paralelepípedos de base rectangular

Mira tú por dónde hoy, entre tarea y tarea doméstica, la lámina de Andrés Rábago que viajó desde La Laguna hasta Villavieja acabó cruzando de un lado del paralelepípedo ligeramente irregular que es mi dormitorio al opuesto. Y mira tú que hoy me volví a cruzar con su heterónimo y pensé: lo ha vuelto a hacer. Efectivamente, gracias, lo ha vuelto a hacer.


Javier sin estatua

Mira que yo se la hubiera puesto. La estatua, la rotonda, el monumento, lo que fuera, pero en un bar. Eso sería, un tipo de hierro oxidado con un pitillo alicaído acodado en la barra de un bar que lo merezca.
La versión de Rosendo, suprema, él y los arreglos.
O Borges o bailable. 
Genialidad.
Si te vale, Javier, culto sí tienes, sí. Feligresía, diría yo.

Gracias a mi conducta vagamente antisocial 
temo no verme nunca encaramado a un pedestal: 
no alegrará mi efigie el censo de monumentos, 
no vendrán las palomas a rociarme de excrementos. 

Y es una pena, la verdad, 
porque sería muy bonito 
seguir de adorno en mi ciudad 
sobre un bloque de granito. 

Pues qué penita y qué dolor, 
no tendré estatua, no señor. 

Gracias a mi postura más bien anticlerical 
no será un siglo de éstos cuando entre al santoral: 
no acudirán beatas a pedirme un milagrillo, 
no vendrán los ladrones a vaciarme mi cepillo. 

Y es una pena, la verdad, 
porque tenía cierta gana 
de echarle un ojo a la deidad 
mientras me doran la peana. 

Pues qué penita y qué dolor 
no tendré culto no señor. 

Gracias a que mi musa se las da de cerebral 
son pobres mis compases para expresión corporal: 
no danzarán mis prosas las reinas de discoteca, 
no vendrán los carrozas a hacer su gimnasia sueca. 

Y es una pena, la verdad, 
porque sería algo inefable 
cambiar la torpe realidad 
y ser o Borges o bailable. 

Pues qué penita y qué dolor 
no tendré el Nobel, no señor. 

Gracias a mi tozuda decisión existencial 
no cabe entre mis planes dar ningún salto mortal: 
no gozará las honras funerales mi alma en pena, 
no vendrán los gusanos a tirar de la cadena. 

Y es una pena, la verdad, 
porque sería algo divino 
ver cómo todo es vanidad, 
y yo en decúbito supino. 

Pues qué penita y qué dolor 
no tendré esquela, no señor. 



cuando la lluvia es sanguinaria

SANGRIENTO DÍA DE LLUVIA

Ah, sangriento día de lluvia
qué haces en el alma de los desamparados,
sangriento día de voluntad apenas entrevista:
detrás de la cortina de juncos, en el barrizal,
con los dedos de los pies agarrotados en el dolor
como un animal pequeño y tembloroso:
pero tú no eres pequeño y tus temblores son de placer,
día revestido con las potencias de la voluntad,
aterido y fijo en un barrizal que acaso no sea
de este mundo, descalzo en medio del sueño que se mueve
desde nuestros corazones hasta nuestras necesidades,
desde la ira hasta el deseo: cortina de juncos
que se abre y nos ensucia y nos abraza.

Roberto Bolaño

fantasmagoría en barco

IV

Podrían ser azules las baldosas del lavabo,
algo corinto la alfombra, chimenea roja
y libros encuadernados, una foto
enorme de la Rambla
pero primero
habríamos hecho la revolución, del pueblo
las risas que partimos entre tú y yo

y en el verano
veríamos hundirse en Port Lligat aquel balandro
fantasma
de un viejo terrateniente exiliado.


Manuel Vázquez Montalbán

una frialdad vegetal

ERNESTO CARDENAL Y YO

Iba caminando, sudado y con el pelo pegado
en la cara
cuando vi a Ernesto Cardenal que venía
en dirección contraria
y a modo de saludo le dije:
Padre, en el Reino de los Cielos
que es el comunismo,
¿tienen un sitio los homosexuales?
Sí, dijo él.
¿Y los masturbadores impenitentes?
¿Los esclavos del sexo?
¿Los bromistas del sexo?
¿Los sadomasoquistas, las putas, los fanáticos
de los enemas,
los que ya no pueden más, los que de verdad
ya no pueden más?
Y Cardenal dijo sí.
Y yo levanté la vista
y las nubes parecían
sonrisas de gatos levemente rosadas
y los árboles que pespunteaban la colina
(la colina que hemos de subir)
agitaban las ramas.
Los árboles salvajes, como diciendo
algún día, más temprano que tarde, has de venir
a mis brazos gomosos, a mis brazos sarmentosos,
a mis brazos fríos. Una frialdad vegetal
que te erizará los pelos.

Roberto Bolaño

insoportable

Por mor del trabajo he vuelto a leer el periódico en papel. Me reconcilia con la nostalgia, con una estética innegociable y con el tacto. Han pasado los años y aquella imagen que tanto frecuenté de leer El País en una barra sonando buena música ha producido otra imagen, especular ahora. En el espejo de ahora porto gafas.
Lo táctil, lo presencial, tiene unos ritos distintos de lo cibernético. No es que lo último no los tenga, pero son diferentes. Yo conservo los míos de cuando mis veinte y me reconozco en ellos a mis casi cincuenta buscando la columna de la contraportada directamente, antes que ver siquiera la portada. En el acceso digital perdí esa columna, pienso, y es por ello que muchos de los nombres que escriben en ese espacio me son desconocidos. Leila ya nunca más, mucho menos tras buscar una imagen a la que adherirla. Leila, cariño mío, la insoportable eres tú: todo animal todo el tiempo.
Y sí, Monk debía tener la cabeza más pallá que pacá, sobre todos sus años finales. Porque todo, todo el tiempo no hay quien lo aguante. Ni tocando el piano.

La luz de esta tarde que cae sobre el vidrio de la concesionaria de la esquina y baña los autos impecables como joyas húmedas en los que uno puede imaginar a padres fatigados llevando en el asiento trasero a niños que huelen a jabón y vianda para el almuerzo a las siete de la mañana, es insoportable. La vidriera del bazar que muestra ollas de aluminio dispuestas con una prolijidad que rompe el corazón y carteles que dicen oferta tres vasos por cien pesos, y la señora que frente al mostrador saca ceremoniosamente un billete de su monedero de lona como si estuviera comprando un anillo de Tiffany y se lleva los tres vasos envueltos en papel de diario, es insoportable. El hombre que en la pescadería insiste en darme su receta de pescado relleno no es insoportable, pero la idea del departamento oscuro donde vive con su mujer y en el cual cenan esa receta burda y el diálogo que tienen mientras tanto —“Cambiá el canal, viejo, que ya empezó el noticiero”. “Bueno. Pasame la sal”— es insoportable. La chica de la caja del Carrefour Express diciendo quién sigue, la mujer que espera en la fila del Carrefour Express mientras mira su teléfono celular y una nena vestida con un pantalón rosa y zapatillas con rueditas le tira de la manga, el quiosco donde venden películas con carátulas desvaídas por el sol, la veterinaria donde hay bolsas de alimento para perros cubiertas de polvo, todo lo que siempre estuvo ahí, aumentado por una lente demencial y transformado en una motosierra que trepana el cerebro es insoportable. En 1971, el pianista Thelonious Monk dejó de tocar y se recluyó hasta su muerte. Dicen que era depresivo, esquizofrénico. Alguien, a quien esas explicaciones no le bastaban, le hizo en aquellos días una pregunta: “¿Qué te pasa?”. Y Monk respondió: “Everything, all the time”. Todo, todo el tiempo.

Leila Guerriero

love what you do

Una especie de cruce entre Rufus W. y Radiohead. Entre el histrionismo talentoso y la figura del productor como demiurgo. 
Dice que igual es rococó. Razón no le falta. Abajo dejo uno de sus compositores preferidos: la fantasía sobre un tema de Tallis.
Me da la sensación de que, independientemente de que acierte o no con lo que hace, sí lo ama.
Mucha luz y sol fuera. Parece que el viento cedió.

Living isn't easy
No need to make it harder
Stretch yourself until you snap
Ditch your superstitions
Lose your inhibitions
Tell them you're not coming back
If you want it, you can have it
If you need it, go and get it
Whatever it is you've got to love it
Everybody's running
Round and round in circles
What is it they're trying to prove?
Exercise your freedom
Exorcise those demons
You have got to love what you do
If you want it, you can have it
If you need it, go and get it
Whatever it is you've got to love it




Charles B. en castellano

SONI

Estoy en un bar y alguien se llama Soni
El suelo está cubierto de ceniza Como un pájaro
como un solo pájaro llegan dos ancianos
Arquíloco y Anacreonte y Simónides Miserables
refugios del Mediterráneo No preguntarme que hago
aquí, no recordar que he estado con una muchacha
pálida y rica Sin embargo sólo recuerdo rubor
la palabra vergüenza después de la palabra vacío
Soni Soni! La tendí de espaldas y restregué
mi pene sobre su cintura El perro ladró en la calle
abajo había un cine y después de eyacular
pensé «dos cines» y el vacío Arquíloco y Anacreonte
y Simónides ciñéndose ramas de sauce El hombre
no busca la vida, dije, la tendí de espaldas y se
lo metí de un envión Algo crujió entre las orejas
del perro Crac! Estamos perdidos
Sólo falta que te enfermes, dije Y Soni
se separó del grupo La luz de los vidrios sucios
lo presentó como un Dios y el autor
cerró los ojos

a veces los ojos verdes

EN LA SALA DE LECTURAS DEL INFIERNO

En la sala de lecturas del Infierno En el club
de aficionados a la ciencia-ficción
En los patios escarchados En los dormitorios de tránsito
En los caminos de hielo Cuando ya todo parece más claro
Y cada instante es mejor y menos importante
Con un cigarrillo en la boca y con miedo A veces
los ojos verdes Y 26 años Un servidor

Roberto Bolaño

oscilar

La electricidad y sus entrañas siempre me resultaron inasequibles. Tanto como hipnótica.

oscilógrafo.

1. m. Fís. Aparato registrador de oscilaciones.





creer haber sido elegidos


III

Tápate,
tápate las metáforas, hace
un pequeño frío de pequeño invierno,
con un pequeño radiador, pequeño
tiempo para sentirnos juntos
menos solos
que solos habitualmente, menos sabios
para decir amor mío sin remordimientos
para creer haber sido elegidos
hace tiempo
en un Mercado Persa anunciado por profetas

sí, cubro también mis imágenes impacientes.


Manuel Vázquez Montalbán

más valiente que nadie

Tanto en este cuaderno como en el anterior he considerado muchas veces el sempiterno tema de definir la poesía, de tratar de expresar de qué va el asunto. Roberto, con su brillantez habitual, nos ofrece un tiro certero al respecto:

RESURRECCIÓN

La poesía entra en el sueño
como un buzo en un lago.
La poesía, más valiente que nadie,
entra y cae
a plomo
en un lago infinito como Loch Ness
o turbio e infausto como el lago Balatón.
Contempladla desde el fondo:
un buzo
inocente
envuelto en las plumas
de la voluntad.
La poesía entra en el sueño
como un buzo muerto
en el ojo de Dios.

Roberto Bolaño

nocturnas aves ciegas

II

Nocturnas aves ciegas, muere
algún jarrón con rosas de crespón,
subes por el grito y desciendo
al cementerio de tus ojos cerrados,
marfiles diluidos, nenúfares
borrachos de río antiguo, subes
por el grito y desciendo muerto,
en una burbuja de viento destilado,
abiertas torres y un ánfora romana,
oleajes de aceite contra el acantilado,
prohibido mundo, prohibida noche,
subes por el grito y desciendo
al cementerio de tus ojos cerrados
los abres, cuelgas la risa del aire
y quedas como un Watteau perdido
mitad souvenir hectacrom
mitad pecado.

Manuel Vázquez Montalbán

Aquí tenemos el más famoso de los Watteau, no perdido, pues. Y aquí, el mundo hectacrom.