lecciones del vano intento de traducir poesía

La lliçó

Te'm gires, en el moment que obres la porta,
i rius, i una vegada més he d'aprendre
la lliçó de subjecció, dolça i sabuda:
que un teu posat se m'endú sempre, i com allisa
l'obstacle de rompents on m'aïllo, difícil
i encara personal. És aquest, és 
aquest d'ara, el posat
com et gires, i el tors
decanta i desorienta, concedit
al moviment, la més pausada zona
on dorm la reserva del teu cos.
   (Quin horror innegable, quin horror
de matèria del món, quan penso
que em dono a compondre una rompuda falsedat
des d'aquí, d'aquest altre
lloc del món, mentre potser
que es gira, en el moment que obre la porta
d'una cambra on no em trobaré mai.)

La lección

Te me giras en el momento que abres la puerta,
y ríes, y una vez más he de aprender
la lección de sujeción, dulce y sabida:
que un ademán tuyo se me lleva siempre, y cómo alisa
el obstáculo de rompientes donde me aíslo, difícil
y todavía personal. Es éste, es
éste de ahora, el ademán
con que te giras, y el torso
se inclina y desorienta, dado
al movimiento, la más pausada zona
donde duerme la reserva de tu cuerpo.
            (Qué horror innegable, qué horror
de materia del mundo, cuando pienso
que me entrego a componer una rota falsedad
desde aquí, desde este otro
lugar del mundo, mientras quizás
se gira en el momento que abre la puerta
de una habitación donde no me encontraré nunca)

La lección

Te vuelves en el momento que abres la puerta,
y ríes, y una vez más debo aprender
la lección de sujeción, dulce y sabida:
que una actitud tuya se me lleva siempre, y alisa
el obstáculo de rompientes donde me aíslo, difícil
y todavía personal. Es éste, es
éste de ahora, el ademán
con que te vuelves, y el torso
se inclina y desorienta, rendido
al movimiento, la más pausada zona
donde duerme la reserva de tu cuerpo.
            (Qué horror innegable, qué horror
de materia del mundo, cuando pienso
que me entrego a componer una rota falsedad
desde aquí, desde otro
lugar del mundo, mientras quizás
se vuelve en el momento en que abre la puerta
de una habitación donde no estaré nunca)

Gabriel Ferrater: uno de sus últimos poemas. La primera traducción, de un servidor de ustedes. La segunda, de Mª Àngeles Cabré, tal cual aparece en Las mujeres y los días. Vanos intentos, ya digo.

flores negras


A veces Lenz ve en la enfermedad un encuentro fortuito con un transeúnte que, tras un fuerte impacto, deja en nuestras manos, distraído, una flor negra. Y cuando por fin nos levantamos para devolvérsela el transeúnte ya ha desaparecido apresuradamente. Empezamos a correr con la flor en la mano –no nos pertenece, podrá necesitarla quien la perdió-, pero en vano; no hay rastro de él. El extraño transeúnte ha desaparecido, se ha evaporado. Y en nuestra mano está la negra flor. El movimiento siguiente podrá hasta parecer un no movimiento –la indecisión-, pero la incomodidad no tardará en dejar de ser un pormenor para convertirse en lo esencial: se hace urgente deshacernos de aquella flor que nos repele.

Gonçalo M. Tavares, Aprender a rezar en la era de la técnica.
Primera parte: Fuerza/ Reflexiones sobre la enfermedad/1. Negra flor

ya que no cerró el claustro del vientre que me llevaba, y no apartó de mis ojos la vista de estos males

TIERRA

“Quia non conclusit ostia ventris”

Job, III, 10

Humanamente hablando, es un suplicio
ser hombre y soportarlo hasta las heces,
saber que somos luz, y sufrir frío,
humanamente esclavos de la muerte.


Detrás del hombre viene dando gritos
el abismo, delante abre sus hélices
el vértigo, y ahogándose en sí mismo,
en medio de los dos, el miedo crece.


Humanamente hablando, es lo que digo,
no hay forma de morir que no se hiele.
La sombra es brava y vivo es el cuchillo.
Qué hacer, hombre de Dios, sino caerte.


Humanamente en tierra, es lo que elijo.
Caerme horriblemente, para siempre.
Caerme, revertir, no haber nacido
humanamente nunca en ningún vientre.

Blas de Otero en Ancia, 1958.

ya el paso del tiempo

En 1959, con 30 años, Jaime Gil escribía en el prólogo a su libro, Compañeros de viaje:

“(…) Al fin y al cabo, un libro de poemas no viene a ser otra cosa que la historia del hombre que es su autor, pero elevada a un nivel de significación en que la vida de uno es ya la vida de todos los hombres, o por lo menos -atendidas las inevitables limitaciones objetivas de cada experiencia individual- de unos cuantos entre ellos. Si mi lentitud en el trabajo ha servido para conferir a este libro esa mínima virtud creo que podré estar satisfecho

En él hay un capítulo que denomina Ayer y, dentro del mismo, una serie de 12 poemas bajo el título Las afueras. Este es el que hace diez:

Nos reciben las calles conocidas
y la tarde empezada, los cansados
castaños cuyas hojas, obedientes,
ruedan bajo los pies del que regresa,
preceden, acompañan nuestros pasos.
Interrumpiendo entre la muchedumbre
de los que a cada instante se suceden,
bajo la prematura opacidad
del cielo, que converge hacia su término,
cada uno se interna olvidadizo,
perdido en sus cuarteles solitarios
del invierno que viene. ¿Recordáis
la destreza del vuelo de las aves,
el júbilo y los juegos peligrosos,
la intensidad de cierto instante, quietos
bajo el cielo más alto que el follaje?
Si por lo menos alguien se acordase,
si alguien súbitamente acometido
se acordase... La luz usada deja
polvo de mariposa entre los dedos.

el, según Jaime, experto en añagazas

La vida furtiva

Segurament serà com ara. Estaré despert,
aniré amunt i avall pel corredor. Com un minador
que surt d’un pou, em pujarà
des del silenci de tota la casa, brusc,
el ronc de l’ascensor. M’aturaré a escoltar
el bufeteig de portes de metall, i els passos
pel replà, i endevinaré l’instant
que arrencarà a tremolar l’angúnia del timbre.
Sabré qui són. Els obriré de seguida. Tot perdut,
que entrin aquests, a qui ho hauré de dir tot.

La vida furtiva

Seguramente será como ahora. Estaré despierto,
iré de acá para allá por el pasillo. Como un minero
que sale de un pozo, me subirá
desde el silencio de toda la casa, brusco,
el ronquido del ascensor. Me detendré a escuchar
el abofeteo de puertas de metal, y los pasos
por el rellano, y adivinaré el momento
en que arrancará a temblar la angustia del timbre.
Sabré quiénes son. Les abriré en seguida. Todo perdido,
que entren esos a quienes tendré que decirlo todo.

Traducido por Pere Gimferrer, J.A. Goytisolo y José M. Valverde

Acerca del significado del poema, aquí hay un buen lugar donde leer. Comparto, si no la visión metafórica, sí el desacuerdo con el significado policial y político.


el seguro azar

Javier, con su fino olfato, la descubrió en un disco -eran discos por aquel entonces- de Labordeta, un concierto en el que Sabina debía estar invitado y la cantaba. La publicó en El hombre del traje gris, aunque yo prefiero la primera, el directo del concierto. Hoy apareció como un trallazo en mi cabeza, más de veinte años después. Al azar, seguro.

 

Recordarás la primera vez que con tu trajín nos juntó la vida, llamaste al timbre para vender libros sobre razas desconocidas… ¿qué nos sucedio? Que acabamos desnudos jugando abrazados sobre el parquet al juego del amor. Luego te marchaste sin dejar ni un papel con tu nombre y tu dirección, alguien te esperaba donde siempre a las tres y eran ya más de las dos. Volví a encontrarte meses después, la casualidad me cruzó contigo en el vestíbulo de un hotel -”¿qué demonios andas haciendo en Vigo?”- cuando me desperté me besabas los párpados: -”¿cómo te llamas?”- te pregunté después amaneció. Y así fue como el tabique de aquel hotel que nos separaba cayó; tu tenías el cuarto cientocuarentaitres, yo el cientocuarentaidos. Siglos pasaron sin que el azar, duende juguetón, sus hilos moviera; casi me había olvidado ya de tus pies subiendo por mi escalera… pero antesdeayer en un cine de barrio una voz me llamó, desde el ambigú, y supe que eras tú. Y la rara historia otra vez se repitió unos cuantos años después, en taquilla te habían dado la fila dos y a mí me dieron la tres.

amén

La palabra panceta tiene prohibida la entrada en todos los poemas, igual que la palabra sebo o la expresión lentejas con chorizo. Hay a la entrada de la poesía, como a la entrada de las discotecas, gorilas tatuados que dicen tú sí, tú no, gorilas que no conocen el usted, que tampoco dejarían entrar a la palabra usted en un local de alterne al modo en que en muchos clubes no dejan entrar a los negros o a los asiáticos o a los de Cabezón de la Sal. Por qué yo no, pregunta la palabra rechazada. Es sábado noche y a las palabras les gusta abandonar la frase en la que viven o malviven y echar una canita al aire. Por qué yo no. Tú no por panceta y tú no por sebo y tú no por gilipollas, responde el gorila tatuado, como si la palabra gilipollas fuera boba, que viene a ser lo mismo que pensar que la palabra lista es lista y la palabra baja, baja, y que la expresión reforma laboral significa reforma laboral en lugar de despojo, robo, abuso, usurpación, saqueo, latrocinio, atraco, depredación, asalto, violencia. Violencia, se entiende, laboral y asalto laboral y depredación laboral y atraco laboral y latrocinio laboral y saqueo laboral y usurpación laboral y abuso laboral y robo laboral y despojo laboral. Urge introducir en un poema la expresión reforma laboral, no en un poema lírico, claro, donde para mi gusto encajarían mejor la panceta y el sebo, tampoco en uno de carácter místico, en el que no sobrarían sin embargo las lentejas con chorizo, pero sí en una poesía de denuncia, que es ahora mismo la poesía de las clases amenazadas por los gorilas gubernamentales que pretenden dictar el significado de las palabras. Un poema que quede en la memoria del movimiento obrero y de la insumisión ciudadana y de la lucha sindical, un poema, por Dios, que los retrate y nos retrate para siempre, por los siglos de los siglos, amén.

Juan José Millás

corazón zíngaro

En el hueco que deja echo piedras para calcular a ojo la profundidad y nunca llega el sonido. Abisal.

La espantosa resaca de aquellos años en los que fuimos reyes y ni lo sabíamos quizás acabe aquí.

A veces, paradójicamente, los corazones más grandes son los más frágiles.

Hasta siempre, querida.
Hasta siempre querida.

Eurídice está viva


E tu sporco ancora di guerra, Orfeo,
come il tuo cavallo, senza la sferza,
alza il capo, non trema più la terra:
urla d'amore, vinci, se vuoi, il mondo.

Y tú, sucio aún de guerra, Orfeo,
como tu caballo, sin el látigo,
alza la cabeza, no tiembla ya la tierra:
aúlla de amor, vence, si quieres, al mundo.

Extracto de Dialogo.
Salvatore Quasimodo.
Traducción de Antonio Colinas.

en pos del estío


Verano y humo

Ya sabemos lo que cuesta
vencer la resistencia tenaz
de dos piernas unidas
                                        el sabor
de algún aliento amargó el aire
de madrugada en nuestras fauces
y el cuerpo resultó torpe al despertar
o se quejó triste por un frío olvidado

y sin embargo
más de una vez se nos otoñizan los árboles,
brilla la calle bajo la lluvia amarilla,
damos lumbre a un paseante solitario
por el puerto
                              y silbamos una melodía
ramplona, ya tarde, cuando los veleros
mienten puertos ansiados y el aire
salino no pregunta
                                        ¿quién,
quién no teme perder lo que no ama?

Manuel Vázquez Montalbán

escurriendo limones de la mano de Belenix

escurrir1.
(Del lat. excurrĕre).
1. tr. Apurar los restos o últimas gotas de un líquido que han quedado en un recipiente. Escurrir el vino, el aceite.
2. tr. Hacer que una cosa empapada de un líquido despida la parte que quedaba detenida. U. t. c. prnl.
3. tr. ant. Recorrer algunos parajes para reconocerlos.
4. intr. Dicho de una vasija: Destilar y dejar caer gota a gota el líquido que contiene.
5. intr. Dicho de una cosa: Deslizar y correr por encima de otra. U. t. c. prnl. Se escurren los pies en el hielo.
6. prnl. resbalar ( caer o desprenderse). Escurrirse el jabón de las manos.
7. prnl. Salir huyendo.
8. prnl. Esquivar algún riesgo, dificultad, etc.
9. prnl. Decir más de lo que se debe o quiere decir.
10. prnl. coloq. Excederse, por lo común inadvertidamente, al ofrecer o dar por una cosa más de lo debido.

escurrir2.
(Del b. lat. excorrigĕre, gobernar, conducir).
1. tr. ant. Salir acompañando a alguien para despedirle. U. en Cantabria y Palencia.

left running


AIRE EN EL AIRE, AGUA EN EL AGUA, EL MUNDO DENTRO DEL MUNDO


No despegarse de la tierra

No aferrar

Dejar ir


Conversaciones entre alquimistas, Jorge Riechmann