ave o raíz

chirivía.
(Cf. alcaravea).
1. f. Planta de la familia de las Umbelíferas, con tallo acanalado de nueve a doce centímetros de alto, hojas parecidas a las del apio, flores pequeñas y amarillas, semillas de dos en dos, y raíz fusiforme blanca o rojiza, carnosa y comestible.
2. f. lavandera.

lavandera.
(De lavandero).
1. f. Ave paseriforme, de figura grácil y cola larga que sacude continuamente. El plumaje es gris y negro combinado con blanco o amarillo, según las especies.



Elda Petrel

conurbación.
(Del ingl. conurbation).
1. f. Conjunto de varios núcleos urbanos inicialmente independientes y contiguos por sus márgenes, que al crecer acaban formando una unidad funcional.

con estrella y estrellados



Men of good fortune
Often cause empires to fall
While men of poor beginnings
Often can't do anything at all

The rich son waits for his father to die
The poor just drink and cry
And me, I just don't care at all

Men of good fortune
Very often can't do a thing
While men of poor beginnings
Often can do anything

At heart, they try to act like a man
Handle things the best way they can
They have no rich daddy to fall back on

Men of good fortune
Often cause empires to fall
While men of poor beginnings
Often can't do anything at all

It takes money to make money they say
Look at the fords, but didn't they start that way
Anyway, it makes no difference to me

Men of good fortune
Often wish that they could die
While men of poor beginnings
Want what they have and to get it they'll die

All those great things that live has to give
They wanna have money and live
But me, I just don't care at all

Men of good fortune
Men of poor beginnings
Men of good fortune
Men of poor beginnings

Men of good fortune
Men of poor beginnings
Men of good fortune
Men of poor beginnings

Babieca

de partos

partero, ra.
1. m. y f. Persona con títulos legales que asiste a la parturienta.
2. f. Mujer que, sin tener estudios o titulación, ayuda o asiste a la parturienta.

la angustia existencial de los conejos

Lo había visto en las librerías pero lo había hojeado poco. Ahora sí, por uno de esos azares, cayó enteramente en mis manos. Anoche lo devoré justo antes de entrar en el sueño. Finísimo y negro, maravilloso. Uno se pregunta cómo funcionan determinadas cabezas, admirado.
The book of bunny suicides; El libro de los conejitos suicidas, de Andy Riley.
Aquí está entero. Dejo alguna de las viñetas.







la vida tal cual



Aquí hay otra versión del mismo tema, la letra y alguna curiosidad. Y esta es otra más:





Si tú me quieres no saldré a pasear.
Puede ser domingo y que tú no estés aquí.
Dejaré de tomar té, de sentarme en tu sillón
y de dibujar hasta las dos.

Si tú me quieres dejaré de conducir,
puedo coger trenes y también el autobús.
Dejaré de cocinar lo que no quieras comer,
de escuchar canciones en francés.

Ya no iré con los amigos a bailar,
quitaré el papel de flores que hay en la pared.
No saldré hasta las mil, ni usaré el abrigo azul
y todo esto haré sólo por ti.




No es por decirte que no llames,
Pero has de entender que no puedo estar así,
Pendiente de tu amor

No es por decirte que me llames,
Pero si tú ves que no es fácil para ti lo puedes hacer

Me quieres ya lo sé,
Mil veces he oído ya esa vieja canción

Es conveniente que me llames,
Para así saber que las cosas marchan bien
Y piensas mucho en mí

Si no me llamas yo me muero,
No es exageración, necesito oir tu voz, llama de una vez
Tú no me quieres ya, no hay más explicación a tu silencio,
A tu abandono, si no me llamas.




Con cemento y hormigón, 
para tí, para tí, mi amor, 
voy a hacerte un rascacielos, sí,
para tí, mi amor, sí, sí, 
para tí, mi amor, 
con cemento y hormigón. 

Derribando la mansión
porque si, porque sí, señor, 
del solar de mis abuelos sí, 
para tí, mi amor, sí, si, 
porque sí, señor, 
derribando la mansión. 

Para tí, corazón mío, 
para tí, para tí, mi amor, 
voy a desviar el río, sí, 
para tí, mi amor, sí, sí, 
porque sí, señor, 
para tí, mi corazón. 

Que el agua con su murmullo, 
con su glu, con su glu-glu-glo, 
puede estorbar nuestro arrullo, 
run-run del amor tuyo, 
run-run de mi corazón 
el run-run de nuestro amor. 

Si te aburren los pajaritos
con su pi, con su pio-pi,
con una escopeta, 
Pim-pam-pom, 
con un tiragomas, plim, 
los mataré yo 
para tí, para tí mi amor. 

Y te los serviré fritos 
para ti, para tí, mi bien, 
fritos en una sartén, 
crish-crish, 
de los pajaritos fritos en la sartén 
para tí, para tí, mi bien. 

Si te asusta el mayordomo 
con su aire de Boris Karloff, 
por tí lo despediré, 
mi amor. También a Catalina, 
el aya que me crió 
la voy a despedir yo. 

Si te estorba aquel ciprés, 
para tí, para tí, mi bien, 
con placer lo serraré, 
ris-ras, para tí, mi bien, 
si te estorba aquel ciprés. 

Lo plantó tía abuela Inés 
para mí, para mí, mi amor, 
cuando volví de la guerra, 
ris-ras hará la sierra, 
tic-tac-mi corazón 
tiquitictac por tu amor.




Señora azul, que sin contemplación,
desde la cima de tu dignidad
vas a imponer tu terca voluntad
y con tu opinión medir nuestro criterio
Señora azul, que ciega la razón,
dejas sentir tu olímpico desdén,
es sugestión tu alarde de saber,
tu realidad es sólo confusión
Tú no puedes apreciar con propiedad
el color de la cuestión,
porque desde la barrera sueles ver
toros que no son y que parecen ser
Señora azul, de vicio criticón,
sin dar la talla de profesional
señora azul, ¡qué lastima nos das!
la mediocridad está en tu corazón
Tú no puedes apreciar con propiedad
el color de la cuestión,
porque desde la barrera sueles ver
toros que no son y que parecen ser
Señora azul
señora azul, que sin contemplación,
desde la cima de tu dignidad
vas a imponer tu terca voluntad
y con tu opinión medir nuestro criterio
Señora azul, sabemos tu intención,
la frustración que te hace obrar así
señora azul, ¡qué lastima nos das!
la mediocridad está en tu corazón.


Los años no pasan en balde, pero el encanto se mantiene:






De aquí, este extracto:

Hablemos pues de los espejos italianos: Gino Paoli y Lucio Battisti polarizan la atención de Galvañ. Al primero, que inspira ahora el sonido deLa vida tal cual, le dedicó hace dos añosEl hombre con una bala en el corazón“No solo es una bestia parda como cantante y compositor. De joven vivió al límite, y yo pensaba en la sensación de tener ahí el proyectil alojado, como es su caso tras un intento fallido de suicidio”. 

Y de aquí, este otro:

"La vida tal cual” tiene como referente al gran Gino Paoli y a la canción de festivales como San Remo, con sus violines rítmicos y los coros expansivos del final. Es una canción de amor y pérdida, con redención final.



Tu trascini la nostra vita
Senza un attimo di respiro
Per sognare
Per potere ricordare
Cio che abbiamo gia vissuto
Senza fine
Tu sei un attimo senza fine
Non hai ieri
Non hai domani
Tutto e ormai nelle tue mani
Mani grandi
Mani senza fine
Non m'importa della luna
Non m'importa delle stelle
Tu per me sei luna e stelle
Tu per me sei sole e cielo
Tu per me sei tutto quanto
Tutto quanto io voglio avere
Senza fine
La, la, la, la
Senza fine







 
Motor cars, handle bars,
Bicycles for two.
Broken hearted jubilee.

Parachutes, army boots,
Sleeping bags for two.
Sentimental jamboree.

Buy! buy!
Says the sign in the shop window.
Why? why?
Says the junk in the yard.

Da da ya da da da,
Da da da,
Da da ya da da,
Da da da da da da da.

Candlesticks, building bricks,
Something old and new.
Memories for you and me.

Buy! buy!
Says the sign in the shop window.
Why? why?
Says the junk in the yard.

Y todo este se ha fraguado porque me he puesto a tirar del hilo de la música de este señor. Casi nada el hilo.

¿también algunos libros?

roñoso, sa.
(Del lat. aeruginōsus, roñoso).
1. adj. Que tiene o padece roña.
2. adj. Puerco, sucio o asqueroso.
3. adj. Oxidado o cubierto de orín.
4. adj. coloq. Miserable, mezquino, tacaño.

roña.
(Del lat. aerūgo, -ĭnis, orín, roña).
1. f. Porquería y suciedad pegada fuertemente.
2. f. Orín de los metales.
3. f. Sarna del ganado lanar.
4. f. Corteza del pino.
5. f. Daño moral que se comunica o puede comunicarse de unas personas a otras.
6. f. coloq. Mezquindad, roñería.
7. f. coloq. tirria ( ojeriza).
8. f. coloq. Farsa, treta, maula.
9. f. Col. Ficción de una enfermedad o impedimento para no hacer algo.
10. f. Cuba. Irritación, rabia.
11. com. coloq. Persona roñosa, tacaña.

accidentes

LA RUTINA

Soy capitán del cuerpo de bomberos. Corresponde a mis obligaciones apagar los incendios y salvar a las personas que quieren suicidarse. De estas últimas cada vez hay más. Es algo rutinario: recibimos la noticia de que en una dirección determinada alguien tiene la intención de saltar desde una planta alta o, aún con más frecuencia, desde un tejado. Vamos allí. No tenemos problemas para encontrar la dirección: ante el edificio suele apiñarse ya una multitud considerable que mira hacia arriba. Sobre la cornisa está el suicida. Ponemos la escalera y yo subo. Cuanto más alto, con más cuidado, para no asustarlo. Es decir, para que no salte antes de que lleguemos a tiempo de salvarle. En mi opinión, no hay nada que temer. Al fin y al cabo él no hace más que esperarme. Podía haber saltado inmediatamente, no sólo antes de llegar nosotros, sino antes de que se agrupara la multitud. Podía haber saltado diez o veinte veces antes de que nadie le hubiese visto. Pero no, él espera primero a la multitud y después a nosotros. Es entonces cuando empieza el espectáculo. Así que voy subiendo por la escalera, estoy cada vez más cerca de él y pretendo estar enormemente interesado en que él consienta en conservar su vida. A fin de cuentas es lo que se espera de mí, me pagan por eso. Además, si fingiera menos, el público reunido abajo estaría menos satisfecho conmigo.
Hoy estoy de mal humor, por añadidura hace un tiempo de perros: frío, viento, sobre todo aquí arriba. Si me hubiese puesto ropa interior de invierno tal vez me sentiría más en forma. Con buen tiempo es más fácil hacer el imbécil. Pero no cuando el frío te llega hasta la médula de los huesos. Además me estoy haciendo viejo, ¡cuántas veces he representado ya este papel! Me acerco pues a él, y él —como de costumbre— finge que si doy un paso más, saltará. Es un tipo parecido a todos los anteriores, desaliñado, más bien miserable, con una expresión boba en la cara. Este juego es la especialidad de los idiotas. La gente que tiene algo en la cabeza se mata de verdad y sin tanto ceremonial. Ya sé lo que debería hacer ahora. Detenerme y hablarle con la voz más dulce posible. Tranquilizarle, explicarle que la vida es bella y que todos nosotros estamos muy interesados en que él viva. Yo personalmente, los de abajo y en resumidas cuentas la sociedad entera. Sí, y un cuerno, como si no tuviésemos nada más que hacer que estar interesados en que un memo más se pasee por el mundo contaminando el aire. Los de abajo también fingen. Iban de aquí para allá en un día como todos, un aburrimiento. Y de pronto, un espectáculo. Un suicida en una cornisa. Al parecer quiere saltar, ¡sensacional! Saben por supuesto que vendrán los bomberos, que emprenderán una acción de salvamento y que no pasará nada. Pero hasta el final tienen la esperanza de que, a pesar de todo, salte. Saben que la cosa acabará en nada, como siempre. Sin embargo..., piensan que quizás esta vez... resbale o algo por el estilo... Tal vez se rompa la cornisa... Sólo pueden contar con el azar, así que cuentan con él. Mientras que yo tengo que procurar que no se sientan defraudados por el espectáculo, aunque queden defraudados por lo que más les interesa. Un asco. Así que fingimos todos. El suicida finge querer suicidarse, aunque lo que quiere es lo contrario. Quiere ser un héroe, llamar la atención, tener un público y que escriban sobre él en algún periódico. Es sobre todo por eso por lo que quiere vivir y es por eso por lo que finge no querer vivir. La multitud finge que tiene miedo a esto tan horrible que está a punto de ocurrir y por eso no se mueve de su sitio, para ver cómo esto tan horrible no se produce. ¡Y un cuerno! En el fondo, lo único que quiere es ver algo fuerte. Desde que se suprimieron las ejecuciones públicas, no tiene otras oportunidades. Y yo finjo que creo al suicida y que creo a los de abajo y tengo que actuar como si no supiera de qué van éste y aquéllos. Para su placer tengo que hacer ver que soy más tonto de lo que soy. De modo que me acerco a él por la escalera, y cuando estoy cerca, pero todavía no demasiado cerca, él da un paso hacia el borde de la cornisa para hacer como que saltará en seguida antes de que yo tenga tiempo de retenerlo. Ahora soy yo quien debería detenerse y empezar mi número. Así que me detengo. Abajo ya están los periodistas, ya nos están fotografiando. Han llegado los coches de la televisión, trabajan las cámaras. Asimismo ya están los vendedores de cacahuetes y también los que venden bollos. Saben que harán un buen negocio, pues el terror aumenta el apetito del público. Y yo casi no he comido nada hoy, porque por las mañanas no puedo comer y aún es temprano; además antes del mediodía generalmente no me siento demasiado bien. En las fotos y en la tele saldré por atrás, soy aquí el actor número dos, el de la cornisa será el número uno. Pero he participado en este espectáculo tantas veces, que ya me da igual, me es indiferente. Aparte de que yo soy sólo un bombero corriente, es decir, uno del equipo técnico, y hago sólo lo que corresponde a mi trabajo. La verdadera estrella es el de la cornisa, situado frente a la cámara. Pero qué le vamos a hacer, hay que empezar. Así que empiezo a persuadirle. Le hablo con toda la dulzura de la que soy capaz:
—Oiga, hombre. Un momento, ¿qué es lo que pretende hacer?
El otro hace ver que está molesto, ya ha dado el paso, no va hacia atrás, pero tampoco avanza. Hace como si no me escuchara, pero, por supuesto, espera la continuación. No digo que tenga práctica, pero cada uno de ellos, aunque lo haga por primera vez, siempre lo hace como un profesional. Punto por punto, como siguiendo un reglamento.
—Comprendo, comprendo, por supuesto que debe de tener sus motivos. Pero pensémoslo bien...
En qué vamos a pensar, diablos. Todo está clarísimo. Pero yo tengo mis instrucciones y las instrucciones dicen que hay que ganar tiempo. Hay que alargar la cosa tanto como se pueda, para que él se ablande, pierda su pretendida determinación, desaproveche el momento, y después, o bajará solo, si no es un suicida de primera categoría, o bien mis muchachos, ya al acecho en el tejado, lo cogerán desde arriba, si es un maestro de primera.
Ahí está el arte de todo el equipo. Cuanto más cerca está «el último momento», tanto mejor sale, sobre todo en la televisión. Hay talentos extraordinarios: son los que cogemos cuando están ya a punto de volar. Pero se trata de casos excepcionales, como cualquier gran talento. Ha fruncido el ceño, está molesto y hace como si no me oyera. Pero, por supuesto, está esperando mi siguiente frase. Carraspeo, ya que desde la noche anterior me siento un poco resfriado; por añadidura hace viento y estamos en el piso decimoctavo, y continúo con la voz más dulce de la que soy capaz:
—Piense en la familia y en los amigos, y si no tiene familia, piense en...
Y me pongo a pensar en qué podría pensar él. Generalmente no acostumbro a vacilar, al fin y al cabo me sé mi papel de memoria, pero hoy se me ha escapado de la cabeza. O más bien no se ha escapado, está allí, aunque de pronto se ha dado cuenta de lo estúpido que es y se ha avergonzado tanto que no quiere salir. Además, lo de la familia y los amigos también ha sido bastante tonto. ¿Y si es precisamente por culpa de ellos que monta todo este número? Pero a fin de cuentas algo hay que decir. Así que digo «para ganar tiempo»:
—Sopla fuerte hoy, ¿verdad?
Por primera vez me mira con un aire un poco más consciente. Se ve que no se lo esperaba; me he salido de mi papel. Una metedura de pata. De modo que para llamarme al orden, da el siguiente medio paso hacia el borde. Su pie queda suspendido sobre el abismo. Pero de pronto a mí se me pasan las ganas.
—Salta, si quieres, mamarracho —digo, y comienzo a bajar la escalera.
Y ¿qué me decís, que ha saltado? Pues sí, ha saltado. Ahora estoy esperando el juicio y el veredicto. Por descontado que perderé mi trabajo en el cuerpo de bomberos, sobre esto no hay dudas. Y con toda razón, pues no he cumplido con mis obligaciones profesionales. Estoy acusado de... Bueno, no tiene importancia. También estoy de acuerdo con la acusación. Sólo no estoy de acuerdo con una cosa, no estoy de acuerdo en absoluto. Los titulares hablaban de suicidio, y en mi opinión fue un accidente. En la profesión de suicida también puede haber accidentes mortales.

Slawomir Mrozek.

Aquí hay un buen obituario de cuando murió Slawomir, dentro de nada hará un año. Lástima. Una finura propia de otros tiempos.

Dama de día

La segunda del disco, cara A. Después de la presentaciónen el bar con el feliz cumpleaños donde Jimmy ya nos avanza en su recuerdo, en su melancólico y premonitorio intro, que las cosas no iban a ser precisamente el paraíso, en la segunda Lou va directamente a la yugular. Jimmy llama a Caroline, de la cual aún no sabemos el nombre de boca suya, sólo por el distorsionado coro que la felicita en la primera, Lady Day, alusión al apodo de, nada más y nada menos, Billie Holliday. Pues eso, que a la dama le gustan más los bares que a un tonto un lápiz, tanto que no tiene ni elección -she had to go in-; que es tan inocente como un niño cuando camina por la calle; que vive en un hotel al que llama hogar, de paredes verdosas, y que a él no le gusta un pelo la parte turbulenta de ella. Me da que más porque pierde el control sobre ella que por otra cosa. Bonito comienzo...

When she walked on down the street
She was like a child staring at her feet
But when she passed the bar
and she heard the music play
She had to go in and sing
it had to be that way
She had to go in and sing
it had to be that way
 
And I said no no no
oh Lady Day
And I said no no no
oh Lady Day
 
After the applause had died down
And the people drifted away
 
She climbed down off the bar
and went out the door
to the hotel
that she called home
It had greenish walls
a bathroom in the hall
 
And I said no no no
oh Lady Day

la desembocadura del Hudson, el progreso y el rompecabezas de la modernidad

The mouth of the Hudson

A single man stands like a bird-watcher,
and scuffles the pepper and salt snow
from a discarded, gray
Westinghouse Electric cable drum.
He cannot discover America by counting
the chains of condemned freight-trains
from thirty states. They jolt and jar
and junk in the siding below him.
He has trouble with his balance.
His eyes drop,
and he drifts with the wild ice
ticking seaward down the Hudson,
like the blank sides of a jig-saw puzzle.
The ice ticks seaward like a clock.
A negro toasts
wheat-seeds over the coke-fumes
of a punctured barrel.
Chemical air
sweeps in from New Jersey,
and smells of coffee.

Across the river,
ledges of suburban factories tan
in the sulphur-yellow sun
of the unforgivable landscape.

Robert Lowell



Robert y Elisabeth fueron amigos durante mucho tiempo. Cuando los leo me da la sensación de que entiendo su conexión: miraban de otra forma, de una forma que muy pocos miraban por aquel entonces. La cabeza de ella, más sosegada que la de él, ambas preclaras y avanzadas. Seguiré con ellos poco a poco.
Un buen análisis de la poética de Lowell se encuentra en este libro. En las páginas 215 y siguientes tenéis el referido Hudson. Y otra referencia se halla aquí, donde se pone como contrapartida El puente, de Crane, al que aún no le he dedicado ninguna entrada, pero llegará.



Feliz cumpleaños, Caroline

(Eins
Zwei
Drei
Zuzammen
Happy birthday dear Caroline
Happy birthday to you)
In Berlin by the wall
You were five foot ten inches tall
It was very nice
Candlelight and Dubonnet on ice

We were in a small cafe
You could hear the guitars play
It was very nice
Oh, honey it was paradise

final de curso