De una finura rayana en el dolor envuelta en papel de broma, César, ave:
P. ¿La literatura no tiene utilidad social?
R. Si es literatura como arte, no. Los únicos libros que tienen utilidad social son losbest sellers,que están llenos de información. Si alguien quiere aprender con las novelas, que leabest sellers. La literatura no te enseña nada más que el placer, el mismo placer que mirarLas meninas. Uno no aprende nada sobre Velázquez.
P. ¿Y sobre uno mismo?
R. ¿Escribiendo?
P. Y leyendo.
R. Escribiendo sí porque se ponen en claro las ideas, que generalmente son confusas. Cuando uno las escribe comprende que no es tan inteligente como creía. Leyendo no se aprende nada, pero se afina la inteligencia, el gusto, pero a quién le interesa refinarse si para tener éxito hay que ser todo lo contrario.
Por la presente sostengo que el jazz, no sólo como música, sino como un todo, como corpus, murió como mucho allá por los sesenta. Adjunto documento acreditativo.
Pues aquel anónimo dejó una sugerencia que bien merece una entrada para ella sola. Sólo llevo quinces minutos escuchados cuando publico esto, pero sé que es más que suficiente para la valoración. Me quedo estupefacto, eso sí, con el poco público asistente.
Es un sábado por la tarde.
El calentador del baño tiene el vientre al rojo vivo. La ventanilla de
ventilación está herméticamente cerrada. La semana anterior, Arni, un niño de
dos años, había cogido un catarro por culpa del aire frío. La madre lava la
espalda del pequeño Arni con unos pantaloncitos desteñidos. El pequeño palmotea
a su alrededor. La madre saca al pequeño Arni de la bañera. Pobre crío, dice el
abuelo. A los niños tan pequeños no hay que bañarlos, dice la abuela. La madre
se mete en la bañera. El agua aún está caliente. El jabón hace espuma. La madre
se restriega unos fideos grises del cuello. Los fideos de la madre nadan sobre
la superficie del agua. La bañera tiene un borde amarillento. La madre sale de
la bañera. El agua aún está caliente, le dice la madre al padre. El padre se
mete en la bañera. El agua está caliente. El jabón hace espuma. El padre se
restriega unos fideos grises del pecho. Los fideos del padre nadan junto con
los fideos de la madre sobre la superficie del agua. La bañera tiene un borde
parduzco. El padre sale de la bañera. El agua aún está caliente, le dice el
padre a la abuela. La abuela se mete en la bañera. El agua está tibia. El jabón
hace espuma. La abuela se restriega unos fideos grises de los hombros. Los
fideos de la abuela nadan junto con los fideos de la madre y del padre sobre la
superficie del agua. La bañera tiene un borde negro. La abuela sale de la
bañera. El agua aún está caliente, le dice la abuela al abuelo. El abuelo se
mete en la bañera. El agua está helada. El jabón hace espuma. El abuelo se
restriega unos fideos grises de los codos. Los fideos del abuelo nadan junto
con los fideos de la madre, del padre y de la abuela sobre la superficie del
agua. La abuela abre la puerta del cuarto de baño. Luego mira en dirección a la
bañera. No ve al abuelo. El agua negra se derrama por el borde negro de la
bañera. El abuelo ha de estar en la bañera, piensa la abuela, que cierra tras
de sí la puerta del cuarto de baño. El abuelo deja correr el agua sucia de la
bañera. Los fideos de la madre, del padre, de la abuela y del abuelo dan
vueltas sobre la boca del desagüe.
Sucede en ocasiones. Hay una señal, un haz. Hay que estar atentos. A veces la tenemos delante y se escapa. Esta vez hubo suerte y no huyó bajo mi desatención. Hallé esto.
Javier Rodríguez Fernández se llama. Encuentro poco de él en la red. Yo lo tuve en la mano, en papel, en una eñe de una tarde de principios de junio en una casa por donde transito con la misma familiaridad que precaución. La precaución que se tiene frente a aquello que te gusta demasiado.
Entre ayer y hoy me ha salido un sarpullido de El Prado de los de hacía tiempo. Las hilanderas. Nada, una minucia.
Escucho versiones y versiones pero no llegan. Casi siempre ocurre: donde ella llega no lo hacen lo demás. Este es otro ejemplo más. El tema, del pájaro Randy. De una veracidad y crueldad insoportables. Y el entorno, de realismo sucio. No quiero escucharlo. No puedo soportarlo. So easy. So natural.
In my neighborhood
We don't live so good
The rooms are small
And the buildings made of wood
I hear the neighbors talking 'bout you and me
I guess I heard it all
'Cause the talk is loud
And the walls are much too thin
He don't really love her
That's what I heard them say
He sure wasn't thinking of her today
(He wasn't thinking of her today)
I saw them in the front yard
Said the boy in room one four nine
He was talking to a girl I've never seen before
And standing there together, oh, they looked so good
Dos años después de publicar esta canción, perteneciente al mismo disco que la anterior, a Joaquín le dio un perrenque que no se lo llevó por delante o, lo que es peor, no lo dejó gagá de milagro. La letra parece un vaticinio inverso.
Contaba Jimena en un documental de Millás maravilloso lo enajenado que estaba el creador cuando compuso ese disco. Alcohol, insomnio y farlopa a cascoporro. Y salió lo que salió: un monumento. Que el monumento estuviera a punto de atropellar al artista es, quién sabe, probablemente inevitable. Dejo al final una entrevista entre dos grandes actores.
Que cuento con buenos asesores en materia musical no es algo que no haya dicho previamente. Uve me pasó el disco del grupo hace algo más de un año y esta vez me avisó de la obra en solitario del individuo de los teclados. Menudo zángano. Parece saber rodearse...
Esta fuela pelide ayer domingo en un centro comercial de Alicante,
versión doblada. Cine de terror. Una vuelta de tuerca cogiendo las bases
clásicas de la brujería, la religión, el eros y el tánatos. Un ejercicio de
estilo superlativo donde Vermeer y los pintores del barroco en los Países Bajos
sobrevuelan todo. El porqué de elegir esta línea estética es asunto que dejo
a los lectores si tienen curiosidad. Por aquí y por aquí hay pistas. Y sí, a
mí se me pasó algún desastre de Goya, por más que me resonó.
También me
recordó por momentos a El bosque, del indio
impronunciable. Abajo hay foto de los actores y el director. Es la
opera prima del director. Veremos si no lo fagocita el sistema.
Respecto a los
centros comerciales en el levante español, cada día les tengo más aprecio, ya lo he contado aquí antes. Lástima que
algunos ya estén cerrados y otros en vías de. Los domingos por la tarde
alcanzan un esplendor majestuoso. Qué puta maravilla. Perdón, pura.
El tema es, sencillamente, un absoluto disparate. Lo había olvidado y sonó ayer en casa ajena, en soledad. Estoque.
El error del 1:57 es una preciosidad.
El insolente sol lo tengo a buen recaudo tras la persiana dominical.
Junio ha entrado como un maremoto.
Cuando se despertó, no recordaba nada de la noche anterior; demasiadas cervezas, dijo al ver mi cabeza, al lado de la suya, en la almohada... Y la besé otra vez, pero ya no era ayer, sino mañana. Y un insolente sol como un ladrón entró por la ventana. El día que llegó tenía ojeras malvas y barro en el tacón, desnudos, pero extraños, nos vio, roto el engaño de la noche, la cruda luz del alba. Era la hora de huir. Y se fue sin decir llámame un día. Desde el balcón, la vi perderse, en el trajín de la gran vía. Y la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido. Una vez me contó un amigo común que la vio donde habita el olvido. La pupila archivó un semáforo rojo, una mochila, un peugeot y aquellos ojos miopes y la sangre al galope por mis venas y una nube de arena dentro del corazón y esta racha de amor sin apetito. Los besos que perdí por no saber decir te necesito. Y la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido. Una vez me contó un amigo común que la vio donde habita el olvido.
Luis Cernuda tenía treinta y nada cuando publicó el libro (1934) del que Joaquín coge el título, el verso y la idea. El tito Joaquín es gran lector de poesía y gran pájaro, y sabe con qué muleta apoyar qué faena. Yo a don Luis, fíjate qué cosas, no lo he frecuentado. Craso descuido.
Donde
habite el olvido,
En
los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo
sea
Memoria de una
piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el
viento escapa a sus insomnios.
Donde mi nombre
deje
Al cuerpo que
designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no
exista.
En esa gran región
donde el amor, ángel terrible,
No esconda como
acero
En mi pecho su
ala,
Sonriendo lleno de
gracia aérea mientras crece el tormento.
Allí donde termine
este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra
vida su vida,
Sin más horizonte
que otros ojos frente a frente.
Donde penas y dichas
no sean más que nombres,
Cielo y tierra
nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede
libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla,
ausencia,
Ausencia leve como
carne de niño.
Allá, allá
lejos;
Donde habite el
olvido.
Luis Cernuda
El prólogo de Luis a su libro es bien claro en
indicios, cogiendo como idea la parábola del alemán:
Como
los erizos, ya sabéis, los hombres un día sintieron su frío. Y quisieron
compartirlo. Entonces inventaron el amor. El resultado fue, ya sabéis, como en
los erizos.
¿Qué
queda de las alegrías y penas del amor cuando éste desaparece? Nada, o peor que
nada; queda el recuerdo de un olvido. Y menos mal cuando no lo punza la sombra
de aquellas espinas; de aquellas espinas, ya sabéis.
La biografíade Luis, de mascletà, cómo no. Y
lo deAlighieri,
sublime, sin paliativos.
Yo no conocía a Herta.
Me llegó un relato suyo -otro día voy con él-, la busqué y vi sus
fotos. En cuanto ocurrió esto último quedé atrapado. Una mujer
con esa presencia me tiene.
Esta madrugada me
leí esta minientrevista -se me hace casi publicitaria la
extensión de la mayoría de las entrevistas-. Mi atrapamiento era
consistente. De ella extraigo estas perlas:
Yo nunca he leído literatura, siempre he querido saber cómo funciona la vida. Los autores que me han fascinado siempre han sido los que en sus textos presentaban alguna problemática que me enseñaba cómo se hace esto: vivir. ¿Cómo transcurre la vida? ¿Cómo se puede soportar? Sin engañar, sin mentir.
Sabes que eres presa de tu vida, también de tu biografía, que hay hechos que no se pueden cambiar, que existen y ya existían antes de tu nacimiento. Te los ponen delante y crecen en tu cabeza y ahí tú no haces nada. Por ejemplo, que mi padre estaba en las SS, ahí no puedo hacer nada de nada; es una realidad que ya existía antes de nacer yo. Sin embargo, la tengo que asumir y saber qué significa dentro de un gran marco histórico que abarca prácticamente medio mundo.