toxicomanías
ciclos menstruales
semillas,
poemas sin empezar,
llantos y risas congelados.
Quisiera poder visitar
esos enormes almacenes,
diminutos,
conocer los hijos
que nunca tendré;
pedirles perdón
a través de la sangre.
Gioconda Belli
desde el Harar
¡SIN PRISIONEROS!
Eso fue el mundo para mí. Un abismo,
y en ese abismo nada.
-Gabriel García y Tassara-
Contextus totus viriles est.
-Séneca-
No. No me hables de París, de aquellos
imbéciles que babeaban ante no se qué
virtudes
de la Poesía. Piara
de falsarios. ¿Sabes? ninguno estaba
dispuesto a
apostar lo que hay que
apostar.
No. No busques en mi rostro
-Por cierto ¿por qué no quitas
esa fotografía mía que tienes entre tus libros?-,
no busques en mi mirada, en mi gesto
nada de aquello.
Cuando yo desperté de ese sueño
estaba ya cociéndome en Harar.
Hay que tocar la carne fría de lo que sientes
que está más allá.
Esas espesas quemaduras
como un sol de lija.
Sí. Olvidar lo que escribí
y quién era cuando lo hice.
Al menos este sudor es verdad, y estas moscas, y estas
pulgas, y esta peste, y los muslos
de esta abisinia, y la gentuza con que trato cada día.
Siempre he preferido al peor delincuente
que aquellos intelectuales. Al menos el proscrito
está vivo. Aquellos amaban cadáveres.
No, no quiero saber nada, y tú, si me haces caso
sal también de ahí.
Lo importante es la vida,
su trallazo.
Y la Poesía es un destino en carne viva.
Lo que había sido un mundo ardiendo
es una mentira donde nos pudrimos,
barata, sórdida;
sobre toda verdad, toda pasión,
párpados pegajosos,
una tumba de piel.
Lo único que no miente,
alguno que otro coño.
¿Sabes lo que querían aquellos intelectuales?
Ser respetables.
Quiero decir, que hablasen de ellos,
que los estimasen
los mandarines miserables de la Cultura.
Y dinero.
Yo ya vi el futuro.
¿A quién le importará la libertad?
La mayoría está dispuesta a venderla
por una gamella donde el hampa que nos gobierna
eche de comer lo que ellos quieran que comamos.
¿La Literatura? ¿El Arte?
Las heces de ese amasijo igualitario.
¿Y las mentiras sobre la sexualidad?
cuando sólo existe ciega como la luz,
bestial como la mar.
Gentuza. Cómo os gusta
obedecer, ser como los demás.
O peor aún. Ya ni os dais cuenta.
¿No es mejor llegar antes al final?
Arrancarse la piel
y que se pudra al sol, a que la cuelguen
en una de sus Universidades y la muestren
a los suyos: Miren ustedes esa piel
de poeta.
No. Nosotros
no hemos venido a ser respetables,
ni queridos, ni a ser felices.
A nada. No hemos venido a nada.
Hemos venido a todo.
Seres monstruosos y magníficos, sin
explicación, condenados
a la soledad, a ver Más Allá,
crucificados en lo Imposible.
En cada uno de nosotros
empieza y termina todo el Arte.
Tu mismo, Álvarez, cuando estas bebiendo abajo
deja de mirar con idolatría
esa casucha donde viví unos días, en Buci,
o de pensar en la chère grande âme
que decía Verlaine
(después lo cambiaría por el culo
que desde luego es una verdad más interesante).
No. Viene un mundo
donde seremos ininteligibles.
No ya lo que digamos, lo que amamos:
Sino lo que somos.
La Historia, ya sin eje,
resuena en la soledad como la risa de un loco.
Escúchala como yo la escucho.
Sólo los locos están a nuestra altura.
Yo soy el único gran viudo.
Y desde esta Luna atroz, te aviso:
Ya estás muerto.
pensamientos automáticos mientras uno se dirige en coche de Alicante a Madrid
José Agustín Goytisolo
el señor de los trenes de la noche
yo distingo sus pasos. Sé
cómo va vestida; lo que piensa;
qué música prefiere. No me importa
su nombre o dónde vive
o en la casa de quién. Y todavía
mucho menos aún qué hará mañana
y hacia dónde se irá: qué oscuros trenes
la envolverán con su jadeo sordo:
qué manos retendrán su mano fría.
cerca de mí; real; cansada; siempre
con ojos asombrados esperando
que algo nuevo suceda; algo que cambie
el monótono ritmo de las horas:
un gesto acaso que ella entendería
y no sabe cuál es. Sólo la noche
acompaña sus pasos desolados
le da cobijo entre las multitudes.
Sólo la noche -como yo- la espera.
el burro de Paulov
Dejé pasar unas horas
por si se huía tu sueño.
Durmiendo la veladora
tu tiempo se entró en mi tiempo
y, en fin, la guitarra sola
gira contigo en el centro.
Creo que la luna ya es muy alta
y en la caricia falta
un viaje a la humedad.
Creo que de noche me despierto
con frío, al descubierto,
tanteando oscuridad.
Creo que la lluvia está cayendo
y no voy sonriendo
dejándome mojar.
Creo que me va a quitar el sueño
un dedo aquí, un labio allá,
que te perdí, que ya no estás,
que ya viví, que te vas.
Dejé pasar unas horas,
pupila veladora,
por si me daba igual.
Tu tiempo se metió en mi tiempo,
momentos y momentos
que no quieren pasar.
Y he aquí que la guitarra
vuelve a soltar amarras,
canta y gime al volar.
Creo que me va a quitar el sueño
un dedo aquí, un labio allá,
que te perdí, que ya no estás,
que ya viví, que te vas.
Letra de Silvio Rodríguez
de las razones que me das
Esta cosa de cantar canciones así en abstracto,
esta alegría fuera de contexto,
y que no sepa qué va primero,
si la rima o la idea.
De las razones que me das para explicarlo, todo al revés,
ninguna es sólida después de que haya puesto en marcha
los cigüeñales de neurótico decorativo
que forman parte de mi equipamiento de serie.
Miedo a la muerte estilo Imperio,
depresiones Bidermeier,
mal rollo Luis XV,
mal rollo Luis XV.
Miedo a la muerte estilo Imperio,
depresiones Biedermeier,
mal rollo Luis XV,
mal rollo ...
Y mira lo en serio que me lo tomo,
y mira el asco que doy
cómo se me dispara el factor cursi.
Que me quieras, te digo.
Quisiera resbalar cadena causal abajo hasta, no sé,
el motor inmóvil o el punto omega.
Y dejar de saltar de serie en serie
como una paradoja circulante.
De las razones que me das para explicarlo, todo al revés,
ninguna es sólida después de que haya puesto en marcha
los cigüeñales de neurótico decorativo
que forman parte de mi equipamiento de serie.
Miedo a la muerte estilo Imperio,
depresiones Bidermeier,
mal rollo Luis XV,
mal rollo Luis XV.
Miedo a la muerte estilo Imperio,
depresiones Bidermeier,
mal rollo Luis XV,
mal rollo ...
"Hay demasiada cafeína en mi torrente sanguíneo"
y una falta de síntesis conectivas en mi vida.
Hay demasiada proyección mitopoyética
entre las mías y las prestadas.
Miedo a la muerte estilo Imperio,
depresiones Bidermeier,
mal rollo Luis XV,
mal rollo Luis XV.
Miedo a la muerte estilo Imperio,
depresiones Bidermeier,
mal rollo Luis XV,
mal rollo ...
Y mira lo en serio que me lo tomo,
y mira el asco que doy
cómo se me dispara el factor cursi.
Que me quieras, te digo.
Y mira lo en serio que me lo tomo,
y mira el asco que doy
cómo se me dispara el factor cursi.
Que me quieras, te digo.
Letra de Manolo Martínez, del grupo Astrud.
Z=14
Turbas dispuestas a examinar tu crudité en carne –viva
demasiado viva- a declamar “cerebro!” todos a una
humano
con un candil hasta esas tuyas
catacumbas de tu cráneo
a reiniciarte mil y una veces –pero qué
qué te creías-
con sus noches todas de sus días
que venimos muy, muy dispuestos.
calladitos/
un ejército armado de poetas
un universo clonado en un multiverso
del que, francamente, querida, no puedo acordarme.
Redeiras en los peiraos de tu memoria se descargan ahora
tu infancia.
Downloading, tu infancia.
Oh, perdonadnos la carne que nos cuel
ga
en cabal
ga
da en versos viejísimos. Podres de nosotros!
No podemos evitarlo: nos gustáis tanto:
así, de perfil y pavor y canto
así, entre radiactivos y pitagóricos
así, sexys, sí, melancólicos, también
/tan leyendo tan leyenda tan leídos
con vuestra cara de póker sobre un montón de huesos/
Humanos, ay, humanos.
Estáis jodida
mente
buenos.
amor
yerro
Si me lo pide me pongo en cuatro patas
en dos, en una
meneo la cola
doy vueltas
me hago la muerta
salto por una galleta
le lamo los pies.
Y es que me muero de gusto cuando me rasca panza arriba.
Soy la perra más perra
que jamás nadie haya abandonado.
Amo a este hombre misógino.
Deseo su sexo descarado que pasea de aquí para allá
que entra donde como y cuando él lo desea
vomita su odio en mí y se va.
Yo, maravillosa artesana,
hago de su asco mi mejor creación:
una réplica suya mejorada.
Del vómito incubado en el más repugnante de los seres
nacerá la criatura que lo iguale en fuerza
y sea capaz de destruirlo por envidia
como yo no pude hacerlo por amor.
Miriam Reyes
Carmen Lola
La profesora los iba llamando al estrado uno por uno y allí comentaba con ellos los fallos del examen. Era el primer año que cursaban la asignatura, Física y química, y debió pensar que la bisoñez requería de cierto tacto personalizado. Segundo de BUP, año 1983 aproximadamente. Carmen Lola era la profesora y tutora, a la sazón, del curso, 2º B. Subió por la letra de su primer apellido, la ge, expectante: no recordaba fallos concretos. Un ligero remolino cándido le recorría el estómago. Los estados de la materia y sus propiedades. Las de los gases en concreto, señaló ella. Una palabra sobresalía, resaltada en un deficiente círculo rojo. Él la miró, incapaz de comprender, al tiempo que ella le leía en voz alta. Nada. No comprendía cuál era el juego, dónde estaba el error, si lo había. Las cosas son comprensibles; los gases son compresibles. Porque las cosas se comprenden y los gases se comprimen, dijo ella.
Aquel año pasó a la posteridad de buena parte del alumnado. Quizás también del profesorado. Carmen Lola fue profesora, tutora, amiga y confidente de más de uno. El baloncesto irrumpió desaforadamente en el sector masculino. Se formaron parejas que perduran a día de hoy y otras que no dudarían en reconstituirse si la vida discurriese como en un Instituto. El test de Cooper marcó un antes y un después en la forma de comprender el atletismo y, por ende, la vida, y las carreras de 1500 alicataron su memoria de gestas heroicas, llegadas en solitario o sprints denodados como si la vida les fuera en ello. Aquel año hubo quien fumó por primera vez, aprendió a besar, deseó correr más, sacó sobresaliente en latín por votación popular –sic- o leyó en un mesa, escrita en bolígrafo azul, la letra de Aquellas pequeñas cosas, de Serrat, sin entender nada y, al mismo tiempo, grabándolo indeleblemente para el resto de sus días.
Aquel año el chico de los gases también grabó la anécdota. Mucho tiempo después se cruzó con Carmen Lola. La saludó. Lo recordaba pero no terminaba de ubicarlo. Tomaron un café. Qué has estudiado, cómo te ha ido y todas esas cosas. A él le entró la tristeza. Algunos recuerdos deberían quedarse en eso: recuerdos; no deberían poder ser actualizados. Mientras la conversación transcurría se le hacía más evidente que no quería hablar del ahora, del futuro, de las metas y los logros. Carmen Lola era la del estrado de aquel día del bolígrafo rojo, no la del café con leche que tenía en frente. Se despidieron y nunca más volvieron a cruzarse.
Veintisiete años después, él piensa que no se equivocó: la mayoría de las cosas no se comprenden y, sin embargo, los gases son absolutamente comprensibles.
fábula
De un hermano pasó a las manos del otro, y de ahí a la estantería de ella, en cuya casa lo vi este verano, un día que pasábamos por allí, canícula inmisericorde. Lo leí desordenadamente por impaciencia y enseguida encontré la piedra angular. Pensé que tenía que usarlo en algo. Andaba yo tramando ligeramente este cuaderno pero sin concretarlo. Lo guardé en la memoria. Y llegó el momento. Podría, junto con el que lo hizo, haber abierto el cuaderno. Valga ahora.
tente en ti
Ensalmo para preservar del mal de corazón
Cabecita, cabecita,
tente en ti, no te resbales,
y apareja dos puntales
de la paciencia bendita;
solicita
la bonita
confiancita;
no te inclines
a pensamientos ruines;
verás cosas
que toquen en milagrosas;
Dios delante,
y san Cristóbal gigante.
Miguel de Cervantes