familia 9 del Anexo II

Esto que sigue me lo regalaron esta madrugada, entre ramas de apio y tomates. Un enorme regalo porque me volvió a recordar a esta familia tan peculiar, tan talentosa y tan, al menos aparentemente, poco dotada para la felicidad, valga la paradoja, porque la madre así se llamaba: Felicidad.
Vamos con ello:



Es hora de recapitular las hostias que me ha dado el mundo. Hoy querrán oír mi último adiós. Bien. Poco a poco van llegando y yo los recibo en batín.
Y unos me llaman chaval
y otros me dicen caballero.
Alguno no se ha querido pronunciar.
Yo una vez tuve un amor,
pero si he de ser sincero
dije “no” en el altar
y cuando digo no es no.
Fracasé una vez, fracasé diez mil
y aun así alzo mi copa hacia el cielo
en un brindis por el hombre de hoy
y por lo bien que habita el mundo.
¡Mirad, las niñas van cantando!
(Niñas): Shalalaralalá…
Y no me habléis de eternidad. No me habléis de cielos ni de infiernos más. ¿No veis que yo le rezo a un dios que me prometió que cuando esto acabe no habrá nada más? Fue bastante ya…
Nunca fui en nada el mejor,
tampoco he sido un gran amante.
Más de una lo querrá atestiguar.
Pero si algo hay capital,
algo de veras importante,
es que me voy a morir
y cuando digo voy es voy.
Lo he pasado bien, y casi conocí en
una ocasión a Michi Panero,
y es bastante más de lo que jamás
soñaríais en mil vidas.
¡Mirad, las niñas van cantando!
(Niñas): Shalalaralalá…
Dejadme preguntar: ¿Esto es el final? Y si es así, decid: ¿Me vais a extrañar? ¡Ah, veo que asentís pero yo sé que no!
Qué lástima, no dejaré
nadie a quien transmitir mi savia;
consideré insensato procrear.
Y diréis de mí que soy
un viejo verde y cascarrabias,
y diréis muy bien,
y cuando digo bien es bien.
¡Largo ya de aquí! ¿Qué queréis de mí?
¿Es mi alma o es mi dinero?
Si de uno carezco y la otra es
una anomalía en esta vida.
¡Mirad, las niñas van cantando!
(Niñas): Shalalaralalá…
¡Y unos me llaman chaval, y otros me dicen caballero! ¡Alguno declinó mi oferta para hablar! ¡Yo una vez tuve un gran amor, pero si os he de ser sincero dije “no” en el mismo altar, y cuando digo no quiero decir que no!
He bebido bien, y casi conocí en
una ocasión a Michi Panero,
y ahora brindo en paz por la humanidad
y por lo bien que habita el mundo.
¡Escuchad, os lo diré cantando!
(Viejo): Shalalaralalá…
Has…ta… nun…ca…

En la muerte de Michi Panero

Como si después de tanta muerte hubiera preferido no contarse ya entre los vivos, a unos días escasos de la terrible masacre de Madrid, ha muerto Michi Panero, el menor de los Panero. Hijo de poeta, hermano de poetas. Actor de dos películas sobre la vida familiar, actor de su propia vida, que, muchas veces, como nos sucede a todos, le parecía insuficiente. Insuficiente. Siempre es así. Sobre todo, cuando se ha conocido la felicidad, cuando se ha perdido. Éramos tan felices. Creo que ésta era la frase que Michi Panero repetía a lo largo de El desencanto, la película de Jaime Chávarri. 1976. La frase que, de pronto, causa un profundo dolor. Una frase que mira hacia atrás, que deja al presente desasistido y solitario. No, ya no somos felices. En l994, Ricardo Franco, que también ha muerto, hizo una nueva versión de El desencanto, una especie de continuación. Después de tantos años. ¿Eran tantos? No llegaban a veinte. Pero eran muchos, eran años que pesaban como plomo. Felicidad Blanch, la madre, ya ha muerto. La familia se ha disgregado. Curiosamente, aquel jovencito que en la película de Chávarri miraba hacia atrás con nostalgia, ese Michi de mirada risueña, un poco pícara, se ha convertido, prematuramente envejecido, en el bastión familiar. En su brazo se apoya su hermano Leopoldo María mientras caminan juntos por el sendero desdibujado del jardín de la vieja, abandonada, casa de Astorga, la casa del padre. El primero en morir. El que deja el legado de esa familia rota que decide exponer ante nuestros ojos las miserias de las difíciles relaciones humanas, de los lazos de la sangre. Enfermo, cansado, Michi Panero parecía al borde de la extenuación. Pero aún sonreía levemente, aún le brillaban un poco los ojos, en medio del polvo que habían dejado a su alrededor los años desencantados. En la película de Ricardo Franco y en la película de la vida. Michi era otro. Dejó radicalmente de beber. Empezó a escribir sus memorias. Sin acidez, decía, ¿qué sentido tiene la acidez? Ironía, sí, humor. Pero nada de reproches ni de acusaciones, nada de amargura. Eso me decía, mientras consumía un vaso tras otro de agua embotellada y miraba, sin asomo de nostalgia, mi cerveza o lo que fuere que estuviera bebiendo yo. No dejaba de parecerme heroico que Michi pudiera estar bebiendo agua mientras, a su alrededor, los demás consumíamos bebidas alcohólicas. Pero ese Michi, el que se crecía con el alcohol, el que nos hacía reír con sus comentarios punzantes, ya estaba lejos. Nuestra risa era ahora una risa tranquila. Seguía siendo un observador de la realidad. Cada vez más lejano. Pero la realidad aún le hería. Poco antes de marcharse a Astorga a pasar los dos últimos años de su vida, a morir en el último y modesto refugio que le quedaba, a morir solo, sin causar molestias a nadie, me comentó que se sentía muy dolido por algo que alguien, un conocido, había dicho de él. No importa qué. Hablamos de la maldad gratuita. Michi lo decía con sorpresa, con perplejidad. Ahí estaba el acento con que, en plena juventud, exclamaba, mirando hacia atrás, qué felices éramos. ¿Por qué perdimos la felicidad?, ¿por qué la gente es tan mala, mala en lo pequeño, mala de una forma absurda, mala como para dejar caer unas malas palabras sobre ti, mala como para querer causarte, cuando ya apenas te queda nada, un poco de daño? Pero todos causamos algo de daño a los demás, a fin de cuentas. A todos nos remuerde un poco la conciencia cuando juzgamos a los otros con intolerancia. A todos nos duele lo que no hicimos para ayudar a alguien, la mano que no dimos. En los últimos años de su vida, en aquellas conversaciones tranquilas alrededor de su vaso agua, Michi buscaba rescatar. Le propuse un título para sus memorias: Instantes de felicidad. Porque, cuando sus ojos eran atravesados por ráfagas de alegría ­de esa risa que, inesperadamente, nos sacude el cuerpo­, yo sentía que volvía, aunque fuera con tanta fugacidad, un mínimo pedazo de esa dicha perdida. Estaba allí de nuevo, entre nosotros. ¿No buscamos eso todos? ¡Qué de cosas nos arrebata la muerte! Más que nunca, lo sabemos ahora. Entre tanta muerte, buscamos rescatar. Buscamos signos de vida, la felicidad de todas las vidas perdidas. Buscamos los fugaces momentos de alegría en que todo se recupera. Buscamos la forma de convertir la fugacidad en algo imperecedero. Michi, seguiremos intentándolo.

Soledad Puértolas en El País el 19 de marzo de 2004.

Por cierto: en Suiza, el apio es la causa principal de las reacciones anafilácticas.
Qué gente, los suizos.

este año sí

JUEVES 30 DE ABRIL
18:30h. TEATRO DEL MAR  
Acto Inaugural

19:00 TEATRO DEL MAR
* Julián Ávila (Aljaraque, Huelva) Versos de Háram
* Santiago Pablo Romero (Trigueros, Huelva) Alado Ser
* Mabel Zaves (Sevilla) Espejos convergentes
* Anabel Caride (Sevilla) Allanamiento de morada
* José Ángel Garrido (Huelva)
* Mar Domínguez (Huelva)
* Josefa Virella (Huelva) Cruceta de feroces
* Rafael Delgado (Aljarque, Huelva) Escrito en verde, Concierto para una sola nota, Cuentos de la buena pipa y Chaturanga
* Francis Vaz (Huelva) La ingeniería de los números primos
* Juan Bay (Alicante) Distintas maneras de atar una bicicleta (performance)
* Teatro Estudio Universitario – TEU (Medellín, Colombia)
¡Carnaval, Carnaval! (concierto)


De modo que en breve volveré a ver al bueno de Uberto y conoceré algo de la provincia de Huelva. No parece mal plan.




blue and brown

I don't know when I've been so blue
Don't know what's come over you
You've found someone new
And don't it make my brown eyes blue

I'll be fine when you're gone
I'll just cry all night long
Say it isn't true
And don't it make my brown eyes blue

Tell me no secrets, tell me some lies
Give me no reasons, give me alibis
Tell me you love me and don't let me cry
Say anything but don't say goodbye

I didn't mean to treat you bad
Didn't know just what I had
But honey now I do
And don't it make my brown eyes
Don't it make my brown eyes
Don't it make my brown eyes blue





El cielo esta muy muy azul en esta tarde primaveral de domingo.

de nuevo la identidad

Decía Jaime Gil de Biedmma que no había que levantarse con prisa. Que si se hacía ya iba uno todo el día con el ritmo cambiado. Coincido con él plenamente. Yo hoy me he levantado regalando este cuento de abajo y he seguido escuchando el collar del que hablaba ayer.

El perro que no sabía ladrar

Había una vez un perro que no sabía ladrar. No ladraba, no maullaba, no mugía, no relinchaba, no sabía decir nada. Era un perrillo muy solitario, porque había caído en una región sin perros. Por él no se habría dado cuenta de que le faltaba algo. Los otros eran los que se lo hacían notar. Le decían:
—¿Pero tú no ladras?
—No sé… soy forastero…
—Vaya una contestación. ¿No sabes que los perros ladran?
—¿Para qué?
—Ladran porque son perros. Ladran a los vagabundos de paso, a los gatos despectivos, a la luna llena. Ladran cuando están contentos, cuando están nerviosos, cuando están enfadados. Generalmente de día, pero también de noche.
—No digo que no, pero yo…
—Pero tú ¿qué? Tu eres un fenómeno, oye lo que te digo: un día de estos saldrás en el periódico.
El perro no sabía cómo contestar a estas críticas. No sabía ladrar y no sabía qué hacer para aprender.
—Haz como yo —le dijo una vez un gallito que sentía pena por él. Y lanzó dos o tres sonoros kikirikí.
—Me parece difícil —dijo el perrito.
—¡Pero si es facilísimo! Escucha bien y fíjate en mi pico.
—Vamos, mírame y procura imitarme.
El gallito lanzó otro kikirikí.
El perro intentó hacer lo mismo, pero sólo le salió de la boca un desmañado «keké» que hizo salir huyendo aterrorizadas a las gallinas.
—No te preocupes —dijo el gallito—, para ser la primera vez está muy bien. Ahora, vuélvelo a intentar.
El perrito volvió a intentarlo una vez, dos, tres. Lo intentaba todos los días. Practicaba a escondidas, desde por la mañana hasta por la noche. A veces, para hacerlo con más libertad, se iba al bosque. Una mañana, precisamente cuando estaba en el bosque, consiguió lanzar un kikirikí tan auténtico, tan bonito y tan fuerte que la zorra lo oyó y se dijo: «Por fin el gallo ha venido a mi encuentro. Correré a darle las gracias por la visita…» E inmediatamente se echó a correr, pero no olvidó llevarse el tenedor, el cuchillo y la servilleta porque para una zorra no hay comida más apetitosa que un buen gallo. Es lógico que le sentara mal ver en vez de un gallo al perro que, tumbado sobre su cola, lanzaba uno detrás de otros aquellos kikirikí.
—Ah —dijo la zorra—, conque esas tenemos, me has tendido una trampa.
—¿Una trampa?
—Desde luego. Me has hecho creer que había un gallo perdido en el bosque y te has escondido para atraparme. Menos mal que te he visto a tiempo. Pero esto es una caza desleal. Normalmente los perros ladran para avisarme de que llegan los cazadores.
—Te aseguro que yo… Verás, no pensaba en absoluto en cazar. Vine para hacer ejercicios.
—¿Ejercicios? ¿De qué clase?
—Me ejercito para aprender a ladrar. Ya casi he aprendido, mira qué bien lo hago.
Y de nuevo un sonorísimo kikirikí.
La zorra creía que iba a reventar de risa. Se revolcaba por el suelo, se apretaba la barriga, se mordía los bigotes y la cola. Nuestro perrito se sintió tan mortificado que se marchó en silencio, con el hocico bajo y lágrimas en los ojos.
Por allí cerca había un cucú. Vio pasar al perro y le dio pena.
—¿Qué te han hecho?
—Nada.
—Entonces ¿por qué estás tan triste?
—Pues… lo que pasa… es que no consigo ladrar. Nadie me enseña.
—Si es sólo por eso, yo te enseño. Escucha bien cómo hago y trata de hacerlo como yo: cucú… cucú… cucú… ¿lo has comprendido?
—Me parece fácil.
—Facilísimo. Yo sabía hacerlo hasta cuando era pequeño. Prueba: cucú… cucú…
—Cu… —hizo el perro—. Cu…
Ensayó aquel día, ensayó al día siguiente. Al cabo de una semana ya le salía bastante bien. Estaba muy contento y pensaba: «Por fin, por fin empiezo a ladrar de verdad. Ya no podrán volver a tomarme el pelo».
Justamente en aquellos días se levantó la veda. Llegaron al bosque muchos cazadores, también de esos que disparan a todo lo que oyen y ven. Dispararían a un ruiseñor, sí que lo harían. Pasa un cazador de esos, oye salir de un matorral cucú… cucú…, apunta el fusil y —¡bangl ¡bangl— dispara dos tiros.
Por suerte los perdigones no alcanzaron al perro. Sólo le pasaron rozando las orejas, haciendo ziip ziip, como en los chistes. El perro a todo correr. Pero estaba muy sorprendido: «Ese cazador debe estar loco, disparar hasta a los perros que ladran…»
Mientras tanto el cazador buscaba al pájaro. Estaba convencido de que lo había matado.
—Debe habérselo llevado ese perrucho, no sé de dónde habrá salido —refunfuñaba. Y para desahogar su rabia disparó contra un ratoncillo que había sacado la cabeza fuera de su madriguera, pero no le dio.
El perro corría, corría…

PRIMER FINAL

El perro corría. Llegó a un prado en el que pacía tranquilamente una vaquita.
—¿Adonde corres?
—No sé.
—Entonces párate. Aquí hay una hierba estupenda.
—No es la hierba lo que me puede curar…
—¿Estás enfermo?
—Ya lo creo. No sé ladrar.
—¡Pero si es la cosa más fácil del mundo! Escúchame: muuu… muuu… muuuu… ¿No suena bien?
—No está mal. Pero no estoy seguro de que sea lo adecuado. Tú eres una vaca…
—Claro que soy una vaca.
—Yo no, yo soy un perro.
—Claro que eres un perro. ¿Y qué? No hay nada que impida que hables mi idioma.
—¡Qué idea! ¡Qué idea!
—¿Cuál?
—La que se me está ocurriendo en este momento. Aprenderé la forma de hablar de todos los animales y haré que me contraten en un circo ecuestre. Tendré un exitazo, me haré rico y me casaré con la hija del rey. Del rey de los perros, se comprende.
—Bravo, qué buena idea. Entonces al trabajo. Escucha bien: muuu… muuu… muuu…
—Muuu… —hizo el perro.
Era un perro que no sabía ladrar, pero tenía un gran don para las lenguas.

SEGUNDO FINAL

El perro corría y corría. Se encontró a un campesino.
—¿Dónde vas tan deprisa?
—Ni siquiera yo lo sé.
—Entonces ven a mi casa. Precisamente necesito un perro que me guarde el gallinero.
—Por mí iría, pero se lo advierto: no sé ladrar.
—Mejor. Los perros que ladran hacen huir a los ladrones. En cambio a ti no te oirán, se acercarán y podrás morderlos, así tendrán el castigo que se merecen.
—De acuerdo —dijo el perro.
Y así fue cómo el perro que no sabía ladrar encontró un empleo, una cadena y una escudilla de sopa todos los días.

TERCER FINAL

El perro corría y corría. De repente se detuvo. Había oído un sonido extraño. Hacía guau guau. Guau guau.
—Esto me suena —pensó el perro—, sin embargo no consigo acordarme de cuál es la clase de animal que lo hace.
—Guau, guau.
—¿Será la jirafa? No, debe ser el cocodrilo. El cocodrilo es un animal feroz. Tendré que acercarme con cautela.
Deslizándose entre los arbustos el perrito se dirigió hacia la dirección de la que procedía aquel guau guau que, no sabía por qué, hacía que le latiera tan fuerte el corazón bajo el pelo.
—Guau, guau.
—Vaya, otro perro.
Sabéis, era el perro de aquel cazador que había disparado poco antes cuando oyó el cucú.
—Hola, perro.
—Hola, perro.
—¿Sabrías explicarme lo que estás diciendo?
—¿Diciendo? Para tu conocimiento yo no digo, yo ladro.
—¿Ladras? ¿Sabes ladrar?
—Naturalmente. No pretenderás que barrite como un elefante o que ruja como un león.
—Entonces, ¿me enseñarás?
—¿No sabes ladrar?
—No.
—Mira y escucha bien. Se hace así: guau, guau…
—Guau, guau —dijo en seguida nuestro perrito. Y, conmovido y feliz, pensaba para sus adentros: «Al fin encontré el maestro adecuado.»

Gianni Rodari

amarillo

Recopilaba canciones de jazz como quien engarza cuentas en collares que luego regala. Nosotros éramos los destinatarios de aquellos collares, una colección que llegó hasta casi la decena. ¿O siguió y yo le perdí la pista? Hace unos días cayeron en mis manos las fotografías de aquellos años donde se fraguaron las colecciones. Creo que la palabra más adecuada es incredulidad: incredulidad de lo que estaba viendo. Me alegro de haber formado parte de tanta belleza. Si yo era uno más de aquello que tenía delante, puedo decir que fue un privilegio y un honor.
Hoy repasaba el número ocho, el último que tengo, y apareció una pieza en la que no había reparado. Es la que sigue.
A veces la juventud y el talento son capaces de darle una vuelta de tuerca más a lo que ya parecía imposible. En el caso que me ocupa en esta entrada algo indispensable para hacer lo que hacen es la limpieza. Y esa limpieza no necesariamente está ligada a la juventud.
Herbie me parece un sabio que ya está de vuelta de todo y que no ha perdido ni un ápice de la limpieza de la que antes hablaba y de una cosa más, muy difícil de conservar: las ganas de seguir y de indagar. A su lado, Damien y Lisa parecen niños. Juntos los tres producen un efecto: refractan sus luces. Y el resultado de esa refracción es un milagro creativo.

Una última cosa: lo de la libretita de Damien es de mascletà.



Hush now, don't explain
Just say you'll remain
I'm glad your back, don't explain

Quiet, don't explain
What is there to gain
Skip that lipstick
Don't explain
 
You know that I love you
And what endures
All my thoughts of you
For I'm so completely yours
 
Cry to hear folks chatter
And I know you cheat
Right or wrong, don't matter
When you're with me, sweet
 
Hush now, don't explain
You're my joy and pain
My life's yours love
Don't explain

La canción, como no podía ser de otra forma, no viene de un lugar cualquiera.

El otro caso que hoy quiero abordar está ligado a este tema que hace más de cuatro años publiqué. Lo de Tom es algo de tal calado que un servidor se pregunta cómo es posible. Abordar esa canción, esa genialidad -es lo que me parece, sin hipérboles de por medio- sin caer en el ridículo me parece tarea de éxito improbable. Bien, pues Cibelle lo hizo a principios de este siglo; traduzco: con veinte y pocos, muy pocos años...
Tom aparece en los coros sin taparla, moderándose, que ya es.

la libertad de los mochuelos

Hoy he regalado esta ciudad. A menudo pienso en cómo se ha perdido la noble y bella tarea del regalo, del cuidadosamente elegido regalo, el que tiene detrás todo un argumento afectivo. Luego pienso si se ha perdido o si, en realidad, nunca fue frecuente. Y ahí soy yo el que se pierde. En cualquier lugar, no deja de sorprenderme lo escaso del asunto, lo poco que abunda. Y, en realidad, tampoco me sorprende en este camino que hace ya siglos emprendimos donde la atención, el cuidado, el desinterés, la belleza, el afecto, los detalles... no son precisamente las plantas que jalonan el sendero.
A mí hace dos días me desearon la libertad de los mochuelos. Qué más se puede pedir.

Las ciudades escondidas. 1

En Olinda, el que va con una lupa y busca con atención puede encontrar en alguna parte un punto no más grande que una cabeza de alfiler donde, mirando con un poco de aumento, se ven dentro los techos las antenas las claraboyas los jardines los tazones de las fuentes, las rayas de las calzadas, los quioscos de las plazas, la pista para las carreras de caballos. Ese punto no se queda ahí: después de un año se lo encuentra grande como medio limón, después como un hongo políporo, después como un plato de sopa. Y entonces se convierte en una ciudad de tamaño natural, encerrada dentro de la ciudad de antes: una nueva ciudad que se abre paso en medio de la ciudad de antes y la empuja hacia afuera. Olinda no es, desde luego, la única ciudad que crece en círculos concéntricos, como los troncos de los árboles que cada año aumentan un anillo. Pero a las otras ciudades les queda en el medio el viejo recinto amurallado, ceñidísimo, bien apretado, del que brotan resecos los campanarios las torres los tejados las cúpulas, mientras los barrios nuevos se desparraman alrededor como saliendo de un cinturón que se desata. En linda no: las viejas murallas se dilatan, llevándose consigo los barrios antiguos, que crecen en los confines de la ciudad, manteniendo las proporciones en un horizonte más ancho; éstos circundan barrios un poco menos viejos, aunque de perímetro mayor y afinados para dejar sitio a los más recientes que empujan desde adentro; y así hasta el corazón de la ciudad: una Olinda completamente nueva que en sus dimensiones reducidas conserva los rasgos y el flujo de linfa de la primera Olinda y de todas las Olindas que han brotado una de la otra; y dentro de ese círculo más interno ya brotan —pero es difícil distinguirlas— la Olinda venidera y aquellas que crecerán a continuación.

Las ciudades invisibles . Italo Calvino. Traducción de Aurora Bernárdez.

Le città nascoste. 1

A Olinda, chi ci va con una lente e cerca con attenzione può trovare da qualche parte un punto non più grande d'una capocchia di spillo che a guardarlo un po' ingrandito ci si vede dentro i tetti le antenne i lucernari i giardini le vasche, gli striscioni attraverso le vie, i chioschi nelle piazze, il campo per le corse dei cavalli.
Quel punto non resta lì: dopo un anno lo si trova grande come un mezzo limone, poi come un fungo porcino, poi come un piatto da minestra.
Ed ecco che diventa una città a grandezza naturale, racchiusa dentro la città di prima: una nuova città che si fa largo in mezzo alla città di prima e la spinge verso il fuori.
Olinda non è certo la sola città a crescere in cerchi concentrici, come i tronchi degli alberi che ogni anno aumentano d'un giro.
Ma alle altre città resta nel mezzo la vecchia cerchia delle mura stretta stretta, da cui spuntano rinsecchiti i campanili le torri i tetti d'embrici le cupole, mentre i quartieri nuovi si spanciano intorno come da una cintura che si slaccia.
A Olinda no: le vecchie mura si dilatano portandosi con sé i quartieri antichi, ingranditi mantenendo le proporzioni su un più largo orizzonte ai confini della città; essi circondano i quartieri un po' meno vecchi, pure cresciuti di perimetro e assottigliati per far posto a quelli più recenti che premono da dentro; e così via fino al cuore della città: un'Olinda tutta nuova che nelle sue dimensioni ridotte conserva i tratti e il flusso di linfa della prima Olinda e di tutte le Olinde che sono spuntate una dall'altra; e dentro a questo cerchio più interno già spuntano - ma è difficile distinguerle - l'Olinda ventura e quelle che cresceranno in seguito.

el tren de la vida

La fotografía es de Chema Conesa. De todas las que están expuestas en el Palacio Almudí en Murcia, fue la que más me gustó. Menuda tropa.

Por cierto:

almudí o almudín.

(Del ár. hisp. almudí, este del ár. clás. mudy, y este del lat.modĭus 'modio').

1. m. alhóndiga.


alhóndiga.

(Del ár. hisp. alfúndaq, este del ár. clás. funduq, este del arameo panduqiūm, y este del gr. πανδοχεῖον 'albergue').

1. f. Casa pública destinada para la compra y venta del trigo. En algunos pueblos sirve también para el depósito y para la compra y venta de otros granos, comestibles o mercaderías que no devengan impuestos o arbitrios de ninguna clase mientras no se vendan.


como si fuera esta noche la última vez

Los amigos antiguos se han quedado miopes
o no te conocen
o te ven de lejos y huyen.

Emma Martínez Bay.

La perla de esta cita se puede encontrar aquí.

A Emma, maestra, como a tantas otras, le fusilaron al marido, Eliseo, nada más acabar la guerra civil. La química corría por las venas docentes de ella. A Teruel la enviaron y de ahí a Castellón, explicando Metodología de la física y química.
No entraré en detalles. Tan escabrosos, tan ruines, tan mezquinos que a estas alturas de la película quien no los tenga claro tiene un problema.
Emma tuvo tres descendientes que sacó adelante con un valor y un coraje nada normal, estudios superiores incluidos. Y la estirpe siguió y siguió. Quiero pensar que algo de aquella gente circula por mis venas, pese a las miopías.

confundidosennegro

Hoy recordé los poemas de Vicente, esos que me marcaron durante unos años y que incluso usamos en nuestras actuaciones de CEN. Pasa el tiempo, denso y veloz a la vez, y cada vez cobra más raigambre el recuerdo de aquellas sesiones, los ensayos, la creatividad, la amistad, el compromiso, la aventura, la vida flotando como un barco.
Es domingo por la tarde de nuevo. Hace un poco de viento.

LA HISTORIA INTERMINABLE
La discoteca flota como un barco,
y tú tomas pastillas con alcohol.
Todo el mundo lo sabe,
todo el mundo te mira de esa forma,
y tus propios amigos ni se enteran.
Estás sudando, tiemblas, los dientes apretados,
los pómulos ardiendo, y las pupilas
desenfocan un mundo de penumbre y de brillos.
Tú sabes que te espían, disimulan muy mal,
aunque bailen lo sabes,
aunque algunos retiren la mirada
cuando a veces los retas con la tuya.
Es preciso que escapes hacia el baño
y procures andar con cierto aplomo:
como hienas escrutan en tus gestos
cualquier debilidad.
No puedes orinar, el prepucio te escuece,
y sientes en el pene un cosquilleo
que te hace pensar en las hormigas
y desear a muerte a una mujer.
La cabina cerrada te protege un instante,
la música te llega desde el centro
de tu propio cerebro, y puedes escuchar
cómo crece ese odio que te tienen.
Buscas otra pastilla en el bolsillo,
es amarga y redonda como el odio,
y sigues escuchando claramente
todas y cada una de las conversaciones
de esa gente sin alma que te mira.
Todos hablan de ti, y tú sigues oyendo
cómo suena el desprecio, y qué extraño ruido
hace el asco al crecer en sus entrañas.
Sales luego a la pista, disimulas bailando,
tus amigos te miran y sonríen.
Empiezas a temer una traición.
Dirías que tu alma es una rata
completamente abierta a la luz de un quirófano,
todos hurgan en ella,
y hasta sientes el frío de las pinzas
que rebuscan con asco en su interior
una prueba que firme tu sentencia.
Si te marchas a casa han de seguirte,
ya lo han hecho otras veces,
bucean en el whisky que te bebes
y aprenden a vivir entre tus tripas
cual si fueran pirañas en un río de sangre.
¡Si arrancándote el tímpano
se apagaran sus risas, las palabras de burla,
ese ruido que hace al crecer el desprecio!
Quisieras que la tierra te tragara
y sueñas con insectos sin dormir.
Estar vivo te asusta, y te envuelve
esa cosa terrible que es el miedo
cuando nace de dentro de sí mismo
sin motivo ni causa, ese miedo que es miedo
a que el miedo te venza. El verdadero miedo
que es ahora otro ruido en tu cabeza.
Tomas otra pastilla y te deseas suerte:
sabes que alguna esconde un paraíso
en el que tú has estado muchas veces,
y serías capaz,
por volver a encontrarlo un solo instante,
de pasar mil infiernos como éste.
Intentas convencerte de que todo es mentira,
de que el odio y la burla, el desprecio y el miedo,
son sólo paranoias
que habrán de esfumarse, como las otras veces,
con el día que llega.
Pero el infierno crece alrededor de ti
y su hedor contamina cada palmo de aire.
Ya no pueden tardar, parece que se animan
los unos a los otros, y tu cara de imbécil
les exige venganza. Ojalá ya no tarden.
Que te escupan ya pronto uno por uno
en el centro del alma,
porque en esa saliva corrompida
podrás lavar de nuevo
el asco que ahora sientes de ti mismo,
y esperar a otro sábado,
y volverlo a intentar.


Vicente Gallego

pre Mrs Robinson

Wake up, Maggie
I think I got something to say to you
It's late September and
I really should be back at school
I know I keep you amused
But I feel I'm being used
Oh, Maggie, I couldn't have tried anymore
You led me away from home
Just to save you from being alone
You stole my heart but I love you anyway
The morning sun, when it's in your face
Really shows your age
That don't worry me none
In my eyes you're everything
I laughed at all of your jokes
My love you didn't need to coax
Oh, Maggie, I couldn't have tried anymore
You led me away from home
Just to save you from being alone
You stole my heart but I love you anyway
All I needed was a friend
To lend a guiding hand
But you turned into a lover
And mother what a lover!
You wore me out
All you did was wreck my bed
And, in the morning kick me in the head
Oh, Maggie, I couldn't have tried anymore
You led me away from home
Just to save you from being alone
You stole my heart but I love you anyway
I suppose I could collect my books
And get on back to school
Or steal my daddy's cue
And make a living out of playing pool
Or find myself a rock & roll band
That needs a helping hand
Oh, Maggie, I couldn't have tried anymore
You made a first-class fool out of me
But I'm as blind as a fool can be
You stole my heart but I love you anyway

Fascinante el vídeo primigenio. Qué maravillosa estética y qué virginidad, balón incluido. Parece impensable hoy en día. 





De todas las opciones que plantea en esa maravillosa estrofa final, supongo que escogió la de la rock & roll band that needs a helping hand. Bien hecho. Qué pasada de canción, coño. Gracias UCLA por bucear hasta donde había que hacerlo. Bien hecho también.

grandes, grandes, grandes


Con te dovrò combattere
non ti si può pigliare come sei
i tuoi difetti son talmente tanti
che nemmeno tu li sai.
Sei peggio di un bambino capriccioso
la vuoi sempre vinta tu,
sei l'uomo più egoista e prepotente
che abbia conosciuto mai.
Ma c'è di buono che al momento giusto
tu sai diventare un altro,
in un attimo tu
sei grande, grande, grande, le mie pene
non me le ricordo più.
Io vedo tutte quante le mie amiche
son tranquille più di me,
non devono discutere ogni cosa
come tu fai fare a me,
ricevono regali e rose rosse
per il loro compleanno
dicon sempre di sì
non hanno mai problemi e son convinte
che la vita è tutta lì.
Invece no, invece no
la vita è quella che tu dai a me,
in guerra tutti i giorni sono viva
sono come piace a te.
Ti odio poi ti amo poi ti amo, poi ti odio, poi ti amo,
non lasciarmi mai più
sei grande, grande, grande
come te sei grande solamente tu.
ti odio poi ti amo poi ti amo , poi ti odio poi ti amo
non lasciarmi mai più
sei grande, grande, grande
come te sei grande solamente tu






I'd like to run away from you,
But if you never found me, I would die!
I'd like to break the chains you put around me,
But I know I never will!

You stay away and all I do
Is wonder why the hell I wait for you!
But when did common sense prevail
For lovers, when we know it never will?

Impossible to live with you,
But I know I could never live without you,
For whatever you do,
I never never never want to be in love with anyone but you!

You never treat me like you should,
So what's the good of loving as I do?
Although you always laugh at love,
Nothing else would be good enough for you!

Impossible to live with you,
But I know I could never live without you,
For whatever you do,
I never never never want to be in love with anyone but you!

You make me laugh, you make me cry,
You make me live, you make me die for you!
You make me sing, you make me sad,
You make me glad, you make me mad for you!

I love you, hate you, love you, hate you,
But I want you till the world stops turning!
For whatever you do,
I never never never want to be in love with anyone but you!

I love you, hate you, love you, hate you,
But I want you till the world stops turning!
For whatever you do,
I never never never want to be in love with anyone but you!

I love you, hate you, love you, hate you,
But I want you till the world stops turning!
For whatever you do,
I never never never want to be in love...

cabeza de ratón o cola de león

Pocas veces tanta integridad sobre un escenario, tanta coherencia, tanta honestidad. Si el precio es no trascender al público mayoritario, mire usted, ellos se lo pierden. No es por casualidad que el más joven, Diego, vaya a parar en medio.