En el orden de aquella noche del 17 de septiembre de 1967. La presencia escénica de señor Morrinson con 24 añitos es apabullante. La presencia escénica de Ed también lo es, por motivos bien distintos. Aquí está la historia de esa noche, y en la wiki también hay algo.
la sombra de tu perro
Puestos a transliterar, a abordar lo inabordable, a traducir lo intraducible, menos es más.
Lo del belga, por cierto, no es normal. No salgo de mi asombro, netamente aumentado por su Schaerbeek natal, ese lugar.
Lo del belga, por cierto, no es normal. No salgo de mi asombro, netamente aumentado por su Schaerbeek natal, ese lugar.
Vivaldi redivivo
Dice
Lina:
“Personalmente,
interpretar a Vivaldi -aún más siendo inéditos-, es como es como adentrarse en
el laberinto de un canal, repleto de historias, de magia y de
conocimiento. Y sentirse constantemente rodeado de un halo… quién sabe… quizá de
los que allí estuvieron.
Es entrar en la
maravilla de su universo: la exuberancia barroca en versión de derroche
veneciano, las multicolores celebraciones del Dux, el profano y carnal
carnaval, la inevitable melancolía de la ciudad del agua, el ebrio balanceo, la
belleza inenarrable, la experimentación violinística del más difícil todavía”
habemus partus
Bienvenida, bien hallada.
Te espera un largo camino lleno de obstáculos y satisfacciones, frustraciones, deseos, anhelos y logros. Algo así como una vida.
http://elirisinquieto.blogspot.com.es/
pero eso es estúpido
Marga Gil en la isla.
Es una tarde de verano. Tú hablas
de que las noches son extrañas en las islas.
Yo pienso de repente
-no sé por qué- en la casa de Marga Gil: la torre
cerca de la autopista y el desorden salvaje
del antiguo jardín abandonado.
Empiezo
a contarte esa historia,
la manera en que aún sigue dentro de mí
y tú dices:
-Como alguien que anda junto a un río y tiene
sobre su piel la sombra de los árboles.
Estamos en el año
1932 y Marga
se enamora de Juan Ramón Jiménez.
Es una chica oscura.
Hay un túnel que une
su corazón y el ruido de los bosques.
Un día entra en la casa.
Un día escribe
ya nada me separa de ti,
salvo la muerte.
Luego, todo se termina.
Casi podemos verlo: 28 de julio;
el cielo es muy azul;
puede que unas palomas se escapen del jardín
al oírse el disparo.
Ahora los dos estamos en silencio.
Tú miras
la playa,
la marea,
el sol rojo lo mismo que una fuente
en donde un asesino se ha lavado las manos.
Yo pienso en Marga Gil.
Pienso en su miedo
de esa forma en que a veces
ves a un hombre que huele una rosa, imaginas
cómo esa rosa crece hacia dentro de ese hombre,
lo invade poco a poco con su aroma
dulce y enfermo.
Mucho tiempo después
yo entro cada mañana en esa casa,
bajo al desván,
me muevo por los cuartos vacíos,
subo a la torre que veré más tarde,
desde un hotel de Nueva York,
un día de lluvia en Buenos Aires,
un verano
en el puerto de Barcelona.
El mundo
es un lugar muy frío.
En el fondo del agua se oye cavar las tumbas.
Hay terrazas sin sueño donde el viento devora
lentamente
los restos de la noche.
Tú y yo lo comprendemos.
Es un viento que viene del mar, un viento frío
que llena el corazón de pequeños arpones
y de niños ahogados.
Es un viento que dice:
-No se puede salir de una casa vacía.
Todo lo que ha ocurrido alguna vez
ocurre para siempre.
Es una tarde de verano. Tú hablas
de que las noches son extrañas en las islas.
Yo pienso de repente
-no sé por qué- en la casa de Marga Gil: la torre
cerca de la autopista y el desorden salvaje
del antiguo jardín abandonado.
Empiezo
a contarte esa historia,
la manera en que aún sigue dentro de mí
y tú dices:
-Como alguien que anda junto a un río y tiene
sobre su piel la sombra de los árboles.
Estamos en el año
1932 y Marga
se enamora de Juan Ramón Jiménez.
Es una chica oscura.
Hay un túnel que une
su corazón y el ruido de los bosques.
Un día entra en la casa.
Un día escribe
ya nada me separa de ti,
salvo la muerte.
Luego, todo se termina.
Casi podemos verlo: 28 de julio;
el cielo es muy azul;
puede que unas palomas se escapen del jardín
al oírse el disparo.
Ahora los dos estamos en silencio.
Tú miras
la playa,
la marea,
el sol rojo lo mismo que una fuente
en donde un asesino se ha lavado las manos.
Yo pienso en Marga Gil.
Pienso en su miedo
de esa forma en que a veces
ves a un hombre que huele una rosa, imaginas
cómo esa rosa crece hacia dentro de ese hombre,
lo invade poco a poco con su aroma
dulce y enfermo.
Mucho tiempo después
yo entro cada mañana en esa casa,
bajo al desván,
me muevo por los cuartos vacíos,
subo a la torre que veré más tarde,
desde un hotel de Nueva York,
un día de lluvia en Buenos Aires,
un verano
en el puerto de Barcelona.
El mundo
es un lugar muy frío.
En el fondo del agua se oye cavar las tumbas.
Hay terrazas sin sueño donde el viento devora
lentamente
los restos de la noche.
Tú y yo lo comprendemos.
Es un viento que viene del mar, un viento frío
que llena el corazón de pequeños arpones
y de niños ahogados.
Es un viento que dice:
-No se puede salir de una casa vacía.
Todo lo que ha ocurrido alguna vez
ocurre para siempre.
Benjamín Prado
Marga le escribe a Z. esta preciosidad:
“Zenobita... vas a perdonarme... ¡Me he
enamorado de Juan Ramón! Y aunque querer... y enamorarse es algo que te ocurre
porque sí, sin tener tú la culpa... a mí al menos, pues así me ha pasado... lo
he sentido cuando ya era... natural... que si te dedicaras a ir únicamente con
personas que no te atraen... quitarías todo peligro... pero eso es estúpido”.
Luego coge una pistola y la aprieta sobre su cabeza. Las fotos que encuentro de ella me trasmiten belleza y desasosiego. Tanta la una
como lo otro.
Con lo que queda de su obra -se cargó una enorme parte de
la misma poco antes del día de autos- han hecho esta buena página. De resto de
la historia, es fácil encontrar. Aquí y aquí, por ejemplo.
western reloaded
Me ha tocado rehacer esta entrada de junio de 2012. Los incrustados de Goear se van de viaje...
No hay mal que por bien, he descubierto versiones nuevas.
Sunny
afternoon
Ray Davies, 1966
The tax man's taken all my dough,
And left me in this stately home,
Lazing on a sunny afternoon.
And I can't sail my yacht,
He's taken everything I got,
All I've got's this sunny afternoon.
Save me, save me, save me from this squeeze.
I gotta big fat mama trying to break me.
And I love to live so pleasantly,
Live this life of luxury,
Lazing on a sunny afternoon.
In a summertime
In a summertime
In a summertime
My girlfriend's run off with my car,
And gone back to her ma and pa,
Telling tails of drunkenness and cruelty.
Now I'm sitting here,
Sipping at my ice cold beer,
Lazing on a sunny afternoon.
Help me, help me, help me sail away,
Well give me two good reasons why I oughta stay.
'Cause I love to live so pleasantly,
Live this life of luxury,
Lazing on a sunny afternoon.
In a summertime
In a summertime
In a summertime
Ah, save me, save me, save me from this squeeze.
I gotta big fat mama trying to break me.
And I love to live so pleasantly,
Live this life of luxury,
Lazing on a sunny afternoon.
In a summertime
In a summertime
In a summertime...
And left me in this stately home,
Lazing on a sunny afternoon.
And I can't sail my yacht,
He's taken everything I got,
All I've got's this sunny afternoon.
Save me, save me, save me from this squeeze.
I gotta big fat mama trying to break me.
And I love to live so pleasantly,
Live this life of luxury,
Lazing on a sunny afternoon.
In a summertime
In a summertime
In a summertime
My girlfriend's run off with my car,
And gone back to her ma and pa,
Telling tails of drunkenness and cruelty.
Now I'm sitting here,
Sipping at my ice cold beer,
Lazing on a sunny afternoon.
Help me, help me, help me sail away,
Well give me two good reasons why I oughta stay.
'Cause I love to live so pleasantly,
Live this life of luxury,
Lazing on a sunny afternoon.
In a summertime
In a summertime
In a summertime
Ah, save me, save me, save me from this squeeze.
I gotta big fat mama trying to break me.
And I love to live so pleasantly,
Live this life of luxury,
Lazing on a sunny afternoon.
In a summertime
In a summertime
In a summertime...
Fever
Eddie Cooley and Otis
Blackwell
Never know how much I love you
Never know how much I care
When you put your arms around me
I get a fever that's so hard to bare
You give me fever
When you kiss me
Fever when you hold me tight
Fever
In the mornin'
Fever all through the night
Sun lights up the day time
Moon lights up the night
I light up when you call my name
and you know I'm gonna treat you right
You give me fever
When you kiss me
Fever when you hold me tight
Fever
In the mornin'
Fever all through the night
Everybody's got the fever
That is somethin' you all know
Fever isn't such a new thing
Fever started long ago
Romeo loved Juliet
Juliet she felt the same
When he put his arms around her
He said Julie baby your my flame
Thou giveth fever
When we kisseth
Fever with thy flaming youth
Fever
I'm a fire
Fever yeah I burn for sooth
Captain Smith and Pocahontas
Had a very mad affair
When her daddy tried to kill him
She said daddy oh don't you dare
He gives me fever
With his kisses
Fever when he holds me tight
Fever
I'm his misses
Daddy won't you treat him right
Now you've listened to my story
Here's the point that I have made
Chicks were born to give you fever
Be it fahrenheit or centigrade
They give you fever
When you kiss them
Fever if you live you learn
Fever
Till you sizzle
But what a lovely way to burn
What a lovely way to burn
What a lovely way to burn
What a lovely way to burn
peces
Me llegó de mano
amiga esta preciosidad. Me encanta el detalle de las gorras, una hacia delante
y la otra hacia atrás. Valga la idea.
acerca de otras formas de expresión poética
Otras formas de poesía. De arriba abajo: la autorización original de 1982, en la pared junto a la que estábamos; el menú que había ese día al mediodía -las fotos están hechas por la noche-, en su corcho tras cristal en la fachada de entrada; el plato con el que acabamos: alcanciles a la plancha con tocino fresco en finas láminas.
El lugar de obligado peregrinaje es este. Dios lo guarde muchos años, como ya apuntaba el Gobernador civil.
Si pueden con buena compañía como hice yo ese día, mejor que mejor.
balada de otoño para enero
Llueve,
detrás de los cristales, llueve y llueve
sobre los chopos medio deshojados,
sobre los pardos tejados,
sobre los campos, llueve.
Pintaron de gris el cielo
y el suelo
se fue abrigando con hojas,
se fue vistiendo de otoño.
La tarde que se adormece
parece
un niño que el viento mece
con su balada en otoño.
Una balada en otoño,
un canto triste de melancolía,
que nace al morir el día.
Una balada en otoño,
a veces como un murmullo,
y a veces como un lamento
y a veces viento.
Llueve,
detrás de los cristales, llueve y llueve
sobre los chopos medio deshojados,
sobre los pardos tejados
sobre los campos, llueve.
Te podría contar
que esta quemándose mi último leño en el hogar,
que soy muy pobre hoy,
que por una sonrisa doy
todo lo que soy,
porque estoy solo
y tengo miedo.
Si tú fueras capaz
de ver los ojos tristes de una lámpara y hablar
con esa porcelana que descubrí ayer
y que por un momento se ha vuelto mujer.
Entonces, olvidando
mi mañana y tu pasado
volverías a mi lado.
Se va la tarde y me deja
la queja
que mañana será vieja
de una balada en otoño.
Llueve,
detrás de los cristales, llueve y llueve
sobre los chopos medio deshojados...
detrás de los cristales, llueve y llueve
sobre los chopos medio deshojados,
sobre los pardos tejados,
sobre los campos, llueve.
Pintaron de gris el cielo
y el suelo
se fue abrigando con hojas,
se fue vistiendo de otoño.
La tarde que se adormece
parece
un niño que el viento mece
con su balada en otoño.
Una balada en otoño,
un canto triste de melancolía,
que nace al morir el día.
Una balada en otoño,
a veces como un murmullo,
y a veces como un lamento
y a veces viento.
Llueve,
detrás de los cristales, llueve y llueve
sobre los chopos medio deshojados,
sobre los pardos tejados
sobre los campos, llueve.
Te podría contar
que esta quemándose mi último leño en el hogar,
que soy muy pobre hoy,
que por una sonrisa doy
todo lo que soy,
porque estoy solo
y tengo miedo.
Si tú fueras capaz
de ver los ojos tristes de una lámpara y hablar
con esa porcelana que descubrí ayer
y que por un momento se ha vuelto mujer.
Entonces, olvidando
mi mañana y tu pasado
volverías a mi lado.
Se va la tarde y me deja
la queja
que mañana será vieja
de una balada en otoño.
Llueve,
detrás de los cristales, llueve y llueve
sobre los chopos medio deshojados...
mama Cash
Hoy la volvía a escuchar. Repasaba la discografía completa
del grupo y de repente apareció. Tuve que pausar lo que hacía. Luego me vino a
la cabeza: me parece recordar que por aquí ya había pasado. La busqué y,
efectivamente, había pasado: justo dos años menos seis días. Quizás
coincidencia.
Me fui a su biografía de nuevo. Se me quedó grabada como
una púa en la piel. Lo de las circunstancias de su muerte es inaudito.
Varias horas después, de vuelta a casa, unas ideas me surgían,
como a borbotones:
- La música popular -incluyo aquí al jazz- parece mantener,
junto con la poesía, un índice de mortandad prematura no equiparable con otras
artes. También de precariedad vital, genéricamente hablando.
- Hay gente que sólo trasmite vinculación a la vida
mientras la ves desempeñando su talento artístico, ese mismo que, paradójicamente,
los arrastra fuera.
Hoy veía vídeos de Mama Cash y pareciera que sólo ahí podía
vivir, cantando sus bellas melodías con esa sensibilidad tan extraña, mezcla de
Eva C. y Karen C. con una sobredosis de kilogramos. El sueño de California pasó y al final quedó qué.
Así es que he decidido ampliar aquella entrada con más de
lo mismo, con más de ella, de su finura tan prontamente finita.
Y esta última joya que no consigo incrustar
pero que la dejo enlazada y
aquí abajo:
el Madrid de Javier
¡Qué difícil,
volcar mi corazón ahora,
en plena España,
en el corazón
sangrante de Madrid,
cuando las palomas
de la paz y del otoño
vuelan hacia los altos
edificios del futuro
y aquí la primavera
muere sin nacer,
vase sin venir!
¡Qué difícil decir:
vengo de Moscú,
del Asia,
he visto surgir a Samarkanda
con sus altas ermitas
que los años construyeron,
qué difícil
repito, repetirle
a los océanos sus
símbolos marchitos,
y decir luego:
He estado en España
y allí mi corazón sangró
inmediatamente
como si trabara contacto
con el viento que
corta las rosas en invierno!
Pero es cierto.
Esta es Madrid,
este es mi corazón
sangrando,
este es nuestro camino,
y seguiré gritando la
verdad de los
bosques apagados,
la verdad de las rosas
caídas,
la verdad de España
y sus historias.
Javier escribió esto
en Madrid, octubre de 1961. Dos años después lo acribillaron...
crónica y partido de traca
Una joya del periodismo deportivo, de anoche. Qué placer.
Noche de locos en el Calderón
De un partido volcánico, macizo y neurótico, pasado de rosca en muchos momentos, salió airoso el Barcelona, sometido a un choque al que no acostumbra, lleno de chispas, inflamado desde el pitido inicial y resuelto con dos contras y un gol ajeno en propia puerta tras un córner, esa suerte que los azulgrana dominan bien poco. El Barça se impuso por una vía inusual en un encuentro en combustión más propio del Atlético. Hubo incendios por todos los lados, piernas de mármol, broncas y más broncas, reproches y más reproches. De la caldera no sacó provecho el cuadro rojiblanco, que mientras hubo partido, o lo que fuera, se vio por dos veces a un gol de superar la eliminatoria. Luego, tras un tiempo de calentones, ya no le quedó otra que aceptar su suerte. No hubo segundo tramo, el reto se había liquidado en el cuadrilátero del primer tiempo y en su derivada en el túnel de vestuarios, donde Gabi fue expulsado. Tal fue la temperatura del choque que de la crónica de sucesos no se libró ni Ansaldi, que no estaba convocado, pero acabó en comisaría por un incidente policial fuera del estadio. De traca.
La trama pilló a un
árbitro superado, tan capaz de ver penaltis donde no había como de pasar por
alto los fetén. Tan comprensivo para perdonar patadas flagrantes de Mario
Suárez a los tobillos de Messi como inflexible para condenar a La Pulga por
desairar al balón con un punterazo. Atiza que atiza la hoguera, no estuvieron a
salvo ni los linieres, que lo mismo arrearon sin querer a Jordi Alba con el
mástil del banderín que se libraron de un zapatazo de Arda, que, desquiciado en
medio de tanta turba arrojó uno de sus botines contra un asistente. Antes, ya
había sido expulsado Gabi en el túnel de vestuarios, rumbo al descanso tras
otra gresca, esta vez incendiada por Raúl García y Neymar.
A todo esto, cinco goles
en un capítulo, alguno propio de este Billy El Niño en que se ha convertido
Fernando Torres, al que en esta Copa le ha dado por marcar goles a la velocidad
de Bolt, con el cronómetro en frío. Una locura de primer tiempo, un combate
silvestre en el que se libraron mil batallas. Con 2-3 y el Atlético en
inferioridad, ya no hubo más partido, solo cabía cruzar los dedos por una
tregua que evitara más disgustos para unos u otros. Los técnicos protegieron a
Neymar y Arda, que se habían puesto en la diana. Pero no se contuvo Mario
Suárez, que a la tercera que cazó a Messi, Jesús Gil, que así se llama el
colegiado, le expulsó. Por entonces, el Barça ya se limitaba a evitar zonas de
conflicto.
El gol supersónico de
Torres al medio minuto anticipó el zafarrancho que se avecinaba. Los centinelas
de Simeone no estaban dispuestos a que el tiempo menguara su destino. A
toda mecha desde la primera bocanada. Mascherano falló un pase diagonal hacia
Messi, Siqueira llegó como una manada y reventó el balón. La pelota, con las
costuras pateadas, le llegó al Niño, que se sacudió al propio Mascherano y
ajustó el remate a la red. Como en la vuelta anterior en el Bernabéu, otra vez
Torres como el mesías rojiblanco. El Barça apenas lograba ni ganar las cuerdas
para el refugio. Su adversario metía mecha en cada jugada. Hasta que Messi
recibió por primera vez con aire, sacó la cadena a Mario Suárez, combinó con
Suárez y el uruguayo adivinó el atajo hacia el gol de Neymar por la vía central. El
brasileño, que encima está afilado, no es de los que tiriten con el gol a la
vista.
Pese al empate, no se
rebajó el cuadro local. En el "cholismo" no se concibe la rendición.
Eso es un ultraje, así que al Barça le costó hasta discutir la posesión, su
principal credo. Sin migas de Busquets e Iniesta, el conjunto azulgrana cuidaba
como podía el rancho a la espera de sus tres tenores de ataque, a los que tenía
tiesos Giménez, ese prometedor Godín, ganador de casi todos los asaltos.
Enfrente, el Atlético presionaba al toque de corneta de Torres, muy activo, el
cordón emocional con la hinchada. Suárez y Gabi apretaban muy alto, con claros
a sus espaldas, pero nadie recomendó a Messi claudicar en la banda para ocupar
la espalda de los dos medios centros colchoneros, lo que hubiera abierto una
fuga considerable en las filas locales. Messi siempre es la mejor salida de
urgencia. Colapsado el Barça, al que le anularon un gol a Neymar por un
presunto fuera de juego, por un meñique si acaso, el Atlético, a lo suyo, con
la vida en juego en cada jugada, encontró la recompensa en un penalti que no lo
fue. Acertó Raúl García y de nuevo el equipo estaba a un gol de la cumbre.
Tan tenso y dislocado
iba el partido que no había pronóstico posible. La prueba es que desde los
tiempos de Altamira los saques de esquina son patrimonio rojiblanco en las dos
áreas, mientras que para los azulgrana son puramente accidentales en ataque y
un engorro en defensa. Esta vez, hizo bingo. Por supuesto, sin voluntad, porque
Miranda se equivocó de portería y dio carrete hacia su red a un cabezazo de
Busquets. Otra cima que salvar para el Atlético, que tampoco esta vez sacó
bandera blanca. Griezmann tuvo el 3-2, pero su remate lo desvió Jordi Alba con
los codos. Con el francés desgañitado por el evidente penalti y Jordi Alba en
estampida hacia la meta de Oblak, el Barça armó una contra con Messi al frente
y Neymar cerró el marcador a pase del lateral zurdo azulgrana, que llegó con el
turbo. Del posible 3-2 al 2-3 instantáneo.
El tumultuoso partido
requería un poco de sosiego. Cabía prever que el descanso enfriara el asunto.
Pero el encuentro no estaba para templar gaitas. De ida al vestuario se armó la
marimorena y Gabi fue expulsado. "Solo le pregunté si lo de Alba no era
penalti y expulsión", dijo el capitán, que deslizó que los piques con
Neymar obedecían, según él, a la teatralidad. Jesús Gil se tomó a mal las palabras
de Gabi, por lo que se vio. Fin de partido y fin de eliminatoria. Y, de paso,
el telón para un duelo inflamado como pocos. Una tormenta que tendrá
consecuencias tras una noche de locos en el Calderón.
José Sámano, ayer en El País.
the big one
Sobre la canción, aquí hay algo. Sobre el gusto de Everything but... no voy a descubrir nada nuevo ahora. El resto me han parecido también interesantes aproximaciones al big one. Para quien quiera más, versiones hay para aburrir.
No one likes us-I don’t know why
We may not be perfect, but heaven knows we try
But all around, even our old friends put us down
Let’s drop the big one and see what happens
We may not be perfect, but heaven knows we try
But all around, even our old friends put us down
Let’s drop the big one and see what happens
We give them money-but are they grateful?
No, they’re spiteful and they’re hateful
They don’t respect us-so let’s surprise them
We’ll drop the big one and pulverize them
No, they’re spiteful and they’re hateful
They don’t respect us-so let’s surprise them
We’ll drop the big one and pulverize them
Asia’s crowded and Europe’s too old
Africa is far too hot
And Canada’s too cold
And South America stole our name
Let’s drop the big one
There’ll be no one left to blame us
Africa is far too hot
And Canada’s too cold
And South America stole our name
Let’s drop the big one
There’ll be no one left to blame us
We’ll save Australia
Don’t wanna hurt no kangaroo
We’ll build an All American amusement park there
They got surfin’, too
Don’t wanna hurt no kangaroo
We’ll build an All American amusement park there
They got surfin’, too
Boom goes London and boom Paree
More room for you and more room for me
And every city the whole world round
Will just be another American town
More room for you and more room for me
And every city the whole world round
Will just be another American town
Oh, how peaceful it will be
We’ll set everybody free
You’ll wear a Japanese kimono
And there’ll be Italian shoes for me
We’ll set everybody free
You’ll wear a Japanese kimono
And there’ll be Italian shoes for me
They all hate us anyhow
So let’s drop the big one now
Let’s drop the big one now
So let’s drop the big one now
Let’s drop the big one now
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