cuidar como pensar



incuria
Del lat. incuria.
1. f. Poco cuidado, negligencia.

cuidar 
Del ant. coidar, y este del lat. cogitāre 'pensar1'.
1. tr. Poner diligencia, atención y solicitud en la ejecución de
algo.
2. tr. Asistir, guardar, conservar. Cuidar a un enfermo, la casa, la ropa. U. t. c. intr. Cuidar DE la hacienda, DE los niños.
3. tr. Discurrir, pensar.
4. prnl. Mirar por la propia salud, darse buena vida.
5. prnl. Vivir con advertencia respecto de algo. No se cuida DE la maledicencia.

Eugenio y Miguel sobre Carlos

Que se lo apropiaran los surrealistas en la época no es de extrañar. Que marcara a Carlos, tampoco. Lo de Atget es de pasarse siete pueblos; cierto que ayuda el hecho de que sea París principalmente el objeto de su mirada, pero aún así es de siete pueblos. Qué animal de bellota.
Tampoco es de extrañar que lo de Michael Schmidt le interesara hasta ayudarle a conformar una mirada propia; pero es que al alemán no se le concibe sin el francés.
Juegue el lector en las fotografías de abajo, si le place, a averiguar cuál es de quién.








the new topographics

Sigo con las influencias en la fotografía de Carlos, en su mirada. Una de ella es lo que en su día se llamó The new topographics -qué buen nombre para un grupo musical sería-:

What was so impressive about photos of tract housing and abandoned buildings? Maybe "impressive" is the wrong word — but it was unusual that they were considered landscapes. Unlike their predecessors, these new "topographic" photographers were less concerned with portraying an ideal image of nature and were more interested in showing plainly how man has altered it. Their photos were descriptive, unemotional and simple — a fusion, almost, of traditional landscape and social documentary photography, with man as the focus, but out of the picture.

El resto está aquí.



padrino

it's done.








The falling leaves
Drift by my window.
The falling leaves of red and gold.

I see your lips,
the summer kisses,
the sunburned hands I used to hold.

Since you went away 
the days grow long
And soon I'll hear old winter song
But I miss you most of all my darling
When autumn leaves start to fall

Since you went away
the days grow long
And soon I'll hear old winter song
But I miss you most of all my darling
When autumn leaves start to fall

I miss you most of all my darling
When autumn leaves start to fall

lo del Pershing

Ver la actuación de Viena es un placer: la finura, la complicidad y la diversión en grado máximo. Pero si  uno pudiera, como en la peli de Woody, se iría al salón de aquel hotel venerable en el Chicago de 1958. Porque Viena, y más en la actualidad, qué quieren que les diga frente a Chicago, año 58 del pasado siglo...





entre lo documental y lo metafórico





 

A la exposición que hoy traigo aquí le quedan unos días de vida en un espacio fantástico, tras el Congreso de los Diputados en Madrid. Fui hace unos días y todo era un viaje psiconáutico. Madrid en agosto, en obras, el espacio ICO, el personal que allí trabaja, la calle Zorrilla, la mirada de Carlos, servidor con calzado de ciclista...
De todas las que he visto, esta es la muestra con la que más me identifico.
Parece ser que una de sus influencias es Walker Evans. Hace ya  años lo traje en el anterior cuaderno: aquí y aquí. Fue a colación de una expo enorme de la Mapfre. Por ejemplo, The new topographics, Michael y Eugen o Walker:










so, what now, Eve?

Le di una segunda vuelta. Imprescindible en estos casos. Normal stuff.

 

Eve pulls a gun, drops it, then sits on the bed to confess: she thinks about Villanelle constantly—her eyes, her mouth, what shampoo she uses, what she eats for breakfast, what she feels when she kills someone. “I think about you, too,” Villanelle says, jolting Eve by admitting her own sexual obsession. When Eve asks her what she wants, her reply is slippery and ironic but at least partially honest. “Normal stuff,” Villanelle says. “Nice life. Cool flat. Fun job. Someone to watch movies with.”
Completo, en el New Yorker de aquí.

praeva


prevalecer
Del lat. praevalescĕre.
Conjug. actual c. agradecer.
1. intr. Dicho de una persona o de una cosa: Sobresalir, tener alguna superioridad o ventaja entre otras.
2. intr. Perdurar, subsistir. Costumbres que prevalecen durante siglos.
3. intr. desus. Dicho de las plantas y semillas en la tierra: Ir creciendo y aumentando poco a poco.
4. intr. desus. Dicho de una cosa no material: Crecer y aumentar.

prevaler
Del lat. praevalēre.
Conjug. c. valer.
1. intr. prevalecer.
2. prnl. Valerse o servirse de algo para ventaja o provecho propio.

prevalencia
Del lat. tardío praevalentia.
1. f. Acción y efecto de prevaler.
2. f. Acción y efecto de prevalecer.
3. f. Med. En epidemiología, proporción de personas que sufren una enfermedad con respecto al total de la población en estudio.

hay muchos lugares en donde todavía no saben qué es una fábrica

LAS FÁBRICAS

Las fábricas,
hembras de la miseria y de la herrumbre,
hembras nauseabundas,
roedoras, noctámbulas.
(Van a marchar todas las fábricas de la ciudad a recorrer el mundo...).
Hembras de larguísimos pechos
de los que en vez de abundante vía láctea
sale el pestilente humo
de sus combustiones
incalificables,
hembras cuyos ovarios
son terribles motores, terribles armas
que enturbian nuestros ojos
y envenenan nuestras palabras
y preparan los nuevos monstruos,
mamíferos
con extrañísimas entrañas.
Hembras de rampas afiladas
en vez de labios, esas pulpas
de hierba aromática y delicada;
rampas productoras
del beso mortuorio
cuando nos abrazan.
(Hay muchos lugares en donde todavía
no saben qué es una fábrica).
A las cinco de la mañana
comienzan a producir pelusilla,
jaboncillo, polvo:
¡el circo de la araña!
La pelusilla inunda el mundo,
mamamos de los pechos chimeneas
perdidos en sus naves y entre sus vigilancias
(Yo sé de muchas personas que se preguntan cuántas
chimeneas tienen...)
(¡volad chimeneas!)
La pelusilla nos hace monstruos
y jugamos con nuestras patas
mientras jugamos con sus pezones ennegrecidos
y nos alimentan con la leche de sus maquinarias.
¡Las máquinas son las nuevas vacas!
¡Hay pelusilla para otros treinta siglos!
La pelusilla cubre de niebla los horizontes
¡Acudid a las fábricas!
–gritan desde los altavoces
los sastres, saltando como ranas–
(¡Colocaremos una fábrica en el bosque!)
¡Acudid a la palangana
de sus inmensos depósitos
a rociaros con su agua,
para mascar un poco de jaboncillo
y a embardunarse con la herrumbre de sus latas!
¡Ay de aquel ciudadano
que no acuda a la fábrica!
Vivimos recogidos,
envueltos en la pelusilla
de los chalecos y de las batas,
de las medidas y de las pruebas.
¡Hacen falta
trajes, más trajes,
más paños, más entrañas
de operarios carbonizados
(El señor más rico del pueblo piensa regalar una fábrica...).
Poco a poco los sastres,
gracias a sus cábalas,
–cá
balas–
trasladan nuestras casas
a los sótanos de las fábricas.
Somos sótanos
los que debiéramos ser terrazas.
Pero los sastres
han ocupado las terrazas.
Somos jaboncillos,
curiosos jaboncillos
disueltos en las probetas de las alternancias,
curiosos productos químicos
bullendo en las pantallas
de las mentes oscuras de los sastres.
¡La pasta!
Una ciudad había,
árboles, paseos,
alguna pequeña fábrica...
herbolarios, parques,
ligera niebla,
alas...
(Pronto sabrá todo el mundo cómo son las fábricas).
Yo soy un jaboncillo.
Mi madre era una pastilla enorme,
una pastilla que deshacía su ternura
y que limpiaba todos los camposantos
y todas las mezquitas brillaban.
Y yo nací en una terrible lavadora,
en una lavadora llena de lava,
cubierto de peces y alfileres,
de fetos y de lombrices.
Mi madre
era una fábrica.
Yo soy un jaboncillo
en manos de los sastres llenos de babas,
que me miden, me prueban,
me cortan y me hilvanan.
Sastrería
no quiere mi alma.
Porque el alma
es lo que no trituran los sastres y las fábricas
(¡Es necesario destruir todas las fábricas!)
Desfilan los caldereros,
los carboneros,
las planchadoras,
los filibusteros,
las parcas.
¡Qué pezones tan negros!
¡Qué chimeneas tan largas!
¡Mamemos! ¡Mamemos!
¡Las calderas abrasan!
¡Revientan los motores!
¡Bailan las máquinas!
Allá, a lo lejos,
desde algún lugar de las galaxias,
debe observarse nuestro planeta
envuelto en una rara capa:
avanza hacia mundos desconocidos
ardiendo, consumiéndose; avanza
ahogados todos los seres,
convertidos en pelusillas, en zarzas,
únicas pobladas del infernal desierto!
¡La tierra blanca!
¡Una inmensa bola de polvo inmensa!
(¡Mamemos! ¡Mamemos!)
¡La creación humana!
(Las fábricas son las dueñas del mundo
y no se preocupan por estas pequeñas cosas).
¡Una inmensa y solitaria nave solitaria
hecha polvo,
hacia la nada!

Jesús Lizano