el más santo de los laicos del siglo XX

El que escribía versos en busca de claridades, en sus angustias trazaba estas líneas de carácter casi religioso. Misericordia. Un religioso laico, o viceversa. Pere Rovira lo disecciona bien en este artículo, casi un panegírico.
Qué difíciles determinadas apuestas, determinados equilibrios.

Cuarenta inviernos

De nuevo mi garganta
lucha por respirar,
el tranvía nocturno
suena como un tambor,
más de cuarenta inviernos
puedo contar aquí.

Misericordia, pongo
mi cuerpo a cuatro patas,
dibujo sombras, desciendo muros.
Fingiré la demencia,
otros cuarenta inviernos
que no me obliguen a vivir.

Vida tan malograda

Vida tan malograda no debiera contarse,
a quién hablar, con qué lenguaje.
De haber verdades o razones o respuestas
para mí mismo las tuviera.
Si delicada o poderosa
pudiera mi mano consolarte
a ti te la daría,
mas no la tengo para nadie.

Alfonso Costafreda

pan, tiza y nieve para la más desdichada

Se ha ido. Ya no como:
quedó sin gusto el pan.
Se ha ido - todo es tiza
si lo llego a tocar.

...Para mí, era el pan,
era la nieve;
ya la nieve no es blanca,
el pan no sabe a nada.

Marina Tsvetáyeva en versión de Severo Sarduy.

[...] un epílogo de Anna María Moix, donde la escritora catalana dice que, en contra de lo que pensaban Berberova y otros muchos, Tsvietáieva acertó al empeñarse en vivir en el ámbito de lo poético, que era el único afín a su naturaleza, el único que no le era extraño y que le proporcionó la posibilidad de desarrollar su extraordinario talento. Dicho de otro modo: el mundo de la palabra se sometió al poderío de la poeta Tsvietáieva mientras que el mundo real la aniquiló.

El artículo completo, de Enrique Vila-Matas, aquí.

sólo aquello que quieren ver

Cole Sear: I see dead people. Veo muertos
Malcolm Crowe: In your dreams? ¿En tus sueños?
[Cole shakes his head no] [Cole niega con su cabeza]
Malcolm Crowe: While you're awake? ¿Mientras estas despierto?
[Cole nods] [Cole asiente con la cabeza]
Malcolm Crowe: Dead people like, in graves?
In coffins? Muertos, ¿como en tumbas? ¿En ataúdes?
Cole Sear: Walking around like regular people. They don't see each other. They only see what they want to see. They don't know they're dead. Paseándose como gente normal. No se ven uno a otros. Sólo ven lo que quieren ver. No saben que están muertos.
Malcolm Crowe: How often do you see them? ¿Con qué frecuencia los ves?
Cole Sear: All the time. They're everywhere. Todo el tiempo. Están por todas partes.

The sixth sense, 1999. Dirección y guion de M. Night Shyamalan.

de lo negro

Así que, hablando de don Jaime y sus ecos, aquí se presenta el esclarecido. Esta vez creo que no hay intertextualiación; creo...

¿Fue posible que yo no te supiera?

¿Fue posible que yo no te supiera
cerca de mí, perdido en las miradas?

Los ojos me dolían de esperar.
Pasaste.

Si apareciendo entonces
me hubieras revelado
el país verdadero en que habitabas!

Pero pasaste
como un Dios destruido.

Sola, después, de lo negro surgía
tu mirada.

Jaime Gil de Biedma

casi todo

Hace ya tiempo puse un ejemplo: no siempre me gusta, me convence un poema, pero sí algunas partes de él. Ayer me encontré este, guardado desde hace tiempo en el depósito de los futuros; lo usaré como ejemplo para otra caso, similar pero contrario al anterior: el de cuando un poema te gusta pero te encantaría que el autor hubiera suprimido o cambiado alguna pequeña porción de él, porque para el criterio de uno, no está a la altura. Lo contaba ayer también respecto al cine. José Luis presenta una pieza que me encanta, y por eso estaba en ese cajón esperando su turno desde hace tiempo. Sin embargo, ay, la última estrofa, los últimos cuatro versos...
En cualquier caso, un asunto maravilloso el que plantea este señor; irresoluto, por cierto.
Esta es la página del señor Piquero. Ah, y una cosa más: precioso ver los ecos, varios decenios después, de don Jaime en tantos versos.

Don Juan en el jardín

La mitad de las chicas con las que me he acostado eran lesbianas.
He querido a mujeres con las que días antes no me hubiera atrevido ni 
a soñar.
No sé, les atraía
mi aspecto de vampiro que bebe la sangre entre sus piernas,
de adolescente enfermo que mira fijamente,
tiene oscuras costumbres y el pulso tembloroso.

Yo no era un gran amante pero eso no importaba.

A menudo,
en mitad de una noche de copas o de hogueras
o en mañanas inmensas en que nadie parece querer irse a comer,
he sabido de pronto que los dos a la vez descorremos el velo.
Era siempre una amiga
y añadiré que tengo una fe inquebrantable en las ventajas de la asi-
duidad.

(Porque en ojos abiertos como libros
tiene gracia leer también, mientras su mano
cruza el mantel del mundo hacia mi mano).

De cualquier forma, uno no sabe nunca cómo ha ocurrido todo,
cuáles son las razones que la animan a ella y eso de la ocasión que pro-
sigue al deseo,
y he llegado a mi casa muchas noches oliéndome aún incrédulo las 
manos y los labios.

Pienso en cuartos prestados, mientras enero empaña los cristales,
y un lugar junto a un río y un portal de paredes desconchadas en 
Palacio Valdés,
un libro dedicado y una nota furtiva entre los dedos,
los sonetos y el humo de las noches
y la peca estratégica y el adorno del vello en vientres blancos, blancos:
escenarios, reliquias que atesoro con la codicia de un ladrón de 
espejos,
diciéndome a mí mismo -y es mentira-
que nunca abarataba todos aquellos besos que en el fondo jamás he 
merecido.

Las mujeres (haciéndonos regalos),
qué extrañas las mujeres.
Incluso si miramos atrás, a donde pacen
como sanos corderos los primeros recuerdos de las niñas.
Olían siempre bien, te gustaban sus juegos con canciones y sus cabe-
zas juntas contándose quién sabe.

Hay un jardín de niñas en la memoria de todos nosotros; simple-
mente
nosotros no teníamos un maldito jardín sino un patio con grava 
y porterías,
y de ahí ser brutales y levantar las faldas de las chicas de 8º y escu-
pir en el suelo mientras las niñas corren.

Luego pasan los años de mal entendimiento y palabras difíciles;
las chicas nos enseñan lo que saben
y nosotros creemos que ya hemos ocupado su jardín.

Nos han dejado entrar pero no es nuestro.
Se desnudan delante de nosotros, respiramos su olor y dejamos en 
ellas la alegre convulsión del perro amaestrado,
pero volvemos solos a ese patio con grava donde nosotros no somos 
mujeres.

A dos velas, heridos de tener todo y nada.

Y por eso
quisiera ser mujer en alguna otra vida o en un sueño posible y 
aprender el secreto.
No sé por qué se acuestan con los hombres
-se tienen a sí mismas- si después
tan sólo nos instruyen en lo más evidente.

Aunque luego -lo admito- yo mismo me he acostado con unos 
cuantos hombres,
y he recordado siempre lo que aprendí con ellas:
presta mucha atención
a las cosas pequeñas que adornan cualquier cuerpo
e, igual que en casa, cómetelo todo.

José Luis Piquero

autorretrato envidiable en las formas

A Luis Antonio no le envidio el nombre compuesto, aunque mi segundo sea el mismo que  el suyo; tampoco su ligera afectación de más; mucho menos su estado emocional en este autorretrato. SIn embargo, le envidio con una mezcla de frustración larvada y añosa su capacidad para el soneto y otras formas canónicas. No me es dada esa maravillosa capacidad, y ya quisiera yo, ya. Pero no, esto sí que no me es dado.

AUTORRETRATO AHORA MISMO

Me encuentro más que viejo y muy cansado,
y no estoy ni en uno ni en otro extremo.
Cierta melancolía –me lo temo-
ha de ser la causante de mi estado.

Vivo pero me escoro al otro lado,
y aunque a ratos en buen fervor me quemo
esperando un instante aún supremo,
siento que todo viene malogrado.

Sé que busco todavía un lucero,
de la belleza el sutil concierto,
y del sexo y los libros el sustento.

Pero el mundo no es nunca el que yo quiero.
Amor me tiene casi manco y tuerto.
Y es humo la amistad y desaliento.

Luis Antonio de Villena

what's a cage

Lástima que no he leído el libro de Capote para poder hilvanar más fino. De él, esta primera cita, casi literal en la película con el mismo nombre. De la película, la segunda. La película acaba con una de las escenas más bellas y desastrosas para un servidor. Bella por el encuadre, el callejón, el gato, la lluvia, las gabardinas mojadas, las gotas de agua en sus caras, el llanto liberador de ella. Desastrosas porque no se sostiene, porque es mentira, porque, como bien sabía Truman, escudriñador de los entresijos humanos, las cosas no son así y, por lo tanto, no acaban así. Pero la máquina de fabricar sueños tiene eso, que miente deliberadamente, y George lo sabía perfectamente. Si no mintiera, acabaría con el maravilloso monólogo de Varjak y el anillo -impagable la escena en Tiffany's con el dependiente y el presupuesto máximo de diez dólares- en el taxi de Holly. Ah, y el gato lo recogería él...

- Never love a wild thing, Mr. Bell,' Holly advised him. 'That was Doc's mistake. He was always lugging home wild things. A hawk with a hurt wing. One time it was a full-grown bobcat with a broken leg. But you can't give your heart to a wild thing: the more you do, the stronger they get. Until they're strong enough to run into the woods. Or fly into a tree. Then a taller tree. Then the sky. That's how you'll end up, Mr. Bell. If you let yourself love a wild thing. You'll end up looking at the sky.

―No se enamore nunca de ninguna criatura salvaje, Mr. Bell ―le aconsejó Holly―. Esa fue la equivocación de Doc. Siempre se llevaba a su casa seres salvajes. Halcones con el ala rota. Otra vez trajo un lince rojo con una pata fracturada. Pero no hay que entregarles el corazón a los seres salvajes: cuanto más se lo entregas, más fuertes se hacen. Hasta que se sienten lo suficientemente fuertes como para huir al bosque. O subirse volando a un árbol. Y luego a otro árbol más alto. Y luego al cielo. Así terminará usted, Mr. Bell, si se entrega a alguna criatura salvaje. Terminará con la mirada fija en el cielo.

Truman Capote, Breakfast at Tiffany's, Desayuno en Tiffany's, traducción de Enrique Murillo.

Paul Varjak: You know what's wrong with you, Miss Whoever-you-are? You're chicken, you've got no guts. You're afraid to stick out your chin and say, "Okay, life's a fact, people do fall in love, people do belong to each other, because that's the only chance anybody's got for real happiness." You call yourself a free spirit, a "wild thing," and you're terrified somebody's gonna stick you in a cage. Well baby, you're already in that cage. You built it yourself. And it's not bounded in the west by Tulip, Texas, or in the east by Somali-land. It's wherever you go. Because no matter where you run, you just end up running into yourself.
[takes out the ring and throws it in Holly's lap]
Paul Varjak: Here. I've been carrying this thing around for months. I don't want it anymore.

Breakfast at Tiffany's. Dirigida por Blake Edwards. Guion de George Axelrod

camas deshechas en mitad de una noche ventosa

La noche, de pronto, se ha vuelto sibilante; las persianas tabletean y la casa cruje desde entrañas desconocidas hasta ahora. Me acompaña Cristina con su fino humor, fino descreimiento, fina esperanza.

La súbita bondad de los extraños

–Me reconocerás porque parezco una cama deshecha.
(Sean Connery a Michelle Pfeiffer en La casa rusia)

A pesar de todas las medidas
tomadas contra la dulzura
–como podrían ser no maquillarse,
coger un autobús cada mañana
o ver televisión todas las noches–,
una tarde de febrero, alguien,
suavemente apoyado en el quicio de mi puerta
pisando un territorio en calma,
logró pasar sus dedos por mi frente.
Si él hubiera intentado la seducción o el golpe
ni siquiera me habrían temblado las rodillas;
pero sólo tocó mi pelo y mis hombros
como en una cama recién hecha,
deteniéndose en el frescor
del tejido, en la precisión del pliegue.
Y todo aquello que creí perdido
incluso en mi memoria, y me impedía dormir,
parece desde entonces leve,
prescindible.

Trazas líneas

Trazas líneas
imaginarias,
sobre todo en los primeros años,
cuando empiezas a tomar decisiones
“por ahí no paso” dices,
pero la verdad es que siempre terminas pasando.
Trazas líneas que luego saltas como rayuelas vitales.
Cada línea es más tenue
y más leve el intervalo
en el que te lamentas
de haberte traicionado.

Algunas de esas líneas cruzadas no son del todo malas
te vuelven tolerante,
aprendes a ver resignación o dolor
donde creías incapacidad,
la gente te considera libre,
te adoran, porque
se te acabaron los celos,
no te apremia la ansiedad por construir nada
con nadie.

Pero algunas otras de esas líneas cruzadas
entran como parásitos y dejan dentro su prole
para siempre.
Recuerdas cómo y por qué las cruzaste
y las consecuencias que llevaron:
están en tu cabeza mientras te duchas,
mientras comes, si duermes
sueñas con ellas: el premio dado con enchufe
la mentira en el juicio,
el insulto al padre,
son tuyos
como tus ojos y tu pelo;
y también en ellos trazas líneas
al peinar, al maquillar
cada mañana los límites caídos.

Cristina Morano

ver partir a Sora

Me llega de mano amiga Basho y sus Sendas de Oku, en  traducción de Octavio Paz y Eikichi Hayashiya. Como hace unos días con Mark Strand, no puedo sino reconocer mi ignorancia; también, como me ocurrió con el canadiense estadounidense, tardo poco en vislumbrar la magnitud. Iré dejando a Basho por el cuaderno a modo de paradas de viaje, valga la analogía con su libro. Mientras escribo esto pienso que algo de Mark me evoca a la poesía japonesa antigua; no es de extrañar que casi al tiempo descubra a Octavio Paz como traductor del contemporáneo también.
Cuanta más poesía estudio, más evidencia de mi cultura lacustre tengo, que decía aquel.
Sora, valga como apunte, era su discípulo y acompañante en el viaje.


A Sora se le ocurrió enfermarse del vientre. Tiene un pariente en Nagashima en la provincia de Ise, y decidió adelantarse. Al partir me dejó este poema:

Ando y ando.
Si he de caer, que sea
entre los tréboles.

La pena del que ya se va y la tristeza del que se queda son como la pareja de gaviotas que, separadas, se pierden en la altura. Yo también escribí un poema:

Hoy el rocío
borrará lo escrito
en mi sombrero  (*)


(*) Los peregrinos budistas llevaban ropas blancas y sombrero de paja. En el sombrero, una inscripción decía: “Somos dos”, alusión al Santo Kobo Daishi. Basho alude aquí no al santo sino a Sora. Rocío: lágrimas.

En el mismo libro al que hago referencia aparece esta reseña biográfica del propio Octavio que también aporto, no tanto porque no se puedan encontrar fácilmente los datos, sino por la belleza del texto. Análogamente con la imagen del mapa del viaje.

VIDA DE MATSUO BASHO

Matsuo Basho (o a la occidental: Basho Matsúo) nació en 1644, en Ueno. Basho fue su último nombre literario; Kinkasu fue su nombre de nacimiento. Su padre era un samurai de escasos recursos al servicio de la poderosa familia Todo. A los nueve años Basho fue enviado a casa de sus señores, como paje de Yoshitada, el heredero de los Todo; el joven Yoshitada era apenas dos años mayor que Basho, de modo que pronto los unió una estrecha amistad, originada y fortalecida por su común afición a la poesía. Los dos muchachos estudiaron el arte de la poesía con Kitamura Kigin (1624-1703), discípulo de Teitoku y él mismo poeta de distinción. Se conservan poemas de esa época firmados por Sengin y Sobo, nombres literarios del joven señor y de su paje y amigo. Sengin muere en 1666 y Basho, apenado por esta muerte prematura, pide separarse del servicio de la familia; rechazan su petición y el poeta huye a Kyoto. Nuevos estudios de poesía y caligrafía; lectura de los clásicos chinos y japoneses; amores con Juteini, aunque poco se sabe de este episodio y casi nada sobre ella. En 1672 Basho se instala en Edo (Tokio). En 1675 conoce al poeta Soin y durante algún tiempo es miembro de su escuela poética (Danrin). Cambia su nombre literario por el de Tosei y su lenguaje poético por uno más fluido y menos literario. Publica varias antologías. Ya libre de influencias, crea poco a poco una nueva poesía y pronto lo rodean discípulos y admiradores. Pero la literatura es también y sobre todo experiencia interior; intensa búsqueda, años de meditación y aprendizaje bajo la dirección del maestro de Zen, el monje Buccho (1643-1715). Uno de sus admiradores, Sampu, hombre acomodado, le regala una pequeña casa cerca del río Sumida, en 1680. Ese mismo año otro de sus discípulos le ofrece, como presente, una planta de banano (Basho). La planta da nombre a la ermita y luego al poeta mismo. Período de meditación y de lenta conquista, contra angustia psíquica y males del cuerpo, de una siempre precaria serenidad. Su influencia crece, lo mismo que el renombre de sus libros y de las antologías que publica con sus discípulos. Kikaku, Sora, Sampu, Boncho, Kyori, Joso, Ransetsu… Viajes, solo o acompañado; viajes a pie como un monje pero asimismo como un extraño “sembrador de poesía”. En 1683 publica su primer diario de viaje; en 1687 escribe un relato de su excursión al santuario de Kashima y un poco después emprende una nueva y larga excursión de once meses, origen del tercer y cuarto diario. En 1689 se inicia la peregrinación que relata Oku no Hosomichi. Basho tenía cuarenta y cinco años y el viaje duró dos años y medio, aunque el texto tiene por materia sólo los seis primeros meses. Para darse cuenta de lo que significó esa expedición debe señalarse que para los japoneses del siglo XX esa región es considerada todavía como un país remoto y abrupto. En 1691 Basho regresa a Edo. Nuevas ermitas: Choza de la Visión, Cabaña de la Anonimidad…En 1694, otra excursión, ahora a Nara y Osaka. En esta última ciudad cae enfermo, en el curso de una comida en casa de Ono, su discípula; sus amigos lo transportan a casa de un florista, donde muere, el 12 de octubre. Está enterrado en Otsu, a la orilla del lago Biwa.


duraznos

Otra tarde más de domingo, esta vez un tanto extraña porque mañana es festivo. Diciembre ha entrado como un atropello, y en contraste con las imágenes sensuales y veraniegas de Louise, la luz se va tan pronto, y el frío y el viento laceran.
Te advierto lo que nadie me advirtió, como si valiese, como si realmente quisiera prevenir. Los recursos del poeta para llevarnos adonde quiere, a su angustia, a su desesperación; no te atenderá.

The sensual world

I call to you across a monstrous river or chasm
to caution you, to prepare you.

Earth will seduce you, slowly, imperceptibly,
subtly, not to say with connivance.

I was not prepared: I stood in my grandmother’s kitchen,
holding out my glass. Stewed plums, stewed apricots–

the juice poured off into the glass of ice.
And the water added, patiently, in small increments,

the various cousins discriminating, tasting
with each addition–

aroma of summer fruit, intensity of concentration:
the colored liquid turning gradually lighter, more radiant,

more light passing through it.
Delight, then solace. My grandmother waiting,

to see if more was wanted. Solace, then deep immersion.
I loved nothing more: deep privacy of the sensual life,

the self disappearing into it or inseparable from it,
somehow suspended, floating, its needs

fully exposed, awakened, fully alive–
Deep immersion, and with it

mysterious safety. Far away, the fruit glowing it its glass bowls.
Outside the kitchen, the sun setting.

I was not prepared: sunset, end of summer. Demonstrations
of time as a continuum, as something coming to an end,

not a suspension: the senses wouldn’t protect me.
I caution you as I was never cautioned:

you will never let go, you will never be satiated.
You will be damaged and scarred, you will continue to hunger.

Your body will age, you will continue to need.
You will want the earth, then more of the earth–

Sublime, indifferent, it is present, it will not respond.
It is encompassing, it will not minister.

Meaning, it will feed you, it will ravish you,
it will not keep you alive.

El mundo sensual

Te hablo a través de un río monstruoso o un abismo
para advertirte, para prepararte.

La tierra te seducirá, lenta, imperceptible,
sutilmente, por no decir con tu consentimiento.

Yo no estaba preparada: de pie en la cocina de mi abuela,
sosteniendo mi vaso. Ciruelas en compota, damascos en
     compota...

el jugo vertido en el vaso de hielo.
Y el agua agregada con paciencia, un poco cada vez,

los diversos primos opinando, probando
con cada agregado...

aroma a fruta de verano, concentrada intensidad:
el líquido coloreado que se volvía más claro
gradualmente, más radiante,

atravesado por más luz.
Placer, después solaz. Mi abuela esperando

por si alguien quería más. Solaz, después
ensimismamiento profundo.
Nada amé más: la profunda intimidad de la vida sensual,
el yo fundiéndose en ella o inseparable de ella,
como en suspensión, flotando, todas sus necesidades

a la vista, despierto, plenamente vivo...
Ensimismamiento profundo, y con él

una misteriosa seguridad. A lo lejos, la fruta reluce en sus
     cuencos de vidrio.
Fuera de la cocina se pone el sol.

No estaba preparada: puesta del sol, fin del verano.
     Manifestaciones
del tiempo como un continuo, como algo que lleva a su fin,

no una suspensión; los sentidos no me protegerían.
Te advierto lo que nadie me advirtió:

nunca bastará, nunca estarás saciado.
Serás herido, quedarás marcado, y querrás más.

Tu cuerpo se hará viejo, tu necesidad persistirá.
Querrás la tierra, después más de la tierra.

Sublime, indiferente, ahí presente, no responderá.
Te circunda, no te atenderá.

Es decir: te alimentará, te cautivará,
no te mantendrá vivo.


Louise Glück. Traducción de Mirta Rosenberg.

la ausencia de Mark

Keeping Things Whole

In a field
I am the absence
of field.
This is
always the case.
Wherever I am
I am what is missing.

When I walk
I part the air
and always
the air moves in   
to fill the spaces
where my body’s been.

We all have reasons
for moving.
I move

to keep things whole.

Dejar las cosas intactas

En un campo
yo soy la ausencia
de campo.
Esto es
siempre así.
Donde quiera que esté
yo soy lo que falta.

Cuando camino
parto el aire
y siempre
el aire ingresa
a llenar los espacios
donde ha estado mi cuerpo.

Todos tenemos razones
para movernos.
Yo me muevo
para dejar las cosas intactas.

Lamento no saber quién lo traduce. Mark Strand murió hace unos días. Aquí hay una bella necrológica.
Yo lo descubrí ayer, confieso. El poema que hoy traigo, A. me lo mostró en su móvil, desconocedores ambos de la autoría. Pero algo me dijo que la cosa iba en serio. Y efectivamente. 

cerraduras


Young Venetian Lady's Dürer Portrait Revisited

Volví para ver a la joven veneciana que me mostró el consuelo del amor. Es inmortal y me causa dulcemente daño. Está entregada a un aire que nunca me abrirá. Hace siglos tuve un sueño en sus labios. Está intacto. Ella ahí lo dejó y ahí se queda, cerrado para mí, que lo soñé.

Juan Gelman y Alberto Durero, allá por 1505.

la termodinámica de Jesús

Nuestro Jesús se exilia a Canadá. Y en Canadá hace frío, y hay nieve, y la tierra se hiela. y las imágenes que todo ello genera el poeta lo utiliza en medio, imagino, de la desazón del desarraigo, de la extrañeza de una lengua, de un paisaje, de un mundo. Nadie muere de frío/ de distancia, dice en voz alta, como queriendo convencerse, exorcizando su dolor, aferrándose a la inevitable primavera.

Tres poemas breves y una comunicación

1

Está tan frío el mundo
que duele la vida en los ojos

inútil sol que sólo sirves
para hacer que la nieve sea más nieve.

2 

Y sin embargo el agua
aún vive bajo el hielo
donde el agua se defiende de ser hielo

la hierba está esperando
abrigada del frío por el frío.

3

Nadie muere de frío
de distancia

como los árboles déjate
helar para guardar la vida dura-
mente mientras la vida es dura y fría

las yemas de los dedos de los árboles
no han perdido el color de la esperanza.

4

Si llamas
al bosque
por teléfono
lo cogerá el invierno
seguramente

pero si vas
al bosque
en invierno
hablarás con los árboles
directamente
sobre la inevitable
primavera.

Jesús López Pacheco