la vi perderse, en el trajín de la gran vía. Y la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido. Una vez me contó un amigo común que la vio donde habita el olvido. La pupila archivó un semáforo rojo, una mochila, un peugeot y aquellos ojos miopes y la sangre al galope por mis venas y una nube de arena dentro del corazón y esta racha de amor sin apetito. Los besos que perdí por no saber decir te necesito. Y la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido. Una vez me contó un amigo común que la vio donde habita el olvido.
Luis Cernuda tenía treinta y nada cuando publicó el libro (1934) del que Joaquín coge el título, el verso y la idea. El tito Joaquín es gran lector de poesía y gran pájaro, y sabe con qué muleta apoyar qué faena. Yo a don Luis, fíjate qué cosas, no lo he frecuentado. Craso descuido.
Donde
habite el olvido,
En
los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo
sea
Memoria de una
piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el
viento escapa a sus insomnios.
Donde mi nombre
deje
Al cuerpo que
designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no
exista.
En esa gran región
donde el amor, ángel terrible,
No esconda como
acero
En mi pecho su
ala,
Sonriendo lleno de
gracia aérea mientras crece el tormento.
Allí donde termine
este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra
vida su vida,
Sin más horizonte
que otros ojos frente a frente.
Donde penas y dichas
no sean más que nombres,
Cielo y tierra
nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede
libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla,
ausencia,
Ausencia leve como
carne de niño.
Allá, allá
lejos;
Donde habite el
olvido.
Luis Cernuda
El prólogo de Luis a su libro es bien claro en
indicios, cogiendo como idea la parábola del alemán:
Como
los erizos, ya sabéis, los hombres un día sintieron su frío. Y quisieron
compartirlo. Entonces inventaron el amor. El resultado fue, ya sabéis, como en
los erizos.
¿Qué
queda de las alegrías y penas del amor cuando éste desaparece? Nada, o peor que
nada; queda el recuerdo de un olvido. Y menos mal cuando no lo punza la sombra
de aquellas espinas; de aquellas espinas, ya sabéis.
La biografíade Luis, de mascletà, cómo no. Y
lo deAlighieri,
sublime, sin paliativos.
Yo no conocía a Herta.
Me llegó un relato suyo -otro día voy con él-, la busqué y vi sus
fotos. En cuanto ocurrió esto último quedé atrapado. Una mujer
con esa presencia me tiene.
Esta madrugada me
leí esta minientrevista -se me hace casi publicitaria la
extensión de la mayoría de las entrevistas-. Mi atrapamiento era
consistente. De ella extraigo estas perlas:
Yo nunca he leído literatura, siempre he querido saber cómo funciona la vida. Los autores que me han fascinado siempre han sido los que en sus textos presentaban alguna problemática que me enseñaba cómo se hace esto: vivir. ¿Cómo transcurre la vida? ¿Cómo se puede soportar? Sin engañar, sin mentir.
Sabes que eres presa de tu vida, también de tu biografía, que hay hechos que no se pueden cambiar, que existen y ya existían antes de tu nacimiento. Te los ponen delante y crecen en tu cabeza y ahí tú no haces nada. Por ejemplo, que mi padre estaba en las SS, ahí no puedo hacer nada de nada; es una realidad que ya existía antes de nacer yo. Sin embargo, la tengo que asumir y saber qué significa dentro de un gran marco histórico que abarca prácticamente medio mundo.
Hoy ha sido su último partido como profesional. Que yo sepa, en España sólo quedan dos en activo de su estirpe, la de los poetas de la canasta. Pero de los tres, el más de finales del XIX ha sido este. Menos mal que en Bilbao han sido conscientes de a quién tenían vestido de negro en la cancha. Alex también lo ha sido durante tantos años. Así llora. No es el único. De los muchos momentos reseñables del vídeo de la despedida, el del jamón es puro don Luis.
De aquel día en aquel maravilloso lugar: Brindó conmigo, copa de vino tinto, bella,
decadente, sola, la arrugas colándosele entre los sueños perdidos, los pechos
caídos, los ojos grandes. Difícil imaginar mejor marco para la charla que nos
regalaron. El ciclo era acerca de la relación entre alcohol y literatura. Aquel
día tocó Francis.
Y
nada, eso.
I
was within and without, simultaneously enchanted and repelled by the
inexhaustible variety of life.
F.
Scott Fitzgerald
Me
regalaron hace unos días un artículo sobre
la frustrada vena poética del citado. Me quedo con una reflexión que me parece
tan honesta y brillante como dura:
"Nunca
llegaré a ser un poeta. No soy lo bastante sensual; solo me parecen bellas unas
pocas cosas obvias: mujeres, tardes de primavera, música de noche, el mar; no
soy capaz de comprender cosas más sutiles como 'las trompetas que tocan a
plata'. Podré llegar a ser un intelectual, pero nunca escribiré más que poesía
mediocre".
En
su idioma nativo está aquí. Las trompetas, por cierto, son de Keats.
Y nada, eso, de nuevo. Que no hay creación sin conflicto, sin contradicción. Y que las casualidades son causalidades no demostradas.
Casi nada tiene en mí la capacidad de hacerme sentir el paso de los años como el baloncesto. Hoy me han regalado esta foto, de cuya mano viene el vídeo. Pfff.
Ojos claros, serenos, si de un dulce mirar sois alabados, ¿por qué, si me miráis, miráis airados? Si cuanto más piadosos, más bellos parecéis a aquel que os mira, no me miréis con ira, porque no parezcáis menos hermosos. ¡Ay tormentos rabiosos! Ojos claros, serenos, ya que así me miráis, miradme al menos.
Gutierre de Cetina
madrigal
Del it. madrigale.
1. m. Métr. Poema breve, generalmente de tema amoroso, en que se
combinan versos de siete y de once sílabas.
La bio del tal Gutierre, sevillano del XVI, de marco, como no podía ser menos. Nos lo regaló Roberto aquel día.
Gratitud.
Cuando uno quiere que le miren, que no lo hagan es terrible; bien lo sabía el que murió por tal asunto.