the more loving one


Ha estado durmiendo casi un año. Despierta y me arriesgo a abordarlo. Dos versiones: una más literal, la otra buscando más la idea. Ninguna me satisface completamente pero, ya lo he dicho quizás demasiadas veces, así es el mundo de la traducción. En el caso de Auden, la cosa adquiere tintes dramáticos o quizás, paradójicamente, tranquilizadores. Dramáticos, porque es un escritor que plantea la incapacidad del lenguaje a la hora de plasmar la emoción. Tranquilizadores, por lo mismo.

THE MORE LOVING ONE 

Looking up at the stars, I know quite well 
That, for all they care, I can go to hell, 
But on earth indifference is the least 
We have to dread from man or beast. 

How should we like it were stars to burn 
With a passion for us we could not return? 
If equal affection cannot be, 
Let the more loving one be me. 

Admirer as I think I am 
Of stars that do not give a damn, 
I cannot, now I see them, say 
I missed one terribly all day. 

Were all stars to disappear or die, 
I should learn to look at an empty sky 
And feel its total darkness sublime, 
Though this might take me a little time. 

W. H. Auden

El que más ama

Mirando a las estrellas, sé bastante bien
que, si es por lo que les importo, me puedo ir al infierno.
Pero sobre la tierra la indiferencia es lo que menos
hemos de temer del hombre o la bestia.

¿Nos gustaría que fueran las estrellas las que ardieran
con una pasión hacia nosotros que no pudiéramos devolver?
Si un afecto igual no puede ser,
deja que sea yo el que más ame.

Admirador como creo que soy
de las estrellas a las que les importo un bledo,
no puedo, ahora que las miro, decir
que echara de menos a una terriblemente todo el día.

Si todas las estrellas fueran a desaparecer o morir
debería aprender a mirar a un cielo vacío
y sentir su total oscuridad sublime,
aunque esto podría llevarme un tiempo.

Versión de Juan Bay

El que más ame

Mirando a las estrellas, sé bien
que, si es por lo que les importo, me puedo ir al carajo.
Pero en esta tierra la indiferencia es lo que menos
hemos de temer del hombre o la bestia.

¿Acaso nos gustaría que las estrellas ardieran
con una pasión por nosotros que no pudiéramos corresponder?
Si no puede haber equidad en los sentimientos,
deja que sea yo el que más ame.

Admirador como creo serlo
de las estrellas a las que les importo un pepino,
ahora que las veo, no puedo decir
que echara de menos terriblemente a una un día entero.

Si todas las estrellas fuesen a desaparecer o morir,
debería aprender a mirar a un cielo vacío,
y sentir su total oscuridad como algo sublime,
aunque esto podría llevarme cierto tiempo.

Versión de Juan Bay

ejercicio de sonoridad


naba.

(Del lat. napa, nabo).

1. f. Planta bienal de la familia de las Crucíferas, de cuatro a seis decímetros de altura, con hojas grandes, ásperas, gruesas, rugosas, las radicales partidas en tres lóbulos oblongos, y enteras y lanceoladas las superiores; flores pequeñas, amarillas, en espiga, fruto seco en vainillas cilíndricas con muchas semillas menudas, esféricas, de color pardusco y sabor picante, y raíz carnosa, muy grande, amarillenta o rojiza, esferoidal o ahusada, según las variedades, que se emplea para alimento de las personas y ganados en las provincias del norte de España, donde se cultiva mucho.

novela


A long time ago came a man on a track
Walking thirty miles with a sack on his back
And he put down his load where he thought it was the best
He made a home in the wilderness
He built a cabin and a winter store
And he plowed up the ground by the cold lake shore
And the other travelers came walking down the track
And they never went further, and they never went back
Then came the churches, then came the schools
Then came the lawyers, and then came the rules
Then came the trains and the trucks with their loads
And the dirty old track was the telegraph road 

Then came the mines, then came the ore
Then there was the hard times, then there was a war
Telegraph sang a song about the world outside
Telegraph road got so deep and so wide
Like a rolling river

And my radio says tonight it's gonna freeze
People driving home from the factories
There's six lanes of traffic
Three lanes moving slow

I used to like to go to work, but they shut it down
I've got a right to go to work, but there's no work here to be found
Yes, and they say we're gonna have to pay what's owed
We're gonna have to reap from some seed that's been sowed
And the birds up on the wires and the telegraph poles
They can always fly away from this rain and this cold
You can hear them singing out their telegraph code
All the way down the telegraph road 

You know, I'd sooner forget, but I remember those nights
When life was just a bet on a race between the lights
You had your head on my shoulder, you had your hand in my hair
Now you act a little colder, like you don't seem to care
But believe in me, baby, and I'll take you away
From out of this darkness and into the day
From these rivers of headlights, these rivers of rain
From the anger that lives on the streets with these names
'Cause I've run every red light on memory lane
I've seen desperation explode into flames
And I don't want to see it again

From all of these signs saying, "sorry, but we're closed"
All the way 
Down the telegraph road


Telegraph Road. Mark Knopfler


con toda la ironía y sin ápice de ella

escenas de Hopper en 1916

Morning at the window

They are rattling breakfast plates in basement kitchens,
and along the trampled edges of the street
I am aware of the damp souls of housemaids
sprouting despondently at area gates.

The brown waves of fog toss up to me
twisted faces from the bottom of the street,
and tear from a passer-by with muddy skirts
an aimless smile that hovers in the air
and vanishes along the level of the roofs.

T. S. Eliot, 1916

La mañana vista a través de la ventana

Ellas entrechocan los platos del desayuno en las cocinas de los sótanos
y, a lo largo de los bordillos desgastados de la calle,
me apercibo del alma húmeda de esas sirvientas
que brotan abatidas tras las verjas.

Pardas olas de niebla lanzan contra mí
rostros deformes desde el fondo de la calle
y arrancan a la transeúnte de la falda embarrada
una inútil sonrisa que levita en el aire
y que a la altura de los tejados se disipa.

Mañana en la ventana

Se entrechocan platos del desayuno en cocinas de sótanos,
y a lo largo de los pisoteados bordes de la calle
me doy cuenta de las mojadas almas de criadas
que brotan desanimadamente tras las verjas.

Las pardas oleadas de nieblas arrojan hasta mí
caras retorcidas desde el fondo de la calle,
y arrancan de una transeúnte de faldas enfangadas
una sonrisa sin objetivo que se cierne en el aire
y se desvanece al nivel de los tejados.

La primera traducción es de Felipe Benítez Reyes; la segunda, de José María Valverde.

lecciones del vano intento de traducir poesía

La lliçó

Te'm gires, en el moment que obres la porta,
i rius, i una vegada més he d'aprendre
la lliçó de subjecció, dolça i sabuda:
que un teu posat se m'endú sempre, i com allisa
l'obstacle de rompents on m'aïllo, difícil
i encara personal. És aquest, és 
aquest d'ara, el posat
com et gires, i el tors
decanta i desorienta, concedit
al moviment, la més pausada zona
on dorm la reserva del teu cos.
   (Quin horror innegable, quin horror
de matèria del món, quan penso
que em dono a compondre una rompuda falsedat
des d'aquí, d'aquest altre
lloc del món, mentre potser
que es gira, en el moment que obre la porta
d'una cambra on no em trobaré mai.)

La lección

Te me giras en el momento que abres la puerta,
y ríes, y una vez más he de aprender
la lección de sujeción, dulce y sabida:
que un ademán tuyo se me lleva siempre, y cómo alisa
el obstáculo de rompientes donde me aíslo, difícil
y todavía personal. Es éste, es
éste de ahora, el ademán
con que te giras, y el torso
se inclina y desorienta, dado
al movimiento, la más pausada zona
donde duerme la reserva de tu cuerpo.
            (Qué horror innegable, qué horror
de materia del mundo, cuando pienso
que me entrego a componer una rota falsedad
desde aquí, desde este otro
lugar del mundo, mientras quizás
se gira en el momento que abre la puerta
de una habitación donde no me encontraré nunca)

La lección

Te vuelves en el momento que abres la puerta,
y ríes, y una vez más debo aprender
la lección de sujeción, dulce y sabida:
que una actitud tuya se me lleva siempre, y alisa
el obstáculo de rompientes donde me aíslo, difícil
y todavía personal. Es éste, es
éste de ahora, el ademán
con que te vuelves, y el torso
se inclina y desorienta, rendido
al movimiento, la más pausada zona
donde duerme la reserva de tu cuerpo.
            (Qué horror innegable, qué horror
de materia del mundo, cuando pienso
que me entrego a componer una rota falsedad
desde aquí, desde otro
lugar del mundo, mientras quizás
se vuelve en el momento en que abre la puerta
de una habitación donde no estaré nunca)

Gabriel Ferrater: uno de sus últimos poemas. La primera traducción, de un servidor de ustedes. La segunda, de Mª Àngeles Cabré, tal cual aparece en Las mujeres y los días. Vanos intentos, ya digo.

flores negras


A veces Lenz ve en la enfermedad un encuentro fortuito con un transeúnte que, tras un fuerte impacto, deja en nuestras manos, distraído, una flor negra. Y cuando por fin nos levantamos para devolvérsela el transeúnte ya ha desaparecido apresuradamente. Empezamos a correr con la flor en la mano –no nos pertenece, podrá necesitarla quien la perdió-, pero en vano; no hay rastro de él. El extraño transeúnte ha desaparecido, se ha evaporado. Y en nuestra mano está la negra flor. El movimiento siguiente podrá hasta parecer un no movimiento –la indecisión-, pero la incomodidad no tardará en dejar de ser un pormenor para convertirse en lo esencial: se hace urgente deshacernos de aquella flor que nos repele.

Gonçalo M. Tavares, Aprender a rezar en la era de la técnica.
Primera parte: Fuerza/ Reflexiones sobre la enfermedad/1. Negra flor

ya que no cerró el claustro del vientre que me llevaba, y no apartó de mis ojos la vista de estos males

TIERRA

“Quia non conclusit ostia ventris”

Job, III, 10

Humanamente hablando, es un suplicio
ser hombre y soportarlo hasta las heces,
saber que somos luz, y sufrir frío,
humanamente esclavos de la muerte.


Detrás del hombre viene dando gritos
el abismo, delante abre sus hélices
el vértigo, y ahogándose en sí mismo,
en medio de los dos, el miedo crece.


Humanamente hablando, es lo que digo,
no hay forma de morir que no se hiele.
La sombra es brava y vivo es el cuchillo.
Qué hacer, hombre de Dios, sino caerte.


Humanamente en tierra, es lo que elijo.
Caerme horriblemente, para siempre.
Caerme, revertir, no haber nacido
humanamente nunca en ningún vientre.

Blas de Otero en Ancia, 1958.

ya el paso del tiempo


En 1959, con 30 años, Jaime Gil escribía en el prólogo a su libro, Compañeros de viaje:

“(…) Al fin y al cabo, un libro de poemas no viene a ser otra cosa que la historia del hombre que es su autor, pero elevada a un nivel de significación en que la vida de uno es ya la vida de todos los hombres, o por lo menos -atendidas las inevitables limitaciones objetivas de cada experiencia individual- de unos cuantos entre ellos. Si mi lentitud en el trabajo ha servido para conferir a este libro esa mínima virtud creo que podré estar satisfecho

En él hay un capítulo que denomina Ayer y, dentro del mismo, una serie de 12 poemas bajo el título Las afueras. Este es el que hace diez:

Nos reciben las calles conocidas
y la tarde empezada, los cansados
castaños cuyas hojas, obedientes,
ruedan bajo los pies del que regresa,
preceden, acompañan nuestros pasos.
Interrumpiendo entre la muchedumbre
de los que a cada instante se suceden,
bajo la prematura opacidad
del cielo, que converge hacia su término,
cada uno se interna olvidadizo,
perdido en sus cuarteles solitarios
del invierno que viene. ¿Recordáis
la destreza del vuelo de las aves,
el júbilo y los juegos peligrosos,
la intensidad de cierto instante, quietos
bajo el cielo más alto que el follaje?
Si por lo menos alguien se acordase,
si alguien súbitamente acometido
se acordase... La luz usada deja
polvo de mariposa entre los dedos.