cosas ocultas

Tras el cristal, se desconoce
el cuerpo, como un hijo
que crece, como si jugara
y de pronto fuera desconocido.
Coloca entonces
tu mano en el estómago,
la palma abierta, y respira
profundo. Al fin somos culpables
de quien muere, y también
de vivir. Barrios
se hacen poblados peligrosos
por la noche, hay humaredas,
rostros cetrinos junto a fuegos.


Cuando voy a trabajar es de noche,
después amanece poco a poco,
hace mucho frío aún.
A menudo en el cine
me parece oír lluvia azotando el tejado,
como si no hubiese lugar
donde guarecerse.
Hoy alguien en un sueño dijo:
ten, en esta garrafa
hay agua limpia, por si toma moho
la del corazón.


escribir el miedo es escribir
despacio, con letra
pequeña y líneas separadas,
describir lo próximo, los humores,
la próxima inocencia
de lo vivo, las familiares
dependencias carnosas, la piel
sonrosada, sanguínea, las venas,
venillas, capilares

Olvido García Valdés

papeles costrosos

Fernando Pessoa: el tesoro en el arca.
Antes de destruirse del todo, en la época en que tuvo un alcohol más sosegado, Fernando Pessoa se ganaba la vida como traductor de inglés en algunos despachos comerciales. Con un horario anárquico entraba y salía de las oficinas de Lavado y de Mayer, situadas en la Baixa de Lisboa, y allí tecleaba con una máquina anquilosada la correspondencia mercantil, original y copia, sin hablar con nadie, un oficio que le dejaba tiempo para escribir a lápiz fragmentos de poemas en la misma mesa de trabajo. Hay que imaginarlo con sombrero, pajarita muy rozada, bigote espeso, los lentes ovalados sin montura pinzados en la cepa de la nariz cruzando la Rua da Prata, hecho un dandy ya un poco descalabrado, en dirección al café A Brasileira, donde solía verse con otros escritores y periodistas bohemios, día y noche. Bebía con ellos. Hablaba de proyectos literarios nunca realizados y volvía al trabajo o se iba a la cama. Los camareros sabían los gustos de su hígado. Nada de whisky o de cerveza. Simplemente cazalla, el aguardiente duro que llega más directo al alma de los poetas para calentar sus sueños. En esta época, con 25 años, el café A Brasileira, la del Chiado o la del Rossio, era un eje de humo, que hacía girar una rueda dentada. "Animal, mamífero, placentario, megalómano, con rasgos dipsómanos, poeta, con vocación de escritor satírico, ciudadano universal, filósofo idealista. Soy un degenerado superior". Así se definía cuando estaba muy borracho.
Fernando Pessoa había nacido en Lisboa, en el n.º 4 del Largo de San Carlos, hoy Directorio, el 13 de junio de 1888, vástago de militares y jurisconsultos, mezcla de hidalgos y judíos, todos arruinados como manda la estética. Fue un niño mimado. Desde lo más hondo de la ebriedad el poeta siempre recordaría su infancia en Lisboa como un paraíso lleno de caricias maternales. Requerido igualmente por el amor de algunos virus pasó en la niñez algunos meses en cama y con ello probó también el dulce sabor de estar suavemente enfermo y esperar que venga tu madre a arroparte y darte siempre el beso de buenas noches. Allí en la cama el niño comenzó a hablar con personajes imaginarios que él se inventaba, mientras en la habitación del fondo se oían los gritos de su abuela Dionisia que estaba loca. Aquella dicha duró hasta que a los cinco años murió su padre y el paraíso fue invadido por un extraño. El comandante João Miguel Rosa, cónsul de Portugal en Durban, Natal, contrajo matrimonio por poderes con la viuda y mandó llamar a su esposa e hijastro a Suráfrica, donde el chico fue educado en el high school de esa ciudad e ingresó en la Universidad del Cabo de Buena Esperanza después de ganar a los 15 años el premio Reina Victoria de estilo en lengua inglesa. No tenía amigos. El adolescente Pessoa sólo hablaba con los personajes imaginarios, sus fieles compañeros, que se llevó de Lisboa, fantasmas dotados por él de carne y hueso.
Cuando después de diez años volvió a Portugal de vacaciones con la madre, el padrastro y varias hermanas que habían nacido en Suráfrica, Pessoa se trajo también a cuestas el complejo de Edipo que trató de sacudirse de encima sin llegar a conseguirlo nunca. "Soy un carácter femenino con una inteligencia masculina". La familia regresó a Durban y el joven se quedó en Lisboa a expensas de su tía Ana Luisa. Se matriculó en Filosofía. Entonces devoraba dos libros diarios. Hegel, Kant, Tennyson, Keats, Shelley. Se veía con sus amigos en A Brasileira tres veces al día a cualquier hora. Paseaba. Escribía los primeros poemas simbolistas. Bebía. Daba los consiguientes sablazos y la rueda dentada giraba. En la oficina había conocido a una mecanógrafa llamada Ofelia. Ensayó la forma de enamorase. Le escribía cartas obsesivas y tardó un año en lograr llevarla a pasear a orillas del Tajo, pero allí sentados miraban el curso del agua sin atreverse a rozarse siquiera la yema de los dedos. Cuando la chica, después de tantos suspiros, poemas y cartas, ya entregada, le requirió para casarse, su difusa homosexualidad lo dejó paralizado. "Amémonos tranquilamente, pensando que podríamos / si quisiéramos, cambiar besos y abrazos y caricias, / pero que más vale estar sentados uno junto al otro / oyendo correr el río y viéndolo /". Con el poeta Sa Carneiro, hijo de familia pudiente, imaginó hazañas editoriales. Nada. Mandaba algún poema, algún artículo a las revistas efímeras, El Águila, Renacença, Orpheu,que nacían llenas de entusiasmo y se desvanecían al tercer número. Mientras tanto, en papeles costrosos que guardaba en el bolsillo seguía escribiendo donde le pillara la inspiración, durante el trabajo en los despachos comerciales, al pie de la cazalla en el café, en un banco de la calle, en casa, de noche, de madrugada, siempre, a cualquier hora. Luego metía esos papeles en un arca forrada de terciopelo raído como el náufrago que arroja una botella al mar.
Pessoa había llamado en su ayuda a unos seres imaginarios, herederos de aquellos con los que él hablaba a solas en la infancia. Han sido llamados heterónimos. Se expresaría a través de ellos para enmascararse, como había utilizado el inglés de sus primeros poemas para atacar desde la anarquía juvenil todas las instituciones, la religión, el matrimonio y la patria. Alberto Caeiro sería el panteísta, el poeta de la naturaleza. Ricardo Reis haría de portador de todos los valores paganos, un contemplativo horaciano que veía pasar la vida con una elegante serenidad sabiendo que al final todo se disuelve en la nada. Álvaro de Campos sería el filósofo existencialista, a veces metafísico, destructivo y libre. En medio de estas tres proyecciones de su alma, a veces Pessoa asomaba la propia cabeza. Bebía y la volvía a amagar. Nunca abandonó Lisboa. Un viaje a Cascais en tranvía o a Sintra en un chevrolet imaginario donde recibió en el camino el beso volado de una niña que creía que era un príncipe el que pasaba.
Un buen día recibió la noticia de que su padrastro había muerto en Durban. El joven sintió que un grajo levantaba vuelo desde su nuca. Luego llegó a Lisboa la madre, convertida en una anciana de 58 años. En ese momento creyó de nuevo estar a salvo. Su madre y el poeta amigo Sa Carneiro eran las únicas fuerzas que aún le permitían reconocerse borracho en el espejo. Pero llegó el momento en que su madre murió y Sa Carneiro, que había huido a París, a los 26 años se pegó un tiro en la habitación del hotel. Sin ningún asa donde agarrarse Fernando Pessoa decidió suicidarse lentamente sin dejar nunca de ser un caballero con la bufanda cruzada en el pecho. Ni siquiera tenía hogar propio, siempre a merced de familiares o de fondas con olor a hervido de coliflor. Abandonó las tertulias con sus compañeros bohemios en la Brasileira, aunque siempre había alguien que le metía unos reales en el bolsillo del abrigo para una sopa caliente, pero al final sólo se alimentaba de cazalla. El café Martinho d'Arcade, bajo los soportales de la plaza del Comercio, era su nuevo abrevadero. Allí bebía ya en soledad mientras el arca de casa se iba llenando de papeles. Cuando soñaba aún con publicar su obra, proyecto siempre fracasado, en octubre de 1935 sufrió un cólico hepático. Le llevaron al hospital de San Luís de los Franceses. Entró en coma. El 30 de noviembre en un momento de lucidez dijo a la enfermera: "Dadme las gafas". Fueron sus últimas palabras.
Pasados algunos años, cuando ya había sido olvidado, alguien abrió el arca forrada de terciopelo y encontró el tesoro. En ese arca dormía uno de los más grandes poetas de la literatura universal, el anárquico, proteico, profundo, agnóstico, ocultista, metafísico, existencialista Fernando Pessoa.
Manuel Vicent. Publicado en El País el 14 de junio de 2008

en papeles amarillentos


manifacero, ra.
(Del lat. manus, mano, y facĕre, hacer).
1. adj. coloq. Ar. y Mur. Revoltoso y que se mete en todo. U. t. c. s.

evanescer.
1. tr. Desvanecer o esfumar. U. t. c. prnl.

evanescente.
(Del lat. evanescĕre, desvanecerse).
1. adj. Que se desvanece o esfuma.

evanescencia.
(De evanescente).
1. f. Acción y efecto de evanescerse o esfumarse algo.
2. f. Cualidad y condición de lo que es evanescente.

Rusia y el rapto de Europa

Llevaba tiempo queriendo escribir en este cuaderno crónicas deportivas. Va a ser esta la primera. Ahí vamos:

Ayer volví a ver en TDP la final de la Copa de Europa -me resisto a llamarla de otra forma- del año pasado: CSKA vs Olympiacos. La vi tb el año pasado. Una final para ingresar en cualquier tratado de entrenador, de cómo perder lo ganado y de cómo ganar lo perdido. Una final para hacer de ella un libro de consulta para malos momentos o un libro de consulta para cualquier Iglesia que a uno le dé por fundar. La Iglesia de la Fe inquebrantable, por ejemplo. Aparte de esto, la final, el partido, era tan excitante como ver copular a dos carpas en un estanque versallesco: aburrido y absolutamente decadente.
Final del 1er cuarto: 10-7
Final del 2º cuarto: 34-20
Final del partido: 61-62

El CSKA es un coche de esos que uno se cruza en ocasiones por la autovía, lo adelanta a 125 km/h y, mientras pasa a su interminable lado, se pregunta: ¿qué hace este coche en esta carretera y, sobre todo, qué hace a 120 km/h? El CSKA es ese coche y todos los demás equipos de Europa, todos, son utilitarios o, como mucho, algún deportivo de marca alemana y aspecto macarrilla. El CSKA es un Bentley en Europa pero jugó como un Citroën, como un coche que quiere ser de lujo pero parte de una marca que no lo es. Como una impostura. Porque el equipo ruso tiene motor y talento para arramblar al que se le ponga por delante, pero.
Rusia construye su identidad en una dualidad antagónica: de los zares al proletariado sin solución de continuidad. En medio, claro, cae el romanticismo como una losa para quien lo padece: ¿cómo solventar esa dicotomía irresoluble sin la autolesión? Bien, pues el CSKA posee los mimbres de la mejor estirpe zarista: el lujo, el refinamiento, la grandiosidad; y jugó como un ejército de campesinos aboliendo el capital y tratando de instaurar un nuevo régimen basado en el trabajo y la igualdad. Ya sabemos cómo acaba la historia, que el siglo XX pasó para y por algo.
La crónica de Robert Álvarez del año pasado está aquí, por si queréis consultarla. Y el último y taquicárdico cuarto, aquí, en un primoroso, entusiasta e ininteligible griego.

Todo esto viene a cuento de que esta mañana me desayuno leyendo este artículo donde se habla de las semifinales de Conferencia de la NBA. Ojo, de Conferencia. Y los resultados, y las anotaciones, y las prórrogas, y el jugar hacia adelante me sonrojan. Por si caben dudas, aquí tenéis un resumen del partido de los que juegan con el angelito James contra Chicago. El partido comienza con el susodicho angelito recibiendo su merecido premio al mejor de la temporada regular; sigue con él abriéndole una brecha en el labio a un alma de cántaro vestida de rojo que tuvo la ocurrencia de chocarse con -¿contra?- el laureado y acaba con el de rojo y su labio remendado solventado el marcador porque, puntos de sutura a la mar, vamos a lo que vamos: meter más puntos. Y si no que se lo digan a los viejos rokeros, que acabaron ganando tras dos prórrogas.

Lástima que nuestro viejo continente siga apostando a caballo rancio, o sea, perdedor. El año pasado la final la salvó su desenlace de suspense; me pregunto si este año volveremos a Tarkovski, tan influyente y fundacional como aburrido para estas citas. Pocas esperanzas albergo. 

lo que quieren las chicas en estos tiempos


All the girls on these times of disaster want a party I'm not able to give, so I learn every night some new clapping and dancing and the compass measure is the show. 
When it would be so easy to give me a cure at night: some heat, some strength, near the dance floor. Just the softest 3 by 4 and you moving the head. No fear. No blankets. No pills. A hymn, yes. 
All the girls on these times of disaster want a party I'm not able to give, so I learn every night some new clapping and dancing and the compass measure is the show. 
Then it always comes the morning and it's sometimes really quiet but always full of echoes of you. The newspaper speaking noisy and the countdown of parent's wake. The shout of a life that it's silly and foul.

Times of Disaster by Migala on Grooveshark

de cañas con Josemari

Es falso el entusiasmo de las voces
y todos lo sabemos. Mas se charla
para evitar preguntas que en las sombras
aguardan con temor que se las llame.

Y se beben cervezas cual si fuera

a batirse algún récord para el Guiness

Nadie pregunta nada. Se discurre

y alborota de cosas que no importan
para aclarar aquellas importantes
que duele mencionarlas por frustradas.

José María Fonollosa

de sofás



DEVOLVERTE 

háblame de la ilusión que te quité 
de las cosas que no te he dejado hacer 
cada vez no puede ser 
cada vez no puede ser la única vez 

he cambiado cada mueble de lugar 
para ver qué cara pones al entrar 
al azar pero al final 
yo he dormido mucho más en el sofá 

nunca quise hacer dos cosas a la vez 
intenté cambiarte y te estropeé 
para qué, si estabas bien 
quiero verte tal y como te encontré 

devolverte a tu estado original 
al principio sonreías sin parar 
cada vez no puede ser 
cada vez no puede ser la única vez


velas al amanecer

Velas

Los días del futuro se yerguen ante nosotros
como una fila de velitas encendidas
-doradas, calientes y vivaces velitas.

Los días pasados atrás quedan,
una fúnebre fila de velas apagadas;
las más próximas humean todavía,
frías velas, derretidas y dobladas.

No quiero mirarlas; su forma me apena
y me duele recordar su luz primera.
Ante mí veo mis encendidas velas.

No quiero girarme y ver estremecido
lo pronto que la oscura fila se alarga,
lo deprisa que las apagadas velas aumentan.

Constantino Kavafis. Traducción de Luis de Cañigral.

metrónomos hasta los 50 compases

Al lado de su amigo, como no podía ser de otra manera:

 

... sí, coño, ¡es lo más difícil!

Imprescindibles - Jaime Gil de Biedma from Miguel Angel on Vimeo.

Der Archipelagus


Hölderlin conocía como nadie y amaba como ningún poeta ha amado y comprendía como ningún sabio ha comprendido a la antigua Hélade. De manera que sabía perfectamente que la hermosa Grecia nunca había existido, sino que más bien Occidente había construido el mito griego para que su propio destino viniera de algún lugar y fuera hacia alguna parte.

Extracto del artículo Perder lo que nunca fue nuestro, de Félix de Azúa.


¿Tornan las grullas de nuevo a tu lado y enfilan de nuevo
rumbo a tus costas los barcos? ¿Envuelven en calma tu flujo
brisas ansiadas y sube del fondo el delfín y su lomo
baña al reclamo del sol que le alumbra con luces no usadas?
¿Jonia florece? ¿Ya es primavera?

[...]

Que sobre las aguas
nade sin miedo y se entrene mi espíritu al tónico y fuerte
gozo; y eterno mudar, devenir, que es lenguaje de dioses,
yo al fin comprenda, y si al cabo el desgarro del tiempo en mi mente
rompe con fuerza y la humana penuria y el triste extravío
entre mortales mi vida mortal con violencia estremecen,
deja que al fin yo por siempre en tu fondo el silencio recuerde.


Principio y final de El Archipiélago, F. Hölderlin. Traducción de Helena Cortés Gabaudan.

trifling Jane

Bessie Smith (1894-1937) la grabó en 1927, diez años antes de dejarnos, es decir, con 33. Nos dejó con 43. Dinah tenía 3 años cuando Bessie la cantaba. Dinah nació en 1924 y murió en 1963, con 39 años.
Ni la una ni la otra son imaginables hoy en día. Eran otros tiempos, ciertamente. No sé si mejores; probablemente para la mayoría de la gente que le tocó vivirlos, no. Pero sí es cierto que, artísticamente hablando, uno añora lo que producen determinadas épocas, determinados fragores biográficos.  Y todo esto sin mentar al tal George Brooks, que menuda ocurrencia la suya con lo del asesinato pasional y juez... Trato de imaginar una letra semejante y una orquestación similar trasladada a nuestros días y me viene a la cabeza lo ramplón o lo kitsch. Así que disfrutemos de ellas sin necesidad de acabar en los locales nocturnos del Bowery viejo para abrigarnos del frío invierno neoyorquino. Aunque una, qué queréis que os diga, yo sí me tomaría.

Judge you wanna hear my plea
Before you open up your court
But I don't want no sympathy
'Cause I'm done, cut my good man's throat

I caught him with a trifling Jane
I warned him 'bout before
I had my knife and went insane
And the rest you ought to know

Judge, Judge, please mister Judge
Send me to the 'lectric chair
Judge, Jedge, good Mister Judge
Let me go away from here

I wanna take a journey
To the devil down below
I done killed my man
I wanna reap just what I've sowed

Oh Judge, Judge, Lordy Lordy Judge
Send me to the 'lectric chair
Judge, Judge, hear me Judge
Send me to the 'lectric chair

Judge, Judge send me there Judge
I love him so dear

I cut him with my barlow
I kicked him in the side
I stood there laughing over him
While he wallowed 'round and died

Oh Judge, Judge, Lordy Judge
Send me to the 'lectric chair
Judge, Judge, sweet mister Judge
Send me to the 'lectric chair

Judge, Judge, good kind Judge
Burn me 'cause I don't care

I don't want no good mayor
To go my bail
I don't want to spend no
Ninety-nine years in jail

So Judge, Judge, good kind Judge
Send me to the 'lectric chair


Composer George Brooks

nana roja

Song for a red nightgown

No. Not really red,
but the color of a rose when it bleeds.
It's a lost flamingo,
called somewhere Schiaparelli Pink
but not meaning pink, but blood and
those candy store cinnamon hearts.
It moves like capes in the unflawed
villages in Spain. Meaning a fire
layer and underneath, like a petal,
a sheath of pink, clean as a stone.

So I mean a nightgown of two colors
And of two layers that float from
the shoulders across every zone.
For years the moth has longed for them
but these colors are bounded by silence
and animals, half hidden but browsing.
One could think of feathers and
not know it at all. One could
think of whores and not imagine
the way of a swan. One could imagine the cloth of a bee
and touch its hair and come close.

The bed ravaged by such
sweet sights. The girl is.
The girl drifts up out of
her nightgown and its color.
Her wings are fastened onto
her shoulders like bandages.
The butterfly owns her now.
It covers her and her wounds.
She is not terrified of
begonias or telegrams but
surely this nightgown girl,
this awesome flyer, has not seen
how the moon floats through her
and in between.

Anne Sexton

Canción para un camisón rojo

No. No rojo del todo,
sino más bien del color de la rosa cuando sangra.
Es un flamenco perdido,
llamado en algún sitio Rosa Schiaparelli
sin querer decir rosa, sino sangre y
esos corazones de canela de tiendas de golosinas.
Se mueve como las capas en los rústicos
pueblos de España. Pareciendo una capa
de fuego y debajo, como un pétalo,
una funda rosa, limpia como una piedra.

Me refiero a un camisón de dos colores
y de dos capas que flotan desde
los hombros hacia todas partes.
Durante años la polilla las ha anhelado
pero estos colores están unidos por el silencio
y por animales, medio escondidos que observan.
Uno podría pensar en plumas y
no saberlo en absoluto. Uno podría
pensar en putas y no imaginarse
la figura de un cisne. Uno podría
imaginar la tela de una abeja y
tocar su pelo y hacerse a la idea.

La cama está saqueada por tan
dulces visiones. La chica lo está.
La chica se eleva y sale de
su camisón y su color.
Sus alas están atadas a sus hombros como vendas.
Ahora la mariposa es su dueña.
La cubre, a ella y a sus heridas.
No esta aterrorizada por
begonias ni por telegramas pero
seguramente esta chica del camisón,
esta formidable criatura alada, no ha visto
cómo la luna flota a través de ella
y entre ella.

Traducción de Ben Clark