yazco o yazgo o yago

Dos de José Ángel. En el primero, estoy en completo desacuerdo con él, pero está tan bien hecho... 

Consiento


Debo morir. Y sin embargo, nada
muere, porque nada
tiene fe suficiente
para poder morir.

 

No muere el día,
pasa;
ni una rosa,
se apaga;
resbala el sol,
no muere.

Sólo yo que he tocado
el sol, la rosa, el día.
y he creído,
soy capaz de morir.

 

El crimen

Hoy he amanecido
como siempre, pero
con un cuchillo
en el pecho. Ignoro
quién ha sido,
y también los posibles
móviles del delito.

Estoy aquí
tendido
y pesa vertical
el frío.

He sido asesinado.
(Descarto la posibilidad del suicidio).


La noticia se divulga
con relativo sigilo.

 

El doctor estuvo brillante, pero
el interrogatorio ha sido
confuso. El hecho
carece de testigos.
(Llamada la portera,
dijo
que el muerto no tenía
antecedentes políticos.
Es una obsesión que la persigue
desde la muerte del marido.)

Por mi parte no tengo
nada que declarar.
Se busca al asesino;
sin embargo,
tal vez no hay asesino,
aunque se enrede así el final de la trama.

Sencillamente yazgo
aquí, con un cuchillo...
Oscila, pendular y
solemne, el frío.

No hay pruebas contra nadie. Nadie
ha consumado mi homicidio.

José Ángel Valente

 

anoche

Perros contra la luna, lejanísimos,
llevan hasta los ámbitos
más próximos la inquietud de la noche
rumorosa. Claros
sonidos, antes inaudibles,
se perciben ahora. Ecos vagos,
jirones de palabras, goznes
agrios,
desasosiegan el recinto en sombra.

Apenas sin espacio,
el silencio, el inasible
silencio, cercado
por los ruidos, se aprieta
en torno de tus piernas y tus brazos,
asciende levemente a tu cabeza,
y cae por tus cabellos destrenzados.

Es la noche y el sueño: no te inquietes.
El silencio ha crecido como un árbol.

Ángel González

me encantan los entierros

SI TODO VUELVE A COMENZAR

Quiero decirlo ahora
porque si no después las cosas se complican.

Soy peor todavía de lo que muchos creen.

Me gusta justamente el plato que otro come
aburro una tras otra mis camisas
me encantan los entierros y odio los recitales
duermo como una bestia
deseo que los muebles estén más de mil años en el mismo lugar
y aunque a escondidas uso tu cepillo de dientes
no quiero que te peines con mi peine
soy fuerte como un roble
pero me ando muriendo a cada rato
comprendo las cuestiones más difíciles
y no sé resolver lo que en verdad me importa.

Así puedo seguir hasta morirme
ya ves soy lo que llaman
el clásico maniaco depresivo.

Te explico estas cuestiones
porque si todo vuelve a comenzar
no me hagas mucho caso acuérdate.

José Agustín Goytisolo

como un pájaro exótico

DEL AÑO MALO

Diciembre es esta imagen
de la lluvia cayendo con rumor de tren,
con un olor difuso a carbonilla y campo.
Diciembre es un jardín, es una plaza
hundida en la ciudad,
al final de una noche,
y la visión en fuga de unos soportales.

Y los ojos inmensos
—tizones agrandados—
en la cara morena de una cría
temblando igual que un gorrión mojado.
En la mano sostiene unos zapatos rojos,
elegantes, flamantes como un pájaro exótico.

El cielo es negro y gris
y rosa en sus extremos,
la luz de las farolas un resto amarillento.
Bajo un golpe de lluvia, llorando, yo atravieso,
innoble como un trapo, mojado hasta los cuernos.

Jaime Gil de Biedma.

las flores son tan contradictorias

 "Debería no haberla escuchado -me confió un día-, no hay que escuchar nunca a las flores. Hay que mirarlas y olerlas. La mía perfumaba mi planeta, pero yo no sabía alegrarme con ella. Esa historia de garras, que me había irritado tanto, debería haberme enternecido..."
Me confió todavía:
"No supe entonces entender nada! Debería haberla juzgado por los actos y no por las palabras. Me perfumaba y me iluminaba. Nunca debería haberme escapado ! Debería haber adivinado su ternura detrás de sus pobres artimañas. Las flores son tan contradictorias! Pero yo era demasiado joven para saber amarla."

El principito, Antoine de Saint-Exupéry

1830

 crotorar

Del lat. crotolāre.

1. intr. Dicho de una cigüeña: Producir el ruido peculiar de su pico.

pasó el verano y no viniste

El poema me llegó hace unos días de mano querida, dos minutos antes de las 7 de la mañana. Sabe, lo hemos compartido muchas veces, de mi afición por comenzar el día con un poema. Era un guiño, pues:

Ya no

Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.
Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volveré a tocarte.
No te veré morir.

Idea Vilariño

Sobre este poema y la relación entre Idea y Juan Carlos Onetti es fácil indagar. Se puede comenzar por aquí.

murrio, rria
 

1. adj. Que tiene murria.

Sin.:
  • triste, melancólico, apesadumbrado, abatido.
Ant.:
  • alegre.

2. f.coloq. Especie de tristeza y cargazón de cabeza que hace andar

cabizbajo y melancólico a quien la padece.

The Joy of Non Sex

El vídeo tiene restricción de edad y sólo se puede ver directamente en Youtube. Es brillantísimo.


accidental o involuntario


El deseo sigue un curso paraleloY la historia es una red y no una víaDías y noches de amor y de celosUna cama se llena y otra se vacía
Yo lo vi, hasta en los hospitalesEscapándose al motel los cirujanos¡Tan complicados los simples mortalesY tan fácil saber que se traen entre manos!
Y bajo los congresos, las giras, rodajesLas ferias agrícolas y convencionesGira inexorable el otro engranajeLa noria invisible de las transgresiones
La vida también es aquellos mensajesLa llamada hecha desde la esquinaPoco de negocio tenían los viajesTodo de su amor, aquella oficina
El cantante ávido de nuevas pielesAquel literato lució su guiñadaPor los pasillos de tantos hotelesEl tráfico arrecia en las madrugadas
Clara, evidente, manda la libidoLa fidelidad, brumosa palabraCon su incierta lista de gestos prohibidosMuerde siempre menos de lo que ladraMuerde siempre menos de lo que ladra
El deseo sigue un curso paraleloY la historia es una red y no una víaDías y noches de amor y de celosUna cama se llena y otra se vacía
Y bajo los congresos, las giras, rodajesLas ferias agrícolas y convencionesGira inexorable el otro engranajeLa noria invisible de las transgresionesLa noria invisible de las transgresiones

guiñada

De guiñar.

1. f. guiño.

Sin.:
  • guiño, destello.

2. f. Mar. Desvío accidental o involuntario de la nave con relación al rumbo que lleva.

principio de conservación del momento lineal



cimero, ra

1. adj. Situado en la cima o en la parte más alta o destacada de algo. Posición, novela cimera.

De Clara a Ludwig; dedicada a Franz. Primer romanticismo, 1836, 26 años.
Daban lluvia. Se ha quedado muy buena tarde.

non cuique datum est habere nasum

Como mínimo, un superlativo placer estético en blanco y negro, del Boweri de los 60 a aquella Italia. Brutal.
Y no, a no todo el mundo le es dado tener nariz. Parece el motto de la serie.



el edificio

He estado leyendo esto hace unos días. Me lo trajeron del país donde fue escrito por un módico precio. Los tiempos que corren.
Me he sentido un poco abrumado pensando la poca antiguedad que tiene la novela gráfica -discusiones respecto a la nomenclatura hay para aburrir- y que yo tenía entre manos la que se considera a nivel general la primera -a nivel estrictamente cronológico, el asunto es más longevo-. Es todo una centella el siglo XX. Un siglo para la posteridad que no se entiende, claro, sin sus inmediatos predecesores. O me falta perspectiva -fácilmente presumible- o al actual le falta gracia. El caso es que Will, para variar, es judío afincado en los Estos Unidos. Aplicado, brillante y todas esas cosas. Tiraré del hilo hacia atrás, y no con Will. Siempre hay una cara B que suele ser más interesante. Ya la tengo encargada. Llegará.
El cómic, por cierto, me pareció bellísimo en fondo y forma.





 

dolor, última forma de amar

Pienso en Pedro estos días, leyéndolo. Imagino que el hombre debió de pasarlo fatal: no porque se le rompiera el amor, sino porque sabía  perfectamente lo que le estaba ocurriendo y aun así decidió sumergirse. Su descripción del enamoramiento y la ruptura amorosa es de canon, de tratado, de enciclopedia. Su La voz a ti debida debería enseñarse de alguna forma, pero, de cuál. Yo nunca supe de ella hasta que llegué por mi paso. Y lloro y me río mientras lo leo. Y pienso en los drogadictos. En nosotros.

Cuando tú me elegiste
-el amor eligió-
salí del gran anónimo
de todos, de la nada.
Hasta entonces
nunca era yo más alto
que las sierras del mundo.
Nunca bajé más hondo
de las profundidades
máximas señaladas
en las cartas marinas.
Y mi alegría estaba
triste, como lo están
esos relojes chicos,
sin brazo en que ceñirse
y sin cuerda, parados.
Pero al decirme: “tú”
-a mí, sí, a mí, entre todos-,
más alto ya que estrellas
o corales estuve.
Y mi gozo
se echó a rodar, prendido
a tu ser, en tu pulso.
Posesión tú me dabas
de mí, al dárteme tú.
Viví, vivo. ¿Hasta cuándo?
Sé que te volverás
atrás. Cuando te vayas
retornaré a ese sordo
mundo, sin diferencias,
del gramo, de la gota,
en el agua, en el peso.
Uno más seré yo
al tenerte de menos.
Y perderé mi nombre,
mi edad, mis señas, todo
perdido en mí, de mí.
Vuelto al osario inmenso
de los que no se han muerto
y ya no tienen nada
que morirse en la vida.

No quiero que te vayas
dolor, última forma
de amar. Me estoy sintiendo
vivir cuando me dueles
no en ti, ni aquí, más lejos:
en la tierra, en el año
de donde vienes tú,
en el amor con ella
y todo lo que fue.
En esa realidad
hundida que se niega
a sí misma y se empeña
en que nunca ha existido,
que sólo fue un pretexto
mío para vivir.
Si tú no me quedaras,
dolor, irrefutable,
yo me lo creería;
pero me quedas tú.
Tu verdad me asegura
que nada fue mentira.
Y mientras yo te sienta,
tú me serás, dolor,
la prueba de otra vida
en que no me dolías.
La gran prueba, a lo lejos,
de que existió, que existe,
de que me quiso, sí,
de que aún la estoy queriendo.

Pedro Salinas