modo de volar

Dentro de su serie Disparates, y aún como dibujo preparatorio. Aquí se puede ver con un detalle que hiere.
Primer cuarto del XIX. Poco después abandona España. Y poco después muere. Ochenta y dos años contemplaban al animal.
El disparate era él, don Francisco. 



la carne mínima del mundo

Luna y panorama de los insectos
(El poeta pide ayuda a la Virgen)

Pido a la divina Madre de Dios,
Reina celeste de todo lo criado
me dé la pura luz de los animalitos
que tienen una sola letra en su vocabulario.
Animales sin alma. Simples formas.
Lejos de la despreciable sabiduría del gato.
Lejos de la profundidad ficticia de los búhos.
Lejos de la escultórica sapiencia del caballo.
Criaturas que aman sin ojos,
con un solo sentido de infinito ondulado,
y que se agrupan en grandes montones
para ser comidas por los pájaros.
Pido la sola dimensión
que tienen los pequeños animales planos,
para narrar cosas cubiertas de tierra
bajo la dura inocencia del zapato.
No hay quien llore porque comprenda
el millón de muertecitas que tiene el mercado.
Esa muchedumbre china de las cebollas decapitadas
y ese gran sol amarillo de viejos peces aplastados.
Tú, Madre siempre terrible. Ballena de todos los cielos.
Tú, Madre siempre bromista. Vecina del perejil prestado.
Sabes que yo comprendo la carne mínima del mundo
para poder expresarlo.

F. G. L.

Aquí está en el libro, que me gusta mucho más.

testigos de este encierro

Si no fuera por la voz nasal e impostada del cantante, sería de mis grupos preferidos. Son elegantes. Sus letras, crípticas, se dejan abordar, al menos interpretar, aunque se corra el riesgo de acabar en una calle que sea otra bien distinta. Pero, ¿y qué?, si eso es escribir, si eso es leer. Esta que traigo hoy me parece soberbia.

Empecé a preparar esta entrada en invierno. Ya es primavera. Una primavera sin par. El día está cubierto y con una luz cegadora. Cuchillo y presa.

Una caja de recuerdos
Y fiestas de guardar

Media vida en cada intento
Y la otra media en pinzas de metal
Ya es un clásico
Seguir la zanahoria con tu aliento aquí detrás
Un desorden milimétrico

Me acerca hasta el lugar

Lleva a cabo mi propósito
De ser cuchillo y presa a la par
No es tan trágico
Jugar con la distancia y heredar su soledad
Cuarteles de Invierno

Rompiendo su silencio

Muñecas de hielo
Testigos de este encierro
Fue tan largo el duelo que al final
Casi lo confundo con mi hogar
Botiquines para amnésicos

Leyendas de ultramar

Soldaditos pre-soviéticos
Firmé mi Guerra y Paz particular
Hay un misterio
De mapas que no llevan al tesoro
Ni a epicentros
A punto de estallar
Son las leyes de la física
Y el tiempo no se pone en mi lugar
Ya es un clásico
Perdí el salvoconducto y ahora espero al emisario
Que nunca llegará
Cuarteles de Invierno

Rompiendo su silencio

Muñecas de hielo
Testigos de este encierro
Fue tan largo el duelo que al final
Casi lo confundo con mi hogar
Por mucho que vuelvo

No encuentro mis recuerdos

Los busco, los sueño
Lo propio ya es ajeno
Cayeron los bordes
Y el vaso ya está lleno
Y ahora sólo intento vaciar
Sólo necesito despegar
Fue tan largo el duelo que al final
Casi lo confundo con mi hogar.`

[Si quieren ampliar, aquí hay más].

    

lamentos exteriores

Para los que no sabemos leer una nota, no entendemos de compases, acordes, mayores, menores... Para los que solo nos guía el olfato, la intuición, la bilis, lo de este señor es otra cosa. Si yo voy a una sala, pequeña como la imagino, y se calzan estos diez minutos -que no conocía yo antes- delante de uno, a servidor hay que ir a visitarlo a algún planeta muy lejano a partir de entonces.
(La carátula del vídeo no tiene precio...)

rústico



intonso, sa

Del lat. intonsus.
1. adj. Que no tiene cortado el pelo.
2. adj. IgnoranteincultorústicoU. t. c. s.
3. adj. Dicho de un ejemplar de una edición o de un libroQue se
encuaderna sin cortar los pliegos de que se compone.

de eso hablábamos

La he vuelto a ver. Echaba de menos la película, pero sobre todo a él. El comienzo, donde aparece por primera vez, y, sobre todo el final, son excelsos. Por lo demás, reflexiono, las mujeres son demasiado atractivas. No ya en esta, sino en casi todas las películas. Demasiado para la credibilidad.
Me duele imaginar su dolor para irse como se fue. Por otra parte, no me extraña. Interpretar desde donde él lo hace, en fin...
Ahí va el final:

ladrón de paja

cárabe

Del ár. hisp. qáhraba, este del ár. clás. kahrabā, y este del pelvi kāhrubāy 'ladrón de paja'.

1. m. ámbar (‖ resina fósil).


pelvi

Del fr. pehlvi, este del persa pahlavi, y este del pelvi pahlawīg 'parto2'.
1. adj. Perteneciente o relativo al persa medioLéxico pelvi.
2. m. persa medio.
persa medio
1. m. Dialecto occidental del iranio medioprocedente del persa
antiguoque hablaron los persas aproximadamente desde el siglo III a. C. hasta el siglo IX y que fue lengua oficial del Imperio sasánida.

manda quien puede



Y por una vez Tsvietáieva fue una poeta feliz

Lo publicó Antonio Lucas en El Mundo en abril de 2018. Contiene una errata: nació en 1892.
Cuando se encontraron por primera vez, Marina Tsvietáieva (1877-1941) acumulaba varios infiernos íntimos. Tenía dos hijas (Alia e Irina) con Sergei Efron, del que pasó cuatro años separada con la convicción de que estaba muerto. Había alcanzado cierto nombre en los corrillos literarios de Moscú con tres libros publicados (Álbum de la tarde, Linterna mágica y De dos libros). Entre sus amantes, "los idilios cerebrales" como ella decía, figuraban Boris Pasternak y Rainer Maria Rilke, entre otros. Había escapado de Moscú el 11 de mayo de 1922 tras años de espanto. Y llevaba por dentro los zarpazos del bolchevismo, que se cebó fieramente contra los artistas de la vanguardia rusa. Cuando Marina Tsvietáieva y Konstantín Rodzévich se encontraron por primera vez era 1923.
En ambos prendió la curiosidad, el deseo y una pasión tan desbordante como discontinua. Desde ese año primero y hasta 1938 ella le envió 31 cartas en las que desplegaba no sólo arrebatos, también proyectos futuros, esbozos de poemas, daños colaterales, desesperaciones, deseos. Rodzévich fue el más alto amor de la poeta. Cuando la nieve dejó de ser blanca y el pan ya no sabía a pan, aquel joven estudiante de Derecho, amigo de su marido y tres años menor que ella, se convirtió en su único faro de costa.
El destinatario conservó la correspondencia de por vida. En 1960 se las confió a un amigo para que se las pasara a Ariadna, hija de Marina y la única superviviente de la familia. Ésta, sin leerlas, las selló y dispuso que tras su muerte (en 1975) se depositaran en el Archivo Estatal de Literatura de la URSS. Y ordenó que no fuesen reveladas hasta finales del año 2000. Su aparición supuso un acontecimiento en Rusia. Y ahora la editorial Renacimiento las da a conocer en español, estudiadas y traducidas por Reyes García Burdeus en un libro de fuerte temblor: Cartas de amor a Konstantín Rodzévich.
"La aparición inesperada de aquel hombre trastornó una vez más la vida de Tsvietáieva", explica la responsable de la edición. "Le hizo conocer el amor sensual y absoluto, no aquel más imaginario que real que había experimentado con otros amantes infructuosos". Y así se lo contó por carta a uno de sus cómplices de aquellos años, un amante imaginario, Alexandr Bajraj: "Estoy enamorada de otro, no hay forma más simple, cruel y digna de decirlo. ¿Cómo ocurrió? Oh, amigo mío, ¿cómo ocurren estas cosas? Me volví hacia alguien, él me miró, escuché unas palabras, las más sencillas del mundo, pero que quizá oía por primera vez en mi vida". Apenas esto.
En las cartas, Tsvietáieva deja rastro de los estados de ánimo que vive (o que padece). De esa lumbre que descubre por Rodzévich. Y así se lo escribe en la carta del 22 de septiembre de 1923, pocos meses después de encontrarse: "Por primera vez amo a una persona feliz y, quizá, también por vez primera busco la felicidad en vez de la pérdida, quiero tomar y no dar, ser y no perecer. En usted siento la fuerza, esto nunca me había pasado. La fuerza de amar no a mí entera -¡el caos!-, sino lo mejor de mí, lo esencial. Nunca le había otorgado a nadie el derecho de elección: o todo o nada". Tsvietáieva estaba mudando su rigidez por una suerte de candor, de calidez, de atención al otro más allá de asumirlo sólo como un cortafríos.
Durante unos meses, la malograda poeta vive inundada de recuerdos extraordinarios. Pero en diciembre de ese año 23 echa el freno. No quiere dañar a su marido, a Sergei. No lo ama exactamente, pero usaba con él esa otra forma de querer que pasa por afecto maternal y protector. Pero Sergei le ha obligado a elegir entre uno y otro: "Comuniqué a Marina mi decisión: que nos separásemos. Durante dos semanas estuvo fuera de sí. (...) Nunca la había visto en tal estado de angustia. Finalmente me dijo que no podía separarse de mí porque la conciencia de mi soledad no le habría dejado un momento no sólo de felicidad sino de tranquilidad". Sergei comparaba a Marina Tsvietáieva con una insaciable estufa que necesitaba mucha leña y él ya no servía para hacerla funcionar.
En aquellos meses en Praga con Rodzévich, la poeta rusa fue más feliz que nunca. Más que en ningún otro lugar. Aunque el final fuese la despedida. Tras la separación de Rodzévich escribió dos de sus conjuntos de poemas principales: Poema de la montaña y Poema del fin. Mantuvieron correspondencia durante años. Se dejaron, pero se hicieron inolvidables. El arrepentimiento hasta el último día por no haber dado el paso de estar juntos fue común. Y mutuo. (Ella se suicidó en 1941). El uno había sido para el otro una pieza de caza mayor. Pero aquel verso memorable, a Marina, se le cumplió: "Algún día, criatura encantadora, para ti seré sólo un recuerdo".

cuando no canta

El animalico de Damian ya había transitado este cuaderno, así como la peli que lo lanzó al estrellato. De esta versión del negro no sabía hasta que me llegó ayer. Ver a los dos juntos es un placer, sobre todo cuando calla. Porque ver lo que hace el negro callado es algo insólito.
Gracias, querida.
Esperando que amanezca.


ha muerto Limónov

Nacido en Dzerzhinsk con el nombre de Eduard Veniaminovich Savenko, adoptó el apellido Limónov como nom de plume casi en la adolescencia. El poeta de vanguardia se exilió de la Unión Soviética en 1974. Alguna vez relató que aquella salida fue forzada y que se debió a su negativa a convertirse en un soplón para el KGB. Así, Limónov terminó por llegar a Nueva York, donde se hizo un habitual del legendario club punk CBGB, en el que conoció a los Ramones. De aquella época, que le marcó profundamente, es su novela más conocida de las cuatro traducidas al castellano, Soy yo, Édichka (Marbot Ediciones).

El obituario es de traca. Porque, claro, cómo se hace una necrológica de un tipo de este pelaje. Quizás el mejor obituario sea el tema de Pablo, que coge la idea del personaje, ese de a los poetas rusos les gustan los negrazos -sic-.
Qué recuerdos de aquellos días que ahora quedan como en un Technicolor.

vector centrífugo

Comencemos con Marina. Por ejemplo con esta joya extraída de aquí:

"La poesía ciertamente era un escape momentáneo hacia un espacio metafísico, espiritual (o según Brodsky, hacia un vector centrífugo), que marcaba su orientación a "una verdad celeste contra la verdad terrenal". La posición vital de Tsvetáieva era una negación firme, una no aceptación de las bases de la organización de la vida, tal y como ella la percibía. El rechazo activo del orden del universo, manifiesto desde sus etapas creativas más tempranas, se reafirma debido a las circunstancias desastrosas de su vida, tanto personales como sociales en general".

El problema con La verdad de los poetas es que no encuentro una fuente completa y fiable a la vez. Así que, por orden, la desconfiable -no sé ni su autoría- pero aparentemente completa y, acto seguido, la fiable pero incompleta:

La verdad de los poetas.

Así es también la verdad de los poetas; la más invencible, la más inaprehensible, la más indemostrable y convincente. Una verdad que vive en nosotros sólo un primer instante de la percepción (¿qué cosa fue?) y permanece solamente en nosotros, como la huella de una luz o de una pérdida (¿acaso fue verdaderamente?). Una verdad irresponsable y sin consecuencias; una verdad que — ¡por Dios! — ni siquiera es necesario intentar seguir, ya que incluso para los poetas no tiene retorno. (La verdad del poeta es un camino en el que las huellas se van cubriendo de vegetación. No habría huellas, incluso para él, si él pudiera ir detrás de sí mismo). No sabe qué dirá, y con frecuencia tampoco sabe qué dice. No lo sabe hasta que lo ha dicho, y lo olvida en cuanto lo ha dicho. No es una de las innumerables verdades, sino uno de sus innumerables aspectos, que se destruyen mutuamente cuando son confrontados. Aspectos de la verdad que sólo se realizan una vez. Sencillamente — una inyección en el corazón de la Eternidad. El medio: la confrontación de las dos palabras más simples, que se colocan una al lado de la otra precisamente de este modo. (Algunas veces – ¡divididas por un solo guión!).
Hay candados que se abren únicamente con una cierta combinación de cifras; si la conocemos, abrirlos es sencillísimo, pero si no la conocemos, es un milagro o una casualidad. Un milagro-casualidad como el que le sucedió a mi hijo de seis años cuando abrió sin ninguna dificultad la cadenita que llevaba colgada al cuello y eso hizo que se llenara de miedo. ¿Conoce o no el poeta la combinación de las cifras? (En el caso del poeta —debido a que el mundo entero está bajo candado y hay que abrirlo todo— cada vez es una cosa distinta, cada poesía es un candado, y bajo cada candado hay una verdad, cada vez distinta —única e irrepetible— como el candado mismo). ¿Conoce el poeta todas las combinaciones de cifras?Mi madre tenía un don — en plena noche podía poner a tiempo el reloj cuando éste se había parado. En respuesta a su —en lugar del tictac— silencio, por el que probablemente se había despertado, movía las manecillas en la oscuridad, sin ver. En la mañana el reloj indicaba eso, precisamente esa hora absoluta que nunca consiguió el desdichado monarca que contemplaba tantos cuadrantes contradictorios y escuchaba tantos sonidos encontrados.
El reloj indicaba eso.
¿Una coincidencia? Si se repite una y otra vez en la vida del hombre es el destino, en el mundo de los fenómenos — la ley. Esa era una ley de su mano. La ley del saber de su mano.
No por juego, como mi hijo; no con seguridad, como el propietario de un candado; no con augurios, como ese supuesto matemático — sino a ciegas y proféticamente — obedeciendo sólo a la mano (que — a su vez — ¿a qué obedece?) — así es como el poeta abre el candado.
Sólo le falta el gesto: seguridad — en sí mismo y en su candado. El gesto del propietario del candado. El poeta no es dueño de ningún candado, por eso los abre todos. Y por eso, al abrirlos la primera vez sin ninguna dificultad, es incapaz de abrirlos una segunda vez. Porque no es el propietario, es sólo quien transmite el secreto.

Y la incompleta:

Así es también la verdad de los poetas; la más insuperable, la más inalcanzable, la más gratuita y convincente. Una verdad que habita entre nosotros sólo en el primer momento en que la percibimos (¿qué fue eso?) y permanece entre nosotros únicamente como la huella de una luz o como una pérdida (¿acaso fue verdaderamente?). Una verdad irresponsable y sin consecuencias; una verdad a la que ¡por Dios! - no hay que intentar seguir, ya que ni siquiera para los poetas tiene retorno. (La verdad de los poetas es un sendero en el que las huellas se cubren de vegetación. No habría huellas, ni siquiera para él, si él pudiera ir detrás de sí mismo). No sabe qué es lo que va a decir, y a menudo tampoco sabe lo que está diciendo. No lo sabe hasta que lo ha dicho, y nada más lo ha dicho, lo olvida al instante. No es una de las innumerables verdades, sino uno de los innumerables aspectos, que se destruyen mutuamente cuando se confrontan. Diversos aspectos de la verdad que se dan sólo una vez. Simplemente - una inyección en el corazón de la Eternidad. El medio: la confrontación de las dos palabras más simples, que se colocan una al lado de la otra justamente de este modo. A veces - ¡separadas por un único guión!

Tsvietáieva, Marina: Ensayos. Ellago Ediciones, España, 1º edic. noviembre 2012, págs. 110-111. Edición a cargo de Francisco Villegas Belmonte. Traducción: Reyes García Burdeus.

la jaez de los detectives

THE SIMPLE ART OF MURDER. AN ESSAY .
Raymond Chandler. El simple acto de matar.

But down these mean streets a man must go who is not himself mean, who is neither tarnished nor afraid. The detective in this kind of story must be such a man. He is the hero; he is everything. He must be a complete man and a common man and yet an unusual man. He must be, to use a rather weathered phrase, a man of honor—by instinct, by inevitability, without thought of it, and certainly without saying it. He must be the best man in his world and a good enough man for any world. I do not care much about his private life; he is neither a eunuch nor a satyr; I think he might seduce a duchess and I am quite sure he would not spoil a virgin; if he is a man of honor in one thing, he is that in all things. He is a relatively poor man, or he would not be a detective at all. He is a common man or he could not go among common people. He has a sense of character, or he would not know his job. He will take no man’s money dishonestly and no man’s insolence without a due and dispassionate revenge. He is a lonely man and his pride is that you will treat him as a proud man or be very sorry you ever saw him. He talks as the man of his age talks—that is, with rude wit, a lively sense of the grotesque, a disgust for sham, and a contempt for pettiness.
The story is this man’s adventure in search of a hidden truth, and it would be no adventure if it did not happen to a man fit for adventure. He has a range of awareness that startles you, but it belongs to him by right, because it belongs to the world he lives in. If there were enough like him, the world would be a very safe place to live in, without becoming too dull to be worth living in.

Por estas calles sucias y mezquinas ha de pasar un hombre que no es en sí mismo vil ni mezquino, no está corroído, es un hombre sin tacha y sin miedo.
El detective de este tipo de relatos debe ser un hombre así.
Él es el protagonista, lo es todo. Debe ser un hombre completo y un hombre común, y al mismo tiempo, un hombre extraordinario. Debe ser, para usar una frase ya vieja, un hombre de honor. El mejor hombre de su mundo y lo bastante bueno para cualquier otro mundo.
Su vida privada no me importa mucho; podría seducir a una duquesa y con toda seguridad no tocaría a una doncella. Cuando alguien es un hombre de honor, lo es para todo.
Es un hombre relativamente pobre, pues de lo contrario no sería detective. Es un hombre común, pues de lo contrario no viviría entre gente común. Conoce en gran medida el carácter ajeno, sino no conocería su trabajo.
No acepta con deshonestidad el dinero de nadie ni su insolencia sin la correspondiente y desapasionada venganza.
Es un hombre solitario y su orgullo no consiente que se le trate como a un hombre orgulloso o lamentarán haberle conocido. Habla como habla el hombre de su época, es decir, con tosco ingenio, con un vivaz sentimiento de lo grotesco, con repugnancia por la hipocresía y con desprecio por la mezquindad.
El relato es la aventura de este hombre en busca de la verdad oculta y no sería una aventura si no le sucediese al hombre adecuado para vivirla.
Es un hombre de conciencia, con sólidos principios que pertenecen al  mundo en que vive, y eso sorprende.
Si hubiera bastantes hombres como él creo que el mundo sería un lugar muy seguro en el que vivir y, sin embargo, nada aburrido como para que no valiera la pena habitar en él.

El extracto que hoy traigo está aquí. Las reflexiones del grande de Raymond son de su tiempo y de su construcción. Servidor, que es un amante del asunto negro, sea en novela, cine o realidad, ha visto cómo ese, digamos, canon, ha evolucionado. El héroe al que alude R. ya no es uno sin tacha, sino más bien un compendio de incoherencias donde la mancha convive con la virtud, produciendo un personaje tan conflictuado como goloso para llevarlo a la pantalla, al papel... Estos días de confinamiento he regresado al asunto que nos ocupa y en la producción actual no hay ni uno de los arquetipos que propugna R. en su ensayo. La mezquindad y la santidad, de la mano. Bueno, dije ni uno pero no es cierto. Saul, mi preferido junto con Virgil, serían dos más o menos actuales. Al menos en la primera temporada.