Portugal

El poema de Pablo y algunas conversaciones de estos últimos días me han llevado de nuevo a esos discos antiguos de Manolo y Quimi, discos con algunos temas que adoro. Uno de ellos es este Portugal quimérico al que nunca llegó:

Explotan las calles y yo estoy aquí, 
mirando a la gente, soñando en volver. 

Las tardes de cine ya no puedo más. 

Ginebra y pastillas de dormir. 

Carreras en coche de acá para allá, 

límite de zona ya te encontraré. 

Volviendo de día siempre hasta el final 

aunque pierda el tiempo me da igual. 

De las montañas hasta el mar 

vagando por el frente. Terror a la inseguridad. 

Tormenta en las vanguardias... 

...nunca llegaste a Portugal. 

Amenaza guerra y yo estoy aquí, 

ladrando a los perros pensando en huir. 

Las tardes de sueño ya no aguanto más, 

me rompo en pedazos al hablar. 

Nos dieron las ocho, me quise morir. 

Adiós... no me busques, yo te encontraré. 

Si quieres llamarme el 303... 

la gente te arrastra hacia el andén. 

De un lado a otro del canal 

vagando por la noche. Terror a la inseguridad. 

Tormenta en las vanguardias... 

...nunca llegaste a Portugal...

carta a mi madre I

Domingo por la tarde de nuevo. Hoy paseaba por la ciudad y un aire extraño la recorría. No se sabía a qué se jugaba, previo a la noche de Reyes.
Retomo un hábito que me encanta: el de publicar la tarde del domingo. Hoy comienzo con una serie de entradas que cubrirán la Carta a mi madre, de Juan Gelman, un texto duro y único, denso, inhóspito, descarnado, imprescindible.

CARTA A MI MADRE

(GINEBRA, PARÍS, JULIO 1984 PARÍS, NOVIEMBRE 1987)

a Teodora

recibí tu carta 20 días después de tu muerte y cinco minutos después de saber que habías muerto / una carta que el cansancio, decías, te interrumpió / te habían visto bien por entonces /aguda como siempre / activa a los 85 años de edad pese a las tres operaciones contra el cáncer que finalmente te llevó/

¿te llevó el cáncer? / ¿no mi última carta? / la leíste, respondiste, moriste / ¿adivinaste que me preparaba a volver? / yo entraría a tu cuarto y no lo ibas a admitir / y nos besábamos / nos abrazamos y lloramos / y nos volvemos a besar / a nombrar / y estamos juntos / no en estos fierros duros /

vos / que contuviste tu muerte tanto tiempo / ¿por qué no me esperaste un poco más? / ¿temías por mi vida? / ¿me habrás cuidado de ese modo? / ¿jamás crecí para tu ser? / ¿alguna parte de tu cuerpo siguió vivida de mi infancia? / ¿por eso me expulsaste de tu morir? / ¿como antes de vos? / ¿por mi carta? / ¿intuiste? /

nos escribimos poco en estos años de exilio / también es cierto que antes nos hablamos poco / desde muy chico, el creado por vos se rebeló de vos / de tu amor tan estricto / así comí rabia y tristeza / nunca me pusiste la mano encima para pegar / pegabas con tu alma / extrañamente éramos juntos /

no sé cómo es que mueras / me sos / estás desordenada en mi memoria / de cuando yo fui niño y de pronto muy grande / y no alcanzo a fijar tus rostros en un rostro / tus rostros es un aire / una calor / un aguas / tengo gestos de vos que son en vos / ¿o no es así? / ¿imagino? / ¿o quiero imaginar? / ¿recuerdo? / ¿qué sangres te repito? / ¿en qué mirada mía vos miras? / nos separamos muchas veces /

otrora

Me acompañó, me guio y, probablemente, me equivocó no hace tanto pero hace una  eternidad. Hoy me lo volví a cruzar. No diré que me deje impasible, pero ya no saja como antes. Uno de los mejores poemas que un servidor haya leído sobre el asunto, nada menor por cierto.

Habitaciones separadas

Está solo. Para seguir camino
se muestra despegado de las cosas.
No lleva provisiones.
Cuando pasan los días
y al final de la tarde piensa en lo sucedido,
tan sólo le conmueve
ese acierto imprevisto
del que pudo vivir la propia vida
en el seguro azar de su conciencia,
así, naturalmente, sin deudas ni banderas.
Una vez dijo amor.
Se poblaron sus labios de ceniza.
Dijo también mañana
con los ojos negados al presente
y sólo tuvo sombras que apretar en la mano,
fantasmas como saldo,
un camino de nubes.
Soledad, libertad,
dos palabras que suelen apoyarse
en los hombros heridos del viajero.
De todo se hace cargo, de nada se convence.
Sus huellas tienen hoy la quemadura
de los sueños vacíos.
No quiere renunciar. Para seguir camino
acepta que la vida se refugie
en una habitación que no es la suya.
La luz se queda siempre detrás de una ventana.
Al otro lado de la puerta
suele escuchar los pasos de la noche.
Sabe que le resulta necesario
aprender a vivir en otra edad,
en otro amor,
en otro tiempo.
Tiempo de habitaciones separadas.

Luis García Montero

precontratos para ir a Disneylandia

PRECONTRATO

se dijo si sólo quieres follar vale pero prohibido
hablar de sexo o poesía ella pidió café él que subiera
mi piso está vacío colacao galletas no follaron

pasaron toda la noche en la cocina escuchando
los primeros discos de los burros la vida parecía
dar una vuelta de tuerca la costumbre de dormir solo

tenía los días contados

Pablo García Casado en Las afueras.





Sí, siempre decías: "quédate",
y al final, tú volviste a la calle.
Cuero negro y ganas de beber
sin saber en qué barrio quedarte.
Disneylandia, no existe ya para ti.
No hay dinero, no, no saliste nunca de aquí.
Siempre igual, siempre estás igual.
Siempre igual, siempre estás igual.
Vueltas en la cama sin parar,
no está mal, sólo duermo más ancho.
Nadie viene nunca, ¿dónde están?
No han llamado más, no me echarán de menos.
Siempre quise largarme no estar aquí,
tú decías, sí: "Por mí vete, déjame en paz!
¡déjame!
¡Vete de una vez!
¡déjame!"
Yo rompía el tiempo sin saber
ni qué hacer, ni a qué carta quedarme.
¡Dios! La de problemas que me da
pero no está mal, si tú te vas me muero.
Me decías, por la noche a dónde iré...
cuando vuelvas, sí, cuando vuelvas te mataré.
¿Dónde estás, dónde puede estar?
¿Dónde estás, dónde puede estar?

pre uvas

Voy a retomar, aunque sea muy ocasionalmente, una vieja costumbre que abandoné al cerrar el anterior cuaderno. Se trata de transcribir mensajes. Y voy a empezar por uno mío. Es de este pasado día 31, unos veinte minutos antes de las uvas. Decía así:

"Último pensamiento elaborado antes de las uvas.
Un bar es un museo, una biblioteca y un teatro. Pero para verlo así hay que haber ido mucho previamente a ellos. No a los bares."

son nostálgico

Colgué el poema que sigue en junio de 2013. Revisando la entrada aquella, me doy cuenta de que no lo puse en su lengua original -gallego- y que el audio está inactivo. Así que borro y comienzo de nuevo. Ahí va, en las dos lenguas y con el audio de la voz de su autor.

Teño algo importante que dicir
agora que vimos de despedirnos
para sempre.
Quérote.
Crávame as unllas,
pero has de saber que tamén fun sincero
as outras mil veces.

Ela acúsame de non ter sentimentos
porque falo e falo
ou non falo.
Vai comer todas as unllas,
as súas altivas unllas escarlata.
Pero ireime.
Díxenllo e riu indiferente,
pero ireime
ou non me irei.
Chegarei a unha desas cidades,
non tan grandes como unha cidade,
onde se para o tren e xa non hai máis tren,
con monxas que se sentan nun barril de cervexa na estación,
e miles de corvos que esperan con sorna a El-Rei
ou unha cámara de cine.
Desa cidade sae un autobús
tan vello
que ten un conductor que fuma
e que fala cos viaxeiros,
xusto en cada curva,
cando chove,
e faino cada día desde sempre,
limpa o cristal coa man,
coma se estiveramos caendo,
chove tamén dentro.
E non pasa nada,
pois chegamos cando escampa,
e só pinga no autobús,
todos mollados menos os paisanos
que rin
ou non rin.
Esta xa non é cidade nin nada,
pero hai un barco panza arriba
e unha praia de area negra.
E hai tamén unha cabina de teléfono.

¿Escoitas? Estou nunha cabina.
Sí, ben.
Non, nada.
Chovía no autobús.
Só hai un bar.
Sí, teño moedas.
¿De verdade? Tamén eu.
Non, aínda non se corta.

Si sigo aquí.
Non, non estaba pensando.
Escoitaba, iso é todo.
Non sei o que dicías.
Escoitaba.
Non, non é un libro.
Son as follas da guía.
¿Sabes cal é o prefixo de Ras-Al-Khaimah?
Marcas o 07, máis 971 e logo o 77
e xa podes falar con alguén en Ras-Al-Khaimah.
Non, non é que non te escoite.
Escoito, só quero escoitarte.
Pero non me preguntes o que dis.
Non podo facer dúas cousas o mesmo tempo,
entender e pensar en ti.
Qué fácil é falar con calquera lado.
Non, non cortes por favor.
Se colgas,
chamarei a Ras-Al_Khaimah
ou a calquera lado.
Mentras ti falas, non teño frío.

El era forte e feble
como un marine ianqui.
Ela, fráxil e invencible,
como unha guerilleira do Vietcong.

Tengo algo importante que decir
ahora que venimos de despedirnos
para siempre.
Te quiero.
Clávame las uñas,
pero has de saber que también fui sincero
las otras mil veces.

Ella me acusa de no tener sentimientos
porque hablo y hablo
o no hablo.
Va a comerse todas las uñas,
sus altivas uñas escarlata.
Pero me iré.
Se lo dije y rió indiferente,
pero me iré
o no me iré.
Llegaré a una de esas ciudades,
no tan grandes como una ciudad,
donde se para el tren y ya no hay más tren,
con monjas que se sientan en un barril de cerveza en la estación,
y miles de cuervos que esperan con sorna al Rey
o una cámara de cine.
De esa ciudad sale un autobús
tan viejo
que tiene un conductor que fuma
y que habla con los viajeros,
justo en cada curva,
cuando llueve,
y lo hace cada día desde siempre,
limpia el cristal con la mano,
como si estuviéramos cayendo,
llueve también dentro.
Y no pasa nada,
pues llegamos cuando escampa,
y sólo gotea en el autobús,
todos mojados menos los paisanos
que se ríen
o no se ríen.
Esta ya no es ciudad ni nada,
pero hay un barco panza arriba
y una playa de arena negra.
Y hay también una cabina de teléfono.

¿Me escuchas? Estoy en una cabina.
Sí, bien.
No, nada.
Llovía en el autobús.
Sólo hay un bar.
Sí, tengo monedas.
¿De verdad? También yo. No, aún no se corta.
Sí sigo aquí.
No, no estaba pensando.
Escuchaba, eso es todo.
No sé qué decías. Escuchaba.
No, no es un libro.
Son las hojas de la guía.
¿Sabes cuál es el prefijo de Ras-Al-Khaimah?
Marcas el 07, más 971 y luego el 77
y ya puedes hablar con alguien en Ras-Al-Khaimah.
No, no es que no te escuche.
Escucho, sólo quiero escucharte.
Pero no me preguntes qué dices.
No puedo hacer dos cosas al mismo tiempo,
entender y pensar en ti.
Qué fácil es hablar con cualquier parte.
No, no cortes por favor.
Si cuelgas,
llamaré a Ras-Al_Khaimah
o a cualquier parte.
Mientras tu hablas, no tengo frío.

Él era fuerte y débil
como un marine yanqui. 
Ella, frágil e invencible,
 
como una guerillera del Vietcong.



Manuel Rivas

grafías en el lacerante recuerdo

Conservar los mejores movimientos,
la grafía dibujada por el cuerpo.
Las palabras que hicieron temblar
a los propios labios.
Los deseos que sobrevuelan el arqueológico futuro.
Sé que es angustioso el despertar:
el óxido del agua,
el brillo hospitalario de la toalla,
el insulto ocre del amanecer.
Pero llevar sobre los hombros
la estela de la noche,
la frontera que cruzamos.

Manuel Rivas

¿abundancia?

Unidad

Esta hoja son todas las hojas,
esta flor son todos los pétalos
y una mentira la abundancia.
Porque todo fruto es el mismo,
los árboles son uno solo
y es una sola flor la tierra.

Pablo Neruda

generosidad y nobleza de ánimo

La primera de este nuevo año. En homenaje a uno de los profesores que más me ha influido; bello, castellano, noble, hidalgo. Primero de BUP, lengua y literatura.Han pasado treinta y dos años. Apenas nada.

hidalgo, ga.
(De fidalgo).
1. m. y f. Persona que por linaje pertenecía al estamento inferior de la nobleza.
2. adj. Perteneciente o relativo a un hidalgo. Familia hidalga.
3. adj. De ánimo generoso y noble. Actitud hidalga.

lívido, da.
(Del lat. livĭdus).
1. adj. amoratado.
2. adj. Intensamente pálido.

Respecto a lo que es y lo que fue originalmete la palabra lívido, aquí hay un maravilloso artículo.

excedentario vs deficitario

Me gusta mucho leer sobre Gabriel. En general, poca gente escribe sobre él, y quien lo hace lo hace con cariño y, a menudo, conocimiento de causa. Pero, ay, el cariño; ay, la admiración. Mª Àngels hace cuatro aproximaciones, como cuatro caras de un poliédrico Ferrater. Y la cuarta la cierra con el poema póstumo que su amigo y alter ego Jaime le dedicó post mortem. Pues miren ustedes, un servidor discrepa de Jaime y de muchos otros - con los mismos defectos pero con menos cualidades, hubiera funcionado mucho mejor, apunta él-. Yo apunto que para semejantes cualidades hacen falta semejantes capacidades de manejo. No creo que haya que rebajar las cualidades, sino aumentar las herramientas para hacerse con ellas. Me pregunto por qué no suele hablarse del déficit de inteligencia emocional y sí del superávit de la otra, si es que existe separación. Puestos a equilibrar los platos de la balanza, el que suscribe opta por aumentar el peso del deficitario, no por menguar el del excedentario.

Gabriel Ferrater o el exceso de ser inteligente

Mª Ángeles Cabré

PRIMERA APROXIMACIÓN:
Nacido en Reus el 20 de mayo de 1922, Gabriel Ferrater es, sin duda, uno de los poetas catalanes contemporáneos que suscita más pasiones: por un lado, por su incuestionable valor literario y, por otro, por su vinculación a la llamada Escuela de Barcelona -como la bautizó Carme Riera- o «subgrupo catalán» del grupo poético de los años 50 -en palabras de García Hortelano-; es decir, por su condición de compañero de viaje de Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral y José Agustín Goytisolo, entre otros. Autor de una consistente y poco extensa obra literaria, Ferrater publicó tres volúmenes de poesía: Da nunces pueris (1960), Menja't una cama (1962) y Teoria dels cossos (1966), que posteriormente recopiló bajo el título Les dones i els dies (Barcelona, Edicions 62, 1968), y comparte asimismo la autoría de una novela policíaca escrita a cuatro manos. El 27 de abril de 1972, se suicidó en su piso de Sant Cugat, al parecer por miedo a envejecer. No llegó pues a cumplir los 50 y su muerte precoz y violenta lo convirtió en un mito que aún perdura.

SEGUNDA APROXIMACIÓN:
Gabriel Ferrater, cuya familia era propietaria de una empresa de exportación de vinos, aprendió a leer a una edad temprana, aunque no fue a la escuela hasta los diez años. En 1938, tras dos años de contienda civil, su familia se trasladó a Barcelona y desde allí a Francia, pues su padre fue nombrado canciller del Consulado de España en Burdeos, aunque Gabriel tardó algunos meses más en llegar a la patria vecina. Allí prosiguió cultivando su avidez por la lectura: de Baudelaire a Carles Riba, de Guillén a Racine, de Montaigne a Valéry, de Joyce a Gide. En los tres años que permaneció en Francia, aprendió también a leer en inglés y en alemán. Regresó a Reus a finales de 1941. Allí acabó tardíamente el Bachillerato, no sin antes realizar un largo servicio militar. Después se aficionó a leer textos filosóficos, se inició en el universo de las matemáticas y se interesó por la pintura, disciplina que llegaría a practicar. En 1947 comenzó la carrera de Ciencias Exactas, aunque no llegó a acabarla, y comenzaron sus largas temporadas en Barcelona. En 1952, fallecido ya su padre, su madre se estableció en dicha ciudad con sus tres hijos. Ya entonces había empezado a colaborar como crítico de arte en la revista «Laye», que llegaría a tener una gran significación, y durante varios años se ganó la vida realizando traducciones para diversas editoriales. Hizo algunas salidas al extranjero y entabló una intensa amistad con poetas en lengua castellana como Jaime Gil de Biedma y Carlos Barral, frecuentando las tertulias de los martes que se organizaban en casa de este último y que a veces se alargaban hasta el amanecer. Asimismo, dentro del ámbito de la literatura catalana, mantuvo estrechos contactos con poetas como Carles Riba -por quien sintió siempre una gran admiración-, Joan Vinyoli y Rosa Leveroni. En 1958 comenzó a escribir poesía, en palabras suyas «porque tenía ciertas cosas que decir sobre los hombres, las mujeres, España, etc.», y al año siguiente publicó en la revista Cuadernos Hispanoamericanos sus primeros seis poemas. Durante la década de los sesenta vio la luz la totalidad de su obra. En 1964 se casó con una periodista americana, de la que se separó en 1967, y fue director literario de la Editorial Seix Barral, al tiempo que se convertía en un destacado lingüista. Se licenció en Filosofía y Letras y fue nombrado profesor de lingüística y crítica literaria de la recién constituida Universidad Autónoma de Barcelona. Trabajaba en la redacción de una gramática catalana cuando decidió quitarse la vida.

TERCERA APROXIMACIÓN:
Intelectual autodidacta, indómito y de una energía inusual, poeta tardío de quien José María Valverde dijo que era un poeta inglés que escribía en catalán, capaz de aprender polaco para leer a Gombrowicz y que posaba desafiante en las fotografías con sus perennes gafas oscuras, Gabriel Ferrater se inscribe en el panorama de las letras catalanas como un caso insólito. Su poesía es, en buena medida, fruto de su estrecho contacto con los escritores barceloneses en cuya compañía vivió los años 50 y que acabarían por consolidar su vocación poética, y en especial su complicidad con Jaime Gil de Biedma, que él llamaría «confabulación».
Sirvan como espejo de su personalidad las palabras de Jaime Gil a raíz de la decisión de Ferrater de abandonar la literatura con el gesto simbólico de vender su biblioteca:
«Treinta y cuatro años, inteligentísimo, poco dinero, pocas posibilidades establecidas de progreso. Conoce los entresijos de la vida práctica con una extrema lucidez, y al mismo tiempo es radicalmente inepto para la vida práctica. Una de esas personas -yo me tengo por otra- que con los mismos defectos pero con menos cualidades, hubiera funcionado mucho mejor.» (1956)

CUARTA APROXIMACIÓN:
Escribe Ferrater una poesía aparentemente sencilla pero con un trasfondo y en ocasiones una sintaxis difíciles, para cuyo fin escogió el verso blanco shakespeariano, que coquetea con la prosa, y en la que pueden hallarse correspondencias con la obra de sus coetáneos. Una poesía que es, en primer lugar, una expresión de la idiosincrasia del individuo y, en última instancia, una búsqueda permanente de la felicidad; o lo que viene a ser lo mismo, el intento de aprehenderla. «Casi todos mis poemas ocurren en la calle», escribió en 1971, y es ésa una constatación de su condición de poeta urbano, de flaneur y de voyeur, que practica en especial en su ciudad por excelencia, Barcelona. En su mayoría, los poemas elegidos a continuación son pues expresión de sus vivencias en la urbe y acontecen en dicho escenario. Destaca la visión abstracta ofrecida en el poema «La ciudad».
Para finalizar, que sea también Gil de Biedma quien cierre esta invitación a la lectura de Gabriel Ferrater con el poema que le dedicó in memoriam:

A TRAVÉS DEL ESPEJO

Como enanos y monos en la orla
de una tapicería en la que tú campabas
borracho, persiguiendo jovencitas...
O como fieles, asistentes
-mientras nos encantabas-
al santo sacrificio de la fama
de tu exceso de ser inteligente,
éramos todos para ti. Trabajos
de seducción perdidos fue tu vida.
Y tus buenos poemas, añagazas
de fin de juerga, para retenernos.

añagaza.
(Del ár. hisp. annaqqáza 'señuelo', y este del ár. clás.naqqāz 'pájaro saltarín').
1. f. Artificio para atraer con engaño.
2. f. Señuelo para coger aves. Comúnmente es un pájaro de la especie de los que se trata de cazar.

orla.
(Del lat. *orŭla, dim. de ora, borde).
1. f. Orilla de paños, telas, vestidos u otras cosas, con algún adorno que la distingue.
2. f. Adorno que se dibuja, pinta, graba o imprime en las orillas de una hoja de papel, vitela o pergamino, en torno de lo escrito o impreso, o rodeando un retrato, viñeta, cifra, etc.
3. f. Lámina de cartulina, papel, etc., en que se agrupan los retratos de los condiscípulos de una promoción escolar o profesional cuando terminan sus estudios u obtienen el título correspondiente.
4. f. Heráld. Pieza hecha en forma de filete y puesta dentro del escudo, aunque separada de sus extremos otra tanta distancia como ella tiene de ancho, que por lo ordinario es la duodécima parte de la mitad del escudo, que corresponde a la mitad de la bordura.

la proyección homofóbica en la agudeza de Juan José

Pensé que la anterior sería la última entrada del año y mira, aún me da tiempo a alguna más, en esta Nochevieja intelectual. Me sé de alguno que se las lee tras las uvas, perra vida. Vamos a ello, pues.

pagano1.
(De pagar).
1. m. coloq. Persona que paga, generalmente por abuso, las cuentas o las culpas ajenas.

ufano, na.
(Quizá del gót. ufjô 'abundancia, exceso'; cf. prov. ufana'jactancia' y cat. ufana 'lozanía, frondosidad').
1. adj. Arrogante, presuntuoso, engreído.
2. adj. Satisfecho, alegre, contento.
3. adj. Que procede con resolución y desembarazo en la ejecución de algo.
4. adj. Dicho de una planta: lozana.

torvo, va.
(Del lat. torvus).
1. adj. Dicho especialmente de la mirada: Fiera, espantosa, airada y terrible a la vista.

Hemingay

Envejecido, la barba y el pelo
entrecanos, posas delante de un espejo
con el torso desnudo y guantes de boxeo
en una fotografía de los años cincuenta.
(La respiración contenida
te permite ocultar la incipiente barriga.)

En otra, anterior a esos años,
apareces como un joven Nemrod
exhibiendo orgullosos tus trofeos de caza
en Tanganika: leones apagados a balazos,
cebras vistosas, resignadas
a su destino de tapiz o alfombra,
gacelas virginales fusiladas
y bellas cornamentas de venados
que a veces te servían de perchero.

Un harén de mujeres africanas
acompañaba tus legendarios safaris.
Al furor carnicero sucedía el erótico,
no menos apremiante.
Para recuperar tus fuerzas, añadías
a tus habituales hamburguesas
cuerno triturado de rinoceronte y cantáridas
fritas, siempre propicias al culto fálico.

Merenguito, barman de la taberna
el gallo Rojo de La Habana
bautizó con tu nombre un cóctel explosivo,
y por tu fama de padrillo
los Mariachis Unidos de Jalisco
te honoriscausaron Gringo Rijoso
por mayoría de votos y bigotes.

Sin duda fueron z memorables
arponearle la cola a Moby Dick,
sentar en tus rodillas a la ondulante Mata Hari,
escribir una obra maestra como "El viejo y el mar"
y desafiar, en la fiesta de San Fermín,
el torrente ensordecedor de los toros
bajando por las estrechas calles de Pamplona.

Pero no me parece un episodio
digno de figurar entre tus hazañas
el puñetazo que le propinaste
-según tus biógrafos- a un marica andaluz
(de esos que cantan en las azoteas)
sin que él te hubiera provocado,
sólo por atreverse a serlo ostensiblemente,
arrebato de indignación más previsible
en un facho de la Liga de la Decencia
que en un íntimo amigo de Gertrude Stein.
¿Cómo explicar esa absurda violencia?

Quizás al golpearlo arremetías
contra tu doble en un ring imaginario,
un Hemingay ambiguo y narcisista
de bíceps poderosos, como los de un atleta
en un film porno hard homosexual
a quien un negro sodomiza.

Juan José Hernández

tres para el último

Se nos acaba el año del calendario juliano. Me despido de él con una aportación triple: tres autores que, cada uno en su momento, ejercieron en este escribiente un gran impacto e influencia. Los pongo por el orden cronológico que para mí fueron. 

VACACIONES DE LA INTELIGENCIA

Durante algunos días
mandé a la inteligencia
de vacaciones.
No he bebido, ni escrito,
ni leído, no escuché
pintura, ni vi música.
Ocupado por esta
neuronal abstinencia,
abandoné a mi prójimo,
dejé de cabalgar
sobre la yegua muda
por lo que hablar no tuve,
sino soñarreando,
mirar escaparates
y habitarlos, rastrear
el polen y las sombras
en torno a las acacias de mi barrio.
Ahora que las playas se desnudan
ha regresado, tensa y bronceada, dispuesta y diligente como en lunes, cargada de regalos. Sin embargo,
de aquellas soledades y licencias
me ha quedado una sombra de presagio: tendría que mandarla de verano
quizás definitivamente
y poder asomarme a la ventana
sin ver abajo el puerto de la Estigia.

Juan García Hortelano

HACHE Y JOTA

Aquella noche Hyde y Jekyll
decidieron tomar un trago

silbó bajito el Dr. Jekyll
y dijo hoy me siento ufano
tengo tranquila la conciencia
la digestión de buen talante
creo que vivir vale la pena

bajó los ojos míster Hyde
y dijo torvamente mierda

luego elevaron las dos copas
de vino tinto y vino blanco
y brindaron por esa eterna
y saludable coincidencia

por fin salieron abrazados
como dos buenos enemigos
estornudaron al unísono
y se metieron en el hombre

Mario Benedetti

Quienes ponen
el cartón dentro del contenedor de plástico
y el vidrio lo mezclan con la basura orgánica
sencillamente son incapaces de poner el corazón en el viaje

la verdad en la calle
la mano en la caricia.

Jorge Riechamnn

μονοτονία

MONOTONÍA

A un día monótono otro
monótono, invariable sigue: Pasarán
las mismas cosas, volverán a pasar -
los mismos instantes nos hallan y nos dejan.
Un mes pasa y trae otro mes.
Lo que viene uno fácilmente lo adivina:
son aquellas mismas cosas fastidiosas de ayer.
Y llega el mañana ya a no parecer mañana.

C. Kavafis. Versión de Miguel Castillo Didier.