Anoche volvió a sonar, esta vez en vinilo, aquel maravilloso vinilo que está incrustado en mi memoria de adolescente en tiempos de instituto. Sonó en el lugar más inesperado, en el ámbito de la magia y el milagro, cuando confluyen los astros, vete tú a saber qué astros. Y volví a recordar la primer vez que se me ocurrió desentrañar la letra y el asombro y la admiración que me produjo. Hoy vuelvo sobre ella, vuelvo a leerla, a dejarme llevar por los más de diez minutos que como lo que está narrando, me van llevando a lo largo de un sendero primero, una carretera después, una industrialización, un desastre, un verse atrapado, un todo cerrado, un desempleo, un agujero sin salida, un créeme, por dios, créeme cariño, te voy a sacar de aquí...
A long time ago came a man on a track Walking thirty miles with a sack on his back And he put down his load where he thought it was the best He made a home in the wilderness He built a cabin and a winter store And he plowed up the ground by the cold lake shore And the other travelers came walking down the track And they never went further, and they never went back Then came the churches, then came the schools Then came the lawyers, and then came the rules Then came the trains and the trucks with their loads And the dirty old track was the telegraph road
Then came the mines, then came the ore Then there was the hard times, then there was a war Telegraph sang a song about the world outside Telegraph road got so deep and so wide Like a rolling river
And my radio says tonight it's gonna freeze People driving home from the factories There's six lanes of traffic Three lanes moving slow
I used to like to go to work, but they shut it down I've got a right to go to work, but there's no work here to be found Yes, and they say we're gonna have to pay what's owed We're gonna have to reap from some seed that's been sowed And the birds up on the wires and the telegraph poles They can always fly away from this rain and this cold You can hear them singing out their telegraph code All the way down the telegraph road
You know, I'd sooner forget, but I remember those nights When life was just a bet on a race between the lights You had your head on my shoulder, you had your hand in my hair Now you act a little colder, like you don't seem to care But believe in me, baby, and I'll take you away From out of this darkness and into the day From these rivers of headlights, these rivers of rain From the anger that lives on the streets with these names 'Cause I've run every red light on memory lane I've seen desperation explode into flames And I don't want to see it again
From all of these signs saying, "sorry, but we're closed" All the way Down the telegraph road
Adenda, dos días después: * Me voy a Luke S. y a su Taooine escuchándola detenidamente de nuevo. * I've seen desperation explode into flames... Adónde me voy a ir sino a Roy Batty.
Quizás sea la mejor manera de abordar a Dylan Thomas, con la persiana caída entera en pleno día, con las luces sintéticas, con el silencio de los ecos del jazz pretérito. Se rompió la persiana de donde escribo, es festivo y no llegan sonidos de la calle y escuchaba jazz antes de escribir esto, sólo eso.
Volví al Dylan que abordé en el anterior cuaderno y que ya me dejó estupefacto. Aquí y aquí está. Me encanta su manera de escribir, tan difícil, tan alucinada, tan certera, tan entendible.
I have longed to move away
From the hissing of the spent lie
And the old terrors' continual cry
Growing more terrible as the day
Goes over the hill into the deep sea;
I have longed to move away
From the repetition of salutes,
For there are ghosts in the air
And ghostly echoes on paper,
And the thunder of calls and notes.
I have longed to move away but am afraid;
Some life, yet unspent, might explode
Out of the old lie burning on the ground,
And, crackling into the air, leave me half-blind.
Neither by night's ancient fear,
The parting of hat from hair,
Pursed lips at the receiver,
Shall I fall to death's feather.
By these I would not care to die,
Half convention and half lie.
He deseado irme lejos
del
silbido de la mentira gastada
y el incesante grito de los antiguos terrores
haciéndose más terribles mientras el día
camina sobre la loma hacia el insondable mar;
he deseado irme lejos
de las repeticiones de los saludos,
porque hay fantasmas en el aire
y ecos fantasmales en el papel,
y el trueno de llamadas y notas.
He deseado apartarme pero he sentido miedo;
alguna vida, aún no gastada, podría explotar
saliendo de la patraña antigua que arde sobre los campos,
y, restallando en el aire, dejarme medio ciego,
ni por el terror antiguo de la noche,
sombrero que se aparta del pelo,
labios en cucurucho sobre el receptor,
caeré yo ante el plumaje de la muerte;
por todo esto no me importaría morir,
a medias convención y a medias mentira.
Dylan Thomas, Traducción de Margarita Ardanaz.
Adenda del día siguiente: Buscando en mis papeles informáticos, he encontrado otra versión del poema, esta vez de la argentina Elizabeth Azcona Cranwell:
En Cloe, gran ciudad, las personas que
pasan por las calles no se conocen. Al verse imaginan mil cosas las unas de las
otras, los encuentros que podrían ocurrir entre ellas, las conversaciones, las
sorpresas, las caricias, los mordiscos. Pero nadie saluda a nadie, las miradas
se cruzan un segundo y después huyen, husmean otras miradas, no se detienen.
Pasa una muchacha que hace girar una sombrilla apoyada en su hombro, y también
un poco la redondez de las caderas.
Pasa una mujer vestida de negro que representa
todos los años que tiene, con ojos inquietos bajo el velo y los labios
trémulos. Pasa un gigante tatuado; un hombre joven con el pelo blanco; una
enana; dos mellizas vestidas de coral. Algo corre entre ellos, un intercambio
de miradas como líneas que unen una figura a la otra y dibujan flechas,
estrellas, triángulos, hasta que todas las combinaciones en un instante se
agotan, y otros personajes entran en escena: un ciego con un guepardo sujeto
con cadena, una cortesana con abanico de plumas de avestruz, un efebo, una
mujer descomunal. Así, entre quienes por casualidad se juntan para guarecerse
de la lluvia bajo un soportal, o se apiñan debajo del toldo del bazar, o se
detienen a escuchar la banda en la plaza, se consuman encuentros, seducciones,
copulaciones, orgías, sin cambiar una palabra, sin rozarse con un dedo, casi
sin alzar los ojos.
Una vibración lujuriosa mueve continuamente a Cloe, la más
casta de las ciudades. Si hombres y mujeres empezaran a vivir sus efímeros
sueños, cada fantasma se convertiría en una persona con quien comenzar una
historia de persecuciones, de simulaciones, de malentendidos, de choques, de
opresiones, y el carrusel de las fantasías se detendría.
Las ciudades invisibles.
Italo Calvino.Traducción
de Aurora Bernárdez.
El
deporte de élite, ese gran fagocitador de individuos que no pueden responder
con la misma voracidad pantagruélica a las demandas que exige más allá del mero
hecho deportivo. Con los ojos incapaces de leer con detenimiento, borrosas las
letras:
En
un club perseguido por la tragedia, el desenlace dela desaparición de Lalo Garcíano
podía haber sido más dramático. En un pequeño embarcadero pegado al Pabellón
Pisuerga de Valladolid, unos piragüistas alcanzaron a ver un cuerpo flotando,
vestido con un chándal, con unas zapatillas deportivas de la talla 46, la ropa
que llevaba el ex jugador el día de su desaparición 27 días atrás. El río lo
devolvió al lugar en el que seguramente fue feliz por última vez, el lugar de
sus hazañas, donde una camiseta colgada con su número, el 5, recuerda los días
de gloria de un deportista de los de antes, de un hombre de club, del suyo y de
ninguno más, porque los 13 años profesionales de Lalo García se consumieron en
ese pabellón y en ese club.
Fue la época dorada del Baloncesto
Valladolid, del equipo de Lalo, del equipo de Oscar Schmidt, Sabonis, Homicius
y Tijonenko, entre otros, y también el de exjugadores que fallecieron
prematuramente como Mike Schlegel (1963-2009), Dyron Nix (1967-2013), Siço
Simón (1965-2012), Sergio Luyk (1971-2008), debido a diferentes enfermedades,
incluso Carlos Montes (1965-2014), que tuvo un paso fugaz por el club y murió
en un accidente de tráfico, y Matt White (1957-2013), asesinado por su esposa
en Estados Unidos.
La intervención judicial de Fórum Filatélico, para la que trabajó,
supuso un duro golpe
Habían pasado 27 días sin rastro de Lalo
García, desde que su madre Montse denunció su desaparición. “No ha podido
cometer una locura”, aseguraba con esperanza un amigo hace solo unos días,
“está loco por sus hijos y no lo ha hecho”, hablando en tiempo presente y no en
pasado para mantener a raya a la tragedia que por momentos parecía inevitable.
Perola mala fortuna acompañó a Lalo Garcíadesde
su retirada de las canchas sin que su condición de ídolo local pudiese frenar
una caída lenta pero sin ningún respiro. El golpe casi definitivo se lo diola intervención judicial de Fórum Filatélicoen
2006, empresa acusada de estafar a más de 200.000 clientes. Lalo se había
incorporado a la entidad financiera como comercial. Su popularidad fue un
reclamo que sirvió para captar clientes. Fórum Filatélico acrecentó una cartera
de clientes que su padre, fallecido, le había legado, pero el anuncio del
cierre, de la estafa piramidal con la que la entidad se había manejado durante
casi 30 años y de los ahorros perdidos de miles de personas y de muchos amigos
suyos, además de los propios, golpeó el ánimo de un tipo que en la cancha había
sido todo fuerza y energía.
Lalo perdió gran parte de sus ahorros y la
palabra de muchos de aquellos que habían confiado en él. Divorciado en dos
ocasiones y con dos hijos pequeños, tuvo entonces que buscar trabajo. Ejerció
de comercial para una empresa de seguridad y su situación pareció mejorar. A
finales de 2014 empezó a trabajar, también de comercial, en El Corte Inglés,
tras pasar unas duras pruebas que se preparó a conciencia, y según Mike Hansen,
excompañero de equipo y portavoz de la familia, se le veía contento. Pero ni
eso, ni el apoyo constante de sus amigos o de su familia consiguieron evitar el
drama.
Lalo,
que el 20 de marzo hubiera cumplido 44 años, fue un alero de 1,87 metros. Se
incorporó al Valladolid muy joven, siendo estudiante del colegio La Salle. Pepe
Laso, entrenador en la temporada 1988-1989, le dio la alternativa en el primer
equipo, en el que formó junto a Quino Salvo, Bustos, Miguel Angel Reyes,
Alonso, Juan De la Cruz, Samuel Puente, Young y Devereaux. Destacó con la
selección española júnior, con la que fue medalla de bronce en el Europeo de
1990, y fue ocho veces internacional absoluto. En 1991 fue elegido el mejor
debutante de la temporada en la Liga ACB. Se retiró en 2001.
Fue el capitán del club de su vida, que
retiró su camiseta con el número 5 y la colgó en el techo del pabellón. Es la
única que luce allí, ni siquiera la del legendario Sabonis ocupa ese lugar.
Tras retirarse, Lalo ejerció de director deportivo del club y entrenó a los
chavales de las categorías inferiores.
LaAsociación de Clubes de Baloncesto(ACB)
ha decretado que la próxima jornada de competición, este fin de semana, sea de
luto, en recuerdo de Lalo García. “Es una pérdida inmensa por lo que ha
significado en el mundo del baloncesto y por todo lo que representó para el CB
Valladolid”, afirma el presidente de la ACB, Francisco Roca. LaAsociación de
Baloncestistas Profesionales(ABP) califica al exjugador de “mito
eterno”. Su excompañero Nacho Martín, jugador del Estudiantes pero formado en
las categorías inferiores del Valladolid, explica: “Lalo era el jugador en el
que yo me fijaba cuando era pequeño. Es un icono de la ciudad”.
Me escribió: Con Tom Waits en mi cabeza mientras pienso, siento, pienso.
Yo no conocía la canción. Eran ya las ocho de la tarde. Supongo que su vuelo ya había aterrizado.
In between love and
trying to scheme love Who can tell what we may find Never thought love, not get caught love Between the magic in your eyes And loves like women, it's cool and breezy Never thought that love could be so easy In between love and trying to scheme love And in between love again In between love and trying to scheme love Who can tell what we may find All this time love, I sublime love To the feelings in my mind Loves like women, it's cool and breezy Never thought that love could be so easy In between love and trying to scheme love And in between love again
Alegó que no se quedaba porque madrugaba. Pregunté: a qué hora te levantas. Alguien respondió: a la que tú te acuestas; no recuerdo bien si ella misma. Nos explicó que esa hora antes de que el día rompa, en yoga, se llama ambrosía. Hablamos del significado de la palabra. Sonaba Ketama. Cuando llegó el disco a Problema lo escuché indisimuladamente; hacía tiempo que no la oía y recordé lo que tuve asociado en su día a ese tema. Por suerte hoy sólo es un tema bello con una imagen sepia en el recuerdo.
A algunos nos
gustan elementos antagónicos o, cuando menos, difícilmente conjugables. Es mi
caso con el día y la noche. Hoy, como tantas veces, volví a disfrutar de esas
horas en las que la oscuridad cede ante la violencia de la luz. Lo hice
haciendo sonar una ambrosía, la que anoche sonaba, la que me acompaña desde
aquellos veintisiete.
Jugábamos con
los versos. Hablábamos de Miguel Hernández. Leíamos poemas por trozos. Yo acaba
de llegar cuando todo esto ocurría y justo venía empapado de Miguel: había
estado leyendo sus versos unos minutos antes; llorando, literalmente, su
biografía. Otro día iré con ella y el puto Campo de Los Almendrosy compañía. Hoy
no, que no quiero entrar en ira. Hoy me voy a quedar con la yunta, un poema que
siempre me cautivó por su perfección y por su certera crudeza.
El niño yuntero
Carne de yugo, ha nacido más humillado que bello, con el cuello perseguido por el yugo para el cuello.
Nace, como la herramienta, a los golpes destinado, de una tierra descontenta y un insatisfecho arado.
Entre estiércol puro y vivo de vacas, trae a la vida un alma color de olivo vieja ya y encallecida.
Empieza a vivir, y empieza a morir de punta a punta levantando la corteza de su madre con la yunta.
Empieza a sentir, y siente la vida como una guerra y a dar fatigosamente en los huesos de la tierra.
Contar sus años no sabe, y ya sabe que el sudor es una corona grave de sal para el labrador.
Trabaja, y mientras trabaja masculinamente serio, se unge de lluvia y se alhaja de carne de cementerio.
A fuerza de golpes, fuerte, y a fuerza de sol, bruñido, con una ambición de muerte despedaza un pan reñido.
Cada nuevo día es más raíz, menos criatura, que escucha bajo sus pies la voz de la sepultura.
Y como raíz se hunde en la tierra lentamente para que la tierra inunde de paz y panes su frente.
Me duele este niño hambriento como una grandiosa espina, y su vivir ceniciento revuelve mi alma de encina.
Lo veo arar los rastrojos, y devorar un mendrugo, y declarar con los ojos que por qué es carne de yugo.
Me da su arado en el pecho, y su vida en la garganta, y sufro viendo el barbecho tan grande bajo su planta.
¿Quién salvará a este chiquillo menor que un grano de avena? ¿De dónde saldrá el martillo verdugo de esta cadena?
Que salga del corazón de los hombres jornaleros, que antes de ser hombres son y han sido niños yunteros.
Miguel Hernández murió, lo mataron, en la ciudad desde la cual escribo, bonito legado, cuando tenía 31 años, un 28 de marzo -es decir, hace unos días- de unos pocos años acabada la bendita guerra civil.
3.f.Vianda, manjar o bebida de gusto suave o
delicado.
4.f.Planta anual de la familia de las
Compuestas, de dos a tres decímetros de altura, ramosa, de hojas recortadas,
muy blancas y vellosas, así como los tallos; flores amarillas en ramillete y
frutos oblongos con una sola semilla. Es de olor suave y gusto agradable,
aunque amargo.
yunta.
(Deyunto).
1.f.Par de bueyes, mulas u otros
animales que sirven en la labor del campo o en los acarreos.
Continúo
y acabo con mi particular homenaje que he querido hacer a este poeta y que
comenzó ayer. Hoy, ya lunes laboral, con el horizonte en los días santos, y con
un calor más que primaveral que ha irrumpido en la ciudad, ejercito la pausa
antes de lanzarme a la vorágine de la otra realidad, la no poética. Ya bien lo
dice él en los versos finales.
Deshielo al mediodía
El aire matinal repartió sus cartas con sellos
incandescentes. La nieve iluminó y todos los pesares se
alivianaron: un kilo pesaba
apenas setecientos gramos.
El sol estaba alto sobre el hielo, volando por
el lugar, caliente y
frío a la vez. El viento avanzó lentamente como si empujase un
cochecillo de niño
frente a sí.
Las familias salieron, vieron cielo abierto por
primera vez
en
mucho tiempo. Estábamos en el primer capítulo de un relato muy
intenso.
El resplandor del sol se adhería a todos los
gorros de piel,
como el
polen a los abejorros, y el resplandor del sol se adhirió al nombre
INVIERNO y se quedó allí hasta que el invierno hubo
pasado.
Una naturaleza muerta de troncos, en el lago, me
puso pensativo.
Les pregunté: «¿Me acompañan hasta mi niñez?» Respondieron:
«Sí».
Desde la espesura se escuchó un murmullo de
palabras
en un nuevo
idioma: las vocales eran cielo azul y las consonantes
eran ramas negras
y hablaban
muy lentamente
sobre la nieve.
Pero la tienda de saldos, haciendo reverencias
con su
estruendo de
faldas, hizo que el silencio de la tierra creciese en
intensidad. Tomas Tranströmer
Hace ya unos días que se fue, pero yo me voy a despedir de él hoy domingo por la tarde, a modo de simbólica liturgia. Le voy a poner una música a este rito, una tonada del otro hemisferio. Voy a orar para que este tiempo sea capaz de generar individuos con una sabiduría, si no igual, sí cercana a la de Astor, a la de Tomas. Voy a orar para que las nubes de la mediocridad se disipen, que diría un querido amigo.
Ayer rememorábamos aquella novela maravillosa y escuchábamos a Billy en su juventud. Miro la fecha de esa entrada y me asusto: noviembre de 2011. Virgen santa. Hoy me he encontrado con esta joya donde la edad provecta es un regalo sin par. Qué placer cuando el paso de los años sirve para algo bueno.